Confesiones
- Ave María Purísima
- Qué?
- Ave María Purísima...
Miré a Marcos como si se hubiera vuelto loco. Estaba sentado a mi lado, con la estola púrpura sobre los hombros. Pensé que me iba a confesar, no que íbamos a rezar.
- Porqué no contestas?
- Contestar qué.
- "Sin pecado concebida", es lo que tienes que responder cuando yo te digo "Ave María purísima"
- Y cómo se supone que debo saber eso?
- No te has confesado antes?
- No... es la primera vez...
- Pero... pero yo te vi comulgar! cómo hiciste la primera comunión sin confesarte?
Bajé la mirada. Sentí que los ojos se me llenaban de lágrimas. Sentía vergüenza. No sabía qué decir ni cómo empezar.
- Yo... yo no hice la primera comunión... padre Marcos.
Marcos no habló. Pensé que estaba enojado conmigo. Lo miré. Estaba pensativo mirando hacia lo lejos.
- No sé por qué lo hice. Cuando me cambié de colegio... y tuve que ir a misa, todos comulgaban. Supongo que me dejé llevar por los demás... Sé que hice mal, pero ya no sé como remediarlo - Las lágrimas empezaron a rodar irremediablemente por mis mejillas.
- No llores, - me dijo Marcos - ya no hay nada que hacer respecto a eso. Lo importante es que te arrepientes. El problema de haber comulgado sin haber hecho la primera comunión es que recibiste el cuerpo de Cristo sin tener la preparación adecuada... Creo que no deberías volver a comulgar hasta haberte confirmado. Tu confirmación será como tu primera comunión y la catequesis te ayudará a comprender qué es lo que estás haciendo, qué es lo que estás recibiendo al comulgar. Te parece bien?
- Sí... - dije en un susurro
- Hay... algo más que quieras confesar?
Me quedé callada un rato antes de contestar. A lo lejos se oía un grillo solitario.
- Yo... yo no soy virgen
- Ya... veo. Y desde cuando... Cuándo fue que perdiste la virginidad?
- Hace unos seis meses - No sé porqué no le dije la verdad. Creo que estaba confundida. No sabía que en la confesión el cura me preguntaría cosas personales. Pensaba que yo le contaría lo que yo quisiera y él me perdonaría los pecados o algo así. No me había imaginado ese diálogo.
- Y cuántas veces lo hiciste?
- Tres o cuatro veces - Volví a mentir. Me pareció que Marcos no se daba cuenta.
- Y fue... siempre con el mismo?
- Sí - Decidí no contarle lo de Christian hasta haberle preguntado a él si le había confesado algo al cura.
- Cuando fue la última vez que... intimaste con... ese hombre?
- Fue... el año pasado. Descubrí que me engañaba y terminamos.
- Y desde entonces no has estado con alguien más?
- No...
- Hmm... Quien era él?
- Era alguien de mi ex colegio.
- Te cambiaste de colegio por él?
- Sí... me engañaba con una niña de otro curso, todos sabían, preferí cambiarme de colegio...
- Entiendo.
Se hizo una pausa larga. Empezaba a oscurecer y el viento estaba frío. Yo trataba de controlar mis temblores pero a medida que la tarde avanzaba se me hacía imposible.
- Hay... algo más que quieras confesar?
- No... eso es todo.
- Estás segura?
Asentí con la cabeza. Marcos me tomó de la mano.
- Marguerite... No sé qué penitencia darte... Si no has hecho la primera comunión no creo que sepas mucho de oraciones, no? Sabes el Padre Nuestro? el Ave María? Te lo enseñaron tus padres?
- Mis padres nunca se han preocupado por mí...
- Entiendo. Hablaremos de eso más tarde. Ahora hace frío y estás temblando. Tu penitencia por ahora será estudiar conmigo lo más que puedas. Te ayudaré a acercarte a Dios y a la Iglesia, te parece bien?
- Sí... - No podía creer mi buena suerte! Marcos me estaba diciendo que mi "castigo" sería estar con él!
- Bueno, ahora entremos a la casa. Y tú - Me tomó la cara con las manos - tranquila que las cosas de ahora en adelante van a ser mejores en tu vida.
Marcos se puso de pie y yo lo seguí como un perrito. Creo que ese fue el momento en el que me enamoré de él.
Entramos en la casa. Mis compañeros estaban en el living conversando. La señora que vivía en la casa de retiro había preparado la cena y nos sentamos a comer. Hablamos de fútbol, de lo que pasaban en la televisión, de los profesores que teníamos en el colegio. Marcos estaba callado y me miraba. De nuevo casi no comí. Estaba nerviosa.
Después de comer alguien propuso que jugáramos Monopoly. Nos sentamos alrededor de la mesa de centro en el living y estuvimos lanzando dados y comprando y vendiendo propiedades cerca de una hora. Una de mis compañeras se quejó de estar cansada, a pesar de que era temprano todavía, y los demás, supongo que obedeciendo a una señal preconvenida, la siguieron. Todos querían ir a acostarse. Marcos me preguntó si yo también estaba cansada. Le dije que no. Me dijo entonces que mientras los demás se iban a acostar nosotros podíamos estudiar un rato, como habíamos acordado. Le dije que me parecía bien. Una de mis compañeras me llamó desde el dormitorio.
- Cómo es eso de que el cura se va a quedar levantado? - susurró
- Bueno... qué quieres que haga! él lo dijo, no yo...
- Pero nos va a descubrir!
- Si Marguerite lo entretiene podemos cambiarnos de dormitorios sin que se dé cuenta. Crees que puedas? - intervino otra compañera.
- Bueno... sí, creo que sí. Puedo decirle que tengo hambre y que nos sentemos en la cocina... así ustedes pueden cambiarse sin que lo note si es que tienen cuidado y no meten mucho ruido.
- Te pasaste!
Salí del dormitorio y me junté con Marcos en el living. Marcos tenía un cuaderno y un par de libros. Cuando ví que se iba a sentar en el sillón le dije que me moría de hambre y que si podíamos sentarnos en la cocina.
- Si, me fijé que comiste muy poco. Te sientes bien?
- No sé... creo que son nervios de estar acá.
Fuimos a la cocina. No se oían ruidos desde los dormitorios. Todas las luces estaban apagadas. Los cuidadores se habían retirado a su casita hacía rato. Marcos me sirvió un vaso de leche y unas galletas que intenté comerme para que no notara nada raro.
- Bueno... cuéntame de ti...
- De mí? - se me hizo un nudo en la garganta
- Vives con tus padres?
- Con mi mamá. Mis papás son separados.
- Qué hace tu papá?
- Es abogado.
- Tienes contacto con él?
- No lo he visto desde la separación.
- Y tu mamá que hace?
- Es alcohólica... siempre está en casa o sale... nos vemos muy poco...
- No tienen buena relación?
- No tenemos ninguna relación.
- Entiendo. Te debes... sentir muy sola...
- No sé... supongo...
- Fue por eso que intimaste con... ese hombre? buscabas compañía?
- No sé... se dió la oportunidad, él me dijo que me quería y que si yo lo quería tenía que demostrárselo...
- Qué típico... Tuviste suerte de no salir embarazada...
El nudo en la garganta se me apretó más. Con un esfuerzo me tragué la última galleta y me bebí de un trago el resto de leche. Marcos se llevó el plato y el vaso y los puso en el lavaplatos. Volvió a sentarse a mi lado.
- Y ahora... estás pololeando?
- No...
- Porqué no? eres muy bonita... - Marcos tomó un mechón de mi pelo. La bocá se me secó...
- No he conocido a nadie...
- No tardarás mucho en conocer a alguien, ya verás... alguien - Marcos me acarició el mentón - que te muestre lo que es el amor de verdad...
- Hmm
- Tienes unos ojos hermosos! Parece que cambiaran de color...
No sabía qué decir. No me atrevía a moverme. Tenía a Marcos a apenas unos centímetros de mí. Me había bloqueado. Ya no era un sueño. Él estaba ahí, de carne y hueso, al alcance de mi mano, pero él era sacerdote. Yo sabía que nada podía pasar entre nosotros y sin embargo... sin embargo era él quien daba el primer paso. O era mi imaginación...
- Y tu pelo... te queda muy bien largo...
Marcos me tomó la cara con las manos y me besó. Sentí cómo el corazón me saltaba en el pecho. Fue el beso más dulce y delicioso que había probado. Quizás el sabor de lo prohibido era lo que lo hacía saber así. Casi no podía creer lo que estaba pasando. A lo mejor era un sueño del que iba a despertar en cualquier momento, pero los olores y los sabores eran tan reales! En mis fantasías Marcos no tenía esa calidez en la boca ni percibía el olor de su cuerpo. El beso se me hizo eterno. Senti que me desmayaba cuando por fin se separó de mí.
- Eres hermosa... No sabes lo hermosa que eres - Me dijo Marcos con la voz ronca
- Yo...
- Shhh no digas nada - Me volvió a besar. Yo me dejé hacer, me dejé llevar. Marcos me guiaba con sus labios y su lengua. Sus besos eran suaves y expertos.
- Te gusto, cierto? desde el primer momento en que nos vimos que te gusto, o no? - Me preguntó entre besos.
- Sí...
- Y tú me gustaste a mí... Ah, no sabes cómo soñé con este momento... - Me metió la mano por debajo de la polera y me acarició un seno.
- Los demás... alguien puede venir...
- Tú crees que alguien puede venir? Crees que no sé lo que están haciendo?
- Lo sabes?
- Por supuesto... Nadie va a venir, no tengas miedo...
Marcos me levantó y me hizo sentarme a caballo sobre él, frente a frente, con las piernas abiertas. Podía sentir su erección aplastada por sus pantalones. Marcos me quitó la polera y me sacó el sostén. Me besaba el cuello y bajaba al pecho. Me besaba las orejas, los ojos, los labios. Sus manos me recorrían toda y yo lo dejaba... Me repetía que Marcos era cura pero por otro lado, sabía que era solo un hombre.
No sé cómo llegamos a hacerlo. Recuerdo que de repente yo estaba sobre la mesa de la cocina. Marcos había apagado la luz y estaba sobre mí, desabrochándose el pantalón. Yo estaba solo en calzones. Marcos se daba prisa. Me preguntó si yo tomaba pastillas, si me cuidaba. Le dije que no. No importa, lo echaré afuera, me dijo. Lo hicimos rápido y en silencio. No llegué al orgasmo pero no me importó. Estaba demasiado sorprendida, demasiado emocionada. Mis sueños, mis fantasías, hechas realidad.
Marcos prendió la luz y nos vestimos rápido. Me arreglé el pelo. Él me volvió a besar, pero fue un beso corto.
- Deberías ir a acostarte antes de que nos descubran.
- Yo...
- Shhh, no digas nada. Mañana hablaremos...
Me fui al dormitorio aturdida. Había pasado de verdad lo que había pasado? Ninguna de mis compañeras había llegado todavía. Me acosté en silencio y pensé en Marcos. Pensé en lo que había pasado, en lo que habíamos hecho, en el pecado...
Ojalá hubiera sabido en ese momento que Marcos iba a ser mi pasaje al infierno.