21-01-2010

Christian

Ese verano después del aborto, después de que Ryu me dijera que yo le daba asco y se fuera con otra, conocí a Christian.

Yo estaba tan sola. Me sentía tan desamparada... Fue cuando cometí el segundo gran error de mi vida, o lo que me llevó al segundo gran error: me acerqué a la iglesia.

Mi nuevo colegio, en el que mi mamá me había matriculado a principios de enero después de yo habérselo suplicado, era católico. Tenía, por lo tanto, su propia iglesia a la que los alumnos debíamos asistir. Por la fecha no habían matrículas, pero un arreglo monetario siempre soluciona todo y antes de darme cuenta, ya estaba vistiendo uniforme. Las clases empezaban la segunda semana de febrero. En enero, las veces que había visto a Ryu, había estado saliendo con Mauricio, pero no funcionó, de nuevo, y para cuando las clases empezaron nosotros ya habíamos terminado.

Christian acababa de salir de cuarto medio y estaba esperando irse al servicio militar. Christian no era ex alumno de mi colegio, el colegio era demasiado caro para que su familia pudiera pagarlo. Christian era acólito en la iglesia de mi colegio y estaba demasiado bueno como para pasar desapercibido. Me fijé en él el primer día de la misa obligatoria a la que teníamos que asistir los estudiantes. Le ayudaba al cura en la misa, no sabría explicar bien cuál era su función, porque habían varios chicos ayudando, aunque Christian era el mayor de todos. No puse atención en la misa. Era mi primer acercamiento con la iglesia y la verdad es que no estaba interesada. Si no hubiera sido requisito fundamental el ir a misa, simplemente no habría asistido. Durante la eterna hora que tuve que estar sentada ahí mientras mis nuevos compañeros cantaban y recitaban oraciones aprendidas en la infancia, yo me quedé mirando a Christian tan fijo que él al final me miró. Me miró varias veces como para comprobar que yo lo seguía mirando y me sonrío disimulado una que otra vez. El corazón me latía rápido.

Llegó la hora de comulgar y el cura se puso en medio del pasillo para que los estudiantes fueran. Christian sostenía una bandeja plateada con las hostias. La túnica blanca que llevaba lo hacía parecer inocente, no sé, así como buena persona. Los estudiantes se formaron en fila y la persona a mi lado me pegó un codazo y me preguntó si yo iba ir a comulgar o no, si no, que lo dejara pasar.

Yo no había hecho la primera comunión y sabía que no podía comulgar, o eso creía, pero en un segundo de indecisión me levanté y seguí al resto. Me pusé en la fila. Recuerdo que temblaba un poco. Suponía que el cura se daría cuenta de que yo no había comulgado nunca, que nunca me había confesado. Vería el niño no nacido de mi vientre. Mi pecado. Pensaba que me echaría de la fila y de su iglesia. Pero nada de eso pasó. La fila avanzó rápido y de pronto tuve al cura frente a mí diciéndome algo que no escuché, abrí la boca en un reflejo automático y puso una hostia en mi lengua. Miré de reojo a Christian antes de salir de la fila. Ví que sonreía.

Volví a sentarme. Había masticado la hostia y los pedacitos se me pegaban en el paladar. A mi lado estaba el chico que me había dado el codazo, arrodillado y con los ojos cerrados. A mi otro lado estaban sentadas varias chicas que no era mis compañeras de curso, pero parecían amigas entre ellas. Hablé con la que estaba más cerca a mí.

- Tiene un sabor raro esta hostia...

La chica me miró con ojos de huevo y no me respondió. Me dediqué a mirar a Christian el resto de misa que quedaba y él hizo lo mismo. Cuando la misa terminó me quedé sentada mucho rato mientras los demás salían y se iban a las salas de clases, al final Christian fue a hablar conmigo y se sentó a mi lado.

- Eres nueva aquí?
- Sí, me acabo de cambiar de colegio
- Con razón no te había visto antes, es imposible no fijarse en ti...

Me sonrojé.

- Y... tienes clases ahora, no?
- Sí...
- A qué hora sales?
- A las tres y media...
- Te invito a tomarte un helado a la salida entonces.

Le dije que sí y me fui a clases. Ah, esa sensación... esa emoción de conocer a alguien nuevo, de una cita a la salida de clases... Hace tanto tiempo que no la he vuelto a sentir.

A la salida de clases Christian me estaba esperando y nos fuimos a Providencia. Mientras comíamos helado me contó su vida. Su mamá lo había dejado con sus abuelos cuando tenía dos años y él vivía con los dos viejitos. Ellos querían que él fuera sacerdote y lo obligaban a que fuera acólito. A él le gustaba, de todas formas. Estaba esperando irse al servicio militar y luego de eso independizarse. Me preguntó por mi vida y le conté que mis papás estaban separados y que yo vivía con mi mamá.

- Y tienes pololo?
- No...
- Nunca has tenido?
- Sí... uno - mentí rápido - se llamaba John pero se fue a Brasil con sus papás...
- Ah... mira tú...
- Y... tú... tienes polola?
- Sí

El alma se me cayó a los pies. Christian lo notó y me acarició una mejilla.

- Qué pasa? te pusiste celosa? jajaja
- No...
- Se llama Ana María, no va en tu colegio pituco en todo caso, aunque algunas veces me va a buscar después de misa...

Yo ya no dije más. Estaba enojada, desilusionada... Paseamos por Providencia después de la heladería. Christian me tomó sorpresivamente de la mano. Yo me detuve sin saber que hacer, pidiéndole una explicación. Christian se puso a reir.

- Qué pasa? no te puedo tomar la mano? está prohibido?

Seguimos caminando. Creo que no entendía a Christian. Me acaba de decir que tenía polola y me tomaba la mano. Caminamos un rato así, yo mirándolo mientras él me hablaba de su familia, de su música, de lo que quería estudiar pero su familia no podía pagar. Christian era lindo. Tenía la nariz un poco grande, pero no era tosca, era solo grande. Tenía los labios finos, la cara pareja, sin granos, el pelo liso y los ojos oscuros e intensos. Me gustaba su boca de labios finos. Tenía las manos suaves, como de mujer, con las uñas bien cuidadas. Christian tocaba guitarra y practicaba deportes.

Hablamos mucho ese día. Me fue a dejar a mi casa por la tarde. Pensé que se iba a ir, así que me despedí con un beso en la cara y él me afirmó.

- No me vas a dar un beso en la boca?
- Pero tú tienes polola!
- Qué tiene que ver ella con esto? tú y yo no vamos a pololear!
- Pero... la vas a engañar?
- Engañar... engañar... no has oido eso de ojos que no ven corazón que no siente?

Y me besó. Me besó por mucho rato. Sus besos eran simplemente exquisitos. Desde Christian que me gustan los labios finos a la hora de besar.

Cuando se fué yo me fui a mi pieza. Aún andaba con uniforme. Me desvestí y me acosté y me quedé pensando mucho rato en Christian. Él tenía polola, me había dejado muy claro que yo no sería su polola... Qué era lo que quería entonces? acostarse conmigo solamente? Yo no sabía qué era lo que yo quería tampoco. Lo de Ryu seguía siendo muy reciente. Seguía doliéndome. Antes de dormirme mi último pensamiento fue para Ana María, engañada, y yo, convertida en Jessica.

Vi a Christian día por medio. Él tenía cosas que hacer en la iglesia y nos íbamos juntos cuando yo salía de clases. No nos demoramos mucho en terminar en la cama. Nos íbamos a su casa. Era una casita pequeña con dos dormitorios, uno para él y el otro para sus abuelos, en la que todo parecía antiguo. Me mostraba fotos de sus abuelos cuando eran jóvenes. Christian se parecía a su abuelo. La misma boca, los mismos ojos. Siempre íbamos a su casa a escondidas porque sus abuelos conocían a Ana María, así que ellos nunca me vieron. Christian entraba primero, me dejaba en el patio, y se iba a ver donde estaban los viejos, los saludaba y luego me metía a escondidas a su pieza, donde nunca lo molestaban. Otras veces los viejos no estaban, así que Christian me mostraba las fotos, los objetos antiguos que parecían de un museo, algunas de sus medallas y trofeos, fotos de él cuando niño. Una vez le pregunté por una foto de su mamá y me dijo que su mamá se había muerto para él el día en que lo había abandonado. No pregunté nunca más. Los viejitos eran un poco sordos, pero de todas formas éramos silenciosos, porque el dormitorio de Christian estaba pegado al de los abuelos y Christian tenía una cama antigua y dura que metía mucho ruido. Christian no era excepcional en la cama. Tenía, eso sí, un cuerpo espectacular. Hacía mucho ejercicio y participaba en campeonatos de fútbol o lo que saliera. No sé si Christian era regular en la cama porque simplemente era así o por el miedo a que nos pillaran, pero siempre lo hacíamos igual: yo debajo, él encima, moviéndose con cuidado. Me parecía que estuviera haciendo ejercicio, los brazos extendidos, apoyado sobre la punta de los pies y penetrándome... parecía que hubiera estado haciendo flexiones. No se cansaba nunca. Después de un rato se salía y terminaba masturbándose para eyacular. No quería dejarme embarazada.

No era mucho lo que yo podía hacer en la cama tampoco, por el ruido. Me quedaba quieta, con las piernas abiertas y frías, mirando los brazos musculosos y bien formados de Christian. No recuerdo haber tenido un orgasmo con él una sola vez. Lo dejaba usarme, supongo que esos fueron los inicios de mi prostitución. Lo dejaba usarme a cambio de sentirme querida... o creía sentirme querida, me engañaba a mi mísma. Después al menos lo hice por dinero. No hay engaño en eso.

Una vez llegamos demasiado lejos. Estábamos en su cama, sus abuelos habían salido y Christian había dejado todo con llave. Estábamos desnudos en su cama. Lo habíamos hecho una vez y Christian me tocaba el cuerpo. Estábamos de lado, frente a frente, sobre su cama, y Christian me pasaba los dedos por el cuerpo con suavidad. Eres exquisita, me decía, no cambies nunca. Yo lo tocaba también. Christian era exquisito, estaba tan bien formado... pero algo me impedía enamorarme de él. Quizás el recuerdo de lo que me había hecho Ryu, o quizás saber que Christian tenía polola... En eso sentimos que alguien lo llamaba.

- Mierda! es la Ana María! - susurró Christian
- Qué vamos a hacer? - me angustié y quise levantarme para vestirme
- No! shhh, quédate quieta!
- Pero está afuera!
- Shhhhh! ya se va a ir...

Christian empezó a besarme. Me hizo darme la vuelta. Me tocaba los pezones y el clítoris mientras me penetraba, y yo pensaba en Ana María, parada afuera, pensando quizás que Christian dormía una siesta o que estaba afuera y volvería luego, esperándolo, engañada. Decidí que no podía seguir con Christian.

Entonces conocí a Marcos.