Más de mi parte...
Marcelo se quedó conmigo el fin de semana, desde el viernes hasta ayer por la mañana, cuando se fue a ver a su hijo. El viernes por la noche, mientras estábamos en la cama, me llamó Gustavo. Necesitaba verme, y como le dije que no podía, se puso a conversar. Hablamos cerca de cuarenta minutos. Marcelo escuchó cada palabra. Me sentí un poco incómoda hablando con Gustavo mientras él estaba ahí, oyendo todo. Gustavo tiene tantos problemas de autoestima, pero es buena persona, y de cierto modo, le tengo cariño. Cuando corté, Marcelo me preguntó que para qué le había contestado. Para eso me paga Gustavo, le dije, para que le sirva de terapeuta. Marcelo no dijo más, pero esa noche nos dormimos dándonos la espalda.
el sábado caminamos por el parque, mirando el río. Me llamó por teléfono Albert, y le contesté mientras Marcelo seguía caminando a mi lado. Quedé de pasar a verlo para almorzar el martes, a su oficina. Cuando corté, Marcelo me quitó el teléfono de las manos y me amenazó con tirarlo al río. Estas loco? le pregunté. No me pareció graciosa la broma, pero él estaba muerto de la risa. Déjame tirarlo al agua, bota todos tus teléfonos, te compraré otro, un número nuevo, una vida nueva, me dijo. Lo pensé por un instante. No puedo hacer eso, le dije, hay algo más que dinero en las relaciones que mantengo con todos estos hombres. Con algunos llevo más de cinco años, a ti no te conozco desde hace más de un par de meses. Marcelo me devolvió el teléfono enojado y seguimos el paseo sin hablar.
Por la tarde me llamó Carolina para preguntarme si quería salir a comer con ella. Le expliqué que estaba con Marcelo y me propuso que saliéramos los tres, después de todo, él es su profesor y podría matar dos pájaros de un tiro, tenía algunas preguntas relacionadas con su tesis. Le pregunté a Marcelo si quería salir a comer y me dijo que no tenía plata, entonces le dije que yo lo invitaba, que yo pagaría todo, y accedió.
Nos juntamos con Carolina en Miraflores, en un restaurant japonés. Es nuestro preferido con Carolina, desde que ella me lo recomendó hace tiempo. He llevado ahí a varias de mis conquistas en la primera cita. El restaurant no es muy grande, pero es acogedor, y la comida es exquisita. Pedimos un barco de sushi. Carolina sabe de mis andanzas con los hombres, aunque no sabe exactamente con detalles ni como funciona mi relación con ellos, por eso le parece tan romántico que me haya enredado con su profesor de arte y que haya sido precisamente gracias a que ella nos presentó. Me decia el otro día que esta historia, de Marcelo y yo, era tan romántica!
Cuando nos trajeron el barco, Marcelo dijo que no le gustaba el sushi, que tendría que comerse una hamburguesa después para matar el hambre y que el sushi sabía a mierda. Obviamente, nos arruinó el apetito a mi y a Carolina, pero no dijimos nada. Carolina terminó su ronda de preguntas y se despidió rápido, cuando me vió con la cara de tres metros de larga. Le dije que me llamara al día siguiente, para que hiciéramos algo.
Nos fuimos a mi departamento con Marcelo. En el camino le compré un combo en McDonalds. Me dió asco verlo comer, no sé porqué. Generalmente yo también estoy comiendo cuando otra persona come, pero esta vez, con toda mi atención puesta en él y en su comida, me dió una sensación sumamente desagradable. Tomé nota mental para la próxima vez, de comer juntos, o de hacer otra cosa, para no fijarme. No es que coma excesivamente mal, o que haga ruido con la boca, nada por el estilo, es solo que quizás estaba molesta por los dos días pasados con él y todo me molestaba.
Esa noche no estaba de ánimos para sexo. Marcelo me preguntó qué les decía a los otros cuando no estaba de ánimos. No quise contestarle. Los otros me pagan, Marcelo no. Me puse a leer en la cama y Marcelo se levantó, se fue al living, se metió a mi computador y empezó a chatear por msn. Yo no me podía concentrar en la lectura con su tecleo persistente. Me sentí mal. Qué es lo que estoy haciendo! pensé. Estoy echando a perder una relación que puede ser bonita... me levanté y me fui al lado de él, le saqué el notebook de las piernas y me senté con él, apoyando mi cabeza en su regazo.
- Perdona - le dije - no ando en mis mejores días
- No, si se nota
- Bueno... quieres hacer algo? salir?
- No... solo quiero quedarme contigo, quiero que conversemos
- sobre qué?
- sobre nosotros... quiero contarle mañana a Nicole que estoy contigo
- Qué? y porqué va a hacer eso?
- porque estoy enamorado de ti
No tuve fuerzas para decirle que yo no estoy enamorada de él, en cambio le dije:
- creo que deberías esperar un poco... llevamos tan poquito tiempo!
- el tiempo no es lo importante, te amo, y te quiero solo para mi, y quiero ser solo tuyo...
me pareció tan cursi su frase...
- Dijiste que no me presionarías
- Lo sé, lo sé, pero no sé que hacer! no soporto la idea de que otros hombres te llamen, de que otros hombres te toquen, de...
- Ya, ya sé, no necesitas seguir
- Te amo, Marguerite
- Entiendo...
- Quiero hablar con Nicole mañana, cuando vaya a buscar a mi hijo, le diré la verdad...
Pensé en decirle que no lo hiciera, pero entonces pensé de nuevo.
- Puedes hacer lo que quieras, pero lo que hagas, hazlo por ti, no lo hagas, por mi, vale?
- Y por quien si no?
- a lo que voy es... si vas a terminar con Nicole, que sea porque tú sientes que ya no quieres estar con ella, no porque estás conmigo
- No te entiendo...
- No importa, haz como quieras
- te amo... tú me amas? aunque sea un poquito?
- hasta ahora no te he mentido... quieres que empiece ahora?
- no... no me digas nada, perdona, te dije que no te presionaría...
Al final nos fuimos a la cama. Terminamos teniendo sexo, terminé haciendo lo que hago con los otros: fingir que lo estoy pasando bien cuando no es así. Marcelo se durmió rápido y yo me quedé despierta, mirando en la oscuridad la puerta entreabierta del baño, la luz de la calle que se reflejaba en el espejo, mientras un sabor a bilis amarga me bajaba y me subía por la garganta. Marcelo se despidió temprano hoy, y yo llamé a Carolina, todavía en pijamas, para que me viniera a ver. Estuvo todo el día conmigo. Hicimos apuestas. Ella dice que lo mio con Marcelo será una gran historia de amor, que somos el uno para el otro, que terminará con Nicole y que me casaré con él. Yo apuesto por lo contrario, no le veo futuro a esto, las dosis de realidad me golpean duro y ya le voy viendo todas las imperfecciones a Marcelo. Carolina dice que es mi culpa que las relaciones no funcionen, que les exijo demasiado y que siempre los comparo, a todos, con Armando. Dice que si esto no resulta, será porque yo no quise que resultara, que Marcelo está enamorado de mí y que eso se nota a kilómetros.
Supongo que tendré que poner más de mi parte...