Ryu
Ryu tenía un nombre tan simple como Efraín, así que había decidido cambiarlo y había adoptado el nombre de uno de los combatientes del, en ese tiempo popular, videojuego street fighter. Ryu era muy pobre. Su padre era alcohólico y muy violento. Cuando Ryu era niño, el padre solía pegarle a él, a su hermano dos años mayor, a su hermana 3 años menor y por supuesto a su esposa, la madre de los niños. La madre puso a Ryu y a su hermano en un hogar del SENAME y se quedó con la niña, recibiendo golpes del marido. Ryu me contó que su madre solía ir a verlos los fines de semana. Me decía que la mamá lloraba y él y el hermano veían los moretones en su cara y en sus brazos, las marcas, los cortes. Y me contó que sentía rabia contra su padre, ganas de matarlo, impotencia por no poder hacer nada a su corta edad.
Después de algunos años el padre de Ryu, que creo que se llamaba Manuel, se sometió a tratamiento. Dejó el alcohol pero su cuerpo nunca se recuperó de los efectos devastadores de tantos años de bebida. Ryu y su hermano volvieron a casa ya grandes, más altos que el padre, y el papá no se atrevió a golpearlos de nuevo. Fue en ese entonces cuando yo lo conocí.
Ryu empezó a participar de los talleres del día sábado que mi colegio organizaba para niños y jóvenes en riesgo social y de escasos recursos. Nosotros los mirábamos con pena a esos chicos, que iban los días sábado y domingo muchas veces solo por el desayuno y almuerzo gratis que les daba el colegio. Un día apareció Ryu. Se presentó con ese nombre imposible y se sentó en un rincón de la sala sin hacer nada mientras Rodrigo nos enseñaba los rudimentos del arte de tocar guitarra. Habían chicas de cursos superiores en esa clase. Chicas lindas, de cuerpos bien formados, de caras maquilladas. Ryu jamás se habria fijado en mí con esas otras chicas en la clase. Yo era aún chica en ese tiempo, chica de edad y de experiencia. Lo que había vivido... No podía contarse como experiencia, porque en realidad, ahora que lo miro en retrospectiva y comparado con lo que sé ahora, eso fue nada. Además, fui bastante tonta con Ryu. Si hubiera tenido más experiencia, si hubiera sabido o si hubiera sido, simplemente, más inteligente, no me habría pasado lo que me pasó.
Después de tres sábados a los que Ryu asistió puntual, por fin me habló. Durante la semana había sido el comentario obligado entre las estudiantes. Ryu era hermoso, de verdad hermoso. Tenía los labios carnosos, los ojos grandes y oscuros bordeados por pestañas larguísimas y espesas. Usaba el pelo un poco largo, que se metía detrás de las orejas y en el lóbulo de la oreja izquierda llevaba una argolla de plata, algo que ningún chico del colegio se había atrevido a hacer, en ese tiempo. Era alto, medía, si no recuerdo mal, 1.80 o 1.85 mt. Y era, de alguna forma, el fruto prohibido. Sabíamos que venía de otro ambiente, un ambiente más "peligroso", y eso, a nuestros ojos preadolescentes, lo hacía infinitamente más interesante que nuestros imberbes compañeros de curso e incluso que Rodrigo.
Ese sábado que Ryu me habló estuvimos conversando toda la clase, en susurros y a risitas que Rodrigo miraba con la frente arrugada pero que no se atrevió a interrumpir. Poco antes de terminar la clase Ryu me dijo que me iría a dejar a mi casa. No me preguntó, solo lo dijo. Y yo no le dije que ya había quedado de irme con Rodrigo. Ryu me dijo que me esperaría en la esquina, y salió antes que todos, mientras las demás niñas de la clase hacían comentarios con la boca tapada con una mano y sonrisas hormonales, mirándolo con pestañas de coqueteo. Me acerqué a Rodrigo cuando todos habían salido de la sala y le dije que me iría sola, que no necesitaba ir a dejarme. Me miró muy serio y luego siguió guardando su guitarra y el material para la clase y me dijo que hiciera como quisiera, y me dió la espalda. Entonces salí y me reuní con Ryu y caminamos a mi casa.
No recuerdo de qué hablamos. Supongo que quien habló fue él. Qué podría haberle dicho yo que le interesara? Supongo que me habló de música. Le gustaba Eurythmics y Ice MC y bailar. Supongo que nos quedamos conversando en una esquina, porque lo próximo que recuerdo fue que nos besábamos y nos besábamos por horas y luego se fue.
Me es difícil recordar con detalle como empezó todo con Ryu. Se me confunden los momentos. Debe ser por lo que pasó después que, a diferencia de los demás en que los detalles se me quedaron grabados a fuego, con Ryu algún sistema psicológico de autodefensa me obligó a eliminar de mi memoria lo más posible. Recuerdo que me contó de su niñez. Me mostró las cicatrices de los golpes, los correazos, los palos con clavo con que le pegaba su padre borracho. También, aunque no recuerdo exactamente cuando, me presentó a su familia como su polola, aunque no recuerdo si realmente me pidió pololeo. Cuando Rodrigo se enteró de que estábamos juntos, ni dijo nada, pero cuando Ryu se enteró de que Rodrigo y yo nos habíamos besado, buscó la forma de armar una pelea y Rodrigo terminó expulsado del colegio. A mi me dió vergüenza, pero también, una estupidez, sentí un poco de orgullo. Era la primera vez que dos hombres se "peleaban por mí".
Supongo que llevábamos solo unos días o unas semanas cuando los besos y las caricias se transformaron en algo más serio. Un día Ryu me preguntó con cuantos hombres había estado. Me lo preguntó de una forma que intuí debía mentirle. Fue algo automático e instintivo. Le dije que con ninguno. Y no me creyó. Quizás se notaba en mis besos, o en mis caricias, o en mi conocimiento de las zonas de placer, pero desde ese día Ryu me dijo cada día que no me creía que yo era virgen y que si lo era, que por amor a él, debía demostrárselo.
En teoría yo ERA virgen. Nunca había practicado la penetración y eso es lo que vale a la hora de evaluar la virginidad. Yo sabía que Ryu me estaba presionando a acostarme con él. Yo sabía de los tipos que te engrupían con el cuento de "si me amas, demuéstramelo", pero no pude hacer nada para resistirme a Ryu. Me fue envolviendo en su telaraña de palabras dulces seguidas de los no te creo que me quieras y no te creo que no te hayas acostado con nadie. Un día se dió la oportunidad. Estábamos solos en su casa, un departamento básico de 35 metros cuadrados donde vivía toda su familia. Tenía un solo dormitorio que ocupaban la hermana y los padres durmiendo en camarotes. Ryu y su hermano ocupaban una zona del living habilitada como dormitorio, también con un camarote y cerrado por cortinas y frazadas. De los besos pasamos a las caricias y pronto tuve a Ryu entre mis piernas. Algo me decía que él no era la persona correcta, que esperara. Ahora pienso... si el primer hombre hubiera sido John, todo habría sido tan distinto... Pero John se había ido y yo necesitaba tan desesperadamente alguien que me quisiera... Creo que si Ryu me hubiera pedido que vendiera mi alma al diablo por un poco de cariño lo habría hecho a ojos cerrados.
En el colegio, en el que en las clases de "decoro" y en las de "cuidado personal" nos enseñaban que se debe llegar virgen al matrimonio, había un profesor gallego que nos entremetía nociones de anticoncepción. Nos decía que la iglesia prohibía el sexo antes del matrimonio, pero que para las parejas casadas... y ahí nos soltaba el discurso de cómo las parejas casadas podían evitar la concepción de forma natural, sin utilizar condones ni píldores, solo con calcular el día fértil y a veces midiéndose la temperatura basal, o el asqueroso billings, mirándose el moco vaginal por las mañanas. No éramos tontas, y entendíamos que lo que este profesor nos decía era que nos cuidáramos nosotras. Yo había empezado a controlar mis periodos apenas di mi primer beso, así que sabía, con exactitud milimétrica, cuando era fértil y cuando no. Ese día en que estuvimos solos en casa de Ryu yo sabía que no estaba en mi periodo fértil, así que al final accedí a que llegáramos al final.
Creo que Ryu había bebido cerveza ese día. Recuerdo que estaba torpe y pesado sobre mi cuerpo y que tenía el aliento caliente y los ojos enrojecidos. Yo tenía miedo. De repente quise parar todo, quise decir que no, pero Ryu ya se revolvía entre mis piernas pidiéndome que le ayudara a encontrar dónde era. Ryu era muy torpe. Yo sentí que apuntaba a mi pierna, para luego salirse y apuntar a mi glúteo y luego al clítoris con puntería ciega y nula. Supongo que en algún momento encontró el orificio que buscaba, porque ahí se quedó. Un par de mete y saca descontrolado y todo había terminado. Yo ni siquiera supe lo que había pasado. Todo fue muy rápido y no sentí nada. Bueno, sentí dolor, pero del dolor que me había causado con su miembro duro y afiebrado tratando de perforarme por todos lados. Sentía la entrepierna adormecida y tenía frío. Ryu se levantó y al salir un río de sangre brotó de mi vagina. Supongo que quizás no fue mucho, pero yo lo recuerdo como muchísima sangre. Tanta, que me asusté. Ryu me dió una toalla higiénica de su mamá para que me pusiera y después me fue a dejar a mi casa. Yo caminaba a su lado aún muy adolorida y como aturdida. Algo había pasado. Algo había cambiado. Pero de alguna forma, yo no sentía lo que esperaba iba a sentir cuando el momento llegara. Me sentía engañada, en pocas palabras.
Cuando el sangrado pasó, volvimos a intentarlo. Tomó muchas veces y muchos intentos el conseguir algo satisfactorio, por lo menos para mí. Para Ryu, se notaba que cualquier cosa estaba bien. Él estaba al tanto de que yo controlaba mi fecundidad mediante las fechas, así que nos ateníamos a las fechas seguras. Las cosas anduvieron bien un par de meses, hasta que...