05-05-2013

Pan y pedazo

- Tengo que ver a Armando el domingo.

Pablo levantó la vista del libro que tenía entre manos, uno de mis libros de psicología, mientras yo estaba a su lado trabajando en mi informe. Nos habíamos pasado tres días fantásticos en la cama, tres días sin pensar en nada ni en nadie más, pero ahora me apuraba el plazo de entregar mi trabajo.

- Evaluación psicodiagnóstica - leyó Pablo y me empezó a preguntar de qué se trataba. Qué podía decirle, ¿que era la razón por la que entré a estudiar psicología, un análisis de mi misma? Le dije que no podía contarle, que era secreto profesional de terapeuta, o de estudiante de terapeuta, a paciente, así que le pasé uno de mis libros con el que se entretuvo un rato mientras yo terminaba.

Cerré el portátil y lo abracé. Se sentía bien su cuerpo desnudo en mi cama. No sé si fue algo que me imaginé, pero cuando le nombré a Armando, sentí que le cambiaba la respiración, como cuando exhalas con rabia por la nariz. Me abrazó con fuerza y me besó el pelo mientras me acurrucaba a su lado.

- Vas a... que vas a hacer Marguerite, ¿vas a volver con él?

Sabía que en algún momento me lo iba a preguntar y tenía preparada mi respuesta, lo había pensado mucho durante esos tres días.

- Pablo... Armando y yo hemos estado teniendo tantos problemas. Realmente llevamos separados desde enero, desde que te fuiste, pero los problemas venían desde antes, mucho antes, simplemente no me quise dar cuenta. Todo lo que pasó... no hizo más que poner en evidencia lo mal que estábamos.

Pablo me hizo cariño en el pelo. Que distinto se sentía ese hombre cariñoso al otro Pablo que había conocido, a ese Pablo con dudas, con cargo de conciencia, agresivo.

- Y ahora volviste tú... y no sé. No puedo decir que estoy confundida, tengo claro que con Armando no estamos bien, y a medida que han pasado los días menos ganas me dan de volver con él, pero entre nosotros... la historia, no sé Pablo, ha sido complicada también.
- Entiendo.
- No estoy diciéndote que quiero quedarme con pan y pedazo, no te estoy diciendo que quiero que estemos juntos tú y yo como fue antes... a todo esto, no sé qué es lo que quieres tú, jaja, estoy poniendo palabras en tu boca...
- Yo quiero estar contigo Marguerite, si eso es lo que tú quieres. Volví porque después de tres meses en desintoxicación y los meses que me quedan yendo a reuniones y terapia, creo que... mira, me estoy enredando solo. Volví a pedirte perdón. Sé que todo lo que pasó entre nosotros fue demasiado... violento. No tengo disculpas, pero quería contarte que lo siento. No volví con la intención de que volviéramos, simplemente quería saber que estabas bien y quería pedirte disculpas... pero ahora...
- Ahora...
- Ahora estás sola, o sin Armando, es lo que entiendo. Sigo creyendo que no lo amas, o si lo amas, que no son el uno para el otro, y eso te lo dije apenas te conocí, apenas acudiste a mí pidiéndome que te ayudara en una mentira. Las relaciones basadas en mentiras Marguerite nunca acaban bien.
- Cuando me llamaste... no sabía qué querías, pensé que me ibas a seguir chantajeando, pero ahora yo no tenía nada que perder, qué podías decirle a Armando si ya no estábamos juntos... pero Pablo, sabes, estos dos días contigo, de nuevo... han sido, uff, eres un hombre distinto, se nota. Creo que sí, que podríamos intentarlo, pero... sobre Armando... no quiero que sepa que esto viene desde antes, no es necesario hacerle ese daño gratuitamente.
- Tienes razón - otro beso en mi pelo - para qué dañarlo así, no es necesario. Pero... ¿Me estás diciendo que quieres que estemos juntos? ¿Se lo vas a contar a Armando?
- Si. Pero le voy a decir que... no sé, que nos re encontramos en una fiesta, yo estoy separada de él y bueno, que las cosas entre nosotros se dieron y que estamos juntos. ¿Te parece?
- Que si me parece... - me dijo con su sonrisa perfecta, sus ojos metalicos llenos de deseo.

Hicimos el amor con la calma del que sabe que habrán muchas veces más así. Nos duchamos y Pablo salió camino a su apartamento y yo a la universidad. Pablo me dijo que no sabe bien todavía qué va a hacer, si volver a trabajar en lo que estaba, o ver trabajo en otro lado. Quiere discutirlo con la gente de la terapia de desintoxicación a la que va, me decía que no quiere nada estresante, que no quiere volver a caer en lo mismo.

Estando en la universidad el viernes me llegó un mensaje de Marcelo. Mierda. Se me había olvidado que había quedado en juntarme con él. Le había pedido que me consiguiera marihuana, necesitaba estar absolutamente relajada antes de juntarme con Armando y su mensaje "conseguí de la buena" me lo recordó. Le dije que nos viéramos donde siempre y tuve que correr después de clases.

Marcelo ya me esperaba. Se estaba tomando un espresso, yo pedí un té de hierbas. Marcelo hizo la broma de pésimo gusto de "no será mucha hierba por hoy día" mientras la mesera tomaba mi orden. Me preguntó cómo estaba, le dije que bien, pero que estaba con poco tiempo y que si me tenía lo que le pedí, que me lo entregara.

- Pensé que... nos la fumaríamos juntos...
- No tengo tiempo Marcelo, tengo tantas cosas que hacer... pero sabes, si quieres quédatela...
- Que onda Marguerite... estás rara...
- No me pasa nada, en serio...
- No me mientas.
- No quieres que te mienta.
-No
- Estás seguro...
- Que onda po, me estás asustando casi...
- Volví con Pablo.

Marcelo me miró varios segundos con una cara de incomprensión absoluta de la que casi me rio a carcajadas.

- ¿Qué? ¿Volviste con Armando? dijiste Pablo...
- Lo dije bien, volví con Pablo.
- ¿Con Pablo el LOCO Pablo? ¿El que casi te cagó la vida Pablo?
- Marcelo... las cosas no son como parecieron... hablamos y...
- ¿Que no son como parecieron Marguerite? De que chucha me estás hablando, ¡son exactamente como parecieron! No te acuerdas de cuando estábamos en Rio, como me dijiste que te mintió... si no hubiese sido por ese hueón ahora estarías felizmente esperando un hijo de Armando. Por culpa de él se te fue todo a la mierda...
- Quizás... no sé Marcelo, quizás las cosas pasaron por algo, habría estado embarazada yo y habría descubierto que la sueca estaba embarazada también. ¿Habría sido mejor eso?
- Marguerite por la cresta - Marcelo se llevó las manos a la cara - ¡es que no podí volver con ese hueón! ¿Qué vas a hacer si le da la hueá y te saca la cresta?
- No va a pasar Marcelo. Pablo estaba metiéndose anfetaminas... por eso reaccionaba así. Ahora está yendo a rehabilitación...
- Chucha más encima... ¿y a Armando que le vas a decir? ¿Va a aceptar Pablo ser tu amante de nuevo?
- No lo va a ser. Hablamos. Le dije que quiero que lo intentemos, pero esta vez bien. Le diré a Armando que estoy con él y punto.
- ¿Le vas a decir que andabas con él de antes?
- No
- ¿Por qué no?
- Eso no es necesario. ¿Para qué?
- No es necesario...
- No.

Marcelo me miró un largo rato antes de decir algo.

- Sabes lo que creo Marguerite... que te estás metiendo en un lío del que te va a ser muy difícil salir. Vas a usar a Pablo para sacarle celos a Armando, por eso no le dices a Armando que andabas de antes con él, porque así puedes seguir haciéndole creer que todo fue su culpa y tú la inocente víctima. Lo que no estás teniendo en cuenta es que Pablo es un psicópata y que ante la menor provocación va a estallar.
- Pablo no es psicópata Marcelo, me quiere...
- ¿Te quiere? chucha y yo hueón, ¿acaso no te quiero y no te he levantado nunca la mano? Acaso no he estado como hueón esperando por las migajas de cariño que me quieras dar, apoyándote, corriendo a ti cada vez que me llamas... es que me escucho yo mismo y parezco mina... puta si querí usar a alguien para sacarle celos a Armando aquí estoy más que disponible pero por la cresta no podí volver con ese hueón del Pablo, polvorita que no sabes en qué momento te va a estallar en las manos...

Qué podía decirle a Marcelo. Me concentré en los autos que pasaban y me tomé el té ya frío.

- Marguerite... por favor piensa bien lo que te dije y cuando entres en razón, o cuando termines en el hospital medio muerta, lo que pase primero, me llamas - dijo Marcelo antes de levantarse e irse.

Me fui a mi apartamento. Intercambiamos mensajes cariñosos con Pablo, no nos veríamos hasta que hablara con Armando. "Lo estás usando para sacarle celos a Armando" se repetía en mi cabeza el eco con la voz de Marcelo. Me llegó un mensaje de Marcos: "A punto de volar a Santiago, me recoges en el aeropuerto y cenamos juntos?", le respondí que sí.

Antes de juntarme con Marcos, llamé a Marcelo. Su molestosa voz no me dejaba en paz.

- Pablo se la ha jugado por mí
- ¿Qué?
- Que me quedé pensando en lo que dijiste, que lo estoy usando... pero no es cierto. Pablo se la ha jugado por mí y todo lo que ha hecho, lo ha hecho porque me quiere. Armando no... le digo que no me llame y no me llama, en vez de remover cielo, mar y tierra por verme, se queda esperando a que yo vuelva. Y tú... cuando estuvimos juntos tampoco te la jugaste y ahora...
- Y ahora he estado siempre ahí para ti, dándote tu espacio y esperándote.
- Pablo me quiere.
- Whatever Marguerite, si es lo que te quieres hacer creer a ti misma, bien por ti. Hubiese sido cualquier otro lo entiendo, pero no ese hueón.

Y me cortó. Sentía rabia con Marcelo. Qué derecho tenía él a decir nada si a final de cuentas él lo único que había hecho era recibir de mí. En fin, un problema menos, pensé.

Recogí a Marcos en vuelos nacionales a la hora precisa. Le pregunté donde se iba a quedar y me dijo que donde el hijo, así que fuéramos a comer primero.

- Mi hijo cumple 18 años, por eso vine, me voy el domingo.

18 años ya. Tantos años habían pasado desde que lo conocía. Intuí que me decía lo del domingo para que fuera a dejarlo al aeropuerto, pero no se lo ofrecí. 18 años. Su hija debía tener unos 27 calculé.

Yo no tenía hambre, pedí algo para picotear, sentía un nudo en el estómago.

- Te ves cansado
- He estado durmiendo dos o tres horas.
- ¿Y eso? ¿te quedas pensando en muchas cosas?
- Sí. Intento leer a ver si me baja el sueño, pero nada.
- Todavía no se soluciona lo de... ¿la estudiante?
- Algo... le ofrecí plata
- ¿Y la aceptó?
- No a ella, a los papás... Y sí, la aceptaron. Un colega habló con ellos, les dijo que para qué ensuciar la reputación de ella, que ella perdía más que yo, y quedaron de pensarlo. Volveré a Santiago antes de julio. Podremos vernos más seguido.

Sentí que el nudo en el estómago se me agrandaba. Intuía que era el momento de tener la conversación que habíamos dilatado por tantos años.

- Y tú que piensas... de ella. ¿La quieres?
- No, o sea... no como te quise a ti si esa es tu pregunta.
- ¿A mí me quisiste?
- ¿Tienes dudas de eso?
- Basada en cómo me trataste...
- Sé que fui un desgraciado contigo Marguerite, cuando te quedaste embarazada.

O sea que si lo recordaba. Lo dejé seguir hablando.

- El problema Marguerite es que fue... lo incorrecto en el momento incorrecto. Ya tenía una hija...
- Lo recuerdo, no tiene mucha diferencia de edad conmigo...
- Y mi hijo tenía cuánto, ¿un año? y con su mamá me llevaba horrorosamente, me presionaba, me sacaba dinero, me amenazaba con denunciarme... y créeme o no, me gusta ser sacerdote, independiente de cómo sea yo como hombre, ser sacerdote es mi vocación. Tuve miedo de lo que tú pudieras hacerme perder si te hubiese dejado tener ese bebé.
- Sabes que yo no te habría hecho nunca nada. Estaba enamorada de ti.
- Ahora lo sé. En ese entonces solamente pensé en mí y en que ya no quería más problemas.
- Pero seguiste acostándote conmigo después del aborto.
- Mi niña... Te digo, siempre te quise, siempre fuiste especial para mí...
- ¿A pesar de casi tener la edad de tu hija?
- A ti no te miraba como hija.
- No, si eso me queda claro.
- Pero bueno, ahora ya es tarde para arrepentirse de lo que pasó.
- No estoy diciendo que me arrepienta, pero me llama la atención tu forma de actuar... yo era una niña, y tú no has cambiado, te siguen gustando jovencitas, como la niña con la que tienes problemas ahora.
- Hmm. Qué puedo decir...
- Sabes, mi consuelo todos esos años fue que yo había sido especial para ti. Yo había sido la estudiante con la que habías caído, casí como si hubiese sido mi culpa, pero después me enteré que tenías no uno, pero dos hijos. Nunca entendí por qué me trataste como lo hiciste, si ya tenías hijos, que más te daba dejarme tener el mío.
- Ya te lo expliqué, no daba lo mismo, no quería más problemas.
- Pero es que a eso voy, te seguiste metiendo en problemas, te seguiste metiendo con alumnas, o sea, ni siquiera en eso fui especial para ti.
- Mi niña, tú fuiste más que importante en mi vida, y si tuviese la oportunidad de repetir todo de nuevo, a ti no te dejaría afuera, pero las cosas se habrían hecho de otro modo. Y cuando dices que seguí metiéndome en problemas... son simplemente mis necesidades de hombre. No dejé embarazada a nadie más.
- ¿Por qué tan jovencitas? ¿Porque es más fácil engatusarlas? ¿Porque una mujer adulta te exigiría una relación de verdad y no lo que tú quieres dar?
- Marguerite...
- Sabes qué, eso no lo respondas, no quiero saberlo. Al final, fui yo la tonta, la que más sufrió estando contigo. Siempre pensé que yo era importante para tí pero que lo nuestro tenía que ser así porque no se podía de otra forma. Y eso no era nuestra culpa, eran las circunstancias. Ahora pienso que siempre me viste como la niña tontita y enamorada con la que pasar el rato, a la que manejar con el dedo meñique.
- Yo siempre pensé que tú me esperarías eternamente. Pero después del colegio te desapareciste, no creas que no te busqué, incluso fui a tu casa a buscarte pero me enteré que tu mamá se había muerto y tú habías desaparecido. No dejaste pistas. La siguiente vez que nos vimos, o que te vi, fue cuando me buscaste para que te casara. En los años que no nos vimos, siempre soñé con que volverías a buscarme.
- A buscarte para qué, ¿para seguir siendo tu amante entre las sombras? ¿Para seguir haciéndote pasar el rato?
- Marguerite... cuando te tomaba - te tomaba, que expresión más fea, pensé - era por amor. Cuando te besaba era por amor. Discúlpame si no te lo dije nunca, o si con mis acciones te hice pensar otra cosa, pero yo te amaba realmente, todavía te quiero, siempre vas a tener un lugar especial en mi corazón.
- No recuerdo que me hayas dicho te amo alguna vez.
- Lo sé, pero ya es tarde para remediarlo.
- Tienes razón, ahora es demasiado tarde, para todo.

Marcos dejó los cubiertos sobre el plato.

- No sé por qué tengo la impresión de que me estás hablando de algo más que del pasado.
- He estado pensando mucho en todo Marcos... en lo que pasó entre nosotros, en el poco sentido que tiene seguirnos viendo ahora...
- Suena a que estás terminando conmigo.
- Algo así.
- ¿Volviste con Armando?
- No.
- Pero hay algo que no me estás contando.
- Volví con Pablo.
- ¿Con Pablo? ¿Pablo tu médico?
- Sí.
- ¿Estás loca?
- No. Estoy cansada simplemente. Pablo es la única persona que me ha demostrado que me ama y ha hecho lo que sea por mí. Somos bastante parecidos.
- Pablo está desquiciado Marguerite, no enamorado.
- Y eso lo dice la persona que me obligó a abortar a los quince años porque no iba con sus planes tener un hijo conmigo.
- ¿Es por eso que sacaste el tema? ¿Para justificar la estupidez que estás haciendo ahora con lo que pasó hace diecisiete años?
- Eres muy caradura Marcos.
- Marguerite - me tomó de las manos -  sé que fui un hijo de perra contigo, que te traté horrible, pero eso no quiere decir que esté ciego y no vea que estando con Pablo vas a meterte en más problemas. Ya hizo de tu vida un infierno, volverá a hacerlo, no lo dudes.
- No lo creo.
- ¿Y Armando?
- Armando nada. Ya tuvo su oportunidad, muchas veces, ya me cansé de esperarlo eternamente. Se acabó. Estoy con Pablo ahora, quiero que lo respetes Marcos, y si quieres verme, que sea para comer juntos, conversar, pero nada más, quiero hacer las cosas bien ahora.

Terminamos la cena en silencio. Marcos tomó un taxi y yo volví a mi apartamento. El fin de semana lo he usado en estudiar y pensar en que tengo que juntarme con Armando hoy.