Daño
A veces siento la necesidad de hacerme daño. Mis padres no me quisieron nunca y eso no justifica que me haya convertido en lo que soy. Cuando crecí fui conociendo a personas que me quisieron, por distintos motivos, pero nunca quise verdaderamente a nadie hasta que conocí a Armando. Hasta ese entonces creí que no era capaz de amar. Soy mala, cínica, fría, interesada, calculadora y le haría mejor al mundo que yo no existiera, en realidad, no valgo para nada. Si fuera lo suficientemente valiente me quitaría la vida, pero siempre me acobardo en último segundo, en el segundo en que pienso en Armando, en que me imagino que me quiere y que es posible empezar de nuevo, desde cero. La realidad es tan distinta que me pongo furiosa. Lo único que puedo hacer es hacerme daño y con eso, dañar a quienes dicen quererme, pero por quienes yo no siento nada. Armando... cada inhalación lleva tu nombre.