Anfetaminas
Lo primero que noté de Pablo es que ya no tenía la mirada agresiva y metálica de antes. Algo había cambiado profundamente en él.
No tuve tiempo de pensar cuando le dije que viniera. Fue escuchar su voz y no saber reaccionar, simplemente le dije que sí, que viniera, como la oveja que sigue a su amo al matadero, sin pensar en las consecuencias. O pensé en una milésima de segundo que me iba a seguir molestando, chantajeando, la verdad es que no sé que pensé, probablemente nada. Lo único que alcancé a hacer fue enviarle un mensaje de texto a Marcos, "Pablo volvió".
Pensé en salir con Pablo, un lugar neutro, un lugar seguro, pero decidí que nos quedáramos en el apartamento. Lo hice pasar, le pregunté si quería algo, me dijo que un vaso de agua estaba bien, y nos sentamos en el living. Pablo se rascó la cabeza varias veces antes de decir algo.
- Marguerite... primero que todo... quiero pedirte disculpas.
Lo escuché callada.
- Hace unos meses... para la navidad, después de año nuevo... yo no estaba bien.
Más silencio de mi parte. Pablo me miró, como para comprobar que yo seguia ahí, me dió la impresión de que había ensayado muchas veces qué decirme, parecía un niño en la obra teatral de fin de año en preescolar al que se le olvida su libreto.
- Lamento tanto... todo lo que pasó. Yo actué mal, no tengo disculpas, simplemente quiero decirte que lo siento... que ahora las cosas son distintas, yo soy distinto...
- ¿Qué cambió? - Pablo levantó la vista, no se esperaba que lo interrumpiera.
- Dejé... de usar anfetaminas. Me fui a un programa de desintoxicación Marguerite. Estoy limpio ahora.
De pronto encajaron tantas piezas en su lugar. Un eco apagado en mi cabeza me repetía la pregunta, ni siquiera recordaba si de hecho me había hecho la pregunta o me había planteado que Pablo se estuviese metiendo algo, pero creo que sí, y el eco apagado me lo repetía como una obviedad que había pasado estúpidamente por alto. No sabía qué decir. Simplemente moví la cabeza, en un gesto de incomprensión.
- Empecé... a usar poco tiempo después de que falleció mi esposa. En Estados Unidos me pilló un colega y me amenazó con acusarme, renuncié, volví a Chile, estuve un tiempo corto tratando de dejarlo pero el cuerpo... me pedía más, me sentía cansado y deprimido, y empecé con dosis pequeñas, solamente para facilitar la desintoxicación. Hasta que apareciste tú.
- ¿Empezaste a usar más?
- Mucho más. Se me hizo imposible seguir mi vida normal, ayudarte con la farsa y después, simplemente se me escapó de las manos, llegué a dosis que nunca antes había probado, y tenía rabia, tanta rabia Marguerite... muchas veces estas últimas semanas me he preguntado cómo es que no te maté.
Un escalofrío me recorrió la espalda.
- No sabría explicarte, fue muy muy raro, como si no hubiese sido yo, como haberme visto desde afuera sin ser capaz de controlar mis impulsos, yo te quería solamente para mi y tú te me escapabas y yo no entendía, por qué, el destino, de nuevo me hacía esto. Y sentía rabia, una rabia ciega, sorda, absoluta, y más mierda me metía. En serio, pudo haber sido mucho peor, pero eso no es excusa, realmente lo siento Marguerite.
No fui capaz de decir nada. Pablo se bebió el vaso con agua de un trago y siguió hablando.
- Dormía mal pensando en lo que estaba haciendo, yendo en contra de la ética más básica estando contigo, ayudándote a mentirle a Armando, y a la vez, a la vez maldecía al destino por habernos puesto en el mismo camino en el momento equivocado. Hubo un momento en que empecé a pensar que todo era una broma de mal gusto, que estabas de acuerdo con alguien para hundirme, incluso llamé a mi ex colega en Estados Unidos para putearlo, hubo días en que hasta le grité a Susana pensando que ella estaba coludida contigo... fueron pensamientos irracionales, paranoias ridículas, sé que fue por las drogas, pero en ese momento no fui capaz de pensar.
Sentía la piel de gallina, seguía sin poder hablar. Pablo me miró.
- Intenté... intenté terminar contigo en esa fiesta en tu casa, pero después volvimos a vernos...
- Y me pegaste.
- Y te pegué - lo dijo con la cara escondida entre las manos.
- Pablo... realmente la cagaste ahí.
- Lo sé... estaba tan paranoico... intenté llamarte y no me contestabas, llamé a Armando, me dijo que estabas indispuesta porque te habían dado un golpe en un asalto, y empecé de nuevo a pensar que todo era una jugarreta, no sé con qué objetivo, pero que todo lo estabas haciendo para cagarme la vida, que me habías buscado a propósito, de qué, no lo sé, pero en mi cabeza todo tenía sentido, todo era tu culpa.
- ¿Por qué me mentiste sobre Armando? Me dijiste que era infértil.
- Quería vengarme.
- Así de simple.
- Asi de simple y así de complicado. Lamento mucho que hayas perdido el bebé Marguerite, pero quiero decirte, y esto sinceramente sin alucinaciones ni paranoias de por medio, que yo estaba realmente dispuesto a hacerme cargo de ese bebé. Pensaba que podía ser mío, tenía claro que podía ser de Armando, pero no me importaba, yo quería estar contigo.
- ¿Te das cuenta de lo ilógico que suena lo que me estás diciendo? Creías que yo te estaba tendiendo una trampa, pero a la vez querías estar conmigo...
- Lo sé. Y le echo la culpa a la mierda que me estaba metiendo todas esas ideas estúpidas, pero hay algo Marguerite, dentro de todo eso, que fue sincero y lo sigue siendo - me miró a los ojos - y es que te amo, de verdad que te amo, y lamento todo el daño que te hice y el que pude llegar a hacerte, no sé como pedirte perdón, fui un animal, pero mi amor por ti, eso fue siempre sincero.
Nos quedamos un rato sentados sin decir nada. Me vibró el teléfono con un mensaje de Marcos, preguntándome si todo estaba bien. Le respondí que sí. Le pregunté a Pablo si tenía hambre y salimos a comer algo. No puedo decir que estaba enojada con él, a final de cuentas, había sido mi culpa, yo lo había involucrado en algo que él no quiso desde el principio, yo había complicado todo y bien sabía yo los efectos que te produce la anfetamina en el cuerpo, lo recordaba de Daniel. ¿Qué culpa tenía Pablo en todo esto? ¿Quererme había sido su única culpa?
Pablo no quiso beber, pero yo tomé algo de vino. Fuimos capaz de reírnos, de hablar de otras cosas, y ví como Pablo se relajaba, como la raya en la frente se le desaparecía y volvía a sonreír con esa sonrisa perfecta, los ojos a brillarle como la primera vez que comimos juntos. Volvimos a mi apartamento, yo seguí bebiendo, me sentía bien, relajada en su compañia.
Pablo me preguntó por Armando y le conté que estábamos separados. No le conté toda la historia, de la sueca, que Pablo seguramente recordaría, simplemente le dije que no estábamos bien y estábamos separados.
- Lo siento - me dijo con el tono más falso que he oído, los ojos brillantes.
- Jajaja mentiroso, no lo sientes para nada.
- No, es cierto, no lo siento, si no lo amabas, siempre te lo dije.
- No volvamos al tema...
- Tienes razón, para qué hablar de él cuando podemos hablar de otras cosas...
Pasaron las horas mientras seguíamos hablando de otras cosas, Armando era un recuerdo cada vez más lejano. Me fui sintiendo más y más alegre, como si el vino hubiese diluido toda mi rabia con Pablo, disipado todo lo que había pasado estas últimas semanas. ¿Armando? que se fuera a la mierda Armando, que saliera a la calle y lo atropellaran o se muriera de sida escandinavo, lo que fuera, YO estaba viva, y estaba contenta, y estaba borracha, y Pablo estaba ahí tan atractivo como la primera vez, y sabía que era solamente acercarme y dar el primer paso...
- ¿Estás segura? - creo que me dijo mientras le besaba el cuello, le desabotonaba la camisa y empezaba a recorrerlo con mis manos borrachas, cuales mariposas afiebradas, hurgando en su pantalón.
No hubo necesidad de decir más.