20-12-2012

La cita con Marcelo

El lunes me junté con Marcelo. Yo había llegado una hora antes, me había tomado varias tazas de café y por alguna razón, probablemente la cafeína, me latía el corazón a mil. Marcelo me saludó con un beso tibio en la comisura de mis labios. Le pregunté si le importaba que fuéramos a mi departamento en vez de estar en la calle. Por supuesto que no le importaba.

Me fumé un cigarro tras otro. Me sentía ansiosa. Marcelo me hizo muchas preguntas.

- Pensé que... ibas a cambiar, cuando estuvieras con Armando. Pensé que eso era lo que querías.
- Armando es lo que quería.
- Pero sigues en lo mismo, acostándote con hueones por plata...
- No, ya no lo hago por plata, me sobra la plata. Mi papá me dejó todo cuando se murió. Da asco la cantidad de dinero que acumuló ese desgraciado, todo para morirse pidiéndome perdón...
- ¿Entonces por qué lo haces?
- Porque... me gusta.
- Te gusta.
- Me gusta
- ¿Y Armando?
- Armando qué.
- Sabe... ¿lo que haces?
- Por supuesto que no.
- ¿Y por qué no se lo cuentas?
- ¿Y por qué debería hacerlo?
- No sé. ¿Por qué no? Es lo que eres, debería aceptarte así.
- Claro, como lo aceptaste tú...
- Es distinto...
- ¿Cómo distinto?
- No sé, ahora estás casada... ¿no se supone que no deben haber secretos en la pareja?
- ¿Me estás hablando en serio?
- Si. No. Supongo. No sé... me imagino que si te quisiera de verdad, sería capaz de aceptarte tal y como eres. ¿O tienes miedo de cómo va a reaccionar, de que tu relación con él no sobreviva?
- Mira... ¿Has oído la frase el todo es más que la suma de sus partes?
- Tiene que ver con la psicología de Gestalt, ¿o no?
- Exacto. Lo mismo se aplica a mí. Mi todo, yo, es lo que está con Armando. La que necesita aventuras por aquí y por allá, es una parte de mí, una pequeña parte, que no tiene por qué afectar en como Armando ve mi todo.
- No te entiendo...
- Como dices... Armando no sería capaz de soportar mi verdad, pero eso no es lo importante, porque yo soy más que esa parte que necesita sexo por fuera de la relación de pareja...
- Sigo sin entender...
- Jaja, no te preocupes.
- Me estás queriendo lavar el cerebro con tu psicología.
- No. Claro que no. A ti no tengo por qué querer convencerte de nada.
- ¿Eres feliz Marguerite?
- ¿Qué es la felicidad Marcelo?
- No lo sé...
- Tengo momentos felices, como cualquier persona, nadie vive en un estado permanente de felicidad.
- ¿Sabes lo que me haría feliz a mí?
- Qué.
- Darte un beso.
- ¿Y por qué no lo haces?

Me dió un beso tibio, seco y amargo. Reconocí el sabor de la marihuana. Le quité la polera mientras seguíamos besándonos, nos fuimos a la cama. Nada en Marcelo había cambiado, los mismos movimientos, los mismos sonidos, la misma cara. Me senté en la cama y me cubrí con la sábana mientras prendía otro cigarro.

- ¿Sabes por qué entré a estudiar psicología?
- ¿Porque te sobra el tiempo y la plata?
- Jaja, gracioso.
- No, dale, por qué - mientras prendía un cigarro él.
- Siempre... he sido así. Antes de conocer a Armando, tuve... no sé cuántos encuentros, parejas, llámalo como quieras. Y al conocer a Armando, fue cuando me dije que iba a cambiar, por él iba a cambiar. Iba a hacer borrón y cuenta nueva, como si mi vida anterior no hubiese existido...
- Y no pudiste.
- Al principio sí, pero después, con lo del lío en que se metió su familia...
- Me acuerdo, me acuerdo...
- Y bueno, era tan fácil tener plata haciendo lo que ya me gustaba desde antes...
- Oyéndote hablar así, hasta a mí me gustaría ser mina...
- Serías muy fea, toda peluda...
- Jajaja
- Jajaja. Bueno, el tema es que... pensé que dándole a Armando, esa vez, cierta estabilidad económica, él se iba a comprometer conmigo, me iba a dar la estabilidad que yo creía necesitaba.
- Y no pasó nada.
- No. Y me sentí podrida por todo. Y aún así... esta forma de ser... estos impulsos... por qué, si quiero a Armando, siento la necesidad de estar con otra gente... no sé si me entiendes...
- Lo intento...
- Bueno. Cuando entré a estudiar, tenía en mente descubrir por qué soy como soy. ¿Es por el descuido en que viví siempre? ¿Por haber crecido sin mi papá y casi sin mi mamá? ¿Es por una niñez tempranamente sexualizada? ¿Por los, que ahora veo como, abusos a los que me sometió mi primo muchos años mayor?... tenía muchas preguntas y esperaba, de alguna manera, mejorarme de cómo soy, cuando descubriera por qué soy así...
- ¿Y te resultó?
- Estoy contigo en la cama. ¿Tú que crees?
- Buen punto.
- Al final, Marcelo, no importa el por qué soy así, lo que importa es que así soy, y punto, no puedo cambiar.
- No quieres cambiar.
- No veo por qué debería cambiar...
- Tú misma dijiste que te sentías podrida por lo que hacías...
- Pero me sentía así porque me juzgaba a mi misma, con los ojos de los demás, porque veía como algo malo lo que hago, lo que siento, cómo me comporto. Ahora he aceptado que así soy, y que no voy a cambiar, cambiar significaría reprimirme y deprimirme, no puedo juzgarme, simplemente aceptarme e intentar que esta parte de mí, esta parte de mi yo, no interfiera con mi yo absoluto...
- Uff... y el amor, Marguerite, ¿dónde entra el amor aquí? ¿Amas a Armando?
- El amor... no sé. Quizás no soy capaz de amar como las demás personas. A Armando lo amo, no te imaginas cuánto... pero supongo que es difícil de entender que lo ame por mi forma de... comportarme.
- Bien difícil po.
- Bueno. No te pido a ti ni a nadie que me entienda... simplemente acepta que así soy.
- ¿Y no quieres ver si Armando te aceptaría así?
- Sabes que no lo haría. Tampoco lo hiciste tú.

Marcelo volvió a besarme, volvimos a hacerlo, a tener sexo pero esta vez de manera más pausada. Marcelo me miraba a los ojos, quería que lo besara, me hacía cariño en la cara. ¿Intentaba comprenderme? Caímos exhaustos en la cama, Marcelo me abrazó por la espalda y me hacía cariño con sus dedos ásperos en el cuello.

- ¿Has pensado en... hacer alguna terapia?
- ¿Ahora el psicólogo eres tú?
- No... simplemente... estoy pensando en cómo ayudarte.
- Ese es el problema Marcelo. No todo el mundo necesita ayuda, no todo el mundo puede o quiere cambiar. Piensa en mí como alguien que no tiene cura, con o sin terapia, mi yo interno siempre va a aflorar. No creas que no me ha costado años aceptarme que simplemente así es cómo soy. Yo ya no pienso en lo que es correcto o incorrecto, me limito a sentir, a vivir el presente, no a pensar en el pasado, en lo que hice, ni a preocuparme del futuro, qué es lo que haría si Armando se enterara... Todo a su momento, ahora estoy aquí, contigo, por qué no puedes aceptar que así es cómo es, disfrutar estas horas que tenemos juntos, quien sabe si mañana nos volveremos a ver...
- Qué difícil lo que me pides Marguerite...
- No. Es más fácil de lo que crees. Simplemente déjate llevar, no pienses en nada más que en ahora. Mira, en psicología, entre todas las corrientes que existen, la mayoría se enfoca en que el paciente se mejore. La cuestión es... ¿Qué entendemos por mejoría?, ¿que yo, en este caso, el paciente, se mejore y actúe como la sociedad dice que es correcto actuar? ¿o que yo, paciente, me sienta bien conmigo misma, sin culpas, sin reproches, sin autocastigarme?...
- Hmm...
- Dentro de la psicología, hay corrientes que se enfocan en el pasado. Por qué soy cómo soy, qué me formó y me convirtió en lo que soy hoy día. Analizan qué problemas en mi infancia son los que me han convertido en psicópata, neurótica o, en mi caso, ninfómana. Intentan buscar los por qués, creen que encontrando el motivo del síntoma, o sea, que el paciente descubra por qué hace lo que hace, tomará conciencia y todo funcionará normalmente, o como la mayoría de las personas entiende por normalidad.
- Te sigo...
- Lo bueno de esto, del psicoanálisis, es que es lo que te permite conocer con mayor certeza tus procesos interiores, te da un autoconocimiento increíble. Lo malo es que no siempre funciona darte cuenta de por qué eres cómo eres para cambiar, como es en mi caso.
- Suena lógico...
- Otra corriente es la psicoterapia centrada en el futuro. Aquí se piensa que el paciente, para conseguir sus objetivos o satisfacer sus deseos, actúa de una manera diferente a como cualquier persona lo haría. Entonces el objetivo no es descubrir por qué hace lo que hace, es conseguir que llegue donde se propone, pero de una manera más sana, que no lo perturbe.
- ¿Y eso no lo quieres probar?
- Eso es conductismo. Ir a un terapeuta que me cuente que lo que hago está mal, y que me diga cómo debo actuar ya que, aparentemente, yo estoy tan enferma que no soy capaz de discenir por cuenta propia. Aquí el objetivo es cambiarme totalmente, borrar quien soy realmente, y hacer una nueva yo, distinta y mejorada socialmente.
- O sea, lo que intentaste hacer cuando primero conociste a Armando.
- Exacto.
- Te entiendo... creo.
- Mira, hay un chiste... típico en la escuela de psicología, que dice así: hay un paciente que no puede controlar su esfinter y se caga todo el tiempo. Va a un psicoanalista a solucionar su problema y luego de una larga terapia, descubré por qué se caga.  Va a un conductista, quien le enseña a ponerse pañales, en previsión a futuro porque irremediablemente se va a cagar.
- Jejeje...
- Finalmente, va a una terapia en la que se centra en el presente. Se sigue cagando, pero ya no le da importancia.
- Y ahí estás tú.
- Ahí estoy yo.

Dejamos el tema. Marcelo se quedó pensando, supongo, y me preguntó si nos volveríamos a ver.

- Quien sabe - le dije. Digamos que... si es el destino que nos veamos, nos veremos. Si no, siempre tendremos este momento juntos.

Después de que se fue Marcelo cambié y lavé la ropa de cama, ordené un poco el departamento y volví a mi casa. Armando me avisó que tendría que irse a un trabajo en terreno en región por un par de días, con Merete. Estaba pensando en llamar a Marcelo cuando Armando me preguntó si no estaba ocupada, si podría sacar a pasear a Thomas, para que el pobre no se aburriera.