20-04-2009

Quiéreme como yo quiero que me quieras

Mis padres se separaron cuando yo tenía 10 años. Un día volvió papá más temprano de lo que acostumbraba. Mi madre no estaba y mi primo, como hacía 3 veces a la semana desde hacía tiempo, me cuidaba. No oímos cuando se abrió la cerradura de la puerta, ni oímos los pasos de mi padre hasta que estuvo al lado de nosotros. Mi primo estaba sentado en el sofá, desnudo de cintura para abajo y yo estaba sentada sobre él. Mi padre me sacó de encima de mi primo y a él lo golpeó hasta sacarle sangre de la nariz. Pegas fuerte, maricón! le dijo mi primo antes de irse, con los pantalones a medio abrochar. Yo me quedé parada ahí, desnuda, y mi papá se fue a su dormitorio. Como pasaban los minutos y mi padre no volvía, me fui a mi dormitorio. Pensé que me iba a retar, a castigar, a decirme algo, pero mi padre jamás vino. Cuando mamá llegó oí los gritos desde mi cama. Se separaron ese mismo día. Mi padre hizo una maleta con su ropa y se fue. A los pocos días mi madre me llevó donde un abogado. Mi padre había interpuesto una demanda en contra de mi madre. Quería el divorcio y decía que rechazaba la tuición sobre mí, pero que si mi madre quería conservarme, él pagaría mi manutención, de lo contrario, sugería que se me entregara a algún familiar. Mi madre me conservó a su lado para asegurarse la pensión que le pagaba mi padre, pero desde entonces tuve la libertad de hacer lo que quisiera. A mi madre no le interesaba lo que yo hiciera. No le interesaba si iba o no al colegio, si llegaba más tarde o más temprano, si comía o si dormía. Ella hacía su vida sola y yo hacía la mía.

A los 11 años, camino al colegio, conocí a mi primer novio. Él tenía 23 años y me habló en la calle. Me dijo que le parecía bonita y me preguntó si me podía acompañar al colegio. Yo me reí y no le contesté, pero al día siguiente estaba en el mismo sitio. Se llamaba Mauricio y era estudiante de enfermería. Después de una semana de coqueteos, me acompañó a mi casa. Nos besamos mucho. Fueron, para mí, los primeros besos, y Mauricio me enseñó bien. Duramos un par de semanas juntos y se terminó. Tiempo después volví a encontrármelo y conversamos sobre lo que había pasado entre nosotros años antes. Yo tenía entonces 14 años y él 26. Le pregunté si sabía que edad tenía yo. Unos 20? me preguntó. Tengo 14, le dije. No me creyó hasta que le mostré el carné de identidad. Me miró horrorizado. Si tienes 14 ahora, eso quiere decir que esa vez tenías... 11 años? Sí, confirmé yo, tenía 11 años. Mauricio quería morirse. Se sentía un pedófilo casi. Yo le dije que no se preocupara. No quise aclararle que él no había sido mi primer hombre, pero si había sido el primero a quien había besado. Tuvimos un intento más esa vez, cuando yo tenía 14 años, pero no funcionó. Yo ya estaba curtida y a pesar de mi corta edad, tenía una larga lista de amantes a mi haber. Hombres a los que había ido desechando uno a uno. Yo quería que me quisieran, les había dado todo, les había dejado tocarme, besarme, hacer lo que quisieran, pero después de un tiempo siempre me terminaban aburriendo porque no me querían como yo quería que me quisieran. Yo quería a alguien que me amara con todo su ser y que me lo demostrara y fueron pasando muchos, por mi vida, por mi cama, entre mis piernas, hasta que conocí a Armando.