09-07-2009

Semi viviendo con Marcelo

Desde que le conté a Marcelo la verdad sobre mí, estamos semi viviendo juntos. Le conté de los hombres que habían pasado por mi vida, marcándome en mayor o menor manera. Le conté de mis embarazos y de mis respectivos abortos. Le conté de mi pseudo-familia. Le conté de Armando, de lo mucho que lo amé y de que sospecho que lo sigo amando y le conté de qué vivo. Lo había citado en un bravissimo, a tomar helado. Estaba lleno. Necesitaba un lugar público para poder abrirme con él. Creo que es la primera vez que le cuento tanto de mi a una persona. No lo miré una sola vez a los ojos mientras le detallaba cada paso de mi existencia, y él no dijo nada. Cuando terminé de hablar sentía la cara ardiendo, los helados se habían derretido y goteaban pegajosos en la mesa sucia. La gente sentada en las otras mesas seguía su vida, indiferentes a mi y a mi confesión, con sus conversaciones bulliciosas y cuchareando los helados con fruición. Me atreví a mirar a Marcelo, que me miraba con ternura. Me tomó de la mano y me apretó fuerte y me pidió que lo mirara a los ojos. Me dijo que sospechaba algo así. Me dijo que me daba las gracias por haber confiado en él y haberle contado la verdad sobre mí. Y no dijo más...

Y yo no dije más tampoco. Qué podía decir? Me había desnudado ante él y ya no tenía más palabras. Por primera vez en mucho tiempo, sentí vergüenza de ser lo que soy. Me sentí una mierda de persona. Marcelo pagó los helados y nos fuimos a un bar. Nos sentamos fuera, en pleno Pio Nono, a pesar del frío. Pedimos cerveza y yo mezclé la mía con fanta. Marcelo me dijo que jamás entendería la manía de las mujeres de echar a perder el trago con bebidas artificiales. Bebimos muchas cervezas y terminamos un poco mareados. Nos fuimos caminando hacia providencia, hacia mi departamento. Las gotas de lluvia se presentían en la atmósfera y la cerveza rugía en mi vejiga. Yo pensé que Marcelo se iba a ir a su casa, o a ver a su hijo, que tendría cosas que hacer, pero pasó a mi departamento y se quedó ahí. Seguimos bebiendo moderadamente. Marcelo me dijo que hacía mucho que no bebía. Yo le encontré cara de volado, más que de borracho, y le pregunté si se metía algo. Me dijo que un pito de marihuana de vez en cuando con algunos estudiantes, alguna raya de coca ocasionalmente, pero nada más que eso. Y tú?, me preguntó, te metes algo?

Le dije que ya no. No quise ahondar en el tema. Ya le había contado suficiente.

- Qúe piensas hacer? - me preguntó de repente
- Hacer de qué?
- Con tu vida...
- Nada... no sé... a que te refieres?
- Piensas dejar lo de... los tipos... por dinero?
- No sé. A veces si, a veces no. A veces tengo ganas de mandar todo a la mierda, irme de aquí, empezar desde cero, desde el anonimato... Otras veces me siento tan cómoda en esta situación, de mujer mantenida... No sé. No lo he pensado seriamente, la verdad.
- No has pensado en enamorarte?
- Crees que uno decide enamorarse?
- No... pero a lo que voy es si te enamoraras, cambiarías de... estilo de vida?
- No sé... supongo que sí? por enamorarme terminé en esto, sabes...
- Armando...
- Sí...
- Yo creo que estoy enamorado de ti...

Lo miré eternamente a los ojos. Cuando me dijo eso, sentí que el mundo, literalmente, se había detenido.

- Pero Marcelo, yo...
- Shhh, déjame hablar a mí ahora. La primera vez que te vi con Carolina sentí... algo que no sentía hace muchos años. Eres tan hermosa, no te imaginas la reacción que provocas en los hombres y no me parece raro que hayas terminado teniendo... tú sabes, por dinero...
- No sé si estoy lista para escucharte...
- Déjame terminar... Ese día... no quiero sonar cursi, pero nunca creí en el amor a primera vista hasta que, qué redundancia y qué cliché, te vi. Y en ese momento no pensé en nada más que en ti. Y luego te di ese beso... ese medio beso, por un impulso y pensé en ti cada minuto. Pensé que me iba a dar un paro cardiaco cuando te vi aparecer en mi sala de clases... y no me importó cancelar todo por poder estar contigo ese día, aunque nada hubiera pasado... Y desde entonces no he parado. Llámalo obsesión, o como quieras, pero para mi es algo que nunca he sentido, y no tiene más remedio que ser amor...
- Esa es mi maldición Marcelo. Siempre le gusto a los hombres así al principio, con ese tipo de obsesión, pero ninguno es capaz de jugársela por mí, de querer arriesgar todo, de quererme como soy y ayudarme a cambiar...
- Yo no soy cualquiera
- No es a eso a lo que me refiero. Lo que te estoy diciendo es que, no te lo tomes a mal, pero esto yo ya lo he vivido antes, y entiendo que estés en una especie de deslumbramiento porque, precisamente, es la primera vez que te pasa a ti!
- Ninguno de los otros habría seguido contigo y te habría confesado que te ama después de haberle contado que te acuestas con varios hombres por dinero...
- Quizás... quién sabe
- Yo no te puedo ofrecer lo que te ofrecen los otros. No tengo dinero. Mi mísero sueldo de profesor va íntegro a la manutención de mi hijo, pero, puedo ofrecerte amor sincero, quiero ayudarte a salir del hoyo, a sacarte la mierda de los hombros, a reencontrarte contigo misma y ser quien de verdad eres...
- Y quién soy, de verdad? acaso no soy lo que soy ahora?
- No, no lo eres. Tienes que botar esa máscara que no te deja ver dentro tuyo. Yo veo quien eres, lo que puedes ser, lo que puedes ofrecer, el amor que puedes llegar a sentir, y yo quiero ayudarte! Déjame ayudarte, por favor!
- Marcelo... todo esto que me dices es muy lindo y blah blah blah, pero... te has olvidado de Nicole?
- A Nicole no la amo
- Pero estás con ella
- Y tú estás con... otros también
- Entonces... Qué es exactamente lo que me estás proponiendo?
- Que probemos
- probar qué?
- Qué pasa entre nosotros
- y tú... no quieres que deje mi "estilo de vida"?...
- Por supuesto que quiero, pero no voy a presionarte. Eso lo tienes que decidir tú, por ti, no quiero que lo hagas por mi
- y mientras yo decido, tú sigues con Nicole?
- No sé. Eso es algo que tengo que solucionar yo, por mi, sin presiones. El solo hecho de que esté aquí contigo demuestra que lo que siento por ella no es más que cariño, y costumbre...
- No sé... no presionemos esto... veamos que pasa y de momento... no te voy a cobrar, vale?

Marcelo se rió de mi broma. Teníamos hambre y fuimos a comprar una pizza y de paso arrendar unas películas. Hice algo que nunca había hecho: desconecté mi teléfono, el citófono y apagué mis tres celulares. Marcelo me preguntó porqué tenía tantos teléfonos. Negocios, le dije sin explicarle más. Arrendamos una película de terror, Amelié y una comedia. Vimos Amelié mientras nos comíamos la pizza. A mitad de la película, sonó el timbre de mi puerta. Le tapé la boca a Marcelo y le dije que no hiciera ningún ruido y nos quedamos escuchando en silencio. Mi corazón latía a mil por hora. Quién podría haber sido? alguno de mis amantes que el conserje estúpido habría dejado pasar sin preguntar? Yo había dejado el citófono desconectado, así que no había posibilidad de que me llamaran, pero no se me había ocurrido la posibilidad de que alguien subiera sin mi autorización. El timbre sonó dos veces más. Con Marcelo estábamos en mi cama, viendo la película. Quise ponerme de pie, pero él me detuvo. Me empezó a besar. Tenía algo de excitante el saber que había alguien fuera del departamento mientras nosotros estábamos ahí. Una cosa llevó a la otra. Los besos en la boca pasaron al cuello y antes de darme cuenta estaba semidesnuda, besándole el abdomen. Marcelo tiene un cuerpo cálido y suave, con los pelos justos, ni muchos ni pocos. Supongo que mi visitante, que al final resultó ser Gustavo, de eso me enteré después, ya se había ido cuando miré finalmente a Marcelo a los ojos y le pregunté muy seria si quería seguir. Le dije que si hacía el amor conmigo, ya no habría vuelta atrás. Le dije que yo era venenosa, y que junto con penetrarme se enfermaría de amor, tendría fiebre y lo único que haría sería pensar en mí. Me volvió a besar y yo me monté sobre él. Hicimos el amor tan suave que por unos minutos de verdad fui capaz de dejarme llevar y no pensar en nada más que en ese momento, en el ahora.

Marcelo se quedó esa noche conmigo. Nunca terminamos de ver la película. Hacía mucho tiempo que no dormía con un hombre, y se sintió tan bien estar entre los brazos de alguien!, pero por la mañana ya sentía que necesitaba estar sola, necesitaba mi espacio, hacer mis cosas. Por suerte era domingo y Marcelo tenía que ir a ver a su hijo, así que me dejó sola. Estas dos semanas nos hemos visto cuatro veces, las cuatro veces se ha quedado a dormir y yo me he desconectado del mundo. Todavía no sé en que va a terminar todo esto. Debería soñar con un cambio de vida? Es Marcelo quien me va a devolver al "camino recto"? y si es así, porque no siento ese algo raro en mi interior y porqué mierda sigo pensando en Armando, como siempre?

07-07-2009

El hijo de José Ignacio

Todo con José Ignacio empezó cuando yo estaba en cuarto año de la universidad. Me ayudó a pagar mi departamento, tuvimos sexo varias veces y a él le gustaba lucirse conmigo. Al año siguiente José Ignacio no estuvo en la universidad. Le habían dado la oportunidad de un año de perfeccionamiento y en mi quinto año de estudios no nos vimos. Cuando volvió, me volvió a buscar. Yo ya me había titulado y estaba trabajando en la Posta Central, tratando de sobrevivir con el mísero salario y poniendo inyecciones, tomando la presión y midiendo la glucosa de diabéticos a domicilio. Armando nunca se mudó a vivir conmigo, yo vivía sola en el departamento, tal cual ahora, con la esperanza y la promesa de él de que viviríamos juntos cuando nuestra situación económica se arreglara, cuando encontráramos un mejor trabajo, cuando su padre se repusiera del infarto al corazón que había sufrido o cuando su madre lograra sacar a flote la empresa que se les iba hundiendo irremediablemente. Y yo, estúpida y enamorada, le creí y lo esperé.

Cuando volví a ver a José Ignacio me dijo que había engordado. Tienes las tetas más grandes, me dijo, y estás más caderona. No recuerdo bien cómo fue que pasó todo. Un día la hermana de una compañera y amiga me pidió que le cuidara a su hijo. El niño tenía en ese entonces pocos meses y yo tenía una cita con José Ignacio, así que lo tuve que llevar. José Ignacio me preguntó quien era el niño y de broma le dije que era mi hijo. Eso explica tu cambio de cuerpo, me dijo el muy idiota. Yo le seguí la corriente. Le conté como había sido el embarazo, el parto y que finalmente había dado al niño en adopción a una pareja de amigos que no podían concebir. José Ignacio se creyó todo.

Pasados unos días fui a la universidad a verlo nuevamente. Fuimos a almorzar juntos y me contó que algunas personas habían estado murmurando sobre mi hijo y que habían comentado lo mucho que se parecía a él. José Ignacio se rió. El niño era rubio, igual que José Ignacio, que todavía conservaba su color a pesar de algunas canas. No es sólo eso, me dijo, dicen que se parece en las facciones. Bueno, le dije yo, por algo será no?. Jajaja, me dijo José Ignacio, no me vas a decir que ese hijo es mío! Y de quien más, le dije muy seria, solo tienes que sacar cuentas.

No sé porqué le dije todo eso. Quizás aún me molestaba que me hubiera dicho gorda. O estaba enojada. No lo sé. Pero desde ese día me enteré por alumnas de cuarto y quinto año que se rumoreaba que el ilustre profesor José Ignacio tenía un hijo ilegítimo con una alumna egresada, o sea, yo. Y al parecer José Ignacio alimentaba los rumores, no sé por qué razón. Para más remate, cuando volvimos a acostarnos con José Ignacio, me dijo que podía sentir la diferencia en la vagina después del parto. Yo pensé que tiene que haber sido un idiota rematado, para creerse la mentira y autocenvencerse a si mismo hasta tal punto de sentir que estaba penetrando a una mujer que había parido, cuando la verdad es que no había ninguna diferencia.

José Ignacio me hacía visitarlo en su oficina casi a diario, almorzábamos juntos y cuando le dije que tendría que espaciar las visitas porque chocaban con los turnos en la posta, me dijo que dejara ese trabajo de mierda, que no tenía para qué trabajar, él me daría mensual exactamente el mismo sueldo que me pagaban en la posta. Y yo accedí con gusto. Mis días se volvieron rutina. Por las mañanas hacía muy poco. Me iba de compras, leía, me quedaba en mi departamento. Tenía que tener cuidado. Armando nunca supo que yo había dejado el trabajo y yo vivía con miedo de que me fuera a encontrar con alguien conocido mientras supuestamente estaba de turno en la posta. Me iba a almorzar con José Ignacio. Todos los profesores me veían y murmuraban. Los estudiantes sabían que algo pasaba entre nosotros, algunos de ellos nos habían visto besándonos y me lo habían dicho. A mí no me importaba. Armando no tenía relación alguna con mi universidad y mientras él no se enterara...

A veces salía con José Ignacio en horario extraprogramático. Entonces le decía a Armando que tenía un turno extra, o que me habían llamado para atender a algún paciente de forma particular. Armando no sospechaba nada, menos aún cuando me veía llegar con más dinero. El tiempo pasó. A veces José Ignacio me preguntaba por mi supuesto hijo, pero nunca indagó más allá y nunca volvió a mencionar el tema de su supuesta paternidad.

Cuando ya había terminado con Armando, un día me agregó un tipo a msn. Me dijo que me conocía de la universidad y me preguntó si me acordaba de él. Le dije que no, pero seguimos hablando. Empezó a preguntarme cosas de José Ignacio, si era verdad que yo andaba con uno de los profesores, etc. Me pareció sospechoso y llamé a José Ignacio. Me contó que el tipo era su hijo. Había quedado la cagada en su casa, José Ignacio iba a dejar a la esposa, le había contado de mí y le había dado mi correo electrónico al hijo para que confirmara conmigo que la historia que contaba era cierta. No lo podía creer.

Volví al msn que parpadeaba con varios mensajes. Seguí hablando con el hijo de José Ignacio. Le dije que sabía quien era y le pregunté qué era exactamente lo que quería saber. El hijo de josé Ignacio tiene mi edad, es médico como su padre y fue directo al grano: quería saber si yo era la amante de su padre y si era verdad que teníamos un hijo juntos. Le conté la historia. Le confirmé que con José Ignacio teníamos una "relación", ya que así me lo había pedido él por teléfono. El hijo no lo quería creer. Qué hijo de puta escribía a cada rato. Hablamos toda la noche con el hijo. En algún momento hasta pensé que me habría gustado conocer al hijo en vez del padre. Me fui a acostar de madrugada.

Al día siguiente me despertó el sonido del teléfono. Eran las 11 de la mañana y yo solo había dormido unas cuatro horas. Era la esposa de José Ignacio. Me dijo que su hijo le había contado que había hablado conmigo y que lo sabía todo. Quería saber como se llamaba el hijo extramatrimonial de José Ignacio. Me pilló por sorpresa y medio dormida. Le dije el nombre del niño. Me preguntó si tenía contacto con él y le dije que sí. Me preguntó porqué no se lo había entregado a ella, ella lo habría criado como a un hijo propio. Le dije que no sabía, ya habían pasado casi 3 años, el niño era feliz con sus padres "adoptivos" y ni José Ignacio ni yo habíamos querido hacernos problemas. Fue tan bizarra toda la situación, tan estúpido en increíble todo lo que conversamos, que ese día terminé casi creyéndome mi propia mentira, la de la amante sufrida y en segundo plano, la de la jovencita engañada, seducida y deslumbrada por el profesor eminente, la de destrozada madre que tuvo que entregar a su pequeño en adopción bajo las presiones del hijo de puta que lo había engendrado... y mentir no me costó nada. La esposa de José Ignacio simpatizó conmigo, no me odiaba, por supuesto, según ella nada había sido mi culpa y todo había sido culpa de él. Por supuesto esto no significaba que ella iba dejarlo, ni yo tenía necesidad de dejarlo tampoco. Lo único que me pedía era conocerme en persona y conocer al niño y que cada vez que viera a José Ignacio la llamara a ella primero para contarle. Me pedía que fuéramos amigas.

Cuanto cortó, llamé emputecida a José ignacio. Cómo se le ocurría haber hecho todo eso? ese mismo día cambié mi número de teléfono y le dije a José Ignacio que ni se le ocurriera dárselo a la esposa. Al hijo sigo teniéndolo de contacto en msn, pero hablamos muy poco, de vez en cuando nos saludamos educadamente. José Ignacio me comentó una sola vez después de eso que pasó que el niño, mi supuesto hijo, sí que se parecía a él. Yo no le dije nada.

Y ahora José Ignacio me insiste que quiere tener un hijo conmigo. Otro hijo, querrá decir.

24-06-2009

Mi padre, moribundo

Ayer llegué a la clínica a eso de las nueve. Pregunté por el hombre que en mi certificado de nacimiento figura como mi padre. Me dieron el número de la habitación y subí a verlo. Cuando abrí la puerta vi que su pareja, amante o lo que sea, lo tenía tomado de la mano. Se miraban a los ojos con algo que definiría como cariño, pero que me dió asco ver. Casi no reconocí al hombre en la camilla. Si lo hubiera visto en la calle, jamás me habría dado cuenta de que era el mismo que yo recordaba de mi niñez. Parecía un cadáver. Estaba pálido, ojeroso, con las mejillas chupadas y la cara manchada. Me estiró la mano cuando entré y yo me quedé parada. Me dijo hija, acércate, y me acerqué unos pasos. Su pareja se levantó de la silla en que estaba sentado, al lado de la cabecera de la cama, se presentó y estiró la mano, pensando en que le iba a devolver el saludo.

- Qué quieres -le dije al hombre de la camilla - para qué querías verme...

La pareja de mi padre me ofreció su silla. Yo me quedé de pie donde estaba. Ni siquiera quise mirarlo. Tenía la mirada fija en el desecho humano en que se había convertido el hombre que me había engendrado.

- No le hables así a tu padre - me dijo el hombre
- Tú no te metas - le respondí - quiero hablar con él a solas.

El tipo miró a mi papá, y mi padre asintió, supongo que para indicar que estaba bien que nos dejara solos. Salió diciendo que estaría afuera, por si se le necesitaba.

- Siéntate - me dijo mi padre
- No gracias, estoy bien de pie - le respondí - qué quieres?
- Quería... verte
- ajá... y?
- No sé... saber que estabas bien, saber qué has hecho de tu vida... terminaste de estudiar?
- sí
- Qué estudiaste?
- Enfermería
- Ah, y donde trabajas?
- No ejerzo mi profesión
- Ah no? y de qué vives?
- Soy puta

Nos miramos largo rato en silencio. Finalmente me senté a su lado, pero porque era la única silla disponible, no porque quisiera estar a su lado.

- Bueno, hay algo más de lo que quieras hablar? porque tengo cosas que hacer.
- No... no te vayas todavía... yo... quiero pedirte perdón
- perdón? y eso por qué?
- Por todo lo que te he hecho...
- Yo a ti no te conozco, lo único que hiciste fue engendrarme
- Debí haberme quedado a tu lado
- Pero no lo hiciste, en cambio, me dejaste en manos de una mujer enferma e inestable, alcohólica y adicta al sexo y a los somníferos
- Yo te ayudé económicamente
- Pero era tu obligación, hombre!
- Pero lo seguí haciendo cuando cumpliste la mayoría de edad
- Jaja! déjame que me ría. Te refieres a cuando te tuve que demandar para que me dieras dinero mensual con el que mantenerme mientras estudiaba?
- Quería que aprendieras que la vida no es fácil
- jaja... eso lo aprendí apenas nací
- Yo tuve que esforzarme para salir adelante, quería que vieras lo difícil que es
- Entonces lograste tu propósito, vi lo difícil que era y decidí a dedicarme a la vida fácil
- Hija... siento tanto todo esto
- No me llames hija, no tienes ningún derecho
- Me odias?
- No... te desprecio
- Me duele lo que me dices...
- Esta conversación es tan estúpida... no me conoces ni te conozco, no tengo nada que hacer aquí. Dile al imbécil ese que no me vuelva a llamar. No quiero verte. Muérete tranquilo, que a mi no me interesa
- Perdóname
- No te perdono nada. Muérete con tu conciencia de mierda, si es que tienes

Salí de la habitación dando un portazo y sin mirar atrás. En el estacionamiento me alcanzó el amante de mi padre.

- Qué le has dicho a tu padre? está llorando
- Y a mi qué?
- Vuelve a pedirle perdón
- Jajaja, si claro
- Si no lo haces, no te dejará nada en herencia
- No me importa. Que te lo deje a ti, en pago por todas las veces que le has dejado que te lo meta por el culo!

El muy desgraciado me pegó una cachetada que me dejó ardiendo la mejilla y la oreja palpitante. Me subí a mi auto y me fuí. Que se muera luego el imbécil ese, y que se pudra en su infierno.

23-06-2009

Mi nombre es Marguerite y soy una orgasmoadicta

Creo que soy adicta a los orgasmos. Y ese es mi principal problema. La mayoría de los hombres con quienes mantengo una relación tienen problemas en la cama. Yo aún espero encontrar al hombre perfecto, sin trancas, sin mamitis, sin traumas, sin complejos, que quiera disfrutar de la vida. Pero a fin de cuentas, yo no soy nadie para exigirle a un hombre esto, si yo misma estoy llena de trancas.

Mi día entero es un juego preliminar. Me visto con ropa que me haga ver bien. Me excito de pensar en la reacción que provoco en los hombres. Me paso el día oliendo a sexo, o a ganas de sexo, de eso vivo, de eso me alimento. Lamentablemente mis amantes son paupérrimos. Tienen claro que yo no estaría con ellos si no fuera por dinero, y me pagan muy bien por unas pocas horas de falso amor a la semana.

He aprendido a satisfacerme yo misma, ya que no hay hombres que lo hagan en mi panorama. No hay ningún hombre en estos momentos que sea capaz de provocarme ese dulce dolor del orgasmo. Ese temblor que se siente, que se acerca, pero que no acaba de llegar. El calor que empieza a recorrer cada célula de mi piel, los vellos que se erizan, el sopor sordo que se instala en mi nunca...

Tengo que irme a ver a mi padre a la clínica. Me ha llamado su pareja, como él insiste en denominarse a sí mismo, diciendo que ha empeorado y que necesita verme. A ver si se muere de una vez y me deja tranquila, que no tengo nada que ver con él.

19-06-2009

Las fotos

La primera vez que Marcelo estuvo en mi departamento, fue después de haber hablado por horas. Habíamos pasado el día juntos y lo invité a mi casa, no sé para qué. Cuando llegamos ahí todo se fue a las pailas. De repente me dí cuenta de que me sentía mal, de que Marcelo tenía pareja y un hijo y de que demasiados hombres me habían besado en mi departamento y habían pasado desnudos por mi cama. Le ofrecí un café a Marcelo y nos sentamos a conversar. Él estaba evidentemente interesado en mí, pero yo había perdido todo interés por él. Después de un par de horas, cuando supongo que Marcelo se dió cuenta de que no llegaríamos a ninguna parte, se despidió y se fué. Y yo me quedé sola, como siempre.

Al día siguiente Marcelo me envió un mensaje de texto. Me daba las gracias por el día anterior y me decía que le gustaría verme. Después nos comunicamos por e-mail y nos vimos un par de veces durante esa semana. Nos juntábamos a tomar algo, luego él se iba a su casa y yo a la mía. A ratos me gustaba Marcelo y a ratos me cargaba. Me sentía bien con él. Nos reíamos de las mismas cosas y me encantaba su humor ácido y negro, pero después me quedaba mirando y de alguna forma podía oler su desesperación por besarme, por tocarme, por atreverse a hacer algo que lo acercara a mí, y eso me asqueaba. Y me hacía alejarme de él. Supongo que Marcelo habrá pensado que me hacía la interesante, pero la verdad es que no estaba de ánimos para empezar nada con nadie.

Marcelo me contó de Nicole, de cómo la conoció en la universidad, de como ella se quedó embarazada después de una borrachera en una fiesta y de cómo Marcelo se había atado a ella, por el hijo. Marcelo adora a su hijo, para él es el niño perfecto, y le da todo lo que el niño quiere. Nicole vive en Providencia, con sus padres, hace años que no trabaja en lo que estudió y se dedica a manejar el restaurant que sus papás tienen en el sector. Le pregunté a Marcelo si la quería y me dijo que no sabía. Que fisicamente ya no le atrae, que después del embarazo engordó más de 30 kilos que aún no baja, que no se cuida, que no se quiere a si misma y que él está con ella por el niño. Que se acuestan juntos una vez cada seis meses y que su relación se basa en eso y en que él le entregue su sueldo casi íntegro. Nicole tiene al hijo en un colegio del sector bastante caro, y es Marcelo quien lo paga. Con esto, apenas le alcanza para el día a día, confirmando mi teoría de que un profesor de arte, por muy bueno que sea, se muere de hambre en este país. Yo lo he escuchado, he guardado en mi memoria cada una de sus palabras, y no le he revelado nada sobre mí.

Ayer por la mañana me llamó Marcelo. Me dijo que necesitaba sacar unas fotos para un proyecto y que le gustaría que yo fuera su modelo. Me reí de la propuesta. Hasta ese momento había estado saliendo con Marcelo, pero no había pasado nada, aunque yo me daba cuenta de que le gustaba en serio. Como tampoco sabía si en realidad quería que pasara algo, le dije que iría a verlo, para conversar sobre su propuesta. Llamé a Carolina y le dije que me acompañara a ver a Marcelo, que no quería ir sola. Marcelo me había citado en el departamento de Nicole. Estaba solo, el hijo estaba en el colegio y yo estaba más tranquila, con Carolina a mi lado. Primero se sorprendió de mi cambio radical. Me corté un poco el pelo y me lo teñí castaño claro, con visos rubio oscuro, pero me dijo que le gustaba, que me veía más tierna. Marcelo me explicó que ha pensado en montar un estudio fotográfico y que quiere que mujeres se animen a tomarse fotos para regalárselas al marido, al novio, al amante, a quien sea. Carolina se entusiasmó de inmediato, pero yo no le ví la utilidad, ni futuro. Al final, accedí a hacer unas tomas de prueba, para ver que salía, tomas que Marcelo supuestamente quería utilizar como ejemplo para que las futuras clientes se animaran a fotografiarse. Carolina se puso de inmediato de parte de Marcelo. Nos fuimos los tres a mi departamento.

Tomamos muchísimas fotografías. Me maquillé, me desmaquillé, me vestí, me desvestí. A Carolina se le ocurrían demasiadas ideas, y las iba proponiendo mientras Marcelo solo sacaba fotos. Cada vez que me tenía que cambiar de ropa, Marcelo salía de la habitación y aprovechábamos de hablar con Carolina sobre nuestras sospechas de si yo le gustaba o no. Las fotos pasaron de fotos con vestidos y poses normales, a fotos semi desnuda y más eróticas. A eso de las ocho Carolina nos avisó que se tenía que ir y paramos la sesión de fotos. Ordenamos una pizza y una coca cola y comimos. Yo estaba agotada de mi primer "trabajo como modelo" y Marcelo me contaba de sus planes de cómo montar el estudio fotográfico, donde ponerlo, la publicidad y el éxito que sería. Yo lo escuchaba sin decir nada. Cuando hizo una pausa, le dije que me gustaba. Marcelo se puso colorado y me dijo que yo también le gustaba, desde el primer día que me había visto. No nos demoramos mucho en besarnos. Nos besamos por horas, hasta que se me durmió la boca, pero no pasamos de eso. Marcelo se fué más tarde.

Hoy por la mañana me he encontrado en mi correo electrónico varias fotografías que Marcelo me envió. La verdad es que están preciosas. He estado pensando toda la noche si decirle la verdad a Marcelo sobre mí. Hasta he pensado en enviarle el link de este blog, para que sepa quien soy, qué hago, y por qué no debe enamorarse de mí...

He decidido llamar a Marcelo y contarle la verdad hoy, antes de arrepentirme.

17-06-2009

Mi orgasmo perdido

Hoy tuve sexo con Gustavo, si es que a eso se le puede llamar sexo. Me desespera Gustavo. Me desespera que tenga el pene tan fláccido y tan chico. Me desespera que después de tanto tiempo aún no sea capaz de mantener una relación satisfactoria para él ni para su pareja.

Le he dicho a Gustavo que lo nuestro tiene que acabarse, que él tiene que buscar ayuda profesional y tratar de salvar su matrimonio. Su esposa no está interesada en el sexo. Le dió dos hijos y con eso terminó su labor en la cama. Sabe de mí y no le molesta que Gustavo tenga una amante, como lo llama ella, mientras a ella no le pida acostarse con él y le dé dinero suficiente para comprarse todo lo que quiera comprar.

Lamentablemente ya no quiero seguir con Gustavo. No soy su terapeuta y me frustra acostarme con él. Gustavo es hermoso físicamente, tiene un cuerpazo que mantiene con ejercicio, una cara atractiva y es un gusto conversar con él de cualquier cosa menos de sexo. Por eso es una decepción llevárselo a la cama. Hemos tratado la penetración de diferentes formas, Gustavo es atlético y aguanta, pero el problema es el tamaño de su pene, es demasiado pequeño!

Cuando lo hemos hecho a cuatro patas, me termina doliendo, porque siempre se sale y en la desesperación de volverlo a meter, Gustavo me hace daño. Así que siempre volvemos a la clásica posición, yo me monto en él y lo hago eyacular tratando de que el pene se mantenga dentro de mío.

Yo soy estúpida, en todo caso. Ya debería saber y estar acostumbrada a que la relación con Gustavo es, simplemente, de esa forma. Pero hoy, ejemplo, conversamos mucho rato, para terminar besándonos. Besa rico, después de haberle enseñado como besarme, y me calenté. Gustavo se desvistió en tres segundos y yo me decepcioné de verlo desnudo, con tan buen cuero y un miembro tan deprimente. Se acostó en el sofá de espaldas. Es algo que vengo tratando hace tiempo. En la cama me costaba mucho mantenerlo dentro mío, en cambio en el sofá es más fácil. Gustavo se pone tres cojines debajo del culo, lo que hace que la zona se le eleve. En una persona normal, esto provocaría que la penetración fuera más profunda. Con Gustavo solo provoca que la penetración sea posible. Además, en el sillón, apoyo los pies en el brazo del sofá y puedo mantener un mejor control, que en la cama no consigo y termino agotada.

Esta vez me había calentado lo suficiente como para que la penetración fuera más fácil. Me monté en él y empecé a moverme, mientras le hablaba de un programa de televisión para desviar su concentración y que no se fuera a correr antes que yo. Su cara estaba roja y cerraba los ojos. Le dije que abriera los ojos y me mirara. Le pregunté si servía lo que le estaba diciendo, para distraerlo. Es algo que también hemos estado probando hace un tiempo, que él piense en otra cosa, para alargar el tiempo antes de que eyacule. Me dijo que no estaba resultando. Me apuré. Yo ya estaba a punto, pero un movimiento en falso, algo que fuera demasiado rápido o que él notara que yo estaba llegando al orgasmo y todo se iría a la mierda. El pene seguía salíendose, al final hice lo que hago siempre, apretarlo con las piernas, mientras yo me seguía frotando con su pelvis. Me movía más rápido y por un momento pensé que el condón se le podría salir, pero estaba tan caliente que no me importó. Yo tomo anticonceptivos, pero eso él no lo sabe, cree que no me cuido, y si se le hubiera salido el condón seguramente habría parado antes de correr un riesgo. Me voy, me voy, me empezó a decir y cometí el grave error de decirle que yo estaba casi, también. Eso hizo que eyaculara de inmediato. Yo seguí tratando de conseguir mi orgasmo, pero Gustavo empezó a gemir, lo que me desconcentró, y a retorcerse, por lo que perdí contacto con su pelvis. Me pegué más a él, pero entonces Gustavo empezó a retorcerse más, parece que fue un de los orgamos más potentes de su vida, mientras yo iba alejándome del mío más y más. Al final Gustavo me dijo que parara, que le dolía. Me paré furiosa y me fui al baño. Me di una ducha tibia. Gustavo entró al baño y me preguntó si estaba enojada con él. Le dije que no, que estaba frustrada, que se imaginara como estaría él de haberse quedado con su orgasmo. Me miró con cara de pena y ya no quise decirle más. Terminé de ducharme y le dije que fuéramos a comer. Mientras comíamos siguió preguntándome si estaba enojada con él. Además de arruinarme el orgasmo, me arruinó la comida. Conseguí sonreírle y decirle que no, que ya estaba olvidado, que daba igual.

Gustavo se fue a su trabajo y yo me vine a mi departamento. Ordené todo, limpié, lavé la ropa, sintiéndome furiosa toda el tiempo. Estoy enojada conmigo misma, por ser una idiota. Enojada por el orgasmo que perdí y que me tiene con la entrepierna hinchada y adolorida. Enojada por estar desvelada. Enojada con Gustavo, pero al final no es su culpa. Pobre. Ojalá hubieran operaciones para su problema. De todas maneras, no creo que pueda seguir aguantándolo. No es solo el sexo, sino todo lo que tengo que servirle de terapeuta, psicóloga y consejera. No vale la pena.

15-06-2009

El almuerzo con José Ignacio

Acabo de volver de comer con José Ignacio. Me llevó a comprarme ropa. Quería comprarme un sostén blanco que había visto y unas pantaletas de encaje del mismo color. En la tienda se quedó mirando unos sostenes maternales. Me preguntó si no quería que me comprara algo así. Lo miré una eternidad para saber si me hablaba en serio, al final no le contesté nada.

Después fuimos a comer. José Ignacio me había pedido que me pusiera una mini falda, botas con taco alto y un sweater ajustado. A veces me siento con él como una de estas chicas de servicio de acompañantes. Él me pide que me vista de acuerdo a su gusto y yo lo hago. Luego nos vamos a cualquier lugar donde haya mucha gente. Le gusta que lo vean conmigo, que la gente se pregunte qué tiene un tipo como él, ya mayor, para que una chiquilla como yo ande con él. No pasamos por padre e hija y supongo que la mayoría de la gente adivina el sentido de nuestra relación, pero a José Ignacio parece no preocuparle.

Mientras almorzábamos, José Ignacio me ha dicho que ha estado pensando en que deberíamos formalizar nuestra relación. Casi me ahogué con la comida. Le pregunté a qué se refería con formalizar y me pregunté a mi misma si quizás sabe algo de Marcelo, porque me parece muy sospechoso que justo ahora me lo proponga. José Ignacio me ha dicho que quiere que tenga un hijo de él. Yo ya no volví a tocar la comida.

José Ignacio cree que yo tuve un hijo de él, hace tiempo. Fue un malentendido del que me aproveché, hace años, y que jamás aclaré, pero es una historia demasiado larga como para contarla ahora. José Ignacio jura que yo dí a ese niño en adopción. Nunca lo hemos mencionado. Me pregunto que clase de padre será José Ignacio, si ni siquiera pregunta sobre el supuesto niño. Le he dicho que no estaba para bromas. José Ignacio me ha dicho que no estaba bromeando. Tiene 56 años y quiere tener un hijo conmigo, que tengo la mitad de su edad. José Ignacio también me ha dicho que me va a ayudar a buscar trabajo en la universidad o como enfermera. Me pregunto si estará pensando en dejar a su mujer e irse a vivir conmigo. Todo apunta a eso. Creo que tendré que darle el corte a José Ignacio, pero esta vez definitivamente.