No te vas a librar de mí tan fácilmente
Ayer me junté con Thomas. Fuimos a mi departamento y antes de que se entusiasmara, le pregunté que qué pensaba de la onda que había entre Merete y Armando. Me miró sin entender. Él no creía que se gustaran siquiera, me dijo que eran paranoias mías por lo de nosotros. Me carga cuando te has acostado dos veces con alguien y empiezan con "lo nuestro".
He estado extremadamente nerviosa estos días. Pablo siguió mandándome mensajes, necesitaba hablar conmigo. No le respondí. Menos mal que salí de clases, no tengo cabeza para nada. Después de que se fue Thomas, después de tener sexo rápido, más placentero para él que para mí porque tenía la cabeza en otro lado, me duché. Tenía el pelo lleno de shampoo y un poco de espuma en los ojos cuando sonó el teléfono. Pensé que era Thomas que se le había quedado algo y contesté sin mirar. Era Pablo y estaba afuera de mi departamento. Quería subir. Le dije que esperara y le corté.
Me enjuagué, me vestí rápido y bajé. Lo encontré un poco pálido, un poco ojeroso, sus ojos que tanto me habían gustado ahora tenían otro brillo, metálico, peligroso, la boca con un gesto duro, los labios apretados, los brazos cruzados.
- ¿Cuánto llevas aquí?
- Media hora o algo así.
Me pregunté si había visto salir a Thomas. ¿Lo recordaría de la fiesta?
- Qué quieres.
- Quiero que hablemos.
- No tenemos nada de qué hablar...
- Marguerite, ¿podemos subir?
- No.
- ¿Porque hay alguien arriba?
- No seas estúpido. También vengo aquí para estudiar y estar tranquila, no solamente a agarrarme tipos.
- Entonces... subamos.
- Para qué. ¿Quieres pegarme de nuevo?
Se puso más pálido. Se acercó dos pasos. Lo miré con odio.
- No te acerques a mí.
- Vamos a hablar. Aquí, en tu departamento, en tu casa, no sé, pero si yo fuera tú no esperaría hasta ir a mi consulta con tu marido para que hablemos.
- ¿Y quien te dijo que vamos a ir?
- Tu marido. Lo llamé hoy para recordarle la cita y preguntarle cómo seguías después del... asalto.
Todavía tengo una pequeña costra en el labio, Pablo la miraba atentamente.
- Voy a buscar mi cartera, espérame aquí.
Subí con el corazón palpitándome a mil. Qué mierda quería Pablo ahora, por qué no me dejaba tranquila.
Caminamos un par de cuadras hasta una calle más concurrida y entramos en un restaurant. Adentro estaba fresco. Nos sentamos en la mesa más alejada. Yo pedí un helado, Pablo pidió un trago. Le temblaban las manos cuando agarró el vaso. Me fijé que tenía los nudillos un poco pelados y enrojecidos, como si hubiese estado pegándole a algo. Me mordí la costra del labio.
- Marguerite... primero que todo... quiero pedirte disculpas. No debí haberte levantado la mano... - le seguían temblando los dedos.
-Por qué me sigues llamando Pablo, qué es lo que quieres...
- A ti. Te quiero a ti. Yo sé que se me pasó la mano, pero es que cuando pensé que... podías haberte acostado con otro... y lo nuestro... - otra vez "lo nuestro" - simplemente me puse ciego, reaccioné muy mal, no sabes cuánto lo lamento.
- Lo que sea que crees que había entre nosotros Pablo, se acabó.
- Pero Marguerite... déjame terminar de hablar antes de decidir algo así...
- ¡Pablo, es que no hay de qué hablar!
Intenté ponerme de pie y Pablo me agarró de la muñeca y me obligó a sentarme. Me dolía. Le pedí que me soltara y no lo hizo hasta que le dije que me iba a dejar un moretón. Tenía la marca de sus dedos en la piel.
- Marguerite... yo sé que estás confundida, Armando y lo nuestro... pero yo... te amo, estoy seguro de eso.
Solté un suspiro de fastidio.
- No me amas Pablo...
- Si te amo. Quiero que me des una oportunidad, que nos des una oportunidad, yo sé que puedo hacerte feliz, sé que puedo darte lo que sea que te falta que no tienes con Armando...
- No entiendes nada Pablo.
- Si te entiendo, más que nadie. Puedo verte como nadie te ve, sé que no eres feliz con tu marido, por eso estás confundida, por eso me buscaste.
Me reí.
- Pablo, esto... toda esta historia te la estás imaginando... en serio que las cosas no son así y me imagino que la muerte de tu esposa te ha hecho vulnerable y...
- Ella no tiene nada que ver en esto...
- Pablo, las cosas no son así. Yo no estoy confundida, no quiero seguir viéndote...
- ¿Es porque te pegué? Te juro, te juro que nunca va a volver a pasar...
- Pablo, esto se acabó...
Pablo le dió un puñetazo a la mesa, una mesa de esas redondas con una pata de soporte al medio, y la dió vuelta. La gente se dió vuelta a mirarnos. Me puse de pie con calma.
- No me busques más Pablo.
- No te vas a librar de mí tan fácilmente - me dijo Pablo con los dientes apretados mientras me miraba con furia.
Salí casi corriendo y tomé un taxi. Pensé que Pablo podría haberme seguido al departamento y tenía miedo de que me hiciera algo. Estaba demasiado inestable. Me pregunto si se estará metiendo algo, no es normal el temblor, que de repente reaccione con tanta violencia. A fin de cuentas, como médico tiene acceso a lo que sea.
Fui a la iglesia de Marcos. Me senté en una banca por mucho rato a pensar. Marcos apareció al rato y se sentó a mi lado.
- No sabia que estabas tan... religiosa. Llevo un buen rato observándote.
- Marcos... tengo un problema.
No te vas a librar de mí tan fácilmente resonaba una y otra vez en mi cabeza.