Castillos de arena
Al día siguiente Marcos actuaba como si nada hubiera pasado. Nos levantamos temprano, a eso de las 8:30, nos duchamos, vestimos y fuimos a misa. Marcos hizo una misa cortita. Me abstuve de comulgar como él me pidió pero sentí que mis compañeros me miraban raro. Yo me había confesado el día anterior y no comulgaba. Después me hicieron preguntas sobre eso.
- Y porqué no comulgaste?
- Es mi penitencia...
- Chuuuuta, tienes que haber hecho algo bien grave para que el cura te dejara sin comulgar! Jajaja, capaz que hasta te excomulgue!
Los demás se unieron a las risas mientras caminábamos al comedor. Tomamos desayuno, que ya estaba servido y después de eso volvimos a la capilla. Al lado de la capilla habían dos salas de clases con mesas largas y sillas alrededor de estas. Marcos se había quitado el alba, esa túnica blanca que llevaba en la misa y estaba vestido con sotana y alzacuello blanco. Igual que en mis sueños. Sentí como la cara se me enrojecía. En el muro había puesto un cartel que decía: Por qué debemos esperar hasta el matrimonio?
Creo que todos nos miramos y nos encogimos en las sillas. Marcos empezó su cátedra. Nos hablaba del cuerpo humano como templo de Dios. Nos decía que en la sociedad de hoy día los jóvenes nos sentíamos presionados a demostrarle a nuestras parejas nuestro amor a través del sexo y prácticas sexuales, pero que un amor verdadero no exigía presiones y estaba lleno de respeto. Si nuestra pareja nos amaba verdaderamente, nunca nos iba a presionar a tener sexo.
- Qué opinas tú de esto, Marguerite? - Me preguntó Marcos. Sentí su pregunta como una puñalada de traición.
- Yo? - La boca se me secó
- Si, tú... - Oí que uno de mis compañeros se reía bajito. Me ardían las orejas. Tenía rabia. Marcos había usado mi confesión del día anterior para ese tema. Y por otro lado, acaso se había olvidado que él mismo, el cura, me lo había hecho sobre la mesa de la cocina?
- Eeeh, no sé, no he pensado sobre el tema... -
- Bien, entonces preguntémosle a... - Marcos pasó a uno de mis compañeros y le hizo la misma pregunta.
- Yo opino que... se exagera demasiado con esto del sexo. La gente piensa que ser jóvenes equivale a pasársela en la cama teniendo sexo y no somos así. - Todos nos reímos, no por el comentario si no por lo absurdo de lo que estaba pasando. Todos, y absolutamente todos en ese retiro espiritual, incluyendo al sacerdote, estábamos teniendo sexo sin estar casados.
Marcos nos habló por cerca de una hora de que el sexo oral, los toqueteos y los besos con "yapa" también se consideraban como sexo. Que nada de eso estaba permitido ante los ojos de Dios y que si de verdad amábamos a nuestras parejas, debíamos contenernos hasta el matrimonio. Nos habló también del riesgo para nuestra salud, del peligro de un embarazo, de que los métodos anticonceptivos fallaban y por eso la iglesia se negaba a admitirlos, además de que el admitirlos significaba admitir el sexo fuera del matrimonio. Nos habló del costo físico, psíquico y emocional de tener sexo tan jóvenes y de la importancia de aprender a controlarnos. Yo escuchaba casi sin creer lo que oía. Su discurso me parecía tan cínico! Además él sabía que mis compañeros estaban teniendo sexo. Bueno, ese era el precio que supongo que mis compañeros sabían que tenían que pagar por poder acostarse juntos, esas horas oyendo a Marcos predicar para por las noches poder cambiarse de dormitorio.
Cuando por fin terminó nos dió tiempo libre antes de almorzar. Mientras mis compañeros salían me pidió que le ayudara a ordenar la sala.
- Y qué te pareció el tema de hoy?
- Qué se supone que debería responder, Padre Marcos?
- Jajaja, estás enojada conmigo? No seas tonta, esos temas no los elijo yo, me mandan a hablar de ellos.
- No tenías para qué haberme preguntado...
- Nadie se dió cuenta... - Marcos me abrazó muy fuerte y me dió un beso - Esta noche te irás a acostar temprano con tus compañeros. Cuando se hayan cambiado de dormitorio, te vienes al mío.
- Estás loco? y si me descubren?
- Si descubren que no estás, dices que saliste a... dar una vuelta, ahí veremos. Pero no te preocupes, nadie lo notará.
- Yo... no creo que sea buena idea - Traté de soltarme de su abrazo.
- No? - Marcos me volvió a besar - Te espero ahí...
Almorzamos todos juntos, tuvimos un rato libre y yo dormí una siesta corta. Me dolía la cabeza, le dije a mis compañeras, y me dejaron tranquila. Tuvimos otra clase por la tarde, otro tema, pero relacionado con la catequesis y el nuevo testamento. Tuvimos que jugar algo así como "preguntas y respuestas bíblicas". Perdí lejos. No tenía idea de nada de la biblia. Tomamos once. Marcos se comportaba con total indiferencia. Jugamos de nuevo Monopoly y nos fuimos a acostar. Yo me puse pijama, me cepillé los dientes y el pelo y me acosté primero. Miré como mis compañeras se arreglaban rápido y en silencio. Me hice la dormida. Por fin salieron muy calladas. Esperé un rato. No oía ruidos aparte del de mi propio corazón latiendo con fuerza. Pensé en no ir a la cita con Marcos, pensé en dormir, taparme la cabeza con una almohada y retirarme del grupo de catequesis el lunes. Por supuesto no hice nada de eso. Me levanté, abrí la puerta con cuidado, miré al pasillo y me fui caminando de puntillas al dormitorio de Marcos en el otro extremo. Entré sin golpear. Marcos estaba leyendo en la cama.
- Pensé que ya no venías!
Marcos levantó las sábanas y me dijo que me acostara a su lado. Lo hice.
- Ah, pensé en esto todo el día!
- Sí?, no se notó...
- Estas enojada de nuevo? Qué quieres que haga, que te ponga más atención para que todos se den cuenta? Si te pones así, lo nuestro no va a resultar.
Marcos empezó a besarme. Había dicho lo nuestro. Yo no necesitaba nada más. No me pondría pesada de nuevo con él.
Sin embargo algo en el fondo de mi cabeza me advertía... Y por supuesto no me olvidaba de que Marcos era cura.
Hicimos el amor con calma esa vez. Estaba enamorada de Marcos? Sí, creo que estaba enamorada de él. Todavía hoy, al escribir y recordar todo con él se me pone la piel de gallina. Marcos tenía un cuerpo perfecto. Bien esculpido, bien formado. Él era simplemente perfecto. Esa noche conversamos de muchas cosas, pero me guardé bien de contarle todo de mí. Me dijo que tenía 32 años. Yo le había calculado 28. Le pregunté con cuantas mujeres se había metido desde que era sacerdote.
- Eso que importa, - me dijo - estoy contigo ahora, no?
- Pero... estás viendo a alguien más?
- No, estoy solo, solo para ti.
Marcos me besaba y me tocaba como nadie lo había hecho hasta entonces. Se notaba la experiencia. La cama de Ryu y Christian me parecía un juego de niños comparado con lo que me hacía sentir Marcos. La forma de besarme y de tocarme... solo la he vuelto a experimentar con muy pocos hombres.
- Sabes que te he soñado con sotana?
- Ah sí? - Marcos se rió. Yo descansaba en su brazo - y qué has soñado?
- Que hacemos el amor en un lugar público.
- Y eso lo soñaste anoche?
- No, la semana pasada...
- Ajá! así que sueños eróticos con el cura! Y porqué no me los confesaste?
- Porque no... - Marcos empezó a besarme. Me abrió las piernas y volvió a hacerme el amor.
- Te lo hacía así? - me preguntaba mientras me besaba el cuello.
Fue una noche deliciosa. Me habría quedado con él eternamente pero Marcos me dijo que volviera al dormitorio antes de que las demás volvieran y me descubrieran. Me dijo que al otro día en vez de hacer misa le pediría a los cuidadores que nos llevaran a recolectar moras y él se quedaría en la casa de retiro. Me dijo que me hiciera la enferma y que no fuera con los demás.
A la mañana siguiente cuando todos se levantaron yo me hice la enferma. Le dije a mis compañeras que me dolía la cabeza horriblemente. Ellas fueron a buscar a la cuidadora de la casa de retiro y ella me dió unas pastillas y un té, me tomó la temperatura y me dijo que me quedara en cama. Mis compañeras dijeron que desde el día anterior que me quejaba de jaqueca y según ellas, me veía pálida, así que nadie dudó de mí ni nadie me pidió que los acompañara en el paseo. Apenas se fueron me reuní con Marcos en su dormitorio.
Nos besamos con furia. Nos desvestimos con rapidez. Hicimos el amor rápido, con ansia, urgentemente. La segunda vez fue más tranquila. Marcos me hizo montarme sobre él y a la luz del día pude admirarlo centímetro a centímetro. Realmente era un hombre perfecto. Lo besé lo más que pude, dónde más pude, y él hizo lo mismo. Me recosté en su brazo cuando acabamos. Marcos me abrazaba por la espalda.
- Sabes Marguerite... eres muy bonita
- Gracias...
- Estaba pensando... deberías tomar pastillas. No me gusta usar condón y no podemos confiarnos en que siempre alcanzaré a acabar afuera. Deberías ir al ginecólogo, yo te pagaré la consulta y las pastillas.
- Está bien...
Mientras Marcos hablaba yo miraba las motas de polvo que se elevaban hacía los rayos de sol que penetraban en el dormitorio. Parecía que el tiempo se había detenido y yo me sentía feliz, enamorada y etérea como esas motas de polvo. Pensaba en un futuro juntos. Quizás Marcos dejaría el sacerdocio por mí. Quizás podríamos ser felices. Mientras Marcos me acariciaba para hacerme el amor por última vez ese día, yo construía mis castillos de arena, los que no tardarían en derrumbarse.