11-02-2010

Recaída

El viernes me fuí temprano al Alto Las Condes. Quería comprarme algo de ropa, vitrinear, salir... Llevaba casi un mes encerrada en este departamento sin salir más que a comprar al supermercado y la vez que me junté con Gabriel. Tomé la micro desde mi departamento.

Una vez en el mall me metí a un par de tiendas. No encontré nada de mi gusto. Decidí ir a comer algo y luego seguir mirando. Iba a pedir un café cuando unas mesas más allá vi a Albert sentado y sonriéndome. Se levantó y se sentó a la mesa conmigo. No podía creer mi mala suerte. O Santiago es tan chico que cada vez que salgo me encuentro con alguien que haya estado en mi cama o... quizás es que me he acostado con demasiados. Supongo que lo segundo.

- Marguerite... Qué gusto volver a verte!
- Igualmente - No pude evitar corresponder a su sonrisa.
- No sabes la sorpresa! Te he llamado como un millón de veces!
- Cambié de número de teléfono.
- Gracias por avisarme! Cuando fui a tu departamento me dijeron que ya no vivías ahí.
- No, lo vendí, ahora vivo en otro lugar.
- Dónde vives?
- Eso... no quiero decírtelo.
- Entiendo... Estás viviendo con alguien?
- No
- Porqué no quieres verme? Te hice algo?
- No...
- Entonces?
- Albert, mira... no eres tú, soy yo. Tú y yo... en realidad no somos nada. Yo... simplemente quiero vivir mi vida...
- Y yo no soy parte de tu vida?
- Ya no quiero que lo seas.

Albert se quedó callado. Me trajeron mi café. No fui capaz de comer nada. A pesar de lo caliente que estaba el café me lo bebí de tres sorbos, pagué y me levanté. Albert me siguió.

- Marguerite, no te vayas así...
- No tienes que trabajar?
- No, tengo el día libre hoy.
- Ándate a tu casa a pasarlo con tu familia entonces!
- Están en la playa.
- Albert... mira no tengo tiempo, ya?
- Qué es lo que pasa Marguerite. Cuéntame!
- No me pasa nada, de verdad que no tengo tiempo ahora de hablar, te llamo y nos juntamos otro día...
- Dame tu número de teléfono.
- No, yo te voy a llamar.
- Por qué me estás evitando? Porque no quieres que te llame? Qué mierda es lo que pasa?
- No pasa nada!

Albert me seguía y no paraba de hablar y de pedirme explicaciones. Yo quería correr, que me dejara sola. No quería mirarlo, no quería hablarle. Bajé al primer piso. Albert seguía al lado mío. Me metí a Zara. En eso, sentí que me desmayaba cuando ví a Armando adentro de la tienda mirando unos pantalones, con su polola. Me di media vuelta y salí casi corriendo. Albert estaba afuera por suerte.

- Vamos a hablar ahora?
- Sácame de aquí!
- Qué te pasó?
- Sácame de aquí te digo! Llévame a mi casa!

Me agarré del brazo de Albert. Me llevó casi a rastras al estacionamiento. Yo sentía que mis piernas no respondían. Sentía que el corazón me iba a dejar de latir de pena en cualquier momento.

- Dónde está tu auto?
- No vine en auto, llévame en el tuyo.
- Que no viniste en auto? te viniste en micro?
- Vendí el auto! Puedes llevarme o pido un taxi?
- No, yo te llevo.

Le dí la dirección a Albert. Condujo en silencio. Yo temblaba en el asiento del copiloto. Cerraba los ojos. Los escalofríos me recorrían la columna vertebral. Cerraba los ojos y volvía a ver a Armando en la tienda con su polola, sonriendo, feliz. Llegamos rápido a mi departamento. Albert estacionó, me ayudó a bajar del auto y me afirmó todo el camino hasta mi casa y me ayudó a recostarme. Yo quería vomitar. Albert me preparó té. Me lo tomé junto con dos pastillas para dormir que me hicieron efecto al poco rato. Cuando desperté me dolía la cabeza, pero aparte de eso me sentía mejor. Me levanté. Ya había oscurecido. Albert estaba en el living con un libro en las piernas y una taza de té en las manos.

- Cómo te sientes?
- Mejor, gracias. Qué hora es?
- Las 12:45
- Y tú todavía estás acá?
- No me iba a ir y dejarte sola como estabas...
- Gracias por quedarte
- Quieres un té?
- Bueno...

Me senté en el sofá mientras Albert se movía por mi cocina como si estuviera en mi casa.

- También fui al supermercado. No tenías muchas cosas.
- No necesito muchas cosas...

Albert me entregó la taza de té. Estaba rico. Me lo tomé a sorbitos pequeños.

- Bueno, Marguerite, creo que me debes una explicación. Qué es lo que te pasa?
- Nada...
- Nada? te desapareces, después lo del mall... No entiendo nada.
- No quiero verte. No quiero ver a nadie. Quiero estar sola, quiero empezar de nuevo. En el mall... En el mall me encontré con Armando y me puse mal...
- En serio? Dónde estaba?
- En Zara
- Te vió?
- No

Albert me sirvió otra taza de té y se sentó a mi lado.

- Marguerite, a pesar de todo este tiempo... sigues queriendo a Armando?
- No sé... Hace tanto que no lo veía! Casi tres años, desde el accidente...
- No has pensado en buscarlo? Hablar con él? Aclarar tus sentimientos?
- No
- Porqué no?
- Porque no y punto.
- Entiendo, es parte de tu vida privada en la que yo ya no tengo nada que ver...
- Así es.
- Tienes problemas económicos?
- No
- Porqué, entonces, vendiste tu otro departamento y el auto?
- Porque ya no los quería.
- Y que tengas la despensa casi vacía se debe a...?
- Ya te dije que necesito pocas cosas.
- Marguerite, no me mientas...
- No te estoy mintiendo!
- Bueno...

Albert tomó mis pies y los puso en su regazo y me hizo un masaje. Me recosté en el sillón y lo dejé hacer. Se sintió tan bien...

- Sabes que voy a entrar a la universidad en marzo?
- Vas a hacer un postgrado?
- No, voy a empezar de cero, sabes que no me gusta la enfermería.
- De cero? te parece que... estás en edad? Este año cumplirás 3o...
- Sé que edad tengo y no veo porqué no puedo estudiar desde cero algo que sí me guste.
- Deberías tener hijos, formar un hogar estable...
- Y con quien, según tú?
- Yo te lo he ofrecido antes, lo sabes
- Claro, como tu amante. Crees que es eso lo que quiero?
- No, obvio que no, te mereces más que eso... Y qué vas a estudiar?

Le dije el nombre de la universidad y la carrera que había escogido.

- Y crees que una vez titulada encontrarás trabajo en eso?
- No sé... veré en cinco años qué es lo que pasa.
- Cómo vas a pagar la universidad?
- Tengo algunos ahorros, me alcanza para el primer año, luego ya veré.
- Necesitas ayuda?
- No
- Sabes que yo podría pagarte la universidad...
- A cambio de qué?
- A cambio de nada
- Jajaja, no me hagas reír
- Te estoy hablando en serio! Cuándo te he pedido algo a cambio de... todo este tiempo?
- Albert... tú y yo sabemos lo que ha estado pasando entre nosotros, sexo y dinero... No necesito aclarártelo más, no?
- Nunca lo he visto así Marguerite. No te habrías acostado conmigo si no fuera por el dinero?
- No sé. Quizás no. No la primera vez, por lo menos...
- Y las demás veces?
- Bueno... digamos que sí, me habría acostado contigo sin mediar dinero de por medio si hubiera sabido lo bueno que eres en la cama.
- Jajaja, así que soy bueno en la cama?
- Sí...
- Bueno... Te acostarías conmigo ahora, por ejemplo, sabiendo que no habrá dinero de por medio?
- No
- Porqué no?
- Porque ya te dije. Estoy cansada, estoy harta... de mí, de vivir así, de ser la otra...
- No necesitas ser la otra.
- Qué, me estás diciendo que dejarías a tu mujer por mí?

Albert se quedó callado.

- Ves? nunca lo vas a hacer.
- No puedo, Marguerite...
- Bueno, entonces, tema zanjado, no?

Nos quedamos callados los dos. Albert seguía masajeándome los pies. Yo me estaba relajando, el dolor de cabeza se había desaparecido. Albert empezó a subir el masaje hacia las piernas.

- Eh, adonde vas?
- A ningún lado, te estoy haciendo un masaje solamente... No voy a hacerte nada que no quieras...
- Ese es el problema...

Nos reímos los dos.

- Estás cansada?
- No. Me dolía un poco la cabeza, pero se me quitó.
- Quieres salir a comer algo?
- No tengo hambre.
- Quieres ver una película?
- No tengo ganas
- Quieres... que me vaya?
- No, quédate si quieres...
- Puedo quedarme hasta el lunes...
- Solo tengo una cama
- Ese nunca ha sido problema, no?

Me levanté y me senté al lado de Albert, bien pegada a él. Albert se sentía tibio y olía bien, tal cual lo recordaba. Apoyé mi cabeza en su hombo y Albert me acarició el pelo. Me volví hacia él y nos besamos. Se sintió tan bien besarlo, no pensar en nada más, vivir el momento, ese momento...

Nos la pasamos en la cama todo el fin de semana. Conversamos mucho e hicimos el amor innumerables y exquisitas veces. Albert me dijo varias veces que debería buscar a Armando y hablar con él, por último para darme cuenta de que ya no lo quiero. Cuando Albert se fué el lunes bien temprano, yo seguí durmiendo. Me desperté tarde y me encontré en mi velador quinientos mil pesos y una nota de Albert diciendo que el dinero no era a cambio de lo que habíamos tenido, sino porque creía que yo no le había dicho la verdad sobre mi situación económica y simplemente quería ayudarme. No le veo la diferencia, sinceramente. Dejé todo tal cual para devolvérselo a Albert cuando lo vuelva a ver, pero no sé si debería volver a verlo. Hasta hoy no me he levantado de la cama. He estado todos estos días con rabia conmigo misma, porque he vuelto a caer en lo que no quería, en eso de lo que quería huir, eso que quería cambiar. Cambié sábanas, limpié, me duché, pero el olor de Albert sigue aquí y la plata sobre el velador me hace burla como quinientas mil prostitutas riéndose en mi cara de mi estupidez. Y lo peor de todo, es que pienso una y otra vez en lo que Albert me dijo: que busque de nuevo a Armando.