Semi viviendo con Marcelo
Desde que le conté a Marcelo la verdad sobre mí, estamos semi viviendo juntos. Le conté de los hombres que habían pasado por mi vida, marcándome en mayor o menor manera. Le conté de mis embarazos y de mis respectivos abortos. Le conté de mi pseudo-familia. Le conté de Armando, de lo mucho que lo amé y de que sospecho que lo sigo amando y le conté de qué vivo. Lo había citado en un bravissimo, a tomar helado. Estaba lleno. Necesitaba un lugar público para poder abrirme con él. Creo que es la primera vez que le cuento tanto de mi a una persona. No lo miré una sola vez a los ojos mientras le detallaba cada paso de mi existencia, y él no dijo nada. Cuando terminé de hablar sentía la cara ardiendo, los helados se habían derretido y goteaban pegajosos en la mesa sucia. La gente sentada en las otras mesas seguía su vida, indiferentes a mi y a mi confesión, con sus conversaciones bulliciosas y cuchareando los helados con fruición. Me atreví a mirar a Marcelo, que me miraba con ternura. Me tomó de la mano y me apretó fuerte y me pidió que lo mirara a los ojos. Me dijo que sospechaba algo así. Me dijo que me daba las gracias por haber confiado en él y haberle contado la verdad sobre mí. Y no dijo más...
Y yo no dije más tampoco. Qué podía decir? Me había desnudado ante él y ya no tenía más palabras. Por primera vez en mucho tiempo, sentí vergüenza de ser lo que soy. Me sentí una mierda de persona. Marcelo pagó los helados y nos fuimos a un bar. Nos sentamos fuera, en pleno Pio Nono, a pesar del frío. Pedimos cerveza y yo mezclé la mía con fanta. Marcelo me dijo que jamás entendería la manía de las mujeres de echar a perder el trago con bebidas artificiales. Bebimos muchas cervezas y terminamos un poco mareados. Nos fuimos caminando hacia providencia, hacia mi departamento. Las gotas de lluvia se presentían en la atmósfera y la cerveza rugía en mi vejiga. Yo pensé que Marcelo se iba a ir a su casa, o a ver a su hijo, que tendría cosas que hacer, pero pasó a mi departamento y se quedó ahí. Seguimos bebiendo moderadamente. Marcelo me dijo que hacía mucho que no bebía. Yo le encontré cara de volado, más que de borracho, y le pregunté si se metía algo. Me dijo que un pito de marihuana de vez en cuando con algunos estudiantes, alguna raya de coca ocasionalmente, pero nada más que eso. Y tú?, me preguntó, te metes algo?
Le dije que ya no. No quise ahondar en el tema. Ya le había contado suficiente.
- Qúe piensas hacer? - me preguntó de repente
- Hacer de qué?
- Con tu vida...
- Nada... no sé... a que te refieres?
- Piensas dejar lo de... los tipos... por dinero?
- No sé. A veces si, a veces no. A veces tengo ganas de mandar todo a la mierda, irme de aquí, empezar desde cero, desde el anonimato... Otras veces me siento tan cómoda en esta situación, de mujer mantenida... No sé. No lo he pensado seriamente, la verdad.
- No has pensado en enamorarte?
- Crees que uno decide enamorarse?
- No... pero a lo que voy es si te enamoraras, cambiarías de... estilo de vida?
- No sé... supongo que sí? por enamorarme terminé en esto, sabes...
- Armando...
- Sí...
- Yo creo que estoy enamorado de ti...
Lo miré eternamente a los ojos. Cuando me dijo eso, sentí que el mundo, literalmente, se había detenido.
- Pero Marcelo, yo...
- Shhh, déjame hablar a mí ahora. La primera vez que te vi con Carolina sentí... algo que no sentía hace muchos años. Eres tan hermosa, no te imaginas la reacción que provocas en los hombres y no me parece raro que hayas terminado teniendo... tú sabes, por dinero...
- No sé si estoy lista para escucharte...
- Déjame terminar... Ese día... no quiero sonar cursi, pero nunca creí en el amor a primera vista hasta que, qué redundancia y qué cliché, te vi. Y en ese momento no pensé en nada más que en ti. Y luego te di ese beso... ese medio beso, por un impulso y pensé en ti cada minuto. Pensé que me iba a dar un paro cardiaco cuando te vi aparecer en mi sala de clases... y no me importó cancelar todo por poder estar contigo ese día, aunque nada hubiera pasado... Y desde entonces no he parado. Llámalo obsesión, o como quieras, pero para mi es algo que nunca he sentido, y no tiene más remedio que ser amor...
- Esa es mi maldición Marcelo. Siempre le gusto a los hombres así al principio, con ese tipo de obsesión, pero ninguno es capaz de jugársela por mí, de querer arriesgar todo, de quererme como soy y ayudarme a cambiar...
- Yo no soy cualquiera
- No es a eso a lo que me refiero. Lo que te estoy diciendo es que, no te lo tomes a mal, pero esto yo ya lo he vivido antes, y entiendo que estés en una especie de deslumbramiento porque, precisamente, es la primera vez que te pasa a ti!
- Ninguno de los otros habría seguido contigo y te habría confesado que te ama después de haberle contado que te acuestas con varios hombres por dinero...
- Quizás... quién sabe
- Yo no te puedo ofrecer lo que te ofrecen los otros. No tengo dinero. Mi mísero sueldo de profesor va íntegro a la manutención de mi hijo, pero, puedo ofrecerte amor sincero, quiero ayudarte a salir del hoyo, a sacarte la mierda de los hombros, a reencontrarte contigo misma y ser quien de verdad eres...
- Y quién soy, de verdad? acaso no soy lo que soy ahora?
- No, no lo eres. Tienes que botar esa máscara que no te deja ver dentro tuyo. Yo veo quien eres, lo que puedes ser, lo que puedes ofrecer, el amor que puedes llegar a sentir, y yo quiero ayudarte! Déjame ayudarte, por favor!
- Marcelo... todo esto que me dices es muy lindo y blah blah blah, pero... te has olvidado de Nicole?
- A Nicole no la amo
- Pero estás con ella
- Y tú estás con... otros también
- Entonces... Qué es exactamente lo que me estás proponiendo?
- Que probemos
- probar qué?
- Qué pasa entre nosotros
- y tú... no quieres que deje mi "estilo de vida"?...
- Por supuesto que quiero, pero no voy a presionarte. Eso lo tienes que decidir tú, por ti, no quiero que lo hagas por mi
- y mientras yo decido, tú sigues con Nicole?
- No sé. Eso es algo que tengo que solucionar yo, por mi, sin presiones. El solo hecho de que esté aquí contigo demuestra que lo que siento por ella no es más que cariño, y costumbre...
- No sé... no presionemos esto... veamos que pasa y de momento... no te voy a cobrar, vale?
Marcelo se rió de mi broma. Teníamos hambre y fuimos a comprar una pizza y de paso arrendar unas películas. Hice algo que nunca había hecho: desconecté mi teléfono, el citófono y apagué mis tres celulares. Marcelo me preguntó porqué tenía tantos teléfonos. Negocios, le dije sin explicarle más. Arrendamos una película de terror, Amelié y una comedia. Vimos Amelié mientras nos comíamos la pizza. A mitad de la película, sonó el timbre de mi puerta. Le tapé la boca a Marcelo y le dije que no hiciera ningún ruido y nos quedamos escuchando en silencio. Mi corazón latía a mil por hora. Quién podría haber sido? alguno de mis amantes que el conserje estúpido habría dejado pasar sin preguntar? Yo había dejado el citófono desconectado, así que no había posibilidad de que me llamaran, pero no se me había ocurrido la posibilidad de que alguien subiera sin mi autorización. El timbre sonó dos veces más. Con Marcelo estábamos en mi cama, viendo la película. Quise ponerme de pie, pero él me detuvo. Me empezó a besar. Tenía algo de excitante el saber que había alguien fuera del departamento mientras nosotros estábamos ahí. Una cosa llevó a la otra. Los besos en la boca pasaron al cuello y antes de darme cuenta estaba semidesnuda, besándole el abdomen. Marcelo tiene un cuerpo cálido y suave, con los pelos justos, ni muchos ni pocos. Supongo que mi visitante, que al final resultó ser Gustavo, de eso me enteré después, ya se había ido cuando miré finalmente a Marcelo a los ojos y le pregunté muy seria si quería seguir. Le dije que si hacía el amor conmigo, ya no habría vuelta atrás. Le dije que yo era venenosa, y que junto con penetrarme se enfermaría de amor, tendría fiebre y lo único que haría sería pensar en mí. Me volvió a besar y yo me monté sobre él. Hicimos el amor tan suave que por unos minutos de verdad fui capaz de dejarme llevar y no pensar en nada más que en ese momento, en el ahora.
Marcelo se quedó esa noche conmigo. Nunca terminamos de ver la película. Hacía mucho tiempo que no dormía con un hombre, y se sintió tan bien estar entre los brazos de alguien!, pero por la mañana ya sentía que necesitaba estar sola, necesitaba mi espacio, hacer mis cosas. Por suerte era domingo y Marcelo tenía que ir a ver a su hijo, así que me dejó sola. Estas dos semanas nos hemos visto cuatro veces, las cuatro veces se ha quedado a dormir y yo me he desconectado del mundo. Todavía no sé en que va a terminar todo esto. Debería soñar con un cambio de vida? Es Marcelo quien me va a devolver al "camino recto"? y si es así, porque no siento ese algo raro en mi interior y porqué mierda sigo pensando en Armando, como siempre?