23-06-2009

Mi nombre es Marguerite y soy una orgasmoadicta

Creo que soy adicta a los orgasmos. Y ese es mi principal problema. La mayoría de los hombres con quienes mantengo una relación tienen problemas en la cama. Yo aún espero encontrar al hombre perfecto, sin trancas, sin mamitis, sin traumas, sin complejos, que quiera disfrutar de la vida. Pero a fin de cuentas, yo no soy nadie para exigirle a un hombre esto, si yo misma estoy llena de trancas.

Mi día entero es un juego preliminar. Me visto con ropa que me haga ver bien. Me excito de pensar en la reacción que provoco en los hombres. Me paso el día oliendo a sexo, o a ganas de sexo, de eso vivo, de eso me alimento. Lamentablemente mis amantes son paupérrimos. Tienen claro que yo no estaría con ellos si no fuera por dinero, y me pagan muy bien por unas pocas horas de falso amor a la semana.

He aprendido a satisfacerme yo misma, ya que no hay hombres que lo hagan en mi panorama. No hay ningún hombre en estos momentos que sea capaz de provocarme ese dulce dolor del orgasmo. Ese temblor que se siente, que se acerca, pero que no acaba de llegar. El calor que empieza a recorrer cada célula de mi piel, los vellos que se erizan, el sopor sordo que se instala en mi nunca...

Tengo que irme a ver a mi padre a la clínica. Me ha llamado su pareja, como él insiste en denominarse a sí mismo, diciendo que ha empeorado y que necesita verme. A ver si se muere de una vez y me deja tranquila, que no tengo nada que ver con él.