24-06-2009

Mi padre, moribundo

Ayer llegué a la clínica a eso de las nueve. Pregunté por el hombre que en mi certificado de nacimiento figura como mi padre. Me dieron el número de la habitación y subí a verlo. Cuando abrí la puerta vi que su pareja, amante o lo que sea, lo tenía tomado de la mano. Se miraban a los ojos con algo que definiría como cariño, pero que me dió asco ver. Casi no reconocí al hombre en la camilla. Si lo hubiera visto en la calle, jamás me habría dado cuenta de que era el mismo que yo recordaba de mi niñez. Parecía un cadáver. Estaba pálido, ojeroso, con las mejillas chupadas y la cara manchada. Me estiró la mano cuando entré y yo me quedé parada. Me dijo hija, acércate, y me acerqué unos pasos. Su pareja se levantó de la silla en que estaba sentado, al lado de la cabecera de la cama, se presentó y estiró la mano, pensando en que le iba a devolver el saludo.

- Qué quieres -le dije al hombre de la camilla - para qué querías verme...

La pareja de mi padre me ofreció su silla. Yo me quedé de pie donde estaba. Ni siquiera quise mirarlo. Tenía la mirada fija en el desecho humano en que se había convertido el hombre que me había engendrado.

- No le hables así a tu padre - me dijo el hombre
- Tú no te metas - le respondí - quiero hablar con él a solas.

El tipo miró a mi papá, y mi padre asintió, supongo que para indicar que estaba bien que nos dejara solos. Salió diciendo que estaría afuera, por si se le necesitaba.

- Siéntate - me dijo mi padre
- No gracias, estoy bien de pie - le respondí - qué quieres?
- Quería... verte
- ajá... y?
- No sé... saber que estabas bien, saber qué has hecho de tu vida... terminaste de estudiar?
- sí
- Qué estudiaste?
- Enfermería
- Ah, y donde trabajas?
- No ejerzo mi profesión
- Ah no? y de qué vives?
- Soy puta

Nos miramos largo rato en silencio. Finalmente me senté a su lado, pero porque era la única silla disponible, no porque quisiera estar a su lado.

- Bueno, hay algo más de lo que quieras hablar? porque tengo cosas que hacer.
- No... no te vayas todavía... yo... quiero pedirte perdón
- perdón? y eso por qué?
- Por todo lo que te he hecho...
- Yo a ti no te conozco, lo único que hiciste fue engendrarme
- Debí haberme quedado a tu lado
- Pero no lo hiciste, en cambio, me dejaste en manos de una mujer enferma e inestable, alcohólica y adicta al sexo y a los somníferos
- Yo te ayudé económicamente
- Pero era tu obligación, hombre!
- Pero lo seguí haciendo cuando cumpliste la mayoría de edad
- Jaja! déjame que me ría. Te refieres a cuando te tuve que demandar para que me dieras dinero mensual con el que mantenerme mientras estudiaba?
- Quería que aprendieras que la vida no es fácil
- jaja... eso lo aprendí apenas nací
- Yo tuve que esforzarme para salir adelante, quería que vieras lo difícil que es
- Entonces lograste tu propósito, vi lo difícil que era y decidí a dedicarme a la vida fácil
- Hija... siento tanto todo esto
- No me llames hija, no tienes ningún derecho
- Me odias?
- No... te desprecio
- Me duele lo que me dices...
- Esta conversación es tan estúpida... no me conoces ni te conozco, no tengo nada que hacer aquí. Dile al imbécil ese que no me vuelva a llamar. No quiero verte. Muérete tranquilo, que a mi no me interesa
- Perdóname
- No te perdono nada. Muérete con tu conciencia de mierda, si es que tienes

Salí de la habitación dando un portazo y sin mirar atrás. En el estacionamiento me alcanzó el amante de mi padre.

- Qué le has dicho a tu padre? está llorando
- Y a mi qué?
- Vuelve a pedirle perdón
- Jajaja, si claro
- Si no lo haces, no te dejará nada en herencia
- No me importa. Que te lo deje a ti, en pago por todas las veces que le has dejado que te lo meta por el culo!

El muy desgraciado me pegó una cachetada que me dejó ardiendo la mejilla y la oreja palpitante. Me subí a mi auto y me fuí. Que se muera luego el imbécil ese, y que se pudra en su infierno.