Marcos
La primera vez que vi a Marcos fue también en la misa semanal. Después de haber estado con Christian, teniendo sexo con él en su pieza mientras su polola esperaba por él afuera, había decidido terminar con él, pero no encontraba el momento. Ese día de la misa Christian me iba a esperar como siempre a que yo saliera de clases. Yo sabía que tenía que decirle ese mismo día que lo dejáramos, que yo no quería seguir siendo "la patas negras" como él me llamaba a risotadas. Ese día fue cuando ví por primera vez a Marcos.
Ah, aún lo recuerdo. Él estaba sentado en una banca al costado de la iglesia, recostado en la banca diría yo, con los pies extendidos y cruzados y con un brazo sobre el abdomen y el otro brazo apoyado en el brazo que descansaba y con la mano en el mentón. Vestía de negro. Camisa negra, pantalones negros, zapatos negros. Y me miraba, me miraba fijamente. Me dí cuenta casi al principio de la misa. Christian estaba sirviendo de acólito, con su túnica blanca. Se veía tan buena persona parado cerca del altar. Marcos, en cambio, me recordó a la oveja negra. Un contraste entre lo bueno y lo malo. Supongo que el instinto me avisaba que Marcos no iba a ser bueno para mí, pero yo preferí ignorarlo.
Marcos me miraba fijamente, con una media sonrisa en su boca. Lo encontré parecido a Freddie Mercury, pero en una versión mejorada. Era hermoso Marcos. Se veía maduro, experimentado, se veía hombre. Creo que esa era la gran diferencia entre él y Christian, Ryu y todos los demás, que se notaba que era un hombre. Le calculé unos 28 años. Pelo oscuro, rostro afeitado, ojos con pequeñas arrugas alrededor, labios finos, cuerpo musculoso. Las miradas siguieron durante toda la misa. Yo miraba a Marcos y me sonrojaba y bajaba la vista y miraba de reojo a Christian y volvía a mirar a Marcos. Marcos simplemente me miró todo el rato. Descansaba sus ojos en mí. Me recorría todo el cuerpo. Me miraba las piernas, el pecho, la cara, el pelo, los ojos. Su mirada, simplemente, me hipnotizaba. Nunca he vuelto a conocer a un hombre que me provoque lo que Marcos, nunca. La media sonrisa de su boca no se borró nunca. Había algo de burlesco en el gesto, algo de desafiante. Creo que él sabía que me tenía en sus manos.
La misa terminó y Marcos se puso de pie. Yo me quedé sentada. Christian miraba desde el altar con el ceño fruncido. Se había dado cuenta de las miradas entre Marcos y yo. Yo preferí ignorar a Christian, de todas formas lo nuestro se terminaba, si es que alguna vez había existido. Marcos me parecía un buen suplente. Lo miré a los ojos cuando vi que estaba parado a mi lado.
- Y tú... eres nueva aquí, supongo? nunca te he visto...
- Sí...
- Cómo te llamas?
- Marguerite...
- Y en qué curso vas?
- En el primero A.
Por un momento pensé que podría ser un profesor. Marcos olía tan bien!
- Yo soy Marcos - Me dió la mano y me la apretó fuerte. Era grande y cálida.
- Un... gusto... - esperé a que él completara la frase
- Marcos, llámame Marcos.
- Un gusto Marcos...
- Bueno - dijo soltándome la mano - tengo que ir a hablar con el padre. Nos vemos luego!
Lo último que vi fue a Marcos dándome un guiño y su espectacular trasero cuando se dio la vuelta. Marcos, fuera quien fuera, iba a ser mío. Cuántas veces no había pasado que un profesor se enamoraba de una alumna? podíamos estar juntos hasta que yo cumpliera 18, casarnos cuando yo saliera de cuarto medio... Hice tantos planes en tan poco rato y casi me olvidé de Christian, de que me iba a esperar a la salida, como siempre, cuando lo ví parado esperándome a la salida del colegio.
- Vamos a mi casa, no?
- No quiero ir a tu casa...
- ah, tontita, estás asustada por lo de la Ana María? si no se dió ni cuenta!
- Christian... cómo puedes! Cómo puedes mentirle... engañarla!
- No la engaño!
- Qué?
- Que no la engaño! Cuando estoy contigo no pienso en ella y cuando estoy con ella... bueno... a veces pienso en ti, para que te voy a mentir... Nadie es tan rica como tú!
- Por favor no seas ordinario...
- Jajaja, dime que no te gusta!
- No, no me gusta! Christian, creo que... no te hace bien ni a ti ni a mí, ni a tu polola que nosotros nos veamos...
- Porqué metes a la Ana María en esto? Esa no es la razón de que ya no quieras seguir... Si hasta ahora hemos estado bien, qué te hizo cambiar de opinión?
- Ella! Crees que se sintió bien estar... haciéndolo con ella parada afuera esperándote y golpeando la puerta de tu casa?
- No seas mentirosita - Christian me afirmó la cara con sus manos - crees que no te ví hablando con ese tipo en la iglesia?
- Con qué tipo? - me hice la tonta
- Jajajaja, ves cómo ya te conozco?
- No sé de que hablas
- Mira, Marguerite, te voy a contar un secreto. Si tú ya no quieres seguir conmigo porque te gustó ese gallo que acabas de conocer, te vas a quedar sin pan ni pedazo.
- Ah sí? y por qué, a ver?
- Porque ese tipo, Marcos, es el otro cura de esta iglesia, tontita...