Las fotos
La primera vez que Marcelo estuvo en mi departamento, fue después de haber hablado por horas. Habíamos pasado el día juntos y lo invité a mi casa, no sé para qué. Cuando llegamos ahí todo se fue a las pailas. De repente me dí cuenta de que me sentía mal, de que Marcelo tenía pareja y un hijo y de que demasiados hombres me habían besado en mi departamento y habían pasado desnudos por mi cama. Le ofrecí un café a Marcelo y nos sentamos a conversar. Él estaba evidentemente interesado en mí, pero yo había perdido todo interés por él. Después de un par de horas, cuando supongo que Marcelo se dió cuenta de que no llegaríamos a ninguna parte, se despidió y se fué. Y yo me quedé sola, como siempre.
Al día siguiente Marcelo me envió un mensaje de texto. Me daba las gracias por el día anterior y me decía que le gustaría verme. Después nos comunicamos por e-mail y nos vimos un par de veces durante esa semana. Nos juntábamos a tomar algo, luego él se iba a su casa y yo a la mía. A ratos me gustaba Marcelo y a ratos me cargaba. Me sentía bien con él. Nos reíamos de las mismas cosas y me encantaba su humor ácido y negro, pero después me quedaba mirando y de alguna forma podía oler su desesperación por besarme, por tocarme, por atreverse a hacer algo que lo acercara a mí, y eso me asqueaba. Y me hacía alejarme de él. Supongo que Marcelo habrá pensado que me hacía la interesante, pero la verdad es que no estaba de ánimos para empezar nada con nadie.
Marcelo me contó de Nicole, de cómo la conoció en la universidad, de como ella se quedó embarazada después de una borrachera en una fiesta y de cómo Marcelo se había atado a ella, por el hijo. Marcelo adora a su hijo, para él es el niño perfecto, y le da todo lo que el niño quiere. Nicole vive en Providencia, con sus padres, hace años que no trabaja en lo que estudió y se dedica a manejar el restaurant que sus papás tienen en el sector. Le pregunté a Marcelo si la quería y me dijo que no sabía. Que fisicamente ya no le atrae, que después del embarazo engordó más de 30 kilos que aún no baja, que no se cuida, que no se quiere a si misma y que él está con ella por el niño. Que se acuestan juntos una vez cada seis meses y que su relación se basa en eso y en que él le entregue su sueldo casi íntegro. Nicole tiene al hijo en un colegio del sector bastante caro, y es Marcelo quien lo paga. Con esto, apenas le alcanza para el día a día, confirmando mi teoría de que un profesor de arte, por muy bueno que sea, se muere de hambre en este país. Yo lo he escuchado, he guardado en mi memoria cada una de sus palabras, y no le he revelado nada sobre mí.
Ayer por la mañana me llamó Marcelo. Me dijo que necesitaba sacar unas fotos para un proyecto y que le gustaría que yo fuera su modelo. Me reí de la propuesta. Hasta ese momento había estado saliendo con Marcelo, pero no había pasado nada, aunque yo me daba cuenta de que le gustaba en serio. Como tampoco sabía si en realidad quería que pasara algo, le dije que iría a verlo, para conversar sobre su propuesta. Llamé a Carolina y le dije que me acompañara a ver a Marcelo, que no quería ir sola. Marcelo me había citado en el departamento de Nicole. Estaba solo, el hijo estaba en el colegio y yo estaba más tranquila, con Carolina a mi lado. Primero se sorprendió de mi cambio radical. Me corté un poco el pelo y me lo teñí castaño claro, con visos rubio oscuro, pero me dijo que le gustaba, que me veía más tierna. Marcelo me explicó que ha pensado en montar un estudio fotográfico y que quiere que mujeres se animen a tomarse fotos para regalárselas al marido, al novio, al amante, a quien sea. Carolina se entusiasmó de inmediato, pero yo no le ví la utilidad, ni futuro. Al final, accedí a hacer unas tomas de prueba, para ver que salía, tomas que Marcelo supuestamente quería utilizar como ejemplo para que las futuras clientes se animaran a fotografiarse. Carolina se puso de inmediato de parte de Marcelo. Nos fuimos los tres a mi departamento.
Tomamos muchísimas fotografías. Me maquillé, me desmaquillé, me vestí, me desvestí. A Carolina se le ocurrían demasiadas ideas, y las iba proponiendo mientras Marcelo solo sacaba fotos. Cada vez que me tenía que cambiar de ropa, Marcelo salía de la habitación y aprovechábamos de hablar con Carolina sobre nuestras sospechas de si yo le gustaba o no. Las fotos pasaron de fotos con vestidos y poses normales, a fotos semi desnuda y más eróticas. A eso de las ocho Carolina nos avisó que se tenía que ir y paramos la sesión de fotos. Ordenamos una pizza y una coca cola y comimos. Yo estaba agotada de mi primer "trabajo como modelo" y Marcelo me contaba de sus planes de cómo montar el estudio fotográfico, donde ponerlo, la publicidad y el éxito que sería. Yo lo escuchaba sin decir nada. Cuando hizo una pausa, le dije que me gustaba. Marcelo se puso colorado y me dijo que yo también le gustaba, desde el primer día que me había visto. No nos demoramos mucho en besarnos. Nos besamos por horas, hasta que se me durmió la boca, pero no pasamos de eso. Marcelo se fué más tarde.
Hoy por la mañana me he encontrado en mi correo electrónico varias fotografías que Marcelo me envió. La verdad es que están preciosas. He estado pensando toda la noche si decirle la verdad a Marcelo sobre mí. Hasta he pensado en enviarle el link de este blog, para que sepa quien soy, qué hago, y por qué no debe enamorarse de mí...
He decidido llamar a Marcelo y contarle la verdad hoy, antes de arrepentirme.