17-06-2009

Mi orgasmo perdido

Hoy tuve sexo con Gustavo, si es que a eso se le puede llamar sexo. Me desespera Gustavo. Me desespera que tenga el pene tan fláccido y tan chico. Me desespera que después de tanto tiempo aún no sea capaz de mantener una relación satisfactoria para él ni para su pareja.

Le he dicho a Gustavo que lo nuestro tiene que acabarse, que él tiene que buscar ayuda profesional y tratar de salvar su matrimonio. Su esposa no está interesada en el sexo. Le dió dos hijos y con eso terminó su labor en la cama. Sabe de mí y no le molesta que Gustavo tenga una amante, como lo llama ella, mientras a ella no le pida acostarse con él y le dé dinero suficiente para comprarse todo lo que quiera comprar.

Lamentablemente ya no quiero seguir con Gustavo. No soy su terapeuta y me frustra acostarme con él. Gustavo es hermoso físicamente, tiene un cuerpazo que mantiene con ejercicio, una cara atractiva y es un gusto conversar con él de cualquier cosa menos de sexo. Por eso es una decepción llevárselo a la cama. Hemos tratado la penetración de diferentes formas, Gustavo es atlético y aguanta, pero el problema es el tamaño de su pene, es demasiado pequeño!

Cuando lo hemos hecho a cuatro patas, me termina doliendo, porque siempre se sale y en la desesperación de volverlo a meter, Gustavo me hace daño. Así que siempre volvemos a la clásica posición, yo me monto en él y lo hago eyacular tratando de que el pene se mantenga dentro de mío.

Yo soy estúpida, en todo caso. Ya debería saber y estar acostumbrada a que la relación con Gustavo es, simplemente, de esa forma. Pero hoy, ejemplo, conversamos mucho rato, para terminar besándonos. Besa rico, después de haberle enseñado como besarme, y me calenté. Gustavo se desvistió en tres segundos y yo me decepcioné de verlo desnudo, con tan buen cuero y un miembro tan deprimente. Se acostó en el sofá de espaldas. Es algo que vengo tratando hace tiempo. En la cama me costaba mucho mantenerlo dentro mío, en cambio en el sofá es más fácil. Gustavo se pone tres cojines debajo del culo, lo que hace que la zona se le eleve. En una persona normal, esto provocaría que la penetración fuera más profunda. Con Gustavo solo provoca que la penetración sea posible. Además, en el sillón, apoyo los pies en el brazo del sofá y puedo mantener un mejor control, que en la cama no consigo y termino agotada.

Esta vez me había calentado lo suficiente como para que la penetración fuera más fácil. Me monté en él y empecé a moverme, mientras le hablaba de un programa de televisión para desviar su concentración y que no se fuera a correr antes que yo. Su cara estaba roja y cerraba los ojos. Le dije que abriera los ojos y me mirara. Le pregunté si servía lo que le estaba diciendo, para distraerlo. Es algo que también hemos estado probando hace un tiempo, que él piense en otra cosa, para alargar el tiempo antes de que eyacule. Me dijo que no estaba resultando. Me apuré. Yo ya estaba a punto, pero un movimiento en falso, algo que fuera demasiado rápido o que él notara que yo estaba llegando al orgasmo y todo se iría a la mierda. El pene seguía salíendose, al final hice lo que hago siempre, apretarlo con las piernas, mientras yo me seguía frotando con su pelvis. Me movía más rápido y por un momento pensé que el condón se le podría salir, pero estaba tan caliente que no me importó. Yo tomo anticonceptivos, pero eso él no lo sabe, cree que no me cuido, y si se le hubiera salido el condón seguramente habría parado antes de correr un riesgo. Me voy, me voy, me empezó a decir y cometí el grave error de decirle que yo estaba casi, también. Eso hizo que eyaculara de inmediato. Yo seguí tratando de conseguir mi orgasmo, pero Gustavo empezó a gemir, lo que me desconcentró, y a retorcerse, por lo que perdí contacto con su pelvis. Me pegué más a él, pero entonces Gustavo empezó a retorcerse más, parece que fue un de los orgamos más potentes de su vida, mientras yo iba alejándome del mío más y más. Al final Gustavo me dijo que parara, que le dolía. Me paré furiosa y me fui al baño. Me di una ducha tibia. Gustavo entró al baño y me preguntó si estaba enojada con él. Le dije que no, que estaba frustrada, que se imaginara como estaría él de haberse quedado con su orgasmo. Me miró con cara de pena y ya no quise decirle más. Terminé de ducharme y le dije que fuéramos a comer. Mientras comíamos siguió preguntándome si estaba enojada con él. Además de arruinarme el orgasmo, me arruinó la comida. Conseguí sonreírle y decirle que no, que ya estaba olvidado, que daba igual.

Gustavo se fue a su trabajo y yo me vine a mi departamento. Ordené todo, limpié, lavé la ropa, sintiéndome furiosa toda el tiempo. Estoy enojada conmigo misma, por ser una idiota. Enojada por el orgasmo que perdí y que me tiene con la entrepierna hinchada y adolorida. Enojada por estar desvelada. Enojada con Gustavo, pero al final no es su culpa. Pobre. Ojalá hubieran operaciones para su problema. De todas maneras, no creo que pueda seguir aguantándolo. No es solo el sexo, sino todo lo que tengo que servirle de terapeuta, psicóloga y consejera. No vale la pena.