Conocí a alguien
Conocí a alguien...
En mi edificio se hacen reuniones mensuales. No había ido a la de enero, pero fui a la de este mes, y no me arrepiento. Llegué un poco tarde y ya habían empezado. Miré y ví que solo había un lugar disponible en la sala de eventos, así que me dirigí hacia allá y le pregunté al hombre que estaba sentado en esa mesa si el lugar estaba disponible. Me miró, me sonrió, y me dijo que si. Me senté a su lado. Él estiró su mano y me dijo en español forzado que se llamaba Derek. Yo le respondí en inglés que me llamaba Marguerite.
Empezamos a conversar. Se llama Derek, es canadiense y está trabajando en Chile en un proyecto de su empresa. Derek me preguntó qué hacia yo, y le conté que voy a entrar a estudiar la semana que viene. No oímos nada de la reunión. Mientras hablábamos me fui fijando en él. ¡Me siento como una adolescente! Derek es realmente atractivo. Tiene el pelo de un color rubio oscuro, en un tono anaranjado. Supongo que al sol se verá casi colorín. Tiene los ojos de un color verde grisáceo que nunca había visto. Tiene los labios finos, tal como me gustan. La boca se le curva en los bordes como en una sonrisa constante y desafiante. Tiene los dientes perfectos, una nariz preciosa, recta y bien formada, la frente amplia. El pelo lo lleva un poco más largo arriba y más corto abajo, como en degradé. No sé como se llama ese estilo y nunca lo había visto en un adulto, pero le queda muy bien. Creo que definitivamente su mejor rasgo son sus ojos. Son potentes, intensos, no sé como explicarlo.
Cuando hicieron una pausa en la reunión nos paramos a tomar algo. Habían sandwiches y bebidas. Derek tomó una copa de vino para él y una para mí. Debe medir 1,85 mt. o algo así, porque me pasa por unos diez centímetros mínimo. Derek llevaba pantalones negros y una camisa negra con dos rayas blancas en el lado izquierdo, bajando desde el bolsillo de la camisa. Me acordé de Marcos y se me salió preguntarle "¿no eres sacerdote, cierto?". Derek se rió. Me dijo que no y me preguntó si lo parecía. Yo me reí. ¡Que pregunta más estúpida! ¡Me sentí tan tonta!
Volvimos a sentarnos y seguimos conversando. Derek vive en un departamento cuatro pisos más abajo que el mío. Hablamos de todo y de nada. Yo me sentía contenta de hablar con él solo por hablar, de conversar de algo inteligente, de no tener que hablar de mi pasado. Derek me preguntó si usaba la piscina o el gimnasio y le dije que no. Me dijo que era una pena, porque él si los usaba seguido y le habría gustado verme. Nos citamos para vernos al día siguiente en la piscina y cada uno se fue a su casa. No lo invité a mi departamento porque pensé que debía tomar las cosas con calma, pero me fui a mi casa con el corazón latiendo a mil por hora, las mejillas coloradas y una sonrisa que no se me borró.
Al día siguiente nos vimos en la piscina. Eran cerca de las once, Derek no había ido al trabajo y hacía un poco de frío, el viento estaba helado en la terraza. Derek ya estaba en el agua nadando de un extremo al otro de la piscina. Me acerqué a la piscina, me senté en una silla plegable y esperé a que me viera. Derek me sonrió, se salió del agua y se acercó a darme un beso en la cara. Llevaba el pelo hacia atrás, por el agua. Se veía distinto y se lo dije. Se revolvió el pelo con las manos y me preguntó si así estaba mejor. Me reí. Le dije que se veía bien de cualquier forma. Cuando Derek me dió el beso en la cara unas gotas de agua fría cayeron sobre mi pecho, en medio de mis senos. Perdona, me dijo Derek, y me pasó el dedo por las gotas. Fue la escena erótica más sublime de mi vida, Derek y yo, solos en la terraza, el viento frío, los pezones se me marcaban en el bikini por la temperatura y la cercanía de Derek. Él olía a agua, a un deje de cloro, a perfume mezclado con sus feromonas que me atraían como un imán. Lo habría besado ahí mismo pero una timidez inexplicable me lo impedía. Derek me dió la mano y nos lanzamos juntos al agua. Estaba muy fría. Derek me decía que tendría que ver como son las temperaturas en Canadá para saber lo que era realmente el frío.
Estuvimos una media hora en el agua y nos salimos. Nos acostamos en las sillas plegables, uno al lado del otro. Derek me preguntó si tenía frío, ya que tenía la piel de gallina. No era por el frío, era por imaginarme con él en la cama, pero le dije que sí y Derek me sugirió que nos fuéramos, así que lo invité a mi departamento.
Bajamos y fuimos a mi departamento. Derek estaba envuelto con la toalla sobre el traje de baño, pero no llevaba polera. Yo me metí a ducharme. Cómo me habría gustado que Derek se hubiera metido conmigo a la ducha, haber sentido su cuerpo contra el mío bajo el agua tibia. Terminé de ducharme, me vestí y salí. Derek se había sentado en el sofá, poniendo la toalla debajo para no mojar. De todas formas su traje de baño estaba casi seco. Le ofrecí algo de comer, ya era casi la hora de almuerzo. Derek paseaba por mi departamento e iba mirando todo, sacando libros y volviendo a ponerlos en su lugar y preguntándome cosas. Yo le contestaba con un ojo en los fideos que estaba cociendo y el otro en él. La visión de su torso desnudo, sus brazos, sus músculos definidos... Me fijé en el cuello de Derek, se le marcaban los tendones al hablar y al moverse.
Derek me preguntó si necesitaba ayuda. Le dije que no mientras colaba los fideos, pero se me soltó la olla y unas gotas de agua hirviendo me saltaron a los brazos desnudos. Derek se acercó a mí y me preguntó si estaba bien, me tomó los brazos y revisó que no fuera nada. Me reí. Le dije que era enfermera y capaz de identificar quemaduras de cuidado. Derek me miró a los ojos, estaba tan cerca de mí... Pero no pasó nada. Nos sentamos, comimos, conversamos. No quería que ese momento terminara, pero antes de ofrecerle a Derek postre y café me dijo que se tenía que ir, que tenía cosas que hacer en el trabajo, que gracias por la comida y que nos viéramos en otra ocasión.
Creo que me quedé un poco aturdida por todo. Derek me gusta y mucho. La última vez que me sentí así de atraida por alguien fue con Armando y las cosas terminaron como terminaron. Me da un poco de miedo lo que siento, esa reacción casi animal frente a Derek. Es como si mi reloj biológico hubiera explotado y lo único que quisiera es encontrar a alguien, y ese alguien resulta ser Derek. No sé si fue destino o coincidencia haberme encontrado con él, pero quiero creer que fue lo primero. He pensado en Derek desde que lo conocí, recordando cada detalle de él, la forma de su pelo, su boca que parecía lista para besar cada vez que hablaba, el reloj en su muñeca izquierda, el colgante de plata que llevaba al cuello, su camisa entreabierta, su torso sin ropa y húmedo, la forma en que se le arrugaba la frente cuando levantaba las cejas... Simplemente no puedo quitármelo de la cabeza.
Han pasado tres días desde que almorzó conmigo y no lo he visto. Supongo que podría ir a su casa, pasar a saludarlo. Pero tengo miedo de dar este primer paso, porque intuyo que Derek podría significar algo muy importante en mi vida. Se acerca el fin de semana, quiero salir con él, podríamos ir a algún pub, no sé, de nuevo el miedo me detiene. ¿Debería dar este primer paso? ¿Debería arriesgarme? No sé qué hacer y me siento como una adolescente tonta.