08-05-2013

Ricardo

Camino a la iglesia empecé a pasarme mil rollos. ¿Qué era lo que Marcos quería hablar tan urgentemente conmigo? ¿Por qué me citaba ahí? ¿Qué era eso de no hables con nadie ni hagas nada? A las únicas personas que había visto era a Armando, mi cuñado y mi suegro. No hagas nada... nada de qué, ¿a qué mierda se refería? No hables con nadie... de repente tuve la certeza de que mi suegro y cuñado sabían algo, ¿qué? no tenía idea, pero algo terrible, algo sobre mí, por eso estaban ahí, por eso estaban tan raros conmigo, por eso es que me llamaba Marcos, porque de alguna manera omnipresente, omnipotente y absoluta, él sabía de qué se trataba, sabía por qué estaban ahí cuando yo iba a hablar con Armando. Pero ellos siempre habian sido así, más preocupados de las apariencias que de cualquier cosa, de ellos mismos más de quienes pisoteaban por el barro. Qué mierda me iba a decir Marcos.

Se me pasaron mil nombres por la cabeza, mil situaciones. Marcos nunca me había citado así de urgente, así de enigmático. Las oscuras calles se me hicieron eternas hasta que llegué a la iglesia. Marcos me estaba esperando y en su cara noté que algo pasaba. Nos sentamos y me ofreció un café.

- Se trata de Pablo - me dijo sin más preámbulos
- ¿Pablo? - ¿Cuándo era la última vez que había visto a Pablo? El viernes y ahora era domingo por la noche - Qué pasa con Pablo...
- Primero... tengo que explicarte algo.
- Qué cosa. No entiendo nada.
- Cuando saliste del colegio, yo tenía un amigo en la policía de investigaciones.
- ¿ok?
- Y cuando te desapareciste, cuando te busqué y tu mamá estaba muerta y tú no estabas por ninguna parte, le pedí a ese amigo que me avisara si sabía algo de ti.
- No entiendo, ¿dices que le pediste que me buscara? Tenías todos mis datos, podrías perfectamente haberme encontrado, saber donde estudiaba, donde vivia, cosas que no hiciste...
- No, no que te buscara, que me avisara si te metías en problemas, puso algo así como una alarma en su sistema con tus datos y si algo aparecía de ti, me avisaría.
- Algo...
- Si te metías en problemas con la policía. Respeté que te hubieras desaparecido, me dije que cuando quisieras buscarme de nuevo, lo harías, aunque nunca pensé que serían tantos años más tarde, pero bueno... el tema es que este amigo está retirado de la policía ahora y se dedica a la investigación privada.
- ¿Y eso en que me concierne a mí?
- Ayer me llamó porque le encargaron un seguimiento. Y la persona a seguir era la misma que yo le había dado los datos hace tantos años, y quien se lo encargó fue... Pablo - y su apellido.

No dije nada. Mi cerebro necesitaba procesar la información. Marcos pensó que le daba pie a que siguiera hablando.

- Marguerite, yo te advertí que ese hombre está mal de la cabeza... por tu bien...
- Marcos, déjame pensar. No entiendo nada. Esto suena tan... poco probable. ¿Por qué habría de hacer Pablo algo así?
- Para controlarte, para cagarte la vida, para tener pruebas para Armando...
- ¡Pero si Armando sabe que estoy con Pablo! Acabo de decírselo.

Marcos me miró extrañado.

- Vaya. No sabía que te estabas tomando así de en serio a Pablo.
- Te lo dije Marcos. Quiero estar con él, pero bien, nada de secretos ni cosas a medias.
- A pesar de que es un psicópata.
- No es un psicópata.
- A pesar del daño que te ha hecho.
- Si hablamos de daño aquí, no eres tú el que sale mejor parado.
- Marguerite... de qué sirve sacarme en cara lo que te hice, no cambia en nada las cosas, ¿no ves que solamente trato de ayudarte?
- ¿Quien es ese detective? dame su nombre.
- Si quieres lo llamo para que lo conozcas. Debe andar cerca si es que te ha seguido.

Y lo hizo. A los cinco minutos apareció un tipo canoso, ojos verdes, parecía sacado de una película de acción, bastante atractivo. Me saludó con un apretón de manos y un guiño.

- Marguerite, este es Ricardo.
- Un gusto - me dijo mientras me apretaba la mano con firmeza.

No sabía qué pensar. Le pedí que me explicara quien era. Miró a Marcos antes de responderme.

- Soy ex PDI, ahora trabajo como investigador privado. El viernes me contactó - sacó una libreta de su bolsillo y me dijo el nombre de Pablo - y me encargó que hiciera un seguimiento de 24 horas a - y dijo mi nombre - por tiempo indefinido, que es lo que hemos hecho hasta ahora.
- ¿hemos hecho?
- Somos un equipo de tres, no puedo seguir a alguien las 24 horas del día yo solo.
- Y dices que fue Pablo quien te encargó esto.
- Él mismo. Y debe o quererla o celarla mucho para pagar lo que está pagando por seguirla.

Pensé en qué había hecho desde que vi a Pablo la última vez. Me había juntado con Marcelo en la cafetería... había recogido a Marcos en el aeropuerto y cenado con él, el resto del tiempo lo había ocupado en estudiar hasta que me había juntado con Armando. No había hecho nada malo. ¿Por qué entonces tenía esa asquerosa sensación como una bola de engrudo con pelos en el estómago? ¿De qué tenía miedo? ¿De Pablo?

- Y... ¿Cómo o por qué contactaste a Marcos?

Volvió a mirarlo y Marcos le hizo un gesto de sí con la cabeza. Me recordó el día del aborto, ese gesto con el que decidió que el médico me arrancara al único que bebé que he sentido moverse dentro de mí.

- Bueno, el padre Marcos me encargó hace años que le avisara si se sabía algo de usted, algo me recordaba el nombre y cuando pusimos alguien afuera de su apartamento y la siguió al aeropuerto y me avisaron que recogía a un sacerdote, me acordé. Revisé su nombre en mi base de datos y me di cuenta de que era la misma persona, y como en ese tiempo el padre me encargó que le avisara cualquier cosa que supiéramos de usted... lo contacté para saber si él sabía que alguien había encargado seguirla.

Entonces no sabían nada de Marcelo, pero sí de Marcos. Y de Armando.

- ¿Me han estado siguiendo desde el viernes por la tarde?
- Si, por ahora solamente ha sido un seguimiento en terreno, ubicarla por donde se mueve - volvió a revisar su libreta - y tomar algunas fotos, pero a Pablo se le ofreció la opción de escuchas telefónicas y grabaciones de audio si él pone los micrófonos que le entregamos en los lugares que a él le interesa escucharla.

La cabeza me empezó a doler horrorosamente. Se me mezclaban las voces de Marcos y de Marcelo con sus advertencias, las dulces caricias de Pablo y sus promesas de haber cambiado, el beso con Armando.

- Dijiste... que han estado tomando fotografías...

Sacó una cámara de un bolso que no había visto que llevaba. La prendió, presionó algunos botones, y ahí estaba yo. Empezó a pasar las fotos. Las últimas eran de mi sentándome en el auto, Armando parado a mi lado acababa de pedirme que me quedara y advirtiéndome que no me dejaría ir, pero eso no lo decían las fotos.

- Qué vas a hacer Marguerite... - me pareció que no había escuchado la voz de Marcos en mil años.
- ¿Que qué voy a hacer? ¿Qué quieres que haga?
- Deja a Pablo, déjalo antes de que esto se escape de tus manos.
- Voy a ir a verlo ahora, quedé en juntarme con él después de hablar con Armando.
- Yo que usted señorita, no le diría nada del seguimiento, pero tenga cuidado con Pablo. De todas maneras, ya que es amiga del padre, si usted quiere que no le informemos de algo al cliente, me avisa no más... de todas maneras, no le informaremos al cliente de sus... reuniones con el padre, para que se quede tranquila.

Me entregó su tarjeta y se despidió diciéndome que me esperaba afuera, que me seguiría hasta la casa de Pablo. Yo me sentía, no sé como explicarlo, estaba más que sorprendida, quizás desilusionada, estupefacta, me sentía violada, desnuda, como en esos sueños donde caminas sin ropa por la calle y todos te miran, todos saben lo que haces y no tienes como cubrirte.

- Marguerite... siento decirte te lo dije pero...
- Marcos, no ahora. Te llamo después.
- Ten cuidado mi niña, ten cuidado.

Salí pensando en tantas cosas. Mi niña, Marcos seguía llamándome mi niña, así me había conocido pero yo no era una niña ya, él me había quitado la inocencia. Y Pablo... ¿habrá llamado al detective después de haberse ido de mi apartamento? Me costaba entender y a la vez no, Pablo me había mostrado su peor lado, sonaba lógico que hiciera algo así, pero a la vez... a la vez no. No sabía que pensar.

Me senté en el auto y por el retrovisor vi a Ricardo que prendía sus luces al mismo tiempo que yo. Me siguió hasta que llegué donde Pablo. Pablo abrió la puerta sonriente, contento, me dió un beso cariñoso y me preguntó como me había ido. ¿Podía ser que fuera un psicópata capaz de esconder dos lados tan distintos?

Me preguntó si quería que fuéramos a mi apartamento y le dije que no. Pensé en los micrófonos que Ricardo me había dicho que le entregaron. ¿Y si quería ponerlos en mi apartamento?

Nos sentamos a comer algo. No podía dejar de pensar en todo lo que Ricardo me había dicho. A la vez entendía que Pablo no confiara en mí, no tenía por qué hacerlo, pero tampoco era para que mandara a que me siguieran. La cabeza me daba vueltas y más vueltas. Pablo me preguntó qué había pasado con Armando y le conté a medias, que mi suegro y cuñado estaban ahí, que Armando quería que volviéramos, volví a excluir a la sueca y su embarazo del relato pero me pregunté si lo sabría, o cuánto se tardaría en saberlo. Cuando le dije que Armando había intentado besarme, le dije intentado y no que nos habíamos besado, noté un cambió microscópico al mover los cubiertos, un pequeño descontrol, y en sus ojos un guiño como cuando intentas ver que hay a lo lejos y cierras un poco los párpados, pero podría haber sido mi paranoia.

- De todas maneras Pablo... hice lo que fui a hacer. Le dije que estoy contigo. - y le conté la historia de amistad que le conté a Armando.
- Me parece bien lo que le dijiste, suena más lógico.
- ¿Cierto? Pero bueno, ya lo sabe, no creo que me deje tranquila de un día para otro, pero al menos ya sabe que estoy contigo.
- Conmigo, me encanta como suena - me dijo con su sonrisa encantadora.
- ¿Pablo? Te quería... comentar otra cosa.
- Dime...
- Camino acá... me dió la impresión de que alguien me seguía.
- ¿Que alguien te seguía? ¿Por qué dices eso?

La cara de Pablo era de desconcierto absoluto, el ceño fruncido, preocupación genuina. Tendrían que haberle entregado un oscar de inmediato.

- No lo sé, fue solo una impresión, un auto que doblaba las mismas calles que yo...
- ¿Y te siguió hasta acá?
- Si, eso creo.

Pablo se levantó a mirar por la ventana. Observé cada uno de sus movimientos. Me parecía tan inocente... ¿podía ser tan buen actor? ¿Pero no había actuado con total frialdad frente a Armando y cuando me dijo que Armando era infértil y que el bebé tenía que ser suyo? Dios, quería vomitar la bola de engrudo y pelos. Por una puta vez que quiero hacer las cosas bien, las cosas con honestidad, y el puto, maldito destino que me volvía a hacer lo mismo.

- No veo nada Marguerite. Quizás... hmm.
- Hmm qué.
- Nada. Pensé en el papá de Armando. Quizás ellos te estaban siguiendo.

Realmente, el hombre era para aplaudirle de pie, o era muy buen mentiroso o realmente no sabía qué pensar de él. Repasé las decenas de desórdenes psicológicos que había leído la última semana, intentando descubrir cuál encajaba con él.

- ¿Segura que no quieres que vayamos a tu apartamento?
- No. Mañana no tengo clases, tengo mi portátil conmigo, si no te molesta, prefiero quedarme aquí, me siento más segura.
- Por supuesto mi amor, como quieras.

Nos fuimos a la cama. Hicimos el amor dos veces, con calma, me dejé hacer mientras comparaba sus besos con los de Armando, su voz en mi oreja con la de Albert y pensaba y pensaba en lo que me había dicho Marcelo y Marcos. Pablo se durmió a mi lado tranquilo y yo casi no pude dormir y lo poco que dormí fueron pesadillas. Ayer cuando salí de clases me vine directo a mi apartamento. Afuera de la universidad vi a Ricardo estacionado, lo saludé con un gesto de cabeza.

Realmente no sé qué pensar. Hoy me veré con Armando y Pablo no lo sabe, pero no sé donde verlo, donde citarlo. ¿Y si llamo a Ricardo y le pido que esto no se lo cuente a Pablo? Hay algo que me huele muy mal dentro de todo esto, pero no soy capaz de identificar qué es. Y por otro lado, pienso en ver a Armando y ese vértigo del primer día que siempre he sentido con él es lo único que me quita esta sensación horrible que tengo en el estómago.