Vacaciones
- ¿Estás de vacaciones?
- Sí...
- ¿Tienes ganas de viajar a Rio de Janeiro, todos los gastos pagados?
- ¿Es en serio?
- Sí. Pero ten claro que no quiero un fuck buddy, así que no te estoy pidiendo que vengas a satisfacer todas mis fantasías sexuales. Simplemente necesito... hablar con alguien, un amigo, un consejo neutral.
Así es como Marcelo llegó ayer en el vuelo de la mañana. Hablamos todo el día y buena parte la noche. Lo escucho roncar desde la cama en que duerme. Yo no puedo dormir.
Me gusta Marcelo. Me gusta como amigo. Yo sé que todavía le gusto a Marcelo, yo sé que todavía piensa que juntos pudimos ser algo grande, pero no, se equivoca, solamente funcionamos así, como amigos, como un polvo ocasional, sin culpas ni obligaciones. Me gustaría saber que él tiene eso claro.
Hace unas horas cocinó Marcelo, tuvimos una cena tranquila, bebimos vino, encendimos velas aromáticas, le conté lo que pasó con Pablo, con Armando. De Marcos no sabe, no necesita saber. Le pedí que me diera un consejo.
- Mátalo.
- ¿Qué?
- A Pablo. Mátalo.
- Como si fuese tan fácil...
- Puedes pagarle a alguien...
- Claro, hueón, y me voy presa si me descubren...
- Hmm... puedes mandar a sacarle la chucha...
- ¿Tienes alguna sugerencia que no sea contratar a alguien que actúe con violencia?
- No. No sé... igual, quizás asustándolo... te deje tranquila.
- Para eso tendría que saber que soy yo quien lo manda a amenazar... y podría denunciarme.
- Hmm... que complicado, te metes en puros problemas Marguerite.
- Gracias, no me lo recuerdes...
- Es que de verdad no se me ocurre qué puedes hacer... ese hueón está demasiado psicopateado contigo... y no lo culpo...
- ¿Se supone que eso es un halago?
- Jaja
- Pero bueno... Pablo es un tema, el otro es Armando.
- ¿Qué vas a hacer con él? ¿Divorciarte? Porque yo estoy disponible...
- No sé. Supongo que hablar con él...
- Lo bueno de todo esto es que ya no te va a hueviar por un tiempo con el tema de tener guagua. Cada vez que te saque el tema, le sacas en cara que te cagó, y Armando es tan momio, en serio no entiendo como puedes estar con él, pero bueno, es tan momio y tan opus que con el cargo de conciencia lo puedes manejar con el dedo meñique.
- Hmm...
- ¿Estás enojada con él?
- No... - casi se me sale que me acosté con Thomas - enojada no. No sé, creo que en realidad no me importa.
- Yo creo que en realidad a Armando no lo quieres.
- ¿Tú lógica es que si no me importa es porque no lo quiero?
- Claro... si ni siquiera sientes celos, ¿tú crees que eso es amor?
- Y tú eres de los que piensa que los celos son amor... no entiendes, el sexo no tiene nada que ver con el amor, con el cariño, el sexo es una pura necesidad fisiológica, como comer, como dormir. Perfectamente se puede satisfacer la necesidad sexual sin involucrar los sentimientos...
- Entonces tú no sientes nada porque Armando se haya acostado con otra.
- Sí y no. Si supiera que Armando entiende el sexo como yo, no me haría dramas, pero ya vez, se acuesta una vez con otra y cree que el aborto es su culpa, su castigo. Para él el sexo está en otro plano que para mí, para él el sexo fuera de la relación es una tentación prohibida y por lo tanto merece ser penalizado con represalias divinas, para mí no significa nada más que el placer del momento, la satisfacción de una necesidad real.
- Intento seguir tu lógica, pero de verdad me complica...
- No importa. Yo sé que tú eres enrollado. No pesques.
Me acurruqué en su hombro y Marcelo me hizo cariño en el pelo, en silencio. Cerré los ojos.
- ¿Cuándo vuelves a Santiago?
- No sé... No tengo ganas de enfrentarme a Armando...
- ¿Y no tienes miedo de que Pablo te busque y hable con él?
- Pablo... como quisiera que la vida fuese tan fácil como una novela, que pudiese decidir que lo atropelle un camión y desaparezca de mi historia.
- Pero entonces no serías un Best Seller, linda.
Miré a Marcelo desde su hombro y me dió un beso en la frente. De repente me puse a pensar que no sé nada de Marcelo. Alguna vez me habló de su mamá, de un hermano o hermana, y claro de Nicole y su hijo, pero aparte de eso, de su vida personal no sé nada. Volví a acurrucarme en él. Estaba tibio, sentía su cuerpo palpitar, sabía que si le daba un beso... pero primera vez mi líbido era nula, sólo quería estar ahí, acurrucada, sin pensar en nada ni en nadie.
- Marguerite... estaba pensando... quizás haya una forma de alejar a Pablo...
Me senté y puse atención.
- Pero quizás es un poco extremo... estaba pensando... que podrías hacer un último sacrificio final, acostarte con Pablo y acusarlo de que te violó.
- ¿Cómo?
- No sé po... citarlo en tu casa, hacerlo sin condón... cuando se vaya, pegarte, no sé, te puedo pegar yo si quieres. Ir a urgencias, que te tomen muestras, lo denuncias y lo cagas...
- ¿Y cómo hago todo eso sin que se entere Armando?
- Ese es el fallo de mi plan entonces... pero podrías hacerle creer a Armando que te violó de verdad.
- No sé...
Me levanté a buscar más vino, Marcelo puso música suave. El aire acondicionado me hacía temblar de frío, Marcelo me cubrió con una frazada y me dijo que tenía sueño. Le dije que se fuera a acostar. Me dió las buenas noches con un beso en la frente.
Cuando se apagaron las velas me puse a leer los correos de Armando, uno por uno, desde el primero que me mandó hace más de una semana. Y sus palabras me sonaban tan ridículas, tan vacías, tan sin sentido. La voz de Marcelo me retumbaba en la oreja, preguntándome si estoy segura de que a Armando lo quiero. Quizás debí responderle a Marcelo que si lo quiero, dentro de lo que soy capaz de sentir. Quizás yo no sé querer como el resto de las personas, nunca me enseñaron. O quizás estoy muerta y no lo sé. Los únicos momentos en que me siento con vida son los momentos del clímax, esos pocos segundos en la cumbre, en los que podría morirme de verdad del gusto, y después caigo de nuevo en el vacío, en el sinsabor, en el hastío, en la cotidianeidad. Armando... sí, a Armando lo quiero, pero no sé explicar de qué manera. Armando no reemplaza a esos momentos de orgasmo con él o con otros, Armando es mi cable a tierra, Armando es mi razón desde hace diez años de levantarme día a día. A Armando no quiero perderlo, ni por una sueca calentorra estúpida ni por el desquiciado de Pablo ni por nadie.
Le escribí a Armando. Le dije que volvería en tres días. Que íbamos a conversar. Me he quedado el resto de la noche bebiendo vino y pensando que el plan de Marcelo, con algunos ajustes, no suena tan descabellado después de todo.