El efecto mariposa
Por dónde se empieza a relatar una vida que se ha detenido, una vida que más que vida ha parecido una muerte insomne todos estos meses.
Día a día me he repetido mentalmente lo que ha pasado, como una pesadilla que se rebobina y se reproduce una y otra vez, una otra vez, medio dopada por las píldoras, medio dopada por la tristeza y la incredulidad, por el dolor. Ya han pasado meses que parecen años, y a ratos me parecen horas, y vuelven a reproducirse las mismas escenas en mi cabeza, una y otra vez, y el dolor, el maldito dolor que me sigue pegando como una patada en pleno pecho.
Lloro todos los días. Todo esto ha sido mi culpa, mi puta culpa. Aún puedo recordar una de nuestras últimas conversaciones con Marcelo, si hubiese sabido, si hubiese sabido entonces lo que iba a pasar... Dios mio, me encomiendo entre sollozos a un dios en el que no creo, Marcelo...
***
- Leí tu blog - fue lo primero que me dijo Marcelo cuando llegué a juntarme con él ese tibio día de mayo.
- Qué blog - mi instinto, ese instinto primario de mentir para protegerme sobre todo, apareció automático, aún cuando intuía que él sabía.
- El blog... en el que me llamas "Marcelo".
Lo sabía. De qué otra forma podría haberme llamado "Marguerite".
- ¿Cómo lo encontraste?
- No sé, buscando algo en google, llegué a una entrada, me pareció interesante, me puse a leer... lo de "Nicole" me pareció conocido... Cualquiera que te conozca como yo, Marguerite, podría deducirlo.
- Quieres decir cualquiera que se haya acostado conmigo...
- Al menos cualquiera de los que mencionas ahí.
Pedimos algo de comer luego de mirar el menú y nos quedamos mirando en silencio un rato. Nunca me había sentido tan desnuda ante nadie. Marcelo lo sabía todo. Repasé mentalmente todo lo que he escrito. Bueno, sabía "ese" todo, no todo en realidad.
- ¿Quien es Marcos?
- ¿De verdad esperas que me ponga a explicarte quien es cada uno de los que salen ahí?
- Bueno... Armando y Pablo sé quienes son. Y Rodrigo...
Rodrigo. No pude evitar reírme nerviosamente.
- La cagai Marguerite... o sea... hueón, me daba cuenta de que estás desequilibrada, pero...
- ¿Me citaste para criticarme?
- No. Te cité porque sé quien te mandó a seguir.
Ricardo. Casi me había olvidado de Ricardo. A final de cuentas... no estaba haciendo nada "malo", o nada de lo que Pablo pudiera enterarse. A final de cuentas Pablo y yo recién empezábamos. ¿Nos habíamos propuesto acaso fidelidad absoluta? Se lo dije a Marcelo.
- O eres muy caradura... o muy tonta... o te encanta meterte en las patas de los caballos, Marguerite - fue su respuesta. Lo notaba molesto conmigo, aunque no tenía ningún derecho a estar molesto por nada.
- ¿Vamos al punto?
- Tengo dos opciones. La primera es que Marcos te mandó a seguir.
- También lo he pensado, pero no tengo forma de comprobarlo. ¿En que basas tu conclusión?
- Su excusa de que no sabía donde estabas cuando saliste del colegio es demasiado chanta. Ricardo era policía. Marcos tiene que haber tenido acceso a absolutamente todos tus datos a través del colegio.
- Según él no quería buscarme, simplemente quería que le avisaran si me metía en problemas.
- Chanta de todas maneras, no me lo creo. O te buscó y sabía exactamente dónde estabas todos esos años o no te buscó y se lo inventó todo con Ricardo.
- ¿Y se lo inventó con qué objetivo?
- Que dejes a Pablo y no dejes de verlo a él... ¿No te parece demasiada coincidencia que más de 10 años después Ricardo se acuerde de ti y relacione que la que Pablo mandó a seguir y la que el cura, que a todo esto debería estar preso ese hueón pero bueno, la que el cura mandó a seguir sean la misma? Y más encima que Ricardo lo llame y se junten justo después de que le dijiste de que ya no querías verlo más... O sea, no hay que ser un genio para sacar conclusiones.
- Hmm.
- Además eso de que Ricardo no le cuente a Pablo de las veces que te veas con Marcos...
- Bueno... eso podría tener una explicación. Podría ser que Ricardo le deba a Marcos más de algún favor...
Nos quedamos en silencio un rato. Necesitaba procesar lo que me decía Marcelo.
- De todas maneras Marguerite... ¿Cuánto crees que puedas seguir manteniendo tus mentiras? No hay una sola persona en tu vida, excepto yo ahora, que sepa toda la verdad.
Seguí en silencio. La verdad. No Marcelo, no sabes toda la verdad, pensé. No sabes ni siquiera una décima parte de todo, pero sí, sabes más que el resto. Pero qué más daba eso, si toda mi vida había sido una mentira, si estaba en dónde estaba ahora, en el mismo lugar que al inicio, qué más daba que lo supiera Marcelo, que lo supieran todos. Ya todo daba igual.
- Dijiste que tienes dos opciones...
- La otra es Rodrigo.
***
Una y otra vez he repetido esta conversación en mi cabeza, analizando cada palabra, cada detalle, cada coma, intentando retener cada segundo de la cara de Marcelo, cada uno de sus gestos en mi memoria, cada entonación de su voz. El efecto mariposa, aquel que dice que el simple aleteo de una mariposa puede crear un tifón al otro lado del mundo, como en aquella película que alguna vez vimos con Marcelo mil vidas atrás. Esa conversación fue el efecto mariposa que desató todo el caos y que se llevó la vida de Marcelo. Muerto. Muerto. Me lo repito como cada día y aún me suena ridículo, vacío, sin sentido. Marcelo no puede estar muerto, pero lo está, lo sé porque lo vi morir, lo sé porque fue mi culpa. Lo sé porque fue esa conversación la que provocó su muerte.
Necesito volver a dormir. Quizás esta vez tenga suerte y no despierte de nuevo.