15-07-2009

Ninfómana yo?

Muchas veces me he preguntado el porqué de mis acciones. Me inicié sexualmente muy joven, y de alguna forma entendí que para que alguien me quisiera, debía corresponderle con sexo. Mi primo me inició en las caricias sexuales a tierna edad, algo que mirado ahora, desde mi punto de vista adulto, podría hasta parecerme pedofilia. Luego tuve algunas experiencias afortunadas con hombres que no quisieron llegar hasta el final conmigo. Es una pena que no lo hayan hecho, porque cuando finalmente perdí la virginidad, fue de una manera grotesca. Merece que le dedique otro espacio. Después de ese desastroso primer novio, que además me embarazó a la edad de 14 años, tuve muchas, muchísimas parejas. He hecho el ejercicio de tratar de escribir de cada uno de ellos, porque tengo buena memoria, pero han sido tantos los hombres que me han penetrado, manoseado, besado y vapuleado, que me falta el tiempo para escribirlo todo. Es toda una vida, a fin de cuentas.

Yo no me acuesto con cualquiera, pero si, cuando me gusta alguien, suelo tener sexo sino en la primera cita, muy pronto. Y soy consciente del problema, del daño, que además me hago. Cuantas veces no he pasado el susto de haberme pegado algo por haberlo hecho sin condón. Me he quedado embarazada cuatro veces, de cuatro hombres distintos, cuatro abortos, que temo hayan dejado marcas en mi cuerpo y ahora no pueda tener hijos. Siento que no es posible ser querida si no hay sexo de por medio, y sé que es un error, pero no es algo que pueda evitar. Y han habido tantos, tantos hombres, que siento mi alma vieja y cansada, pero no he podido detenerme hasta ahora, y no se si pueda, ni siquiera me lo he propuesto.

Me declaro una prostituta, a pesar de que no sé si mi forma de recibir el dinero se consideraría exactamente como prostitución. En otros tiempos se me habría llamado mantenida, en los tiempos de Alexander Dumas y la verdadera Marguerite Gautier. Lo cierto es que jamás he tenido sexo con alguien que no me gusta físicamente, no penetración, al menos, pero si he dejado que hombres que no me gustan físicamente me toquen, me besen el cuerpo o se masturben mirándome, por dinero. Hernán, por ejemplo, jamás me ha penetrado, pero suelo dejarle que me acaricie el clítoris y me bese los pezones mientras él se masturba con la otra mano, lejos de mi cuerpo, mientras yo miro revistas pornográficas. He llegado al orgasmo de esta forma, pero el solo hecho de pensar en acostarme con él, me da asco. Creo que jamás lo haré.

Siempre me entregué a mis parejas fácil y rápidamente. El dinero vino como un extra hace un par de años, y desde entonces he aprovechado ambas cosas. Pero me siento vacía. Vacía de todo. Estoy enferma? A qué estoy esperando para parar? Me escudo en que estoy en la búsqueda del amor, en el recuerdo de Armando, en lo que me hicieron cuando niña... cuando la verdad es que si quisiera salir de esto en que estoy metida, este círculo de mierda, lo habría hecho hace rato, pero me dejo arrastrar por la sucia corriente, y cada vez que tengo sexo me siento más y más sucia y una parte de mí se va muriendo. Quiero dejar de sentirme enferma, y vacía, y sucia. Quiero volver a reírme sinceramente. Quiero querer y que me quieran, pero no me atrevo... Pensé que Marcelo podía ser quien me sacara a flote y le confesé mi verdad y ahora me siento tan desnuda y frágil frente a él, y vulnerable... No he hablado con él. Me llamó ayer por la tarde cuando estaba con Albert y obviamente no le contesté.

Albert... Ese es otro... cada vez que estoy con él soy capaz de olvidarme un poco de mí y de mi miseria. Albert me hace reír, y pensar. Me cuenta de sus años en Israel, de cómo solían tener sexo a diario con las chicas del campo, pensando que ese sería su último día en la tierra, pensando en que una bomba los podría matar en cualquier segundo. Albert es un hombre tan atento y tan experimentado. Cada caricia suya es un sublime poema en mi cuerpo. Ayer almorzamos juntos y volvimos a su oficina. Tuvimos que volver, porque tenía que terminar algo urgente antes de poder salir, y yo lo esperé ahí, leyendo una revista. Su jefa, la cincuentona hiper maquillada me miró furiosa y me saludó fríamente. Estoy segura de que le gusta Albert, pero cuando le volví a preguntar si se había acostado con ella, me volvió a decir que no. Después de que terminó su asunto urgente nos fuimos, aprovechando que la jefa odiosa se había ido a una reunión, Albert se pudo ir temprano sin dar muchas explicaciones. Nos fuimos en su auto a Marcoleta, como siempre. Esos moteles no son caros, pero es que además Albert dice que ahí hay pocas posibilidades de encontrarse con alguien que lo reconozca a él o a mí. Estacionamos después de pasar por la típica cortina de flecos de plástico que esconde el estacionamiento de los transeúntes que pasan por fuera y que no pueden evitar mirar, curiosos, para ver si identifican algún auto conocido. Es hago yo cada vez. Pasamos de la puerta de entrada por un oscuro pasillo hasta la recepción. Nos atendió la también típica mujer gorda cuarentona de pelo rizado artificialmente, vestida con delantal de empleada doméstica.

- Vienen por la noshe o por el momento? - odio la palabra "noshe", ese sonido shhh que hacen tan exagerado.
- Por el momento - le dijo Albert
- Van a querer la habitación con jacuzzi o con dusha? - de nuevo el sonido shhh rasmillando mis oídos
- Con ducha está bien, no? - me miró a mí y yo asentí con la cabeza. Una sola vez cometí el error de meterme en un jacuzzi de motel barato y terminé con la piel llena de ronchas.
- Me permité su carné joven? - yo metí mi mano en mi cartera, pero la mujer dijo que con el de Albert era suficiente y me cerró un ojo. Por un momento pensé que la vieja sabía que yo era puta y por eso no me pedía el carnet. - Lo vamos a dejarlo en custodia hasta que usted salga. Cancele a la salida. La habitación normal por 3 horas son diecioshhhhomil pesos, bebida de bienvenida incluida, pueden elegir entre cerveza y shhhampán.
- Eeeeeh, que quieres tú? - me preguntó Albert
- Prefiero un agua mineral sin gas, si es que tienen
- Yo también - dijo Albert
- A ver... voy a mirar... parece que tengo en el otro refri, los voy a conducirlos a la habitación y se los voy a ir a dejárselo personalmente en unos minutos, ya?

Nos encaminó por un estrecho pasillo con puertas numeradas y cerradas. No se oía nada desde el otro lado. Me imaginé a parejas desnudas y sudorosas fumándose un cigarro. Llegamos a nuestra habitación, la número 23, en el primer piso. Esas son las habitaciones de "por el momento". Entramos y cerramos la puerta. Me senté en la cama y me saqué las botas de tacón alto que llevaba. Albert miró un menú que estaba en una mesa redonda, en una esquina.

- Quieres comer algo? - me preguntó
- Te parece que quiero comer algo en este lugar?
- Jajaja, pensé que me ibas a responder que me querías comer a mí

Golpearon a la puerta. Albert fue a abrir y la mujer del delantal entró a la habitación muy campante, y dejó una bandeja de plástico café oscuro en la mesita.

- Cualquier cosita que se le ofrezca marque el número 011 y yo se lo traigo - dijo antes de cerrar la puerta detrás de ella.

Albert cerró la puerta con seguro y yo miré la bandeja. Un agua mineral con gas y un agua mineral sin gas ya destapadas. No me da confianza beber algo que ha sido abierto por otro, así que dejé el agua ahí, sin beber. Albert tampoco bebió. Una bolsa de maní salado, dos chocolates que de forma irónica ponían la palabra bom-bon en el envoltorio y un paquete de galletas serranita sabor limón completaban el paquete de bienvenida. Albert se acercó a mi y me besó el cuello, poniéndose detrás mío, me abrazó por la cintura.

- Te he echado de menos... Me has echado de menos? - me iba besando la oreja despacito
- Sí... - el cuello y la oreja son mi punto débil, definitivamente
- Hmm estás tan rica...

Albert me metió la mano bajo el sweater y me acarició los pezones por sobre la tela del sostén. Se pegó bien a mí mientras me seguía tocando. Me hizo darme la vuelta para besarme en la boca y paso a paso me llevó a la cama. No sé si lo hará consciente o es algo natural para él, el preocuparse de cada detalle al hacer el amor. No he conocido a otro hombre que se dedique tanto a entregarme placer puramente a mí. Me fue desnudando lentamente, sin dejar de acariciarme y besarme, y se fue desnudando él. Yo me dejé hacer, como una muñeca de trapo, le dejé que me tocara a su gusto. Nos acostamos en mi posición preferida, la vulgarmente conocida cucharita. No todos los hombres saben qué hacer en esa posición. Algúnos solo meten y sacan, sin preocuparse de estimular a la mujer en lo más mínimo, y es, precisamente, una de las posiciones que necesita más ayuda, porque hay cero contacto con el clítoris. Ahora, con una buena estimulación, es una de las más exquisitas del repertorio. A veces, con un hombre que sea capaz de mantener una erección firme, que no tenga el pene demasiado largo ni demasiado grueso y con la lubricación adecuada, esa posición es la ideal para el sexo anal. Lo que hace Albert y que me encanta, es poner su mano izquierda debajo mío y acariciarme el clítoris. Con la otra me acaricia los pezones, mientras me va besando el cuello y pone su pene entre mis muslos, sin penetrarme. El hecho de estar así es tan excitante, le digo que me penetre a medida que me voy calentando más, pero él se aguanta y yo casi me voy desesperando de placer, pero él sigue acariciándome. Cuando estoy llegando al orgasmo me penetra con fuerza. Si es anal es mejor, porque esa especie de dolor dulce mientras el clítoris se siente que estalla de placer, es indescriptible. Ayer lo hicimos así. Me dejé llevar por el placer. Volvimos a hacerlo de inmediato, en una posición más clásica, yo montada sobre él. Antes de eyacular me avisó y yo me corrí de encima de él, para que no eyaculara dentro mío. A pesar de tener el condón puesto y de que yo tomo pastillas, Albert toma todas las precauciones posibles para no dejarme embarazada. Supongo que por eso me hace llegar al orgasmo una dos o veces antes de llegar él, para no tener que interrumpirme en caso de que yo esté en el clímax y él también.

Después de esto, me acosté a su lado y prendí un cigarro.

- No deberías fumar
- No debería hacer muchas cosas que hago
- Me dejas pasado a humo y Cecilia lo nota
-Tu esposa te huele como perro cuando llegas. Dejé de usar perfume por eso mismo, no me quites el cigarro ocasional. Dile que estuviste en una reunión y que estuvo fumando tu jefa y no pudiste correrte
- Piensas en todo
- Siempre pienso en todo
- Te iba a preguntar... estás saliendo con alguien?
- Hmm no sé... conocí a un tipo, pero... no sé, porqué preguntas?
- Te llamé el otro día varias veces y no me contestaste
- Ah, tenía el celular malo
- ah...

Terminé ese cigarro y me comí un chicle. A Albert no le gusta el sabor a cigarro, así que lo besé a propósito.

- No me gusta el sabor a cigarro! - Me dijo riéndose, pero sin correr la cara, mientras yo le mordía el labio
- Pero te quiero besar! O quieres que te bese en otro lado y usas la excusa del cigarro?
- De verdad quieres? - Albert sabe que no me gusta el sexo oral, pero con él... con él es distinto
- Ajá....
- Deja ir a darme una ducha entonces

Se fue a duchar y yo me quedé acostada y prendí otro cigarro. Me dan un poco de asco las duchas de moteles. Supongo que las limpian bien, pero siempre me imagino gérmenes y bacterias y fluidos corporales de otras personas pululando por el piso. Albert se demoró lo que me demoré en fumarme el segundo cigarro. Cuando volvió se sentó en la cama y yo me arrodillé en el piso. Los genitales con olor a transpiración me dan asco, pero la zona recién lavada, olorosa a jabón, me encanta. Le puse el pene entre mis pechos, frotando los pezones contra sus piernas y testículos. Lamí con gusto. Succioné con suavidad. Mordí sutilmente. Albert me guiaba con sus manos enredadas en mi pelo. Antes de eyacular me avisó, porque sabe que no me gusta el semen, y eyaculó en su pierna. Fue a bañarse nuevamente. Yo me comí otro chicle y encendí otro cigarro.

- Cuéntame más de ti - le dije cuando volvió a acostarse a mi lado
- Qué quieres que te cuente
- Cuéntame de nuevo cómo te hiciste esas cicatrices que tienes en la cara - mientras le iba tocando suavemente las finas líneas que le cruzaban la mejilla y el borde del labio
- Yo estaba parado en una esquina. Vi a un hombre encapuchado correr. Un auto en uno de los extremos de la calle estalló. Vi las llamas y sentí que algo me golpeó la cara y caí al suelo. Desperté en el hospital con un dolor horrible en el rostro. Eso es todo
- Te duele?
- No, en las cicatrices no siento nada
- Y en la pierna? - le toqué la larga y gruesa cicatriz
- ahí no siento nada
- y aquí? - empecé a subir mi mano
- ahí empiezo a sentir - me dijo con una sonrisa, abrazándome y acercándome a su cuerpo
- y aquí? - le empecé a acariciar los testículos
- definitivamente por ahí si siento algo

Lo hicimos una vez más antes de que se acabaran las tres horas. Albert pagó y me vino a dejar a mi casa. En el auto me preguntó como andaba de dinero. Le dije que corta, como siempre. Me hizo un cheque por $300.000 y se fue. Así es como funciona mi prostitución.

Y ahora me siento tan sola... Albert se ha ido, como se han ido todos. Y yo sigo en este túnel sin salida.




***

A quienes comentan... nunca pensé que alguien leería lo que escribo, o que a alguien le importaría. No creo que a quienes leen les importe de verdad mi vida, supongo que leen por curiosidad. Y supongo que lo correcto es que les dé las gracias por tomarse el tiempo de leer y comentar, y de no criticarme ni juzgarme... Me he sentido un poco, solo un poco, más acompañada, sabiendo que otros ojos usan tiempo desinteresado en mí, y en esta mierda de vida que llevo.