12-01-2010

El primer embarazo

Cuando oí el diagnóstico sentí, literalmente, que los muros de la farmacia se me venían encima. Sentí que me empequeñecía y que algo muy grande estaba a punto de aplastarme. La farmacéutica me entregó el papelito con mi nombre, mi edad y encerrado en un círculo de color rojo el resultado: positivo. Yo estaba embarazada y tenía apenas 14 años.

No sé cómo salí de la farmacia e instintivamente me fui caminando al colegio, a un par de cuadras de distancia. Iba muy atrasada a clases, pero apenas entré a la oficina del inspector me hicieron sentar en una silla y me ofrecieron algo, un té, un vaso con agua, cualquier cosa. Yo estaba pálida y parecía a punto de desmayarme. Quisieron enviarme a la casa acompañada de alguien, yo parecía enferma. Les dije que no, que estaba bien, y después de un rato me dejaron subir a la sala de clases con un papel timbrado diciendo que podía entrar a clases aunque hubiera llegado tarde. No recuerdo más del colegio ese día, solamente que las palabras de la farmacéutica retumbaban en mis oídos: estás embarazada.

Ese día tampoco fui a casa de Ryu. Me fui a mi casa y me acosté. Ví como el día pasaba, como la luz del sol que entraba por mi ventana se transformaba en sombras y luego en oscuridad absoluta. Lo recuerdo todo tan bien... era viernes y yo no había comido en todo el día, pero no tenía hambre. Yací por horas en mi cama, sin atreverme a moverme, de espaldas y con las manos apoyadas en mi vientre, debajo de mi ombligo. Un bebé. Una vida se estaba gestando dentro mío. Yo iba a ser madre.

Supongo que en ese momento no entendí la magnitud de lo que estaba pasando. Supongo que creí que todo se arreglaría. Lo único que importaba era que YO iba a tener un bebé, y que yo nunca iba a ser como mi madre, yo sería una madre de verdad para ese niño, lo amaría con todo mi ser y a pesar de que Ryu era más pobre que las ratas, íbamos a salir adelante, estábamos juntos y nos amábamos. Oí a mi madre que llegaba borracha, pero por una sola vez no me importó. Pronto yo estaría fuera de ahí. Formaría una familia. Sería feliz... Me dormí con una sonrisa.

Al día siguiente me levanté temprano y tomé desayuno. El bebé necesitaría que me alimentara bien. Tomé una micro a casa de Ryu, pero decidí bajarme a mitad de camino, en el centro, para comprar algo. Todavía era temprano y la calle estaba casi desierta. Me senté en una banca del paseo ahumada a esperar a que abrieran las tiendas. En Falabella compré unos zapatitos de bebé, un body y un sweater pequeño, además de una mamadera con motivos de animalitos y un cascabel de colores. Puse todo en un paquete de regalo junto con el papelito que me habían dado en la farmacia, y tomé otra micro hacia la casa de Ryu. Cuando llegué allá su mamá me dijo que Ryu había salido en una bicicleta que le habían prestado y que no sabía donde había ido, pero me hizo pasar a su pieza mientras ella tendía ropa en el patio, para que lo esperara.

El padre de Ryu había salido temprano a recorrer las ferias buscando algo que echarle a la olla y la hermana de Ryu simplemente no había llegado la noche anterior. Me refugié en la cama de Ryu tratando de escapar de los gatos y miré a mi alrededor. Encima de una cómoda estaba la llave con la cadena que Ryu siempre llevaba al cuello. Pensé en abrir la caja. Tenía miedo de que Ryu me pillara y no sabía a qué hora iba a llegar. La curiosidad fue más fuerte. Busqué la caja de debajo de la cama, la saqué, y con el corazón en la boca, abrí la caja. No sé qué esperaba encontrar, pero me desilusionó un poco ver una enorme cantidad de papeles blancos. Pensé en poner la caja en su lugar antes de que Ryu llegara pero entonces algo me llamó la atención, y abrí uno de los papeles, que eran hojas de cuaderno. Leí por encima: amor... te amo... Ryu... hacer el amor contigo... Eran cartas de amor dirigidas a Ryu, pero no eran mías. Miré la fecha. Era de hacía una semana atrás.

Yo andaba con mi mochila, así que dí vuelta el contenido de la caja en mi mochila, la cerré, puse la llave donde la había encontrado, metí la caja debajo de la cama y salí, con mi mochila llena de palabras de amor ajenas y en mi mano la bolsa con el paquete de regalo. Iba tan aturdida que no sé que le dije a la mamá de Ryu, pero me fui a mi casa. En la micro me fui ordenando las cartas por fecha y esperé a llegar a mi casa para leerlas. Mi mamá dormía, así que me fui a mi dormitorio. Leí las cartas una por una, las leí dos o tres veces. Quería convencerme de que esas mujeres le escribían a MI Ryu. Y todas las cartas estaban fechadas desde después de que Ryu y yo habíamos empezado y hasta solo unos días atrás. En la caja había también, aunque no me di cuenta hasta que vacié el contenido de mi mochila, un pingüino de cerámica que sostenía un corazón rojo a la altura del pecho y una vela roja en forma de corazón que decía I love you. Y las cartas estaban escritas por varias personas distintas: Jessica, Pamela, Sofia, Noemí, Maria Elena... No recuerdo el resto.

Volví a leer las cartas una por una y después de haberlas leído, las fui rompiendo, una por una, en trocitos diminutos. No tenía rabia. No tenía pena. Creo que estaba demasiado aturdida como para sentir algo. De mis útiles escolares tomé un compás y le enterré la punta afilada a la vela muchísimas veces, hasta que la rompí. No reparé en la analogía de ese acto de la vela con el del mi propio corazón hasta muchos años más tarde. Metí todos los trocitos de papel en una bolsa y estaba lista para quemarlos cuando se asomó mi mamá, con cara de tener la peor resaca de todos los tiempos, para decirme que me buscaban. Salí. Era Ryu.

Ryu me contó que me había ido a buscar al colegio. Por alguna razón pensó que yo me había ido para allá. No me encontró y se fue a mi casa, donde llamó varias veces sin que yo saliera, así que se devolvió a su casa en la bicicleta. Cuando llegó, su mamá le dijo que yo lo había ido a buscar, pero que me había ido de inmediato, así que había tomado la micro para ir a mi casa. Me abrazó, pero yo me quedé inmóvil, con los brazos inertes, sin responderle. Me preguntó qué me pasaba y le dije que me esperara. Entré, tome la bolsa y el regalo, me metí el pingüino en el bolsillo y salí. Esto es para ti, le dije entregándole el regalo. Y esto, le dije mientras daba vuelta el contenido de la bolsa en el suelo, muchísimos trocitos de papel que cayeron pesadamente al suelo, también es tuyo.

Me parece que Ryu no entendió lo que era hasta que vió los trocitos de la vela roja entre los papeles blancos. Me metí la mano al bolsillo, saqué el pingüino y lo reventé en el suelo, dejándolo caer con fuerza. Ryu no dijo nada. Soltó el regalo, se dió la vuelta y se fue hacia el paradero. Yo lo seguí tres cuadras y cuando lo alcancé lo afirmé de un brazo. Cuando se dió vuelta pensé que me iba a pegar, pero solo me preguntó como había conseguido las cartas. Le dije que eso no importaba, pero que antes de irse, me recibiera el paquete de regalo. Lo tomó y se fue y yo empecé a caminar hacia mi casa. No quise voltearme a ver si lo abría, solo quería llegar a mi casa, meterme a mi cama y llorar hasta morirme. No alcancé a llegar a la esquina de mi casa cuando escuché a Ryu gritar mi nombre y que lo esperara. Yo me detuve. Venía con el paquete de regalo abierto y el papel de la farmacia en las manos. Me abrazó y me dijo que me amaba.

- Quienes son las otras? - le pregunté sin devolverle el abrazo
- Qué importa eso! - me dijo él - Vamos a tener un hijo... - dijo en un susurro
- Quiero saber quienes son!
- Son... son alumnas de tu colegio. Las conocí en los talleres de los días sábado... hemos... mantenido el contacto desde entonces...
- No me trates como estúpida! Leí las cartas. Todas las cartas. Te acostaste con ellas!
- Sí... pero ellas no significaban nada para mí! Yo te amo!
- En serio? eso es lo que entiendes por amor?
- Por favor Marguerite...
- Quiero que me digas específicamente quienes son!

Y Ryu me lo dijo. Hice memoria. Supe quien era cada una de ellas. Me lo imaginé a él en la cama con ellas, pero nunca me enteré de cómo se las arreglaba para estar con ellas si nosotros nos veíamos a diario. Supongo que las iba a ver después de irse de mi casa. Nunca me lo dijo.

- Esto tiene que acabarse Ryu
- Sí, te prometo que nunca más veré a nadie más que tú
- No, nosotros, lo nuestro tiene que acabarse...

Ryu me abrazaba y no dejaba de rogarme que le diera otra oportunidad. Algo en mí me decía que le dijera que no, que me negara, que si seguía con él las cosas iban a ir mal, pero pensé en el bebé y en que yo estaba sola en la vida. No sabía cómo iba a reaccionar mi mamá ante la noticia de mi embarazo. La verdad es que yo necesitaba a Ryu.

- Te lo prometo, te lo juro, - Ryu me besaba - te lo juro por dios y por mi hijo que nunca te volveré a mentir...

Ryu se fue al poco rato y yo me fui a mi casa. Mi mamá estaba en pijama y con mala cara. Decidí no esperar para contarle. Me senté a su lado en el sillón, ella miraba tele. Cambiaba los canales rápidamente, sin siquiera detenerse a mirar qué estaban dando.

- Tengo que decirte algo - le dije
- Qué - respondió sin mirarme
- Estoy... embarazada...

Dejó de cambiar los canales, pero no me miró.

- Quién es el padre?
- Es... Ryu, el que me viene a ver siempre.
- No tiene plata, no?
- No, él y su familia son... pobres
- Entonces supongo que te vas a hacer un aborto?

Yo ni siquiera había pensado en esa posibilidad. Había amado a ese bebé desde que supe que estaba embarazada, o quizás desde antes. Era mi oportunidad de amar y de ser amada, de salir de esa casa, de empezar, por fin, a vivir mi propia vida.

- Yo... no... yo quiero tenerlo...

No vi llegar la cachetada que me dejó ardiendo la cara.

- Estúpida! - me escupió mi mamá en la cara - bastante tengo contigo, crees que te voy a mantener a ti y a tu huacho?
- Yo... no voy a pedirte nada...
- Nada? Y cómo crees que se alimentan las guaguas? y cómo crees que se las viste? piensas que los pañales crecen en los árboles? O quizás - y se puso a reir histérica - crees que tu papá te va a ayudar?
- Ya veré...
- Ya veré, ya veré. Estúpida! tendrás que hacerte un aborto o irte!

Me fui a mi pieza. El corazón me latía furiosamente. No quería llorar, no quería que mi pena afectara al bebé. Mi bebé. Tomé mi mochila y me fui al colegio. Necesitaba salir de ahí, quizás hablar con algún profesor.

Lo primero con lo que me encontré al llegar al colegio fue a Ryu abrazado en una banca con una niña rubia de pelo larguísimo. La reconocí como Jessica, una de las de las cartas. Ryu no me había visto. Yo estaba a sus espaldas y lo ví abrazarla y besarla. Ella me vió entonces y le dijo a Ryu que yo estaba ahí. Ryu se puso pálido y se levantó. Yo me acerqué a ellos. Mi mamá quiere que me haga un aborto, le dije a Ryu, quiere que aborte a TU huacho. Me dí media vuelta y me fui.

Ryu me siguió. Suéltame! le grité. Anda a seguir besándote con esa puta! Yo no te importo ni te importa tu hijo. No quiero verte más!

- No la llames así! - me dijo Ryu - Jessica es mi polola...
- Tu polola? - yo no podía creer que fuera tan caradura - y yo que soy entonces?
- Nosotros no somos nada!
- Qué?
- No te acuerdas de que fuiste tú quien terminó conmigo hace un par de meses? He estado pololeando con Jessica desde entonces
- Pero... nosotros volvimos!
- Yo nunca te pedí pololeo de nuevo!
- Pero me ibas a ver todos los días! Nos acostábamos juntos! Estoy embarazada de ti!!! Si eso no es un pololeo, qué es entonces?
- A la que engañé contigo fue a Jessica. A ti no te he engañado, porque no somos nada.

No quise que me viera llorar, así que me fui a mi casa y entonces sí que lloré. Oh, como lloré ese fin de semana. Mi mundo estaba hecho pedazos, mis sueños estaban destrozados. Y todo, de nuevo, era mi culpa. Yo había sido tan tonta! Me había dejado engatusar por Ryu, le había creído... Y ahora llevaba a su hijo en mi vientre... Ya no importaba nada. No quería volver a ver a Ryu. Tendría a mi hijo y me iría. Viviría debajo de un puente, me iría a un hogar, le suplicaría a mi padre que me ayudara, cualquier cosa! No me importaba. Yo quería al bebé, mi bebé, y haría lo que fuera por él.

El lunes en el colegio volví a ver a Jessica. Ella iba en segundo medio y yo estaba en octavo. A la salida del colegio la seguí hasta su casa sin que se diera cuenta. Esperé una o dos horas y la llamé. Jessica salió. Todavía llevaba uniforme.

- Qué quieres - me dijo apenas salió
- Estoy embarazada - le dije a bocajarro
- Lo sé. Ryu me lo dijo
- Y no te importa?
- No. Él me quiere a mí, yo lo amo. Tú... tú le serviste para la cama.
- Ya veo... Y tus papás saben que tu pololo dejó a otra niña embarazada?
- Sí
- Y no les importa?
- No
- No te creo
- Y a mí qué me importa que me creas! Ahora ándate por favor...

Yo no me quise ir. Grité bien fuerte Aló! para que alguien más saliera. Salió la mamá.

- Qué está pasando aquí Jessica?
- Nada mamá... ella me venía a preguntar algo del colegio...
- No seas mentirosa! Quería preguntarle, señora, si es verdad que usted sabe que el pololo de su hija me dejó embarazada
- El qué?! Jessica? Qué está hablando esta niña? Qué pololo?
- Nada mamá...
- Explícate por favor - me dijo la mamá
- Ryu es mi pololo y me ha estado engañado con su hija Jessica. Me dejó embarazada y ahora no quiere hacerse responsable porque dice que él está con su hija, y no conmigo
- Ryu?
- Efraín, mamá - dijo Jessica con la cabeza baja
- Efraín? pero si ustedes son solo amigos!
- Sí mamá, eso es lo que le estoy diciendo a ella! Que Efraín y yo somos solo amigos, que yo no tengo nada que ver! - mintió la muy descarada
- No seas mentirosa! Yo te ví besándolo y abrazándolo! Él mismo me dijo que eran pololos!
- A ver... mijita, baje la voz por favor, que no la oigan los vecinos... Usted qué edad tiene?
- Catorce...
- Y su mamá, donde estaba que no la cuidó de embarazarse a esa edad?
- Qué tiene que ver eso con lo que vine a hablar con Jessica?
- Mire mijita, lo que le aconsejo es que se vaya a su casa, con su mamá, que es donde le corresponde solucionar su problema. Mi hija ya le dijo que ella y Efraín son solo amigos. Cuando Efraín aparezca por acá voy a hablar seriamente con él. No puedo soportar que el nombre de mi hija se vea... involucrado en un asunto como este y arrastrado por el barro. Yo meto las manos al fuego por mis dos hijas y sé que Jessica está diciendo la verdad...

En eso, como dispuesto por el destino, apareció Efraín doblando la esquina.

- Justo viene ahí - le dije yo
- Entonces vamos a aclarar esto de inmediato - Ryu se nos acercó - Efraín, esta niña aquí dice que tú y Jessica están pololeando...
- Si, es verdad, somos pololos - dijo Efraín. Jessica no decía nada, estaba con la cabeza gacha.
- Qué? pero cómo... y tú Jessica... y yo metiendo las manos al fuego por ti... éntrate inmediatamente! Vamos a hablar adentro y a ti Efraín, no quiero verte más por acá!

Se entraron. Efraín y yo no hablamos. Yo me fui a mi casa. Él no sé lo que hizo. Apareció por mi casa un par de días más tarde.

- Le conté a mi mamá que va a ser abuela. Está feliz. Quiere hablar contigo.
- No tengo nada que ver contigo, se te olvida?
- Por favor Marguerite... Mi mamá... está enferma. Se hizo examinar la vista y le descubrieron un tumor cerebral... Dice el médico que se va a quedar completamente ciega y no puede asegurarle muchos años... o muchos meses de vida.

A mí me dio pena la señora. Al final accedí a ir a verla, porque ella no tenía la culpa de lo que había pasado y porque ella siempre había sido buena conmigo. Me abrazó apenas me vió, me tocaba el vientre liso y me decía que estaba feliz, que me quería, que no dejaría entrar nunca a ninguna mujer a su casa que no fuera yo. Que yo era su única nuera para siempre. Me dijo que a Ryu ya lo había retado, que las cosas iban a cambiar, que le diera otra oportunidad...

Desde ese día volví a ver a Ryu a diario. No recuerdo que hayamos estado juntos como pareja, pero si recuerdo que a veces salíamos a caminar y nos tomábamos de las manos. No recuerdo si nos besábamos, pero si recuerdo algunos abrazos y a él tocándome el vientre y preguntándome si ya había sentido moverse al bebé. No volvimos a hablar de lo que pasó con las cartas ni con Jessica. Jessica me evitaba en el colegio y yo la ignoraba. Ya no me importaban, en todo caso, ni ella ni Ryu, solo yo y mi bebé. Yo me había quedado embarazada en septiembre y en diciembre, cuando terminó el año, nadie sabía que yo estaba embarazada, a excepción de Jessica. Mi mamá no me hablaba.

Y llegó la navidad. Yo tenía tres meses de embarazo y estaba contenta, porque al lunes siguiente de navidad tenía hora con la matrona y por fin, después de tres largos meses, me iban a hacer una ecografía. La navidad la pasé en casa de Ryu. Toda la familia había hecho grandes sacrificios para regalarme cosas de bebé. Había ropa usada, pero en buen estado. Zapatitos y chalecos tejidos a crochet. Y una cunita de mimbre. Lloré, no sé si de la emoción, o de la angustia de saber que mi vida sería así de ahí en adelante. Después de abrir los regalos Ryu me pidió que fuéramos a saludar a unos amigos que vivían cerca de ahí y tenían una fiesta. Su mamá no quería que saliéramos. Era muy tarde y era peligroso, pero Ryu se salió con la suya y salimos. Llevábamos caminando unos 10 minutos cuando pasamos por una plaza solitaria. Habían unos 5 tipos parados fumándose un pito. Apenas pasamos, empezaron a molestarnos, a lanzar silbidos y a reírse. Ryu me llevaba de la mano y me la apretó fuerte. Los tipos nos siguieron. Nosotros doblamos por una calle pequeña y oscura, sin mirar atrás. De repente sentí que alguien me tiraba de la mano que llevaba libre. Tres tipos afirmaron a Ryu, uno de cada brazo y uno por la espalda. Entre dos me agarraron a mí y me empezaron a manosear.

- uy, que tetitas más ricas...

Ryu hizo el ademán de soltarse. Una cortapluma brilló en la mano de uno de los que lo tenían afirmado. Los otros dos me seguían tocando.

- Parece que el viejito se acordó de nosotros y nos trajo un regalito...

Me arrinconaron en la pared. Estaba tan oscuro y la calle estaba tan solitaria. Creo que eran cerca de las tres de la mañana. Los niños ya se habían entrado con sus juguetes. Todos dormían. Pensé en gritar, pero uno de los tipos sacó un cuchillo enorme de sus pantalones y me lo puso en la cara, y como adivinándome el pensamiento me dijo que si gritaba me cortaban el cuello.

Todo fue muy rápido, supongo, pero a mí se me hizo eterno. El primero que me penetró lo hizo en el suelo. Olía mal. A cerveza, a cigarro, a marihuana, a cuerpo sin lavar. Mis nalgas desnudas tocaban el suelo frío, duro y áspero. Un perro callejero aullaba a lo lejos. El otro tipo seguía con el cuchillo apoyado en mi mejilla y afirmándome del pelo. Cuando el primero terminó, fue el turno del segundo. El cuchillo cambió de manos, mis piernas cambiaron de hombre. Yo cerraba los ojos. Trataba de pensar en nada, en blanco, o en negro, me acordaba de uno de mis profesores que decía que era imposible pensar en nada porque nada no existía, siempre era algo: aire, negro, blanco, espacio. Y lo único en lo que conseguía pensar era en dolor y en el bebé. El segundo terminó. Yo estaba entumecida. Mi entrepierna goteaba, pero eso no le importó al tercero ni al cuarto. Intercambiaban sus posiciones como buenos amigos. Me usaban y me compartían como buenos amigos. Por último, el quinto, me hizo darme la vuelta. Me agarró del pelo y de una sola estocada me penetró. Eligió el ano. Supongo que le dió asco utilizar lo que sus amigos.

- Puaj! tienes el poto hediondo a caca!

Se demoró poco, pero fue tan doloroso... No recuerdo que yo llorara, pero recuerdo haber mirado a Ryu, que lo había visto todo, lo habían obligado a mirar, y Ryu no dijo nada ni una sola vez. Cuando el último terminó se levantó y me dejó tirada en el suelo. Ya no me amenazaban con el cuchillo, pero no podía levantarme del dolor que sentía. Había perdido definitivamente la virginidad: me habían violado el alma.

- Conchadetumadre! me dejaste el pico pasa'o a mierda!

No ví la primera patada venir, al costado derecho. Me puse de lado en un reflejo automático y la segunda patada llegó en los riñones. Sentí que algo se me soltaba dentro. Ryu les gritó que no me pegaran, que estaba embarazada. Uno de los que lo afirmaban le hizo un corte en la mejilla, cerca del ojo derecho, diciéndole que se callara. Otra patada en la espalda mientras yo me cubría el vientre.

Años más tarde vi una escena parecida en una película. Había pasado toda una vida desde entonces y yo estaba con Armando. Recuerdo que él no quiso mirar esa escena. Yo, en cambio, miré cada segundo. Reviví cada segundo de dolor. Y al final vomité. Armando nunca supo porqué me había puesto tan mal ver algo que solo era ficción...

Otra patada, esta vez en la cabeza. Me crujen los oídos. Me los tapo con las manos y dejo indefenso a mi pequeño bebé. Me llega una patada definitiva en el vientre y sé, en ese momento, que el bebé se ha ido para siempre. Lo siento. Lo siento desprenderse de mí. No he alcanzado a despedirme, ni siquiera he alcanzado a conocerlo. Todo eso pienso antes de que me vuelvan a patear la cabeza y perder el conocimiento. Lo siguiente fue un vacío negro y profundo. Un abismo. La nada inexistente en la que caí.