El hijo de José Ignacio
Todo con José Ignacio empezó cuando yo estaba en cuarto año de la universidad. Me ayudó a pagar mi departamento, tuvimos sexo varias veces y a él le gustaba lucirse conmigo. Al año siguiente José Ignacio no estuvo en la universidad. Le habían dado la oportunidad de un año de perfeccionamiento y en mi quinto año de estudios no nos vimos. Cuando volvió, me volvió a buscar. Yo ya me había titulado y estaba trabajando en la Posta Central, tratando de sobrevivir con el mísero salario y poniendo inyecciones, tomando la presión y midiendo la glucosa de diabéticos a domicilio. Armando nunca se mudó a vivir conmigo, yo vivía sola en el departamento, tal cual ahora, con la esperanza y la promesa de él de que viviríamos juntos cuando nuestra situación económica se arreglara, cuando encontráramos un mejor trabajo, cuando su padre se repusiera del infarto al corazón que había sufrido o cuando su madre lograra sacar a flote la empresa que se les iba hundiendo irremediablemente. Y yo, estúpida y enamorada, le creí y lo esperé.
Cuando volví a ver a José Ignacio me dijo que había engordado. Tienes las tetas más grandes, me dijo, y estás más caderona. No recuerdo bien cómo fue que pasó todo. Un día la hermana de una compañera y amiga me pidió que le cuidara a su hijo. El niño tenía en ese entonces pocos meses y yo tenía una cita con José Ignacio, así que lo tuve que llevar. José Ignacio me preguntó quien era el niño y de broma le dije que era mi hijo. Eso explica tu cambio de cuerpo, me dijo el muy idiota. Yo le seguí la corriente. Le conté como había sido el embarazo, el parto y que finalmente había dado al niño en adopción a una pareja de amigos que no podían concebir. José Ignacio se creyó todo.
Pasados unos días fui a la universidad a verlo nuevamente. Fuimos a almorzar juntos y me contó que algunas personas habían estado murmurando sobre mi hijo y que habían comentado lo mucho que se parecía a él. José Ignacio se rió. El niño era rubio, igual que José Ignacio, que todavía conservaba su color a pesar de algunas canas. No es sólo eso, me dijo, dicen que se parece en las facciones. Bueno, le dije yo, por algo será no?. Jajaja, me dijo José Ignacio, no me vas a decir que ese hijo es mío! Y de quien más, le dije muy seria, solo tienes que sacar cuentas.
No sé porqué le dije todo eso. Quizás aún me molestaba que me hubiera dicho gorda. O estaba enojada. No lo sé. Pero desde ese día me enteré por alumnas de cuarto y quinto año que se rumoreaba que el ilustre profesor José Ignacio tenía un hijo ilegítimo con una alumna egresada, o sea, yo. Y al parecer José Ignacio alimentaba los rumores, no sé por qué razón. Para más remate, cuando volvimos a acostarnos con José Ignacio, me dijo que podía sentir la diferencia en la vagina después del parto. Yo pensé que tiene que haber sido un idiota rematado, para creerse la mentira y autocenvencerse a si mismo hasta tal punto de sentir que estaba penetrando a una mujer que había parido, cuando la verdad es que no había ninguna diferencia.
José Ignacio me hacía visitarlo en su oficina casi a diario, almorzábamos juntos y cuando le dije que tendría que espaciar las visitas porque chocaban con los turnos en la posta, me dijo que dejara ese trabajo de mierda, que no tenía para qué trabajar, él me daría mensual exactamente el mismo sueldo que me pagaban en la posta. Y yo accedí con gusto. Mis días se volvieron rutina. Por las mañanas hacía muy poco. Me iba de compras, leía, me quedaba en mi departamento. Tenía que tener cuidado. Armando nunca supo que yo había dejado el trabajo y yo vivía con miedo de que me fuera a encontrar con alguien conocido mientras supuestamente estaba de turno en la posta. Me iba a almorzar con José Ignacio. Todos los profesores me veían y murmuraban. Los estudiantes sabían que algo pasaba entre nosotros, algunos de ellos nos habían visto besándonos y me lo habían dicho. A mí no me importaba. Armando no tenía relación alguna con mi universidad y mientras él no se enterara...
A veces salía con José Ignacio en horario extraprogramático. Entonces le decía a Armando que tenía un turno extra, o que me habían llamado para atender a algún paciente de forma particular. Armando no sospechaba nada, menos aún cuando me veía llegar con más dinero. El tiempo pasó. A veces José Ignacio me preguntaba por mi supuesto hijo, pero nunca indagó más allá y nunca volvió a mencionar el tema de su supuesta paternidad.
Cuando ya había terminado con Armando, un día me agregó un tipo a msn. Me dijo que me conocía de la universidad y me preguntó si me acordaba de él. Le dije que no, pero seguimos hablando. Empezó a preguntarme cosas de José Ignacio, si era verdad que yo andaba con uno de los profesores, etc. Me pareció sospechoso y llamé a José Ignacio. Me contó que el tipo era su hijo. Había quedado la cagada en su casa, José Ignacio iba a dejar a la esposa, le había contado de mí y le había dado mi correo electrónico al hijo para que confirmara conmigo que la historia que contaba era cierta. No lo podía creer.
Volví al msn que parpadeaba con varios mensajes. Seguí hablando con el hijo de José Ignacio. Le dije que sabía quien era y le pregunté qué era exactamente lo que quería saber. El hijo de josé Ignacio tiene mi edad, es médico como su padre y fue directo al grano: quería saber si yo era la amante de su padre y si era verdad que teníamos un hijo juntos. Le conté la historia. Le confirmé que con José Ignacio teníamos una "relación", ya que así me lo había pedido él por teléfono. El hijo no lo quería creer. Qué hijo de puta! escribía a cada rato. Hablamos toda la noche con el hijo. En algún momento hasta pensé que me habría gustado conocer al hijo en vez del padre. Me fui a acostar de madrugada.
Al día siguiente me despertó el sonido del teléfono. Eran las 11 de la mañana y yo solo había dormido unas cuatro horas. Era la esposa de José Ignacio. Me dijo que su hijo le había contado que había hablado conmigo y que lo sabía todo. Quería saber como se llamaba el hijo extramatrimonial de José Ignacio. Me pilló por sorpresa y medio dormida. Le dije el nombre del niño. Me preguntó si tenía contacto con él y le dije que sí. Me preguntó porqué no se lo había entregado a ella, ella lo habría criado como a un hijo propio. Le dije que no sabía, ya habían pasado casi 3 años, el niño era feliz con sus padres "adoptivos" y ni José Ignacio ni yo habíamos querido hacernos problemas. Fue tan extraña toda la situación, tan estúpido e increíble todo lo que conversamos, que ese día terminé casi creyéndome mi propia mentira, la de la amante sufrida y en segundo plano, la de la jovencita engañada, seducida y deslumbrada por el profesor eminente, la de destrozada madre que tuvo que entregar a su pequeño en adopción bajo las presiones del hijo de puta que lo había engendrado... y mentir no me costó nada. La esposa de José Ignacio simpatizó conmigo, no me odiaba, por supuesto, según ella nada había sido mi culpa y todo había sido culpa de él. Por supuesto esto no significaba que ella iba dejarlo, ni yo tenía necesidad de dejarlo tampoco. Lo único que me pedía era conocerme en persona y conocer al niño y que cada vez que viera a José Ignacio la llamara a ella primero para contarle. Me pedía que fuéramos amigas.
Cuando cortó, llamé emputecida a José ignacio. Cómo se le ocurría haber hecho todo eso? ese mismo día cambié mi número de teléfono y le dije a José Ignacio que ni se le ocurriera dárselo a la esposa. Al hijo sigo teniéndolo de contacto en msn, pero hablamos muy poco, de vez en cuando nos saludamos educadamente. José Ignacio me comentó una sola vez después de eso que pasó que el niño, mi supuesto hijo, sí que se parecía a él. Yo no le dije nada.
Y ahora José Ignacio me insiste que quiere tener un hijo conmigo. Otro hijo, querrá decir.