<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-6752864615742077422</id><updated>2011-10-10T19:47:46.309-03:00</updated><title type='text'>La Dama de las Camelias</title><subtitle type='html'>Quiero, por una vez en mi vida, decirte toda la verdad y nada más que la verdad... Aunque quizás nunca la leas</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://manonamarguerite.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://manonamarguerite.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>M</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='26' src='http://photos1.blogger.com/blogger/309/2316/1600/blog.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>63</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6752864615742077422.post-4501770299557386601</id><published>2011-02-26T16:03:00.007-03:00</published><updated>2011-02-26T17:16:11.538-03:00</updated><title type='text'>Nervios</title><content type='html'>Derek vino en diciembre. Tenía que empezar a trabajar en Canadá, no podía quedarse en Chile más tiempo, y quería que me fuera con él, que pasara la navidad con su familia, que nos casáramos de una vez. Le dije que tenía demasiadas cosas que hacer en Chile, solucionar la transferencia de universidad, vender mi apartamento, despedirme de mis amigos. Además, quería disfrutar del verano. Derek me dijo que entendía. Se fue a Canadá con mi promesa de estar allá a fines de febrero. No fui capaz de terminar con él. No fui capaz de decirle a la cara que había estado con Armando, que no sabía a quien elegir. Derek me espera en los próximos días.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Armando... Armando sabía que Derek se fue y pensó que había terminado con él y se relajó. Habló de vivir juntos un tiempo y ver qué pasaba. Le aclaré que no había terminado con Derek y le di dos meses para demostrarme que realmente me quería, que esta vez las cosas se harían como yo decía y que esto iba en serio. Se enojó muchísimo. Me acusó de estar jugando con él, de ser doble cara y yo me reí a carcajadas. Si Armando supiera una décima parte de todo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para la navidad le exigí que la pasara conmigo. Armando quería pasarla con su familia. Le dije que si me quería, de ahora en adelante yo sería su familia y que si no estaba dispuesto a cambiar por mí, que mejor me dejara ir y se dejara de estupideces. El 24 por la tarde estaba en la ducha cuando sonó el timbre. Me envolví en una toalla y fui a abrir con el pelo mojado. Era la ex de Armando, la rubia tontona amiga de su hermana, la que, según las páginas sociales, era la futura esposa de Armando. Le pedí que pasara, se sentó en el sillón, le serví una copa de vino y me senté frente a ella. Me preguntó si no quería vestirme, mientras se bebía la copa de vino de un trago y le servía más. Le pregunté qué quería. Quería hablar conmigo. Decirme que ella había estado junto a Armando todos estos años, que sus familis se conocían desde siempre, que estaban destinados a casarse. Le serví más vino y la escuché. Me dió un poco de pena. La chica tiene 25 años y su único objetivo en la vida es casarse y repetir el molde de su madre y su abuela, el mismo molde de la madre de Armando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le dije que ella creía haber estado junto a Armando todos estos años, pero era yo quien lo había hecho, era yo quien lo había sacado no sólo a él pero a toda su familia, del barro y la mierda. Que Armando era lo suficientemente grande para decidir qué era lo que quería y si lo que quería era yo... Me levanté a buscar más vino y la oí llorar. Puse en la botella somníferos y lo revolví bien. Lo probé y no se notaba el sabor. Le serví más vino. Se bebió la copa de un trago. Me senté a su lado. Le dije que entendía cómo se sentía. A sus 25 años, se esperaba que se casara pronto con su novio de toda la vida. Le dije que no era demasiado tarde para empezar de nuevo. Me dijo que ella amaba a Armando. Le dije que no, que lo que ella quería era lo que Armando representaba, no a él. Ella no sabía lo que era el amor, no sabía lo que yo había hecho por unas migas del amor de Armando. Ella nunca lo habría hecho. Más vino. Más llanto. Me suplicó que lo dejara. Si yo lo dejaba, él volvería a ella, con ella, por ella, se casarían, se olvidarían de mí, yo ni siquiera existiría en su memoria, jamás se lo sacaría en cara a Armando, serían felices, todo sería como siempre, nadie hablaría de ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Noté que el vino y el somnífero estaban empezando a hacer efecto. Su voz se escuchaba pastosa, como si tuviera la lengua dormida. La miré bien. Era muy bonita. Nunca la había visto de tan cerca y las fotografías de las malditas revistas no le hacían justicia. Le dije que no podía obligar a Armando a quererla, yo tampoco podía obligarlo a dejar todo por mí, hace años no lo había hecho, y que ahora, lamentablemente, la decisión estaba en sus manos y no en las nuestras. Volvió a llorar pero más calmada. Le sequé las lágrimas, le puse el pelo, que llevaba suelto, detrás de la oreja, y la atraje a mí. Me gustó su olor suave. Busqué su boca y la besé con suavidad. Se sorprendió, pero no se alejó. Me dió risa y ternura pensar que esa boca sólo había besado a Armando. La besé con más fuerza, pegándola a mí y afirmándole el cuello. Ella respondió con la misma intensidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin dejar de sostenerle el cuello, bajé una de mis manos por su pecho. Le desabotoné la blusa. Ella no dijo nada, sólo me besaba. Cuando terminé con los botones, abrí la blusa. La verdad es que tenía un cuerpo fantástico. Tomé una de sus manos, mojigatamente entrelazadas en su regazo y la puse en mi pecho, abriéndome la toalla. No tardó en tocarme con cuidado y delicadeza, repitiendo los movimientos míos, mis pellizcos eran los suyos en mis pezones, mis caricias eran las suyas en mi cuerpo. La acosté con cuidado y ella se dejó hacer, cual vestal entregada al sacrificio de su diosa. Le quité los pantalones sin esfuerzo. Le quité el sostén y le pasé la lengua por los pezones con delicadeza. Bajé por la línea de su vientre y le quité la ropa interior. Abrí sus piernas con cuidado y ella, supongo que por reflejo, las juntó. Volví a abrírselas con un poco de fuerza. Sentía que la estaba violando y eso me calentaba. Le pregunté si Armando nunca le había hecho eso y me dijo que no. Armando es un estúpido, le dije con la voz ronca, mientras ella finalmente se rendía. La oía suspirar y retorcerse. Le dí otra copa de vino. La quería más ebria, más drogada, más entregada. Me dijo que debía irse, que no estaba bien... pero volví a besarla, me enganché a uno de sus pezones rosados y duros y las ganas de irse se le quitaron. Le dí otra copa de vino, el concho de los somníferos, y la llevé a la cama.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para ser su primera vez, si es que realmente lo era, estuvo muy bien. Aprendió rápido a repetir lo que yo le hacía, pero la sentía cada vez más mareada y más ida. Dos orgasmos que supongo Armando no se los ha dado en su vida y cayó muerta entre mis sábanas, desnuda y sudorosa, borracha y dormida. Me levanté, me dí una ducha rápida y me fumé un cigarro mientras la miraba. De verdad era muy bonita. Armando no lo tenía fácil. Ella, preciosa y lo que su familia esperaba de él, o yo. No es que fuera más bonita que yo, por supuesto, pero su aspecto virginal e inocente... hasta a mí me habría costado elegir. Se me ocurrió rápido. Busqué mi cámara fotográfica y le tomé cientos de fotografías, desde todos los ángulos, su cara dormida, su cuerpo desnudo. Serían mi carta bajo la manga en caso de necesitarla. Me vestí, ordené un poco, hice café, la medio vestí y la desperté. Parece que no estaba acostumbrada a beber, se despertó desorientada y mareada. Le dí café muy cargado, la acompañé al living, hice la cama y volví a sentarme con ella. Le pregunté cómo se sentía. No me miró a los ojos pero se sonrojó y me dijo que bien. Al poco rato sonó el timbre. Era Armando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Armando se quedó blanco cuando la vió ahí. Lo hice pasar. Le dije que llevábamos un rato conversando. Ella no levantó los ojos de la taza de café. Armando le habló con calma, como si fuera una niña, que él le había explicado que lo de ellos era historia, que estaba conmigo ahora, que por favor no insistiera. Ví que se le llenaban los ojos de lágrimas y miré a Armando, haciéndole un gesto de que ya parara y le pedí que hiciera más café. Me senté al lado de ella y le mostré algunas de las fotografías. Se sonrojó hasta la raíz del pelo y no dijo nada. Cuando Armando volvió yo estaba sentada de nuevo frente a ella. Le dije a Armando que ella sólo había venido a conversar conmigo, que todo estaba bien y que de ahora en adelante no nos molestaría más. Ella asintió en silencio, se levantó, tomó su cartera y se fue, sin mirar atrás. Creo que para Armando fue un golpe a su ego que ella no peleara más por él. Yo lo abracé y lo besé. Hicimos el amor en el mismo sillón, orgasmos con sabor a victoria, a mi victoria. Me la habían entregado en bandeja de plata.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Armando iba dispuesto a pasar la noche conmigo pero le dije que iríamos dónde su familia. Se sorprendió. No se lo esperaba. No nos esperaban. Le dije que eso daba igual y a pesar de sus protestas, me cambié de ropa y salimos rumbo a la casa de sus padres. Nadie nos esperaba y por unos segundos, nadie fue capaz de disimular la cara de disgusto, pero luego se pusieron sus antifaces de cordialidad como siempre. Los sobrinos de Armando, unos mocosos insoportablemente ruidosos corrían, toqueteaban los regalos y me preguntaban quien era yo. Yo sonreía, una sonrisa igual de falsa que las caras de amabilidad del resto. A la hora de la cena, les dije que Armando les tenía una noticia, y lo miré fijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Armando se puso rojo, tosió, bebió un sorbo de vino, se aclaró la garganta y se quedó mudo, mientras todos esperaban. Me miró pálido. Yo le sonreí, le tomé la mano y le dije que no era tan difícil informar que nos casábamos. ¿O sí?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las explosiones no se hicieron esperar. ¿Qué significa esto?, ¿por qué?, ¿desde cuándo?, ¿cómo?. Armando seguía mudo. Les dije que nos casaríamos antes de marzo. Me preguntaron si estaba embarazada. Les dije que no, claro que no. Nos amábamos, no queríamos perder más el tiempo, eso era todo. El padre de Armando, con su voz de campaña política, le dijo que mejor que esto no se tratara de un juego y Armando, por fin sacando la voz, me tomó de la mano y le dijo que no, que nos casaríamos antes de marzo, estaba decidido y que era lo que ambos queríamos. El resto de la cena siguió en silencio. Sólo oíamos a los niños gritar desde la cocina mientras comían acompañados de la nana. No nos quedamos hasta la repartición de regalos, nos fuimos a mi apartamento. Armando condujo en silencio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez en casa me dijo que no debí haber hecho eso, que él podría haberle contado a su familia con tiempo... exploté. Le dije que tiempo era lo que le había dado por años. Que si de verdad me quería a su lado, que se la jugara ya. Ya estaba todo dicho, qué importaba lo que dijeran los demás. Era de ahí a fines de febrero. Si no se hacían las cosas como yo esperaba, que me iría a Canadá y punto. No estaba para perder el tiempo en tonterías.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se nos fue el verano en los preparativos del matrimonio. Quise elegir yo la iglesia dónde casarnos. Escogí la de Marcos. Fui a hablar con él directamente. Fue el día de confesión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Habían dos o tres viejitas antes que yo, seguramente confesando sus porquerías con el rosario. Solté una carcajada en el silencio de la iglesia y se volvieron a mirarme feo. Cuando fue mi turno, entré al confesionario. El mismo ritual repetido tantas veces en nuestras citas con Marcos. Mi primer pecado, padre, es haber tenido sexo con un cura, y lo peor es que no me arrepiento. Marcos se quedó callado unos segundos. Luego susurró ¿Marguerite?. Hablamos en susurros. Nos citamos en el centro, frente al Museo de Bellas Artes en un par de horas. Salí y almorcé. Estaba nerviosa. Hacía tiempo que no hablaba con Marcos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marcos llegó puntual a nuestra cita. Me saludó con dos besos y un abrazo. Iba vestido de paisano. Noté algunas canas en su sien, uno o dos kilos de más en su cuerpo, varias arrugas más en sus ojos, pero aparte de eso, era el mismo de siempre. Me invitó a acompañarlo. Cruzamos la calle y entramos en un edificio frente al museo. Era un edificio antiguo con un ascensor claustrofóbico. Paramos en el séptimo piso y salimos a un pasillo estrecho y mal iluminado con decenas de puertas. Entramos en una de ella. Un apartamento-estudio fantástico. Un sólo ambiente con una cama de dos plazas, un equipo de música y varios discos. Baño y cocina. Eso era todo. En el balcón había una pequeña mesa y dos sillas. De la calle nos separaba un ventanal de suelo a cielo con vista al parque. Le pregunté de quién era ese apartamento. Me dijo que de un amigo. No le creí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Preparó café y me senté en la cama. Hablamos de pocas cosas, de lo que había pasado desde que salí del colegio. Le dije que había ido varias veces a sus misas y me dijo que debí haberlo saludado. Le conté que me casaba. No se sorprendió. Me preguntó quien era el afortunado y cuando se lo dije, levantó las cejas. ¿El mismo Armando de la familia tanto?, exacto, el mismo Armando. No te veía con alguien así, me dijo. Así es el amor, ciego, le respondí. Le dije que quería que me casara él y se atoró con el café. ¿Estás hablando en serio?, claro que estaba hablando en serio. Le dije que nos casaríamos a fines de febrero, que quería que él nos hiciera las charlas muy resumidas, ya que el tiempo no alcanzaba para los típicos seis meses y que me quería casar en su iglesia, vestida de blanco. Se puso a reír y me dijo que estaba loca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me levanté. Puse un cd de Sheena Easton. Telephone. Le dije que sus gustos musicales no habían cambiado. Me dijo que ninguno de sus gustos habían cambiado. Me paré en la ventana a mirar el parque. Sentí a Marcos levantarse y ponerse detrás mío. Me corrió el pelo hacia el lado y me habló en el cuello. Sentí su olor a café. Me besó el lóbulo de la oreja y el cuello mientras se pegaba a mí y me metía la mano debajó de la ropa, tocándome los pezones. Cerré los ojos y me sentí de nuevo de quince años, haciendo el amor con Marcos a escondidas. Me alejé de él y cambié el cd. Encontré uno de Alice Cooper. Mientras lo ponía en el equipo de música, Marcos se volvió a acercar a mí. Te eché de menos Marguerite, me dijo mientras me empezaba a desvestir a mis espaldas y me besaba el cuello. Se pegó a mí y sentí su erección. No entiendo, me dijo entre besos, por qué me dejaste. Por que eres tóxico, le dije mientras sonaba Poison en los parlantes. Caímos en la cama, besándonos como si no hubieran pasado años desde la última vez. En mi cartera hay condones, le dije a Marcos. Se levantó a sacar uno y cuando se lo estaba poniendo, le pregunté si me iba a casar o no. Se puso sobre mí. Abrí las piernas. Mientras me penetraba me dijo que por supuesto que me casaría. ¿Acaso no era él un fiel representante de la iglesia?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo hicimos varias veces. Nada había cambiado entre nosotros. A pesar de los años, de las caricias ajenas, de lo terrible de nuestra historia, seguíamos conociéndonos a ojos cerrados. Marcos me había hecho a su imagen y muy pocas cosas habían cambiado, o eso creyó él. Prendí un cigarro mientras Marcos me abrazaba. Me preguntó a qué me dedicaba. Le dije que había estudiado enfermería, ejercido unos años y que ahora había pasado a segundo de psicología. Hablamos de distintas cosas y nos despedimos con un beso y una pronta cita a las charlas matrimoniales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ha sido extraño ir con Armando a ver a Marcos, y ver a Marcos predicarnos sobre el matrimonio. Me cuesta contener la risa a veces. Me he visto con Marcos ocasionalmente en el apartamento del Bellas Artes, pero dudo de que después de casada sigamos viéndonos, al menos con la misma frecuencia. No lo sé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Derek de esto no sabe nada. He mantenido el contacto con él mientras está en Canadá, pero le he ido dando largas sobre cuando me iré. Supongo que sospecha algo, pero mientras no tenga la argolla en mi anular izquierdo y el documento que diga que Armando y yo estamos casados, no tiraré a la basura mi segunda alternativa, Derek&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De todas formas sólo faltan unas horas para casarme. Me caso esta tarde. Con Armando. Me he probado mil veces el vestido. Tengo dudas. Mariposas en el vientre o mejor dicho elefantes. Vienen pocos amigos y su familia. No será el evento social que ellos acostumbran, pero así lo he querido. El que me case Marcos lo veo como un símbolo. Ya no puedo escapar a lo que soy, a lo que siempre he sido. Lo único que puedo esperar es hacer que mi doble y triple vida compatibilicen con mi vida normal. Tengo todo planeado, fríamente, y aún así, tengo estos nervios que me hacen temblar las manos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_PKJunDQ5N1Y/TI_1XhiV7ZI/AAAAAAAAFnw/tK5Y-2jmWOE/s1600/DSC_0530.JPG"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; DISPLAY: block; HEIGHT: 214px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5516897853040356754" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_PKJunDQ5N1Y/TI_1XhiV7ZI/AAAAAAAAFnw/tK5Y-2jmWOE/s320/DSC_0530.JPG" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Hoy es el día en que quizás tome la peor decisión de mi vida. O la mejor. Me siguen temblando las manos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6752864615742077422-4501770299557386601?l=manonamarguerite.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/4501770299557386601'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/4501770299557386601'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://manonamarguerite.blogspot.com/2011/02/nervios.html' title='Nervios'/><author><name>M</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='26' src='http://photos1.blogger.com/blogger/309/2316/1600/blog.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_PKJunDQ5N1Y/TI_1XhiV7ZI/AAAAAAAAFnw/tK5Y-2jmWOE/s72-c/DSC_0530.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6752864615742077422.post-1505120515328602506</id><published>2010-12-11T03:21:00.000-03:00</published><updated>2010-12-11T04:05:00.943-03:00</updated><title type='text'>El tercer embarazo</title><content type='html'>Yo tenía 17 años y mi mamá ya me había advertido que a los 18 tendría que irme y buscármelas por mi misma. Como si no hubiera llevado toda una vida haciéndolo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi mamá tenía 40 años y llevaba un par de meses viéndose con Jaime, carabinero en servicio, cuando se lo llevó a vivir a la casa. Jaime debe haber tenido unos 45 años. Era atractivo, muy atractivo, debo reconocerlo. Él estaba divorciado, tenía dos hijos de unos 12 y 10 años y al parecer tenía planes serios con mi mamá. Cuando él no estaba en la casa, mi mamá me trataba como siempre lo había hecho, a malas palabras o como si yo no existiera. Cuando Jaime estaba en casa, me llegaban a dar risa sus intentos cínicos de parecer buena madre. Me preguntaba por el colegio, si había pensado qué estudiar, si salía con alguien. Seguramente quería hacerle creer a Jaime que ella era la madre perfecta, porque ese fue el tiempo en que ella empezó a hablar de embarazarse e incluso se sacó el DIU. Yo miraba el cuadro desde afuera. Esa mujer pensaba tener hijos, a esa edad, cuando nunca había sabido ser madre. Me imagino que lo que quería era atrapar a Jaime y amarrarlo con un hijo, hacer que la mantuviera y tener buen pasar. Yo estaba a meses de cumplir 18 y la gallina de los huevos de oro se le iba del nido, necesitaba otro anzuelo, otro hijo. Otro hombre que la mantuviera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No debe haber pasado un mes cuando Jaime empezó a darse cuenta de muchas cosas. Mi mamá tomaba casi a diario y jalaba de vez en cuando, alternado con somníferos. Cuando Jaime se fue a vivir con nosotras dejó de jalar, pero no de beber. Una copa, y otra, y otra, al poco rato estaba borracha. Jaime la miraba con desaprobación pero no decía nada, la acostaba y él volvía a sentarse en el living, con un vaso de whisky con hielo en las manos, pensativo, y me preguntaba cosas. Quería saber de mi niñez, cómo era mi mamá, cuáles eran sus hábitos. Yo trataba de escurrirme, de cambiarle el tema, no quería meterme en problemas y Jaime se callaba y me miraba en silencio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasaron dos o tres meses y la situación iba de peor en peor. Mi mamá ya no ocultaba su forma de ser. Me imagino que su cerebro estaba demasiado destruido como para siquiera intentar fingir o dejar el alcohol al menos. Jaime seguía sin decirle nada pero sin decidirse a irse y dejarla tampoco. Un día llegué del colegio, mi mamá estaba ebria y empezó a gritarme. Creo que le dije que se callara, que estaba loca, y agarró un florero y me lo quebró en la cara. Mala suerte para ella, Jaime entró en ese preciso momento. Discutieron, mi mamá se encerró en su dormitorio y se dió un cóctel de somníferos. Jaime me curó las heridas, más en la sien izquierda que nada, y me pidió que fuéramos a urgencias. Me negué. No era la primera vez que pasaba, al día siguiente me cubriría con el pelo y un poco de maquillaje. Me puse a llorar. Jaime me acarició la cara. Quizás fue la cercanía o la atracción muda que ambos sentíamos, una cosa llevó a la otra, un beso llevó a una caricia debajo de mi blusa y a mi cama no hubo más que un paso. Tuve el destello de inteligencia de preguntarle si tenía condones, yo no estaba tomando pastillas, y me dijo que se había hecho la vasectomía. Eso explicaba, entonces, muchas cosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estuvimos casi un mes así. Yo volvía temprano del colegio y Jaime volvía temprano del trabajo. Él y mi mamá bebían juntos, mi mamá estaba tan feliz que no se daba cuenta de que Jaime fingía beber. Cuando estaba lo suficientemente ebria, nos ocupábamos de dejarle a mano somníferos y al rato estaba ella roncando y Jaime y yo desnudos en mi cama. Me recordaba a Marcos, quizás era por la diferencia de edad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando la regla no me llegó, no me preocupé. Ese mes había estado sólo con Jaime y según me había dicho, él no podía tener hijos. A la semana de no llegarme la regla se lo comenté a Jaime mientras estábamos en la cama. Se puso pálido. No me digas que es mío, me dijo el desgraciado. Ni siquiera le había dicho que estaba embarazada, sólo con atraso, pero su actitud levantó mis sospechas. Le pregunté cuando se había hecho la vasectomía y se puso rojo hasta la raíz del pelo. Se agarró la cara entre las manos, yo me cubrí con la sábana y le grité que me dijera la verdad. Me dijo que no se había hecho nada. Me había mentido porque no se le paraba con condón. Mierda. Mierda. Mierda. Si hubiera un premio a la estupidez, yo me lo habría ganado sin problemas. Oí a Jaime hablarme de irnos juntos, de que él estaba en contra del aborto, de que me faltaba poco para cumplir la mayoría de edad, de que podría darme todo aquello de lo que me habían privado y yo lo escuchaba como entre nubes. No entendía de qué hablaba. Yo tener un hijo de él... estaba loco. Nos separaban demasiados años, para mí él no había sido más que un polvo, y ahora estaba embarazada de la pareja de mi mamá, de mi padrastro no formal. Me levanté enojada, envuelta en la sábana, y me fuí a la cocina. Casi me desmayé cuando ví a mi mamá mojándose la cara con el agua del lavaplatos. No alcancé a reaccionar. Ella me vió y vió a Jaime salir en pelotas de mi dormitorio. Se me fue encima.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Maraca de mierda! Lo sabía, eres una puta!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Trataba de cubrirme y de evitar que me arañara la cara. Me agarró del pelo y me tiró al suelo, azotándome la cabeza contra el piso. Ví los testículos de Jaime moverse de manera chistosa sobre mí mientras intentaba separar a mi mamá y hacer que me soltara. Cuando logré ponerme de pie vi a mi mamá tan patética, afirmada por Jaime desnudo, sus ojos aún ebrios... tuve compasión de ella y le dije que no se preocupara, que su Jaime la amaba a ella, que conmigo ni siquiera se le había parado y que me iría de la casa ese mismo día. Volví a mi dormitorio, me vestí, metí mis libros y cuadernos en mi mochila y el resto de mis cosas en una maleta y salí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esperé sentada por tres horas en la esquina a que Jaime saliera. No tenía dinero. No tenía dónde ir. Pensaba en acudir a Marcos cuando Jaime salió. Me dijo que mi mamá se había metido a darse un baño de tina y no tenía mucho tiempo. Le pedí plata. Me pasó todo el efectivo que llevaba y me hizo dos cheques para que los cobrara cuando se me acabara el dinero. Me pidió que lo llamara al día siguiente. Esa noche me fuí a dormir dónde una compañera de curso y por la mañana me dirigí a la clínica donde Marcos me había hecho abortar. Hablé con el mismo médico, le dije que estaba con un atraso de una semana y que necesitaba algo para que me llegara la regla. El médico juntó las manos sobre su escritorio y me miró largamente, pero no me hizo preguntas. Me imagino que pensaría que el bebé era de Marcos, o quizás pensó que era una puta, una suelta, pero no dijo nada. Me dijo el precio. No me alcanzaba. Puse sobre el escritorio los dos cheques y el efectivo que tenía, eso era todo, necesitaba que me ayudara. Miró los cheques y me preguntó quién era Jaime. Le dije que mi padrastro. Me dijo que aceptaría los cheques y que me quedara con el efectivo. El procedimiento esta vez fue mucho más rápido. No sentí nada. No me dolió nada. Ese embarazo no significaba nada para mí. Diez minutos y de nuevo estaba tomándome un café y un ejército de píldoras. Las indicaciones fueron las mismas, a la semana debería volver a revisarme a ver que no quedara nada, pero nunca volví.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente no fui al colegio. Me quedé en casa de otra compañera. No me sentía mal, sólo sangraba como si tuviera la regla, así que al segundo día después del aborto fui a clases. Fue después del segundo recreo que apareció una inspectora a buscarme a la sala de clases. Se me pasaron mil películas por la cabeza. El médico me había acusado... pero si me acusaba, se iba detenido él también. Me hicieron pasar a la oficina del director. Un silencio sepulcral me envolvía y sentía cómo todos en la dirección se daban vuelta a mirarme, todos sabían mi sucio secreto. Me hicieron sentarme en la oficina del director y cerraron la puerta. El director fue el primero en hablar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Marguerite, la hemos llamado porque nos han informado...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La pausa se me hizo eterna. Sabía que él sabía y alargaba mi tortura. Qué era lo peor que podía pasar? Me echarían del colegio a mitad de terminar cuarto medio? Me detendrían?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Nos han informado de la clínica que su madre se encuentra en coma. La autorizo que vaya a buscar sus cosas y vaya a ver a su madre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me quedé estupefacta. Qué había dicho? Le pedí que me explicara, no entendía nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No sabemos los detalles, sólo que a su madre la han internado anoche en estado de coma. Tengo entendido que usted ha pernoctado en casa de una compañera y no tenían forma de avisarle más que llamando al colegio...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me dieron la dirección de la clínica, fui a buscar mis cosas, le avisé a mi compañera que trataría de pasar más tarde a buscar mi maleta y me fui. En la micro iba como en trance. Mi mamá en coma? Qué mierda había pasado?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la clínica estaba Jaime, ojeroso y demacrado. Me abrazó fuerte y yo lo alejé. No quería que me tocara. Pregunté qué había pasado pero no me dijo nada. Jaime me agarró de un brazo y me llevó a la cafetería. Nos sentamos en el rincón más alejado y hablamos a cuchicheos. Jaime me dijo que cuando me fui habían discutido. Mi mamá quería saberlo todo y Jaime, el muy estúpido, se lo dijo. La había dejado sola y había intentado ubicarme. Al día siguiente había vuelto, había encontrado a mi mamá en cama, con jaqueca y borracha. Me dijo que le había dado unas pastillas para dormir y más trago. Que le dió la impresión de que a mi mamá no le habían hecho efecto y había buscado unas más fuertes, y se las había dado en varias dosis, además de alcohol. Por la tarde había seguido metiéndole pastillas porque no quería que se despertara y por la noche le volvió a dar, para que durmiera de largo. Por la mañana la había encontrado sin reacción y la había llevado a la clínica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Pero eres estúpido o qué, lo que le has dado es una dosis mortal de somníferos!&lt;br /&gt;- Lo sé... lo sé... es que... no pensé, pensé en ti y en el bebé...&lt;br /&gt;- Qué bebé, tarado, si me hice un aborto!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jaime me miró incrédulo. Quiso tomarme de las manos y lo alejé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Sabes qué, de mí no te preocupes, sin un engendro tuyo estoy muy bien, pero mejor anda rezando que mi mamá se muera y no te pillen, o no sabes la que se va a armar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fui a sentarme a la sala de espera con mis audífonos a todo volumen. Con las manos entrecruzadas y los ojos cerrados pedía a lo que fuera, a Satanás, que mi mamá se muriera, que se muriera, que se muriera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Unas horas más tarde me llamó un médico y fuimos a la habitación de mi mamá. Me costó reconocerla con tubos saliendo de su boca y conectada a tantas máquinas. Creo que por primera vez me sentí superior a ella. El médico me informó que había sufrido muerte cerebral y que el pronóstico era que sus órganos fallarían en cualquier momento. Ni las máquinas conseguirían mantenerla con vida después de tantos años de autodestrucción. El médico me preguntó si yo pensaba que era un suicidio y le dije que sí. Lamentablemente mi querida madre llevaba muchos años deprimida, siempre quiso tener más hijos después de mí pero no pudo, y había ido aumentando el consumo de alcohol y drogas. El médico asintió, lo anotó en su informe y yo volví a sentarme en la sala de espera, con una sonrisa imperceptible en mi cara. Ya le había dicho a Jaime que se fuera y que ni se le ocurriera aparecerse en mi vida de nuevo, o le haría mierda su carrera y su familia. No me molestó nunca más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Horas más tarde esa misma noche, fui libre para siempre.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6752864615742077422-1505120515328602506?l=manonamarguerite.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/1505120515328602506'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/1505120515328602506'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://manonamarguerite.blogspot.com/2010/12/el-tercer-embarazo.html' title='El tercer embarazo'/><author><name>M</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='26' src='http://photos1.blogger.com/blogger/309/2316/1600/blog.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6752864615742077422.post-1594615627422310963</id><published>2010-11-25T01:30:00.003-03:00</published><updated>2010-11-25T02:55:38.579-03:00</updated><title type='text'>Decisiones</title><content type='html'>Aún no he decidido si terminar con Derek o con Armando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me palpitan las sienes de pensar, pensar y pensar. Revivo mi historia con Armando una y otra vez, y sé que si me quedo con él, puede que nada resulte, pero si me voy con Derek, estaré preguntándome toda mi vida si dejé ir al amor de mi vida por segunda vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La historia con Armando es tan simple y tan complicada a la vez. Armando pertenece a una familia rancia, de apellidos históricos y clase alta. Su familia es miembro ferviente del Opus Dei, han ido siempre a los mismos colegios, estudiado las mismas carreras, se han casado siempre con la gente del mismo círculo, un círculo donde no se admiten extraños.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Armando le tomó tiempo presentarme a su familia. Yo no tenía a nadie, mi mamá llevaba muerta tres años y para todo efecto era "huérfana". De Armando se esperaba que se casara con una amiga de su hermana cuando terminara la universidad. Cuando le pregunté si se habían acostado juntos me aseguró muy colorado que no. Cómo se me ocurría. Él había sido educado en los valores del catolicismo. Cuando lo hicimos por primera vez en el suelo frío de su dormitorio casi sentí que lo estaba violando. Su temblor, el temor en sus ojos, "dime si te hago daño", me decía él. Cómo haberle explicado mi vida hasta ese momento... Armando jamás supo nada de mi pasado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El padre de Armando es un político conocido en Chile. Su madre es la fiel representante de la mujer Opus Dei chilena, dueña de casa con su melena rubia en su lugar siempre, con su collar de perlas discreto, falda a la rodilla, sweater de cuello redondo y colores pasteles y siempre esperando al marido con un martini listo a la hora de los aperitivos. Los hermanos de Armando son varios, a veces pierdo la cuenta, ocho con Armando si no me equivoco. Lo que mucha gente no sabe de esa familia es que estuvieron, en el tiempo en que estuve con Armando, en la quiebra total. Sr. Político había invertido en ciertos negocios turbulentos (cualquiera con buena memoria recordará de qué hablo) que arrastraron a varios políticos por el barro. Se lavaron las manos con sus billetes, pero quedaron en la quiebra casi total. No perdieron la casa, y recuerdo un tiempo en que a la nana le habían "dado vacaciones" porque no tenían cómo pagarle. Recuerdo a la mamá de Armando intentando lavar platos y limpiar baños enguantada y armada de cloro y detergente en sus zapatos de tacón y su sweater pastel, mientras sus hijas se encerraban en el dormitorio a llorar la tragedia familiar. Recuerdo que el refrigerador estaba vacío y que la tradicional comida de los domingos consistía en arroz hervido y papas cocidas y huevos fritos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, la familia seguía conservando las formas, para no parecer pobres, decían. Cuando pasó todo esto, Armando y yo llevábamos un año como pareja y los planes de irnos a vivir juntos se fueron a la basura. Aunque pensándolo bien, creo que Armando nunca tuvo planes serios de vivir conmigo antes de casarse. No creo que a los 21 se hubiera atrevido a desafiar al patriarca. Con la quiebra económica, todo lo que Armando ganaba trabajando iba para mantener la casa. Yo había decidido, cuando conocí a Armando, que él y únicamente él iba a ser el hombre de mi vida. Había borrado mi pasado de un plumazo, una amnesia autoprovocada que me permitiría nacer de nuevo, vivir a su lado, ser feliz. Nada de eso pasó con la tragedia familiar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue ese el tiempo en que empecé a acostarme con hombres por plata. Necesitaba pagar mi departamento, el que se suponía pagaríamos a medias con Armando. Cuando me ví fuera de deudas y con una cuenta estable en el banco, empecé a ayudar a Armando y su familia con ese dinero mal ganado. Les pagaba algunas cuentas, les compraba comida, a veces les regalaba ropa o tarjetas de regalo para que usaran en lo que quisieran. Siempre justifiqué ese dinero con mis extra turnos como enfermera y nunca lo dudaron, o si lo dudaron, nunca dijeron nada. Supongo que cuando tienes hambre, no te importa de dónde venga el dinero para comer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fueron meses horribles, en que me debatía entre la mala conciencia de estar vendiendo el cuerpo y el pensamiento de estar haciéndolo por una buena causa. O eso era lo que quería creer. Algunas veces pedí favores a cambio de sexo: un trabajo demasiado bien pagado para uno de los hermanos de Armando, una llamada para alguna aparición en público para el padre, algún evento de recaudación para alguna institución en donde la madre de Armando era la anfitriona, recibiendo como pago regalías... Poco a poco el padre de Armando empezó a recuperarse. Sus amigos fueron ayudándole con préstamos, fue invirtiendo más sabiamente y al cabo de tres años no puedo decir que nadaban en la abundancia, pero se habían recuperado bastante bien, volvían a estar en las páginas sociales y viviendo la vida como la conocían. Yo esperé pacientemente a que Armando me pidiera matrimonio. Terminamos la universidad, nos graduamos, trabajábamos, yo seguía prostituyéndome en previsión al futuro, quería ahorrar lo más posible para que cuando me casara y pudiera empezar, esta vez de verdad, mi nueva vida. Yo seguía ayudando económicamente de vez en cuando a la familia de Armando, pero el tiempo pasaba y Armando no daba muestras de que nuestra relación fuera a convertirse en algo más serio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de las elecciones, después de la campaña, cuando tengamos más dinero en el banco, después de que se case mi hermana, cuando mi sobrino haya nacido, sido bautizado y vaya al colegio... eran las excusas que escuchaba una y otra vez. Cuando mejore la economía, cuando termine el master, cuando encuentres un trabajo mejor pagado... me asqueaban sus excusas. No le encontraba razón a mi vida sin Armando, pero sentía que junto a él, pese a todo mi amor, me había muerto. Mi cuerpo no era mi cuerpo, mi sexo no era mío sino de quien pagara el mejor precio, del mejor postor. Y mis ilusiones, mis sueños... llevaban muertos y enterrados demasiado tiempo. Le dí a Armando un ultimatum: Yo quería un anillo y una fecha o nos separaríamos. Armando decidió que nos diéramos un tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sentí que me moría. Yo no trabajaba, vivía de lo que pasaba en mi cama, pero todos me creían la enfermera jefa de cierto piso en cierta clínica. Con ese puesto imaginario justificaba el dinero y trabajaba, supuestamente, con enfermos de algo tan raro, que nadie se atrevía a cuestionarme. Me pasé semanas en cama, sin querer comer, sin querer ver a nadie, viviendo por los momentos en que Armando me llamaba para saber como estaba y decirme que aún no estaba seguro de lo nuestro, o bien, de apresurar las cosas en nuestra relación, así le llamaba él. Alguien me comentó que lo había visto en el club que su familia solía frecuentar acompañado de la rubia amiga de su hermana, aquella que todos esperaban se convirtiera en su esposa. Me derrumbé. Me tomé muchas pastillas para dormir y lo siguiente que recuerdo son las sondas en la nariz, el dolor en mi garganta por el vómito y el lavado gastrointestinal y la ausencia total de Armando a mi lado. En una de las revistas de sociedad que tenían en la clínica para distracción de los pacientes vi a Armando, en una fiesta, abrazado a la rubia. Todo se había acabado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me fui a casa maltrecha y con el alma en pedazos. Armando me llamó un par de veces y tuve la dignidad de decirle que lo mejor era que termináramos definitivamente. Armando me dijo que lo pensara, que todo era tan reciente, que necesitábamos tiempo. Le dije que no, yo ya lo había decidido, para qué seguir alargando algo que no tenía futuro. Sentía que no tenía nada más que darle, ni siquiera amor. Sentía que todo lo que había hecho, por él, había sido en vano. Armando fue a verme por última vez, discutimos por mí decisión de terminar con él, mientras yo lo oía incrédula decirme que había malgastado años de su vida junto a mi lado por nada, que ahora le hacía esto, y me daba las gracias por hacerle el favor de dejarlo, algo que él hubiera debido hacer hacía mucho tiempo, mientras iba recolectando sus cosas para llevárselas, cosas que le había comprado yo con el dinero de mi prostitución. Armando no se fijó en las marcas de mis brazos amoratados ni me preguntó qué me había pasado. Armando me había dejado seca y vacía de todo. Armando nunca supo que quise morirme por él esa vez y las siguientes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasaron dos años de vida vacía, de cama llena de citas y de litros de semen. Siempre sabía de Armando, en qué estaba, qué hacía. Cuando supe que se había accidentado y que podría morir, sentí que me moría yo de nuevo. Fue cuando empecé a escribir esto. Por primera vez aterricé en lo que Armando había significado para mí y en lo que le había hecho a mi vida por las migajas de amor. Si Armando moría, yo también quería morirme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ahora han pasado casi cuatro años de aquel accidente, Armando ha dejado a la rubia eterna amiga de su hermana y puedo decidir que quiero estar con él. Pero... no sé si quiero, realmente, estar con él. No sé adonde voy, qué estoy haciendo con mi vida o siquiera si esta vez las cosas van a salir un poco mejor que antes. No lo sé. Y el tiempo se me acaba y debo decidir...&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6752864615742077422-1594615627422310963?l=manonamarguerite.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/1594615627422310963'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/1594615627422310963'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://manonamarguerite.blogspot.com/2010/11/decisiones.html' title='Decisiones'/><author><name>M</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='26' src='http://photos1.blogger.com/blogger/309/2316/1600/blog.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6752864615742077422.post-7080735988707922452</id><published>2010-11-10T00:58:00.002-03:00</published><updated>2010-11-10T02:07:12.620-03:00</updated><title type='text'>30 años</title><content type='html'>He cumplido treinta años hace unos días. Treinta años hace de que vine al mundo gracias a una madre interesada y a un padre maricón que no había salido del clóset.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace cuatro meses que no escribo y han pasado tantas cosas...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Derek está de nuevo en Canadá. A fin de año lo trasladan definitivamente y me ha pedido que me case con él y que me vaya con él. Después del malentendido con su hermana, las cosas han ido bastante bien. Derek es maravilloso, un hombre atento, un amante experto, pero aún así hay cosas que no entiendo de él. Quizás sean las llamadas diferencias culturales, o quizás sea que Armando ha vuelto a mi vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Armando... Armando es ahora mi "amante", si puede llamársele así. Nos vemos regularmente, dos o tres veces por semana en horas robadas cuando Derek ha estado en Santiago, todos los días cuando Derek ha estado de viaje. Ahora se acaba de ir. Armando y Derek son tan distintos. Con Derek sé que podría irme, olvidarme de toda esta vida de mierda que he llevado por treinta años, empezar de nuevo y desde cero, sin pecados y sin recuerdos, y aún así no me decido. Con Armando cargo mil cruces, oculto mil cosas y a pesar de todo el tiempo que llevábamos sin vernos y de todo lo que ha pasado, aún siento el mismo vértigo del primer día en que lo ví, del primer día que nos besamos, de la primera vez que hicimos el amor. No sé si puedo asegurar que lo amo, ni siquiera sé si a estas alturas puedo, realmente, amar a alguien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Armando y Derek, Derek y Armando, dos polos tan opuestos, por los dos siento "algo". La pregunta es qué estoy dispuesta a sacrificar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hice una fiesta para mi cumpleaños e invité a Armando. Ese fue el día que Derek me pidió matrimonio delante de todos mis amigos. Sacó un anillo de la nada en medio de un brindis, me declaró su amor delante de todos y sin darme tiempo a reaccionar puso el anillo en mi dedo. No creo haber respondido nada. Sólo lo abracé y miré a Armando, que me miraba pálido desde un rincón. Felicitaciones, más brindis, te echaremos de menos Marguerite cuando te vayas, acuérdate de llevarte un chaleco de lana, en Canadá hace frío hasta en verano, risas, ruido, salgo al balcón a fumarme un cigarro mientras Derek se ríe con fuerza, le hago un gesto a Armando de que me siga. Armando me pregunta si realmente me voy con Derek y le digo que qué cree, con los ojos achicados por el humo. Me dan ganas de decirle que él se lo ha perdido, que yo he estado ahí todo el tiempo, esperando por él como una viuda negra venenosa en su tela de araña, pero me recuerdo a tiempo de que fui yo quien lo dejó a él y nos sumimos en un silencio profundo y negro como la noche que nos rodea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todos se empiezan a despedir, voy a dejar a Derek a su apartamento, borracho y casi inconsciente. Cuando vuelvo, casi todos se han ido. Armando sigue con una copa de vino en su mano, sentado en un sillón y Carolina me hace un "no" con la cabeza antes de salir. Estamos solos. Me siento frente a Armando y juego con el anillo en mi dedo. Armando guarda silencio. Le digo que tengo sueño, que me voy a acostar y que si quiere, tengo sábanas y frazadas para que duerma en el sofá. Me levanto y Armando se pone de pie. Me aprisiona contra la pared, me sujeta las muñecas con fuerza y acerca su cara a la mía. Me gusta que sea agresivo, me calienta tenerlo tan cerca. Me pregunta que a qué juego. Lo miro a los ojos y acerco mi cara a la de él, rozando mis labios con los suyos y le digo que no estoy jugando a nada. No esta vez. No cuando ambos somos adultos, cuando han pasado diez años desde que nos conocimos, cuando él tiene pareja y yo tengo a Derek. Le digo que me suelte, que de verdad estoy cansada, y Armando intenta besarme y yo hago como que me resisto, alejando mi cara de la de él pero pegando mi cuerpo a su cuerpo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Armando me obliga a ir a la cama, o se cree él que eso hace, soy yo quien casi no ha bebido y quien lo dirige a mi tela de araña. Le hago el amor hasta hacerlo gritar, hasta que cae exhausto a mi lado, hasta que en su mente no cabe nada más que yo y ese nosotros temporal y etéreo. Entonces lo abrazo y le digo que esta será la última vez que nos veamos, que he decidido irme con Derek, que ya no quiero estar tonteando. Lo obligo a levantarse y a vestirse. Le digo que quiero estar sola, que lo nuestro se ha acabado, si es que alguna vez hubo algo. Le cierro la puerta en la cara. A las dos horas, cuando ya he limpiado las copas de vino a medio llenar y los platos con restos de queso mustio y galletas húmedas, suena el timbre. Es Armando, con los ojos enrojecidos, parece que ha bebido más. Le dejo que entre, le digo que está borracho y que se acueste en el sillón, que al otro día hablaremos. Me dice que lo ha decidido, que no quiere perderme nuevamente, que quiere estar conmigo, que irá contra todo y contra todos por mí, que esta vez las cosas saldrán diferentes. Nos dormimos abrazados. Volvemos a hablar al desayuno, con la cabeza despejada. Le digo que si recuerda todo lo de la noche anterior y me dice que sí y afirma que está dispuesto a jugársela por mí. Le doy máximo una semana para que deje a su novia. En cinco días no nos vemos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy ha venido Armando. Me ha dicho que ha terminado con su novia. Derek vuelve en una semana, se supone que debo terminar con él cuando vuelva. El problema es que ahora soy yo quien no está segura de nada. Qué es lo que realmente quiero... quiero irme con Derek, dejar la carrera en la universidad que recién he comenzado y que realmente me gusta, aunque Derek dice que puedo estudiar allá, y terminar de una vez por todas toda esta mierda o quiero vivir lo que siempre soñé con Armando, arriesgar lo que tengo y pueda llegar a tener con Derek, y seguir viviendo una doble vida a sabiendas de que quizás con Armando esta vez tampoco resulte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tengo treinta años y ya no tengo más tiempo para equivocaciones.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6752864615742077422-7080735988707922452?l=manonamarguerite.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/7080735988707922452'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/7080735988707922452'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://manonamarguerite.blogspot.com/2010/11/30-anos.html' title='30 años'/><author><name>M</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='26' src='http://photos1.blogger.com/blogger/309/2316/1600/blog.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6752864615742077422.post-5113127533565445440</id><published>2010-07-04T14:56:00.003-04:00</published><updated>2010-07-04T16:21:47.162-04:00</updated><title type='text'>De cómo conocí a Armando</title><content type='html'>Yo estaba en tercero de la universidad y estaba comprometida con Eduardo, un capitán de ejército que estaba bastante loco, ahora que lo miro en retrospectiva. Teníamos fecha para casarnos a fines de año, nos habíamos puesto las ilusiones y en mi dedo relucía un enorme anillo de compromiso. Llevaba con Eduardo poco menos de un año y había logrado serle fiel. El segundo semestre había empezado recién y nos habíamos distribuido los lugares de práctica. Esta vez me había tocado la práctica de enfermería en el centro de salud de otra universidad. De la universidad en que estudiaba Armando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Debo haber llevado dos o tres semanas ahí, haciendo práctica tres veces por semana, cuando un día, lo recuerdo bien, un día nublado y tibio de junio, apareció Armando. Dos compañeros de curso lo afirmaban de los hombros y Armando daba pequeños saltos en un pie. Llevaba pantalones cortos. Tenía unas piernas fantásticas. Se veía sucio, el pelo desordenado y sudado y la rodilla derecha con un magullón sangrante. Le habían dado una patada jugando a la pelota y le dolía la rodilla al apoyar el pie en el suelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La recepcionista, una mujer de pelo corto y oscuro, de cara larga y frígida, hizo el registro. Yo me quedé parada, mirándolo. Armando me miró por un segundo y me sonrió, o fue un amago de sonrisa, y entró a la sala de examinación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ojalá pudiera describir lo que sentí la primera vez que ví a Armando. Me imagino que es aquello que los románticos llaman "amor a primera vista". Armando... Quizás no era el hombre perfecto, quizás ni siquiera era tan atractivo como otros hombres con los que había estado, pero para mí, en ese momento, fue el hombre más lindo del mundo. Y fue algo, de primeras, puramente físico, que nunca me había pasado. Una sensación violenta en las entrañas, de vértigo e incertidumbre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A esa hora casi todos se habían ido. Sólo quedábamos en el centro médico la recepcionista frígida, el médico de turno y yo, la estudiante de enfermería en práctica que tenía que hacer casi todo. En ese tiempo, de todas formas, me gustaba mi trabajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recuerdo ese primer día con claridad meridiana. Tomé la ficha de Armando del escritorio de la recepcionista quien me dijo "traten de hacerla cortita para irnos a la casa, ¿ya?". Abracé la ficha y la apreté contra mi pecho y con piernas débiles me fui a la sala de examinación. Le dije a los compañeros de Armando que salieran de la sala y esperaran afuera. El pelo le caía sobre los ojos a Armando y estaba apoyado hacia atrás, con sus manos sobre la camilla, la rodilla inflamada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le pregunté qué le había pasado. Lo anoté en la ficha para el médico. Le dije que le iba a limpiar con agua destilada la rodilla y que me avisara si le dolía. Con dedos temblorosos y con mucho cuidado, le quité la tierra que llevaba encima. Le pregunté si le había dolido. Para nada, me dijo Armando, tienes manos de ángel. Sentía el corazón galoparme en el pecho y las mejillas ardientes. Cuando apareció el médico lo revisó, le dijo que parecía una contusión simple y que el hematoma le iba a durar unos pocos días. Le dió licencia por tres días y me ordenó ponerle hielo y que se tomara un analgésico anti inflamatario y se quedara media hora sentado. Media hora estuvimos ahí, yo sosteniéndole el hielo sobre su rodilla inflamada y conversando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por suerte, no llevaba anillos puestos. Siempre me quitaba las joyas cuando me tocaba "jugar a la enfermera", así que Armando no vió en mi mano la ilusión ni el anillo de compromiso. Le recordé que hiciera reposo con la pierna en alto y le dije, al pasar, que su polola podría cuidarlo esos tres días. No tengo polola, sonrió Armando. Y ahí yo supe que me había enamorado de él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le pedí su correo electrónico para anotarlo en su ficha y a mi pesar, lo dejé irse con sus amigos, pero había copiado su dirección de correo electrónico y ese mismo día por la noche le envié un correo sin revelarle quién era yo. Le decía que me gustaba, que era su "admiradora secreta" y que me habría gustado, un día, tener una cita con él y ver que pasaba. Casi me dió un infarto cuando me respondió. Armando pensaba que era una broma primero, pero le aseguré que era verdad. Así estuvimos una semana, escribiéndonos a cada rato, hasta que le escribí de parte del centro médico llamándolo a control. Cuando Armando apareció con su rodilla mucho mejor y sin cojear, le sonreí y le dije: Bueno... Me reconoces ahora de tus correos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese mismo día nos fuimos a tomar algo. Conversamos por horas. Me sentía tan feliz. No sabía qué teníamos en común, pero no me importaba, sólo me sentía feliz. Nuestras vidas eran diametralmente opuestas. Armando pertenecía a una buena familia bien conformada, así que evité hablar de mi familia y llevé los temas por otros derroteros: equipos de fútbol, comidas preferidas, películas favoritas, libros, música... Nos despedimos cuando ya estaba oscuro y quedamos de juntarnos al otro día, aunque yo no tenía práctica en su universidad, quedamos en que yo lo pasaría a buscar después de clases. No contaba con que al otro día Eduardo tenía libre y quería verme. Le inventé un trabajo en grupo, un informe de práctica, mil cosas de la universidad que me impedían verlo, y me fuí feliz a la universidad por la mañana, arreglada y vestida para conquistar a Armando. Estaba con unas compañeras en la biblioteca, les había contado de Armando y yo estaba feliz, cuando apareció una compañera avisándome que Eduardo me andaba buscando. Me cambié ropa con una compañera detrás de unas mesas y me lavé la cara de maquillaje con toallitas húmedas. Si Eduardo me veía así arreglada, habría sospechado. Les alcancé a decir a mis compañeras del supuesto informe que prepararíamos para el día siguiente cuando lo ví aparecer. Me llevaba una caja de bombones y quería verme un ratito, ya que el resto del día no nos veríamos. Lo eché lo más rápido que pude, mis compañeras se repartieron los chocolates, volví a ponerme mi ropa y me arreglé de nuevo. Hasta el día de hoy mis ex compañeras recuerdan y se ríen de ese día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Apenas salí de clases, volé a buscar a Armando. No hacía frío, fue por la veintena de junio, si mi memoria no falla, me senté a esperarlo fuera de dónde me había dicho que tendría clases. Lo ví salir con un grupo de compañeros. Armando estaba en tercero de Ingeniería Comercial, teníamos la misma edad. Se despidió de sus compañeros, se reunió conmigo y me pidió que lo acompañara a casa de su hermana. Tenía que llevar el perro al veterinario, pero estaríamos pronto desocupados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tomamos la micro hasta la casa de su hermana. El perro era un animal enorme, un San Bernardo con la fuerza de un caballo. El veterinario quedaba a pocas cuadras, así que fuimos caminando. El veterinario no le encontró nada al perro, le diagnosticó "tristeza" y nos dijo que le hacía falta una novia. Eso era todo. De vuelta a la casa de su hermana paramos en una plaza. Dejamos al perro suelto para que corriera y nos sentamos en una banca. Estaba oscureciendo y empezaba a hacer frío. Conversamos, no sé de qué y de a poco nos fuimos acercando, tal como en las películas, a besarnos. Ese fue el inicio de todo, de todo lo bueno y de todo lo malo. Lo recuerdo ahora porque Armando se ha ido hace unas dos horas, pasó la noche conmigo, en mi cama, y yo sigo desnuda, con sus besos como única vestimenta sobre mi cuerpo y su olor, Dios, como lo echaba de menos, su olor en mí. Esta vez no voy a cometer los mismos errores que cometí años atrás. Esta vez, Armando se quedará conmigo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6752864615742077422-5113127533565445440?l=manonamarguerite.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/5113127533565445440'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/5113127533565445440'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://manonamarguerite.blogspot.com/2010/07/de-como-conoci-armando.html' title='De cómo conocí a Armando'/><author><name>M</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='26' src='http://photos1.blogger.com/blogger/309/2316/1600/blog.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6752864615742077422.post-411796383181899665</id><published>2010-06-22T11:53:00.004-04:00</published><updated>2010-06-22T12:38:31.182-04:00</updated><title type='text'>Volver</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_PKJunDQ5N1Y/TCDe9e7wvXI/AAAAAAAAE6M/FLro-VjkWRg/s1600/DSC_0457.JPG"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; DISPLAY: block; HEIGHT: 214px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5485629493994372466" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_PKJunDQ5N1Y/TCDe9e7wvXI/AAAAAAAAE6M/FLro-VjkWRg/s320/DSC_0457.JPG" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Me he puesto ropa interior de encaje blanco, idéntica a la que llevaba la primera vez que me acosté con José Ignacio. Y me he puesto las joyas que me regaló la última vez que estuvimos juntos: un par de aros de oro blanco y brillantes, un anillo con un diamante en el centro y veintidós pequeños brillantes alrededor, según dice el certificado que venía en la caja, además de una pulserita con colgantes y brillantes. Los diamantes nunca me gustaron, pero nunca se lo dije a José Ignacio, pensé que podían servirme en un futuro, venderlos cuando necesitara dinero o algo así. José Ignacio bromeaba con que me había regalado un anillo de compromiso. Decidí que no es necesario vender mis joyas cuando a José Ignacio puedo venderle mi propio cuerpo. No me hace falta dinero, de momento, aunque los gastos de la universidad y el vivir sola han disminuido considerablemente mi cuenta del banco. Me he puesto un poco del perfume favorito de José Ignacio, que odio, porque me recuerda a las flores de los cementerios, y quizás es el mejor ejemplo de quien soy: una muerta que deja que los gusanos se den un banquete con su cuerpo. No me importa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sobre la ropa interior me he puesto un vestido corto y ajustado. No hace frío, por suerte. El día está ideal para mi primer día de vuelta en mi vieja vida. Lo pensé mucho. Lloré porque creía que era posible cambiar, que para mí todavía había salvación... Hasta que me volví a encontrar con Armando, pero esa es otra historia. Siento mariposas en el vientre. No sé cómo me recibirá José Ignacio, ni siquiera sé si mi plan dará resultado. Me fumé un cigarro tibio mientras hacía hora. Me lavé las manos, me volví a perfumar con dedos temblorosos y me puse medias con liga de encaje y portaligas, como a José Ignacio le gusta. Me puse zapatos de taco alto. Me siento nerviosa y ansiosa. Esto no es para mí un retroceso, es un tomar, de nuevo, las riendas de mi vida para dirigirla hacia donde yo quiero y esta vez no me importará nada ni nadie para conseguirlo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6752864615742077422-411796383181899665?l=manonamarguerite.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/411796383181899665'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/411796383181899665'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://manonamarguerite.blogspot.com/2010/06/volver.html' title='Volver'/><author><name>M</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='26' src='http://photos1.blogger.com/blogger/309/2316/1600/blog.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_PKJunDQ5N1Y/TCDe9e7wvXI/AAAAAAAAE6M/FLro-VjkWRg/s72-c/DSC_0457.JPG' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6752864615742077422.post-8805944697234424894</id><published>2010-06-19T03:13:00.003-04:00</published><updated>2010-06-19T04:40:49.325-04:00</updated><title type='text'>Llueve</title><content type='html'>Llueve. Hace frío. Esta noche me siento sola, quizás más sola que nunca. Mi cama está suave y fría. Oigo a los vecinos que tienen una fiesta y no logro distinguir lo que gritan ni la música que están escuchando. Traté de llorar, para quitarme esta angustia de las amígdalas, pero las lágrimas se me secaron hace tanto tiempo... Y lo peor son las decisiones... No puedo volver a equivocarme. Esta vez me estoy jugando todo. Se ha puesto a llover con más fuerza.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6752864615742077422-8805944697234424894?l=manonamarguerite.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/8805944697234424894'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/8805944697234424894'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://manonamarguerite.blogspot.com/2010/06/llueve.html' title='Llueve'/><author><name>M</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='26' src='http://photos1.blogger.com/blogger/309/2316/1600/blog.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6752864615742077422.post-7541524602935497257</id><published>2010-04-26T18:27:00.001-04:00</published><updated>2010-04-27T03:09:05.042-04:00</updated><title type='text'>Derek</title><content type='html'>Derek volvió. Y yo soy una estúpida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Varias personas me habían mencionado que quizás Derek era casado, que era demasiado bueno para ser verdad y demasiado buen partido como para estar solo, y que solo estaba pasando el rato conmigo. Yo tenía mis dudas. El lunes camino a la universidad, salí del ascensor y lo ví parado en conserjería, me daba la espalda a mí. Creí desmayarme de la emoción. Mientras me acercaba a él, hay unos 15 metros entre el ascensor y conserjería, me fijé que se le acercó una mujer y lo abrazó por la cintura. A lo único que atiné fue a detenerme en seco y esconderme detrás de una columna. Mi mundo se vino abajo. Derek sí estaba casado y había vuelto a Chile con su mujer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esperé un rato hasta que salieron. Volví a mi departamento y me lancé a llorar en la cama. Cuán tonta se puede llegar a ser? realmente, yo me llevo el premio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No fui a la universidad ese día. Me tomé unas copas de vino. Llamé a Albert, le pedí que se pasara por mi departamento, le dije que no estaba bien y que lo necesitaba. Me dijo que iba a estar ahí cerca de las cuatro. A eso de las tres cuarenta fui al minimarket que hay en la esquina a comprar algo de comer, ya que venía Albert. Iba llegando al edificio después de comprar y veo a Albert estacionándose. Albert tomó las bolsas, me preguntó que pasaba y antes de alcanzar a decirle algo, veo venir a Derek con la mujer. En un impulso infantil abracé a Albert y lo besé. Vi a Derek mirarme con la boca abierta, pero no dijo nada, ni se detuvo, entró con su mujer al edificio y nosotros entramos detrás de ellos. Tomamos el mismo ascensor. La mujer le hablaba a Derek y él le contestaba con monosílabos, negándose a mirarme. Yo tenía tomada la mano de Albert y ya le había dicho que hablaríamos una vez en mi departamento, que no me preguntara nada. Miré bien a la mujer de Derek. Bajita, quizás 1,60 mt. Castaña rubia, delgada... No sé que más. Ninguno de sus rasgos era excesivamente notorio, me preguntaba qué le había encontrado Derek. Al lado de él, ella se veía pequeña e insignificante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Derek y su mujer salieron primero, sin mirarnos, y nosotros nos bajamos cuatro pisos más arriba. Entramos a mi departamento, me serví más vino, Albert dejó las bolsas en la cocina y se sentó a mi lado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Bueno... Qué es lo que pasa?&lt;br /&gt;- Pasa que soy una estúpida...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me bebí el resto del vino y fui a buscar más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Cuánto has bebido?&lt;br /&gt;- No lo suficiente.&lt;br /&gt;- Solo alcohol?&lt;br /&gt;- Qué crees? que me estoy metiendo algo?&lt;br /&gt;- No... Sólo preguntaba...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tiré la botella vacía a la basura y abrí otra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Quieres?&lt;br /&gt;- Estoy conduciendo...&lt;br /&gt;- Quédate conmigo hasta mañana...&lt;br /&gt;- Sabes que no puedo...&lt;br /&gt;- Claro, tu mujer...&lt;br /&gt;- Qué es lo que te pasa Marguerite?&lt;br /&gt;- Pasa... - otra copa de vino - que soy una estúpida, idiota, tonta... se te ocurren más sinónimos?&lt;br /&gt;- Por qué dices eso?&lt;br /&gt;- Porque... me acabo de enterar de que el hombre del que creo estar enamorada está casado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creo que Albert se puso un poco pálido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No sabía que estabas viendo a alguien!&lt;br /&gt;- No sabía que tenía que contarte con detalles con quien me acuesto y cuándo!&lt;br /&gt;- Marguerite... no me refiero a eso y lo sabes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Albert se puso de pie y me abrazó. Me puse a llorar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Por qué, por qué siempre todo tiene que salirme mal?&lt;br /&gt;- Quien es?&lt;br /&gt;- Eso qué importa?&lt;br /&gt;- Estoy tratando de ayudarte Marguerite...&lt;br /&gt;- El tipo del ascensor...&lt;br /&gt;- El gringo?&lt;br /&gt;- Sí...&lt;br /&gt;- Es él?&lt;br /&gt;- Sí, y esa era su mujer...&lt;br /&gt;- Has hablado con él?&lt;br /&gt;- No, lo descubrí esta mañana...&lt;br /&gt;- Estás segura que es la mujer? Podría ser una amiga...&lt;br /&gt;- Por favor, el hombre vive solo en Chile, actúa de manera sospechosa conmigo, no quiere que lo hagamos en su departamento, se va a Canadá y ahora aparece con una "amiga". No te suena demasiado rebuscado? Además la ví abrazándolo...&lt;br /&gt;- Como pareja?&lt;br /&gt;- De la cintura, así de lado...&lt;br /&gt;- Hmm. Deberías hablar con él.&lt;br /&gt;- No, ya no quiero, no vale la pena.&lt;br /&gt;- No pierdes nada...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos sentamos en el sofá. Yo me sentía un poco mareada y totalmente deprimida. Empecé a besar a Albert.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Marguerite... Estás... borracha!&lt;br /&gt;- No, un poquito mareada sí.&lt;br /&gt;- Porqué no duermes un rato?&lt;br /&gt;- Te vas a acostar conmigo?&lt;br /&gt;- A tu lado, no contigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Albert me llevó a la cama y me hizo acostarme. Me tapó y se acostó a mi lado encima del cobertor y me abrazó por la espalda. Volví a llorar hasta que me quedé dormida. Cuando desperté Albert se había ido. En mi velador, como siempre, había dejado dinero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El martes y miércoles me quedé en cama. No tenía ganas de levantarme ni de hablar ni de ver a nadie. Albert me llamó, me pidió que no siguiera bebiendo, volvió a decirme que hablara con Derek y me preguntó si quería que me pasara a ver. Le dije que no.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El jueves y viernes tuve que ir a clases. Cuando volvía a casa el viernes por la tarde, me encontré con la mujer de Derek en conserjería. El conserje no estaba y apenas me vió se me acercó para preguntarme si sabía cómo podía entrar al gimnasio, ya que no recordaba el código de la puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La acompañé hasta el gimnasio, puse mi propio código y la dejé entrar. La mujer hablaba hasta por los codos. A mí me sudaban las manos, me sentía débil, quería irme pero ella no dejaba de hablar. Al final tuve que contestarle, decir algo, para no parecer una tarada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Así que... eres nueva en el edificio?&lt;br /&gt;- No, sólo vine de visita...&lt;br /&gt;- Ah sí? A visitar a... quien? - Traté de poner mi mejor sonrisa&lt;br /&gt;- A mi hermano. Está trabajando acá.&lt;br /&gt;- Tu hermano? Derek es tu hermano?!&lt;br /&gt;- Sí! Lo conoces!&lt;br /&gt;- Sí... hemos hablado y... pensé que eras su esposa! El otro día los ví juntos...&lt;br /&gt;- Jajaja! no!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de eso no recuerdo qué más hablamos, pero me despedí rápido, subí a mi departamento y llamé a Albert. Le conté que la supuesta esposa de Derek no es tal, sino la hermana. Albert me ha dicho que vaya a hablar con él y vea lo que pasa, si él me quiere o no. Yo no sé qué hacer, me siento tan, pero tan estúpida. Debí haber hablado con Derek desde el principio, decirle cómo me sentía y lo que pensaba. Ahora cómo le explico el beso que me vió darle a Albert y que nos viera de la mano en el ascensor? No sé que hacer!&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6752864615742077422-7541524602935497257?l=manonamarguerite.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/7541524602935497257'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/7541524602935497257'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://manonamarguerite.blogspot.com/2010/04/derek.html' title='Derek'/><author><name>M</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='26' src='http://photos1.blogger.com/blogger/309/2316/1600/blog.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6752864615742077422.post-5900240388676320373</id><published>2010-04-05T12:06:00.004-04:00</published><updated>2010-04-05T13:02:01.185-04:00</updated><title type='text'>Lo que dura un orgasmo</title><content type='html'>¿Será que algunas personas estamos pre destinadas a tener "mala suerte" en el amor?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hago un recuento de mi vida y parece que lo único importante, lo único que me ha marcado realmente, son las malas experiencias que he tenido en terreno amoroso. Y aún así no me doy por vencida y vuelvo y caigo una y otra vez. No sé si será adicción al dolor y al sufrimiento o será que de verdad aún tengo esperanza de enamorarme de verdad y que alguien se enamore de mí, sin dolor de por medio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Probablemente soy demasiado exigente. Han habido hombres que me han querido y mucho, pero siempre hay algo, ese maldito "algo" que les falta para ser perfectos, para ser lo que yo quiero que sean, y termino acabando con esa relación. Quizás les veo solo lo malo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cierta vez Carolina, durante una discusión que tuvimos, me gritó que yo echaba a perder todas mis relaciones porque para mí era más importante el bienestar económico que el amor. No sé si es tan así. Yo quiero enamorarme. Quiero amar a alguien con tal intensidad que me haga sentir vértigo y sentir que no puedo vivir sin él. Carolina me dijo que si encontrara a alguien que me hiciera sentir así pero ese alguien fuera pobre y no pudiera darme todo a lo que estoy acostumbrada, que no tardaría en dejarlo. Y me dijo que yo nunca estaba satisfecha en la cama y ese era mi otro gran problema. La cama...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo creo que necesito un todo. Amor, bienestar económico, satisfacción sexual... ¿es demasiado pedir? ¿Por qué tengo que renunciar a uno de ellos? ¿Cuál debo escoger como más importante? ¿Es que nunca voy a encontrar a ese alguien que tenga todo lo que yo quiero? Pero las ilusiones con cada hombre que conozco y con el que me acuesto me duran lo que dura un orgasmo y termino sola, siempre sola. ¿Vale la pena seguir buscando?&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6752864615742077422-5900240388676320373?l=manonamarguerite.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/5900240388676320373'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/5900240388676320373'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://manonamarguerite.blogspot.com/2010/04/lo-que-dura-un-orgasmo.html' title='Lo que dura un orgasmo'/><author><name>M</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='26' src='http://photos1.blogger.com/blogger/309/2316/1600/blog.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6752864615742077422.post-2482948415068915727</id><published>2010-04-04T18:52:00.007-04:00</published><updated>2010-12-11T03:20:39.755-03:00</updated><title type='text'>El aleteo de una mariposa</title><content type='html'>El lunes me fuí a confesar como habíamos acordado con Marcos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No siempre se hacían las confesiones en el confesionario, a veces usábamos alguna de las salas de clases de catequesis para confesarnos con el cura. Marcos me esperaba muy serio en una de las salas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Hoy por la tarde, apenas salgas del colegio, iremos juntos a ver a un ginecólogo&lt;br /&gt;- Para qué?&lt;br /&gt;- Tú no hagas preguntas, solo lo que te estoy diciendo.&lt;br /&gt;- Está bien...&lt;br /&gt;- Te pasaré a buscar en tal esquina...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eso fue todo. Salí aturdida. Pensé todo el día en lo que iba a pasar. Marcos estaba tan serio... Yo no sabía que pensar. Era algo bueno? algo malo? Yo había decidido que quería tener a mi hijo, pero no sabía qué era lo que Marcos quería. Tenía miedo y me sentía sola.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de clases Marcos me pasó a buscar donde lo esperaba. Hacía frío, estaba nublado y Marcos iba vestido de paisano, nada lo hacía parecer un sacerdote. Marcos condujo en silencio sin mirarme ni una sola vez. Yo no quise hablar. Me aferraba a mi vientre con las manos entrelazadas, tratando de sentir si el bebé se movía de nuevo, pero no sentí nada. Llegamos pronto a una clínica ginecológica en Providencia. Teníamos cita con el médico, que era padre de dos alumnos de mi colegio. Marcos y yo entramos juntos sin rellenar formularios. El médico se puso de pie y le dió la mano apenas entramos a su oficina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Marcos, hombre, tú por acá...&lt;br /&gt;- Así es...&lt;br /&gt;- En qué puedo ayudarte? - yo era un ser invisible, yo no existía ni importaba, hablaban entre ellos sin mirarme&lt;br /&gt;- Marguerite... al parecer está embarazada. Puedes hacerle una ecografía?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me dolió que Marcos siquiera dudara de lo que le había dicho. A una indicación del médico me subí a la camilla, me subí la blusa, me bajé un poco la falda y me quité la faja. Las costuras de la faja se me marcaban en la piel como heridas rojas. No podría seguir usándola por mucho tiempo. El médico puso gel frío en mi vientre y prendió su ecógrafo. Presionó con fuerza en contra de mi abdomen y mi hijo, mi bebé, apareció en una pantalla negra y gris.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Tiene unas 15 o 16 semanas de embarazo&lt;br /&gt;- Seguro?&lt;br /&gt;- Sí. - el médico empezó a mover el aparato por mi vientre - Todo parece en orden con el bebé...&lt;br /&gt;- Puede decirme qué es? niño o niña? - pregunté con un hilo de voz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El médico no me respondió, sino que miró a Marcos. Marcos le hizo un gesto con la cabeza, como diciendo "no" u "olvídalo" y él no me dijo nada a mí, volvió a enfocarse en la pantalla. Yo trataba de ver algo, pero aparte de sombras y uno que otro movimiento en las manchas, no distinguía nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Bueno... - habló Marcos - Cuánto sale un aborto de 15 semanas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El médico lo miró boquiabierto, me miró a mí y lo volvió a mirar a Marcos. Yo sentí que el alma se me caía a los pies. Un aborto. Otro aborto. Y yo en la camilla, sin poder decir que no.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Marcos el embarazo está muy avanzado... No suelo hacer este tipo de procedimientos...&lt;br /&gt;- No sueles? Pero puedes, no?&lt;br /&gt;- Sí, pero... tendría que hacer una cesárea, anestesia general, necesito el consentimiento de sus padres... Porque es menor de edad, no? - yo no era un persona, era un objeto.&lt;br /&gt;- Hay otra opción aparte de la cesárea?&lt;br /&gt;- Podría usar instrumental, anestesia parcial... Pero no puedo asegurarte que no quedarán secuelas y además es peligroso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo seguía en la camilla escuchando lo que hablaban, como decidían sobre mí, sobre mi hijo y sobre mi futuro. Una cesárea? Secuelas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Y la cesárea?&lt;br /&gt;- Ya te dije que necesito la autorización escrita de sus padres.&lt;br /&gt;- No puedo firmar yo?&lt;br /&gt;- No. Además por la anestesia general necesitas vigilarla al menos por 24 horas y me imagino que en la parroquia no puedes, no?&lt;br /&gt;- Entonces haz lo segundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El médico me miró sin decidirse. Le dijo a Marcos que un aborto en esas condiciones costaba tres millones de pesos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Y el descuento para la iglesia? - preguntó Marcos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El médico me ordenó quedarme en la camilla y llamó a una enfermera. Él se fue con Marcos a discutir, supongo, el precio. La enfermera me dijo que me quitara la falda y que me pusiera una bata encima, sin sacarme la blusa. Yo temblaba, pero no de frío. Tenía miedo. El primer aborto había sido repentino e inesperado, mi segundo aborto en cambio... Sabía que había una vida en mi interior, lo había sentido moverse. Este aborto era como abortarme a mí misma, yo no quería, Marcos me obligaba, y yo no podía defenderme, tal como mi pequeño bebé no podía defenderse de los instrumentos afilados. Me puse a llorar. La enfermera siguió haciendo su trabajo sin inmutarse. Me ayudó a abrocharme la bata. Vino el médico, esta vez sin Marcos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No llores - me dijo - no te va a doler&lt;br /&gt;- No es eso...&lt;br /&gt;- No te preocupes... por lo que dije, no te quedarán secuelas tampoco - lloré con más fuerza&lt;br /&gt;- Es que yo... no quiero hacérmelo... no quiero abortar, quiero a mi hijo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El médico se puso pálido, volvió a llamar a la enfermera y nos dejó solas. La enfermera me dió dos pastillas y me dijo que eran tranquilizantes. Me las tomé con un sorbo de agua. A los pocos minutos entró Marcos con el médico de nuevo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Cómo es eso de que no quieres abortar?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me encogí en la camilla y Marcos se volvió gigante. No podía pelear contra él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Marcos, si ella no quiere... No puedo hacerlo! Ella tiene que estar de acuerdo! sabes que me juego mi reputación!&lt;br /&gt;- Tú haces lo que tienes que hacer. Si no lo haces, entonces sí que tu reputación se va a la mierda! Marguerite no saldrá de aquí con un bastardo mío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marcos me agarró de las muñecas y me sacudió fuerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Y ahora deja de llorar, sube las piernas aquí y te aguantas, por estúpida! Bien que te gustó abrir las piernas conmigo, no? ahora te callas!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me tendí en la camilla como una muñeca de trapo. Quizás eran los tranquilizantes que ya estaban empezando a hacer efecto. Marcos salió de la habitación y me quedé sola con el médico y la enfermera. El médico me preguntó si sabía si era alérgica a la anestesia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No. Este es mi segundo aborto...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El médico pestañeó dos veces en un segundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Marcos no quería al otro bebé tampoco... es mi culpa...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El médico no dijo nada. Yo sabía en ese momento que todo entre Marcos y yo se había terminado para siempre y pensé en hacerle un poco de mala reputación, como una pequeña y absurda, insignificante venganza. La enfermera enterró una aguja en mi brazo, encontró la vena y me puso una jeringa. El médico me dijo que eran tranquilizantes y analgésicos y que me pondrían "algo" para hacer el procedimiento más fácil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde ahí, todo lo recuerdo como un sueño, o como una pesadilla. Es cierto que no me dolió, pero me pareció sentir lo que el médico hacía, o quizás fue mi imaginación. Me pinchó en algún lugar al interior de la vagina, o del cuello del útero. Sentí los instrumentos entrar, penetrarme, como fríos violadores y me imaginé al bebé, desesperándose de dolor y retorciéndose, tratando de escapar del cuchillo que lo cortaba en pedazos, de la cuchara que lo extraía y de la aspiradora que terminó de sacarlo de mí. Yo cerraba los ojos, pero la enfermera me obligaba a abrirlos y me decía que no debía dormirme. No duró más de 15 minutos el procedimiento. Tuve que esperar acostada a que se llevaran el instrumental y a mi pequeño bebé destrozado. La enfermera me entregó mi ropa y una toalla higiénica. Fui al baño. Ahí estaba la sangre, la sangre por la que había esperado cuatro meses que apareciera, la sangre que había acabado con mi embarazo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me sentía débil. Me dieron un café muy cargado y una serie de medicamentos que tendría que tomar durante la semana siguiente: antibiótico, analgésico, coagulante... El médico me decía que si me dolía el útero, si sangraba demasiado o si me daba fiebre, que tenía que volver a verlo. Me dijo que volviera en diez días a hacerme una ecografía para ver que nada hubiera quedado adentro. Yo quería despertar, volver el tiempo atrás, volver a estar recostada en la camilla y gritar, defender a mi hijo, que no me lo quitaran, pero la pesadilla continuó, Marcos pagó y el médico me dió un certificado para no ir al colegio esa semana diciendo que tenía una infección urinaria-vaginal. Nos fuimos de ahí en silencio. Marcos condujo sin hablar, sin preguntarme cómo me sentía yo. Yo llevaba las manos entrelazadas sobre el vientre, me dolía todo, el aleteo de mariposa que había sentido se había ido para siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la semana volví donde el médico. Me desahogué con él. La verdad es que fue muy amable conmigo esa vez que fui sola, me escuchó y me aconsejó, no solo en contra del embarazo sino por la relación entre Marcos y yo. Me puso esa vez un dispositivo intrauterino ya que le confesé que no era buena para recordar tomarme las pastillas anticonceptivas, pero a la semana el dispositivo se había salido y tuvo que sacármelo. Probamos a poner uno nuevo, pero mi útero lo rechazaba y lo expulsaba. Le pregunté al médico si eso era señal de que no podría tener más hijos y me dijo que no lo creía. Seguí tomando pastillas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con Marcos seguimos viéndonos a veces. Volvimos a hacerlo, pero entonces él se cuidaba con condón, nunca más volvió a arriesgarse. Seguimos viéndonos hasta que yo salí de cuarto medio y recién ahí, fuera del colegio, pude cortar definitivamente toda relación con él. En el colegio, a pesar de que después del aborto me vi con otros hombres, siempre terminaba dejándome convencer por Marcos de ir a dar una vuelta para conversar, aunque yo ya no sentía nada por él, era algo extraño, no podía decirle que no. No siempre lo hacíamos. A veces solo conversábamos. Marcos me hablaba de Dios, de la iglesia, de su vocación... mientras me acariciaba el pelo y yo lo escuchaba pensando en otras cosas, despreciándolo por lo que me había hecho, pero aún así fascinada por él. Era algo tan insano... Marcos me decía que cuando entrara a la universidad me olvidaría de él y tenía razón, a pesar de que durante cuatro años nos acostamos muchas veces mientras yo salía con otros chicos, fue recién en la universidad que pude desprenderme completamente de él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy Marcos es sacerdote en una iglesia de Vitacura. Un par de veces he ido a verlo, me he sentado en el último asiento y lo he oido recitar su misa. Diez años han pasado desde la última vez que nos acostamos juntos, casi quince años desde que me hice mi segundo aborto, el que me hizo desear nunca tener hijos y odiar al género masculino en general. Después de ese aborto no quise a nadie, hice y deshice con los hombres, hasta que conocí a Armando y me propuse cambiar. Marcos no me ha reconocido, eso creo, las veces que he ido a su misa. Tiempo después me enteré de que Marcos tiene hija, una mujer que para el tiempo en que me quedé embarazada tenía 9 años, es solo seis años menor que yo. También me enteré de que para el tiempo en que me hice el aborto, Marcos tenía un hijo de un año con otra mujer. Por supuesto, esto no es impedimento para su labor en la iglesia...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las veces que he ido a la misa de Marcos me he preguntado qué fue lo que hizo que me obligara a mí a abortar y no a esos otros dos hijos. Quizás yo no entraba en sus planes. O quizás no me quería. Nunca lo sabré. Me imagino que Marcos ni siquiera piensa en lo que me hizo, ni siquiera lo recuerda. Yo tampoco recuerdo casi cómo se sentía el movimiento del bebé, el aleteo de mariposa.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6752864615742077422-2482948415068915727?l=manonamarguerite.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/2482948415068915727'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/2482948415068915727'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://manonamarguerite.blogspot.com/2010/04/el-aleteo-de-una-mariposa.html' title='El aleteo de una mariposa'/><author><name>M</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='26' src='http://photos1.blogger.com/blogger/309/2316/1600/blog.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6752864615742077422.post-8696034418693115608</id><published>2010-04-03T19:06:00.003-03:00</published><updated>2010-04-03T19:54:09.226-03:00</updated><title type='text'>Caos</title><content type='html'>Caos, mi vida ha sido un caos este mes que pasó. Mi vida amorosa... Parece que no tiene remedio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace dos semanas que Derek se fué a Canadá y según me dijo, debería volver la semana que viene. Antes de irse alcanzamos a pasar unos días increíbles. El miedo, la preocupación, una cosa llevó a la otra y sin darme cuenta casi estábamos besándonos. Todo fue rápido e intenso. Él me vino a ver, a preguntarme cómo estaba y terminamos en mi cama. El sexo con Derek fue simplemente espectacular, superó todas mis expectativas, que a estas alturas, no son pocas. Pero ahora que se ha ido... No sé qué pensar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Haciendo un análisis de lo que pasó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Derek nunca se quedó toda la noche conmigo. Siempre decía que tenía que hacer algo de su trabajo y se iba. Pensé que quizás vivía con alguien, pero...&lt;br /&gt;- La única vez que fui a su departamento lo vi nervioso. Me hizo pasar como de mala gana, miré alrededor pero no vi nada que indicara que otra persona vive ahí. Me las arreglé para pasar al baño y ví un solo cepillo de dientes. Habían cosas, libros, lámpara, en uno solo de los veladores. No se notaba ninguna mano femenina, pero...&lt;br /&gt;- Cuando traté de quedarme un rato y empecé a besarlo Derek me dijo que de verdad que estaba súper ocupado y que él me vendría a ver más tarde y me despachó.&lt;br /&gt;- Apareció en mi departamento a los veinte minutos. Yo estaba molesta y se notaba. Le dije en tono medio sarcástico que si no tenía demasiado trabajo y me dijo que había hecho una pausa para venir a verme. Pero podría haber hecho la pausa en su departamento, o no?&lt;br /&gt;- Siempre lo hemos hecho en mi departamento. Las veces que le he sugerido que vayamos al de él me sale con excusas como que no está muy ordenado, o que mi departamento es más bonito y acogedor, o con que su departamento es como su segunda oficina y que si vamos allá solo estará pensando en el trabajo que tiene que hacer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora bien. Hemos salido juntos y sin problemas. Me ha dado la mano en la calle, me ha besado, hemos estado en sitios públicos... Entonces no sé que pensar. Será que me está ocultando algo o será que me dice la verdad y que no quiere ir a su departamento por las razones que ya me dió... Me estoy volviendo paranoica?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo echo terriblemente de menos y probablemente esa sea la razón de que ahora me estén carcomiendo las dudas. Hoy he estado pensando todo el día en que quizás no vuelva de Canadá y que quizás nunca me dejó ir a su departamento porque estaba empacando o algo y no quería decirme. Pero pregunté en conserjería cuando volvía Derek y me dijeron que había dejado dicho que se iba por tres semanas, así que eso concuerda con lo que me dijo a mí. Me habría gustado acompañarlo, pero con el caso de la universidad, no se lo propuse ni él me lo pidió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La universidad, ese es otro desastre... Me siento tan fuera de lugar! Este año cumplo treinta años y todos mis compañeros son de entre 18 y 21 los más viejos. Me siento una anciana! Si bien es cierto que yo ya terminé una carrera universitaria y que no debería sentirme avergonzada ni nada por el estilo por estar cursando una carrera a esta altura de mi vida... No puedo evitarlo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El primer día de clases, en la primera clase, apareció un grupo de alumnos de segundo año con tijeras y unas cuerdas. Venían a mechonearnos, la famosa bienvenida a los estudiantes de primer año. Dijeron que debíamos entregarles nuestras mochilas y amarrarnos un pie a la cuerda y ellos nos iban a cortar la ropa. Mis compañeros se pusieron en filita y cual inocentes corderos, hicieron todo lo que se les había ordenado. Yo me quedé sentada. Uno de segundo fue a tomar mi bolso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- A mí no me tocas - le dije mientras lo miraba súper seria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico debe haber pensado que era broma, porque tomó mi bolso y lo lanzó al montón de mochilas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Bueno eres estúpido, sordo o qué?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me levanté y tomé mi bolso. Todos estaban mirándome en silencio. Les dije que yo no estaba para pendejadas y me fui. Desde entonces nadie me habla, supongo que pensarán que soy una bruja y una pesada. El problema es que anunciaron que vendrían trabajos en grupo y que deberíamos formar grupos de estudio y ahí estoy yo, de nuevo sola...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si Derek me pidiera que me fuera con él... Lo haría?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Derek me estuvo contando de su trabajo y de que se tiene que estar moviendo constantemente. Me parece fascinante lo que hace. A él le extraña que ya siendo enfermera me haya inscrito nuevamente en la universidad para empezar algo nuevo desde cero. Le dije que después de trabajar como enfermera sentía que no era mi vocación. No pude decirle que me da asco trabajar cuidando cuerpos enfermos ni de toda mi historia con José Ignacio. No le he contado nada de mi pasado, ni de mi familia. Tampoco quise preguntarle a él porque temía que si yo empezaba el tema, él iba a seguirlo. Pensé que no era el momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Derek, Derek... Que semanas más largas han sido sin él, sin sus besos. Mi cama todavía tiene su aroma y me acuesto boca abajo con los brazos y las piernas extendidas y respiro su esencia. Pienso en él y parece que algo adentro mío, corazón si es que lo tengo, saltara y cayera al vacío. Cierro los ojos y lo recuerdo detalle por detalle. Hicimos el amor de todas las formas posibles. Se me pone la piel de gallina de recordarlo. Derek... No quiero que me haga daño, pero hay algo, algo que no me huele bien... No sé si es mi sexto sentido, o lo que me ha enseñado la vida que me hace sospechar, o si es mi imaginación y todo este caos ayude a ponerle leña al fuego...&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6752864615742077422-8696034418693115608?l=manonamarguerite.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/8696034418693115608'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/8696034418693115608'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://manonamarguerite.blogspot.com/2010/04/caos.html' title='Caos'/><author><name>M</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='26' src='http://photos1.blogger.com/blogger/309/2316/1600/blog.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6752864615742077422.post-7987299424155756437</id><published>2010-04-02T12:03:00.003-03:00</published><updated>2010-04-02T13:31:35.490-03:00</updated><title type='text'>Después de los dos meses</title><content type='html'>Fue un mes y medio terrible el que pasé embarazada hasta que Marcos volvió de Roma. Yo tenía casi cuatro meses ya, y una pancita incipiente que ocultaba con una faja. No me decidí a hacerme el aborto con la mujer de los dientes podridos, me daba miedo que me dejara estéril o que me matara de una infección y dado el avanzado estado, no tenía más opciones que la de esperar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo no sabía como iba a reaccionar Marcos. En los momentos en que me sentía optimista me gustaba imaginarme que Marcos se alegraría, que me diría que ese niño era prueba de nuestro amor y que todo iba a estar bien, pero lo cierto es que el optimismo me duraba muy poco. Volvía a recordarme que Marcos era sacerdote y que probablemente no dejaría el sacerdocio por mí. Nunca me dijo que me amaba, sí que me quería, pero el ansiado "te amo" jamás salió de sus labios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo sabía el día que Marcos volvía, pero tuve que esperar dos o tres días para verlo. Fue en la misa del colegio. Marcos seguía tal como lo recordaba, tal como lo había soñado cada noche y tal cual era en realidad: un cura católico, el cura con el que llevaba meses acostándome y de quien esperaba un hijo. El bebé era lo único que tenía en la cabeza todo el tiempo, eso y el no saber qué hacer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marcos se veía feliz. Hablé con él unos segundos después de la misa y me dijo que me pasaría a buscar esa noche, donde siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me fui a mi casa nerviosa. Ese era el momento de la verdad, de saber qué pasaría con nosotros. Ya había pasado el tiempo de hacer un aborto, ahora quedaba saber si Marcos se haría responsable o me dejaría sola con el niño. Me bañé, me arreglé y después de pensarlo mucho, me puse la faja.  Marcos me pasó a buscar puntual. Nos fuimos a un mirador y estacionamos ahí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marcos me abrazó y me besó y me dijo que me echaba de menos. Empezó a meterme la mano debajo de la polera y yo lo detuve. No me había preguntado nada en todo el trayecto. No me había preguntado cómo estaba, ni qué había hecho, ni siquiera cómo me había ido en clases durante los dos meses que habíamos estado separados. Para él era como si nos hubiéramos separado el día anterior. Para mí habían sido dos meses infernales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Qué pasa ahora...&lt;br /&gt;- Nada. No me preguntas nada...&lt;br /&gt;- Nada de qué?&lt;br /&gt;- De mí, de cómo he estado...&lt;br /&gt;- Eso podemos hacerlo después. Ahora lo único que quiero es comerte a besos...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marcos reclinó los asientos y volvió al ataque. Yo me dejé hacer. Marcos me tocaba la entrepierna, en un burdo intento de excitarme. Me subió la polera y vió que llevaba faja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Y esto?&lt;br /&gt;- Estoy embarazada.&lt;br /&gt;- Qué?&lt;br /&gt;- Que estoy embarazada!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos sentamos ambos. Marcos puso las manos en el volante y miró hacia el frente mientras yo me arreglaba la ropa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Y me lo dices así?&lt;br /&gt;- Y cómo quieres que te lo diga?&lt;br /&gt;- Cuándo... cuánto... de cuándo estás?&lt;br /&gt;- Casi cuatro meses&lt;br /&gt;- Fuiste al médico?&lt;br /&gt;- Sí, lo confirmé la semana después de que te fuiste a Roma.&lt;br /&gt;- Es mío?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La pregunta me hirió. Me puse a llorar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Tú qué crees?&lt;br /&gt;- No quise... preguntarte así, disculpa...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos quedamos en silencio. Marcos no me abrazó mientras yo sollozaba ni me dirigió una sola mirada. Fue él quien habló primero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Por qué no me avisaste?&lt;br /&gt;- No tenía dónde!&lt;br /&gt;- Pensaste en hacerte un aborto?&lt;br /&gt;- Sí... Traté todo, me tomé pastillas anticonceptivas, té de hierbas...&lt;br /&gt;- Esas tonteras nunca funcionan&lt;br /&gt;- Fui a ver a una mujer. Me cobraba doscientos mil pesos, pero me dió miedo&lt;br /&gt;- Y ahora estás de cuatro meses...&lt;br /&gt;- Casi cuatro&lt;br /&gt;- Qué estupidez haber esperado tanto! Ahora va a ser más difícil encontrar a alguien que esté dispuesto a hacerte el aborto...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marcos encendió el auto y condujo lento y en silencio hasta mi casa. Yo no sabía qué decir. Todo estaba dicho. Un segundo aborto en menos de un año.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Déjame pensar en algo. Ven el lunes a la confesión, ahí hablaremos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa fue toda la despedida de Marcos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me fui a mi dormitorio y me tendí en la cama y no me levanté en todo el fin de semana. Eso era todo. Eso era el fin entre Marcos y yo. El día domingo por la noche, recuerdo, me acosté en silencio después de haber estado en baño. Cada vez que iba al baño veía mi ropa interior con detenimiento, con esperanza de encontrar alguna gota de sangre que fuera la señal, el inicio del fin de mi embarazo. Me acosté con la luz apagada, sobre mi espalda, y puse ambas manos en mi vientre, entrelazadas. Creo que fue la primera vez en que realmente fui consciente de que llevaba un niño en mi interior, un ser humano, un alma, un ser inocente. Unas lágrimas tibias me corrían por las mejillas y la garganta me dolía en un nudo apretado. Pensé en no hacerme un aborto, pensé en no ir más al colegio, desaparecer, vivir en la calle, cualquier cosa, pero quedarme con ese niño. Hasta ese momento yo aún quería ser madre, algún día, pero ser madre, aunque ese algún día hubiera llegado demasiados años muy temprano. Hasta ese momento aún era capaz de amar. Amaba a Marcos y amaría a ese hijo, hijo de mi amor por Marcos, sin importar si Marcos no me apoyaba. Pero Marcos era más fuerte que yo, sabía que yo acabaría haciendo lo que él me ordenara que hiciera. No quería dañarlo. No quería ser un estorbo para él. Si solo me dejara conservar a mi hijo, pensaba, me las arreglaría sola, sin ser una molestia. Y quizás con el tiempo, cuando el bebé hubiera nacido, quizás Marcos cambiaría de opinión...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue entonces cuando sentí un movimiento en mi vientre, una oleada delicada bajo la piel de mi vientre, un borboteo de mariposa bajo mis manos. Era la primera vez que sentía al bebé moverse y lo interpreté como la señal que estaba esperando. Ese bebé quería vivir y yo quería que viviera. Lloré con fuerza hasta que me dió hipo. Ya no estaba sola. Ese niño estaba conmigo. Enfrentaría a Marcos al día siguiente, y al mundo entero.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6752864615742077422-7987299424155756437?l=manonamarguerite.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/7987299424155756437'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/7987299424155756437'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://manonamarguerite.blogspot.com/2010/04/despues-de-los-dos-meses.html' title='Después de los dos meses'/><author><name>M</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='26' src='http://photos1.blogger.com/blogger/309/2316/1600/blog.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6752864615742077422.post-1294187124380876811</id><published>2010-02-25T22:33:00.001-03:00</published><updated>2010-02-25T22:47:47.255-03:00</updated><title type='text'>Conocí a alguien</title><content type='html'>Conocí a alguien...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En mi edificio se hacen reuniones mensuales. No había ido a la de enero, pero fui a la de este mes, y no me arrepiento. Llegué un poco tarde y ya habían empezado. Miré y ví que solo había un lugar disponible en la sala de eventos, así que me dirigí hacia allá y le pregunté al hombre que estaba sentado en esa mesa si el lugar estaba disponible. Me miró, me sonrió, y me dijo que si. Me senté a su lado. Él estiró su mano y me dijo en español forzado que se llamaba Derek. Yo le respondí en inglés que me llamaba Marguerite.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empezamos a conversar. Se llama Derek, es canadiense y está trabajando en Chile en un proyecto de su empresa. Derek me preguntó qué hacia yo, y le conté que voy a entrar a estudiar la semana que viene. No oímos nada de la reunión. Mientras hablábamos me fui fijando en él. ¡Me siento como una adolescente! Derek es realmente atractivo. Tiene el pelo de un color rubio oscuro, en un tono anaranjado. Supongo que al sol se verá casi colorín. Tiene los ojos de un color verde grisáceo que nunca había visto. Tiene los labios finos, tal como me gustan. La boca se le curva en los bordes como en una sonrisa constante y desafiante. Tiene los dientes perfectos, una nariz preciosa, recta y bien formada, la frente amplia. El pelo lo lleva un poco más largo arriba y más corto abajo, como en degradé. No sé como se llama ese estilo y nunca lo había visto en un adulto, pero le queda muy bien. Creo que definitivamente su mejor rasgo son sus ojos. Son potentes, intensos, no sé como explicarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando hicieron una pausa en la reunión nos paramos a tomar algo. Habían sandwiches y bebidas. Derek tomó una copa de vino para él y una para mí. Debe medir 1,85 mt. o algo así, porque me pasa por unos diez centímetros mínimo. Derek llevaba pantalones negros y una camisa negra con dos rayas blancas en el lado izquierdo, bajando desde el bolsillo de la camisa. Me acordé de Marcos y se me salió preguntarle &lt;em&gt;"¿no eres sacerdote, cierto?".&lt;/em&gt; Derek se rió. Me dijo que no y me preguntó si lo parecía. Yo me reí. ¡Que pregunta más estúpida! ¡Me sentí tan tonta!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volvimos a sentarnos y seguimos conversando. Derek vive en un departamento cuatro pisos más abajo que el mío. Hablamos de todo y de nada. Yo me sentía contenta de hablar con él solo por hablar, de conversar de algo inteligente, de no tener que hablar de mi pasado. Derek me preguntó si usaba la piscina o el gimnasio y le dije que no. Me dijo que era una pena, porque él si los usaba seguido y le habría gustado verme. Nos citamos para vernos al día siguiente en la piscina y cada uno se fue a su casa. No lo invité a mi departamento porque pensé que debía tomar las cosas con calma, pero me fui a mi casa con el corazón latiendo a mil por hora, las mejillas coloradas y una sonrisa que no se me borró.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente nos vimos en la piscina. Eran cerca de las once, Derek no había ido al trabajo y hacía un poco de frío, el viento estaba helado en la terraza. Derek ya estaba en el agua nadando de un extremo al otro de la piscina. Me acerqué a la piscina, me senté en una silla plegable y esperé a que me viera. Derek me sonrió, se salió del agua y se acercó a darme un beso en la cara. Llevaba el pelo hacia atrás, por el agua. Se veía distinto y se lo dije. Se revolvió el pelo con las manos y me preguntó si así estaba mejor. Me reí. Le dije que se veía bien de cualquier forma. Cuando Derek me dió el beso en la cara unas gotas de agua fría cayeron sobre mi pecho, en medio de mis senos. &lt;em&gt;Perdona&lt;/em&gt;, me dijo Derek, y me pasó el dedo por las gotas. Fue la escena erótica más sublime de mi vida, Derek y yo, solos en la terraza, el viento frío, los pezones se me marcaban en el bikini por la temperatura y la cercanía de Derek. Él olía a agua, a un deje de cloro, a perfume mezclado con sus feromonas que me atraían como un imán. Lo habría besado ahí mismo pero una timidez inexplicable me lo impedía. Derek me dió la mano y nos lanzamos juntos al agua. Estaba muy fría. Derek me decía que tendría que ver como son las temperaturas en Canadá para saber lo que era realmente el frío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estuvimos una media hora en el agua y nos salimos. Nos acostamos en las sillas plegables, uno al lado del otro. Derek me preguntó si tenía frío, ya que tenía la piel de gallina. No era por el frío, era por imaginarme con él en la cama, pero le dije que sí y Derek me sugirió que nos fuéramos, así que lo invité a mi departamento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bajamos y fuimos a mi departamento. Derek estaba envuelto con la toalla sobre el traje de baño, pero no llevaba polera. Yo me metí a ducharme. Cómo me habría gustado que Derek se hubiera metido conmigo a la ducha, haber sentido su cuerpo contra el mío bajo el agua tibia. Terminé de ducharme, me vestí y salí. Derek se había sentado en el sofá, poniendo la toalla debajo para no mojar. De todas formas su traje de baño estaba casi seco. Le ofrecí algo de comer, ya era casi la hora de almuerzo. Derek paseaba por mi departamento e iba mirando todo, sacando libros y volviendo a ponerlos en su lugar y preguntándome cosas. Yo le contestaba con un ojo en los fideos que estaba cociendo y el otro en él. La visión de su torso desnudo, sus brazos, sus músculos definidos... Me fijé en el cuello de Derek, se le marcaban los tendones al hablar y al moverse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Derek me preguntó si necesitaba ayuda. Le dije que no mientras colaba los fideos, pero se me soltó la olla y unas gotas de agua hirviendo me saltaron a los brazos desnudos. Derek se acercó a mí y me preguntó si estaba bien, me tomó los brazos y revisó que no fuera nada. Me reí. Le dije que era enfermera y capaz de identificar quemaduras de cuidado. Derek me miró a los ojos, estaba tan cerca de mí... Pero no pasó nada. Nos sentamos, comimos, conversamos. No quería que ese momento terminara, pero antes de ofrecerle a Derek postre y café me dijo que se tenía que ir, que tenía cosas que hacer en el trabajo, que gracias por la comida y que nos viéramos en otra ocasión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creo que me quedé un poco aturdida por todo. Derek me gusta y mucho. La última vez que me sentí así de atraida por alguien fue con Armando y las cosas terminaron como terminaron. Me da un poco de miedo lo que siento, esa reacción casi animal frente a Derek. Es como si mi reloj biológico hubiera explotado y lo único que quisiera es encontrar a alguien, y ese alguien resulta ser Derek. No sé si fue destino o coincidencia haberme encontrado con él, pero quiero creer que fue lo primero. He pensado en Derek desde que lo conocí, recordando cada detalle de él, la forma de su pelo, su boca que parecía lista para besar cada vez que hablaba, el reloj en su muñeca izquierda, el colgante de plata que llevaba al cuello, su camisa entreabierta, su torso sin ropa y húmedo, la forma en que se le arrugaba la frente cuando levantaba las cejas... Simplemente no puedo quitármelo de la cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Han pasado tres días desde que almorzó conmigo y no lo he visto. Supongo que podría ir a su casa, pasar a saludarlo. Pero tengo miedo de dar este primer paso, porque intuyo que Derek podría significar algo muy importante en mi vida. Se acerca el fin de semana, quiero salir con él, podríamos ir a algún pub, no sé, de nuevo el miedo me detiene. ¿Debería dar este primer paso? ¿Debería arriesgarme? No sé qué hacer y me siento como una adolescente tonta.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6752864615742077422-1294187124380876811?l=manonamarguerite.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/1294187124380876811'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/1294187124380876811'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://manonamarguerite.blogspot.com/2010/02/conoci-alguien.html' title='Conocí a alguien'/><author><name>M</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='26' src='http://photos1.blogger.com/blogger/309/2316/1600/blog.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6752864615742077422.post-6081208029319642108</id><published>2010-02-21T22:33:00.004-03:00</published><updated>2010-02-22T17:45:43.444-03:00</updated><title type='text'>El segundo embarazo</title><content type='html'>Apenas supe que estaba embarazada traté de abortar. Una cachetada de realismo me pegó de lleno en la cara cuando el médico me dijo que estaba de unas nueve semanas. El padre de mi hijo era Marcos, el cura de mi colegio, con el que llevaba unos meses acostándome. Sencillamente no tenía futuro alguno. Mi mamá no iba a ayudarme. Cuando me había embarazado por primera vez, hacía menos de un año atrás, me había dicho que abortara. No podía acudir a ella por segunda vez. El primer error, como decía ella, se podía perdonar y hasta arreglar. El segundo error era pura estupidez y uno tenía que asumir las consecuencias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando llegué a la casa me tomé todas las pastillas anticonceptivas que me quedaban en la tira, más las tiras de los dos meses siguientes. El médico me había dicho que dejara de tomarlas por el peligro de perder el bebé y eso era lo que yo quería. Me fui a acostar esperando a que me hicieran efecto, pero nada pasó. Sólo tuve un poco de malestar y náuseas, pero bien pueden haberse debido al embarazo. A los tres días de haberme tomado las pastillas y que la regla no me bajara decidí hablarlo con una compañera de curso. Yo sabía que varias de mis compañeras se prostituían. Ellas mismas me lo habían contado, sin asco ni vergüenza. Solían irse por las tardes, después del colegio, al Alto Las Condes. Les decían a sus padres que se quedarían a estudiar en casa de alguna compañera y se iban para allá. En el mall nunca faltaba el tipo maduro o incluso viejos que veían a las jovencitas y les ofrecían ropa, zapatos, perfumes o joyas. Mis compañeras se iban con ellos a alguna tienda, los viejos les compraban lo que ellas quisieran y luego se las llevaban en su auto, donde ellas les practicaban generalmente sexo oral. Nunca entendí porqué mis compañeras lo hacían. Ellas no tenían carencias económicas, nunca les faltó nada. De todas formas, no eran todas en el curso, sino un grupo de cuatro. Hacían apuestas entre ellas sobre quien conseguía las mejores cosas cada semana, o los mejores clientes. Los padres de ellas creo que nunca se dieron cuenta. Hoy todas esas compañeras son mujeres profesionales, dos de ellas están casadas, una tiene dos hijos, pero nada hace sospechar lo que esas estudiantes ejemplares de un buen colegio católico del sector oriente de Santiago solían hacer a la tierna edad de quince años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo me había hecho amiga en especial de una de ese grupo, Marta. Ella había sido la primera que me había confiado que se prostituían y yo le había jurado no contarle a nadie. Ese día le pedí que al salir del colegio nos fuéramos a algún lado. Necesitaba conversar con alguien. Necesitaba ayuda. Nos fuimos, a pesar del frío, a una heladería.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le dije a Marta que estaba embarazada. Ella me preguntó quien era el padre del niño. Le mentí y le dije que era Christian, el acólito que se había ido al servicio militar. Yo no quería al bebé, no podía contar con Christian, le dije a Marta, así que necesitaba abortar. Ella no me juzgó, tal como yo pensaba, y entre cucharada y cucharada de helado me fue dando alternativas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me dijo que probara primero a tomarme varias pastillas anticonceptivas juntas. Le dije que ya lo había intentado sin obtener resultados. Me dijo entonces que podía probar con té de hierbas. Yo ya pasaba los dos meses de embarazo, así que Marta me dijo que lo más efectivo era ir directamente a un abortista, ya que por lo avanzado de mi embarazo, ella no creía que las hierbas fueran a funcionar. Ella conocía a alguien que practicaba abortos, pero cobraba un dinero que yo no tenía, así que decidí probar con las hierbas que Marta me había recomendado: Ruda, orégano, perejil y borraja. Nos fuimos a una herboristería y compramos todo. Me fui a la casa y ese fin de semana me hice varias veces té de hierbas. No pasó nada. Marta me había dicho que también probara a hacerme un té de hierbas frescas, de ruda y perejil fresco con limón. Era una infusión asquerosa que casi me hizo vomitar, pero me la tomé con determinación. Tampoco obtuve resultados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El lunes, en el colegio, Marta me preguntó por los resultados. Le dije que no había pasado nada. Me volvió a recomendar ir a ver a un abortista, pero volví a decirle que no tenía dinero. Ella me dijo que ella me podía prestar y yo se lo devolvería más adelante. Le agradecí el gesto, pero no me decidí. Me dijo entonces que podía meterme un palillo de tejer largo por la vagina y provocarme un aborto. Era arriesgado y sumamente peligroso. Podía perforarme el útero en una mala maniobra y ella no conocía a nadie que realmente lo hubiera hecho. Era un mito urbano que no me atrevía a probar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marta me convenció finalmente de ir a ver a un abortista. Ella misma me acompañó. Tomamos una micro hasta plaza Italia y de ahí tomamos otras dos micros hasta llegar a una población que se veía muy pobre. Las calles estaban muy sucias y los muros estaban rayados con caracteres ininteligibles. Unos niños mugrientos que jugaban a pegarle con palos a un perro esquelético y cubierto de tiña nos quedaron mirando cuando pasamos por su lado. Yo tenía miedo. Marta me tomó del brazo y caminamos hasta una casa de madera y latas. Marta llamó y salió una mujer vieja, arrugada, sucia y pobre. Llevaba zapatos rotos y el pelo desordenado y nos sonreía con tres dientes podridos en su boca. Nos hizo pasar a su casa y nos ofreció té en tazas descascarilladas. La vieja pensó que era Marta quien quería hacerse otro aborto. No me sorprendió enterarme de que mi amiga ya había estado embarazada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marta le explicó que el aborto era para mí, que ya estaba de dos meses. &lt;em&gt;Bueno, serían cien luquitas por mes, usted sabe eso mijita&lt;/em&gt;, se rió la vieja. Yo le pregunté si me haría el aborto con anestesia. &lt;em&gt;Jajaja, con anestesia quiere la perla, jajaja&lt;/em&gt;. A la vieja le había parecido muy graciosa mi pregunta. Se afirmaba el vientre mientras se reía con la boca abierta, la lengua danzándole tras la negrura de sus tres dientes. Le pregunté dónde me haría el aborto. La vieja se secó una lágrima y me mostró su cama en una pequeña habitación que separaba su dormitorio del living con una cortina roñosa y agujereada. &lt;em&gt;Aquí mismo, o quiere que la llevemos a la clínica Las Condes&lt;/em&gt;?, se volvió a reír la vieja. Yo me sentía mareada y con ganas de vomitar. La vieja no me daba confianza. Quería irme, pensarlo, volver otro día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marta me apuraba para que me decidiera. La vieja me dijo que ella era muy profesional, que el aborto me lo haría con sonda y que no me dejaría secuelas. Cómo veía que yo no decía nada me dijo que si no tenía la plata que le podía regalar un televisor en pago y alguna otra cosa. Me imaginé a mi y a Marta acarreando un televisor por todo Santiago para pagar el aborto. Me fuí de ahí con el hijo de Marcos en mi vientre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la micro Marta me retó. Me dijo que no fuera tonta, que no me arruinara la vida con un niño, que si por lo menos el padre hubiera sido otro las cosas habrían podido ser distintas. El viaje me pareció eterno. Marcos estaba lejos y volvería en un mes y medio. Yo no tenía a quien más acudir y el tiempo avanzaba en mi contra. Si esperaba un poco más sabía que iba a ser imposible hacerme un aborto. Y si Marcos pensaba que un bebé era algo bueno? Y si Marcos realmente me amaba y estaba dispuesto a todo por mí? Pero yo sabía, en ese momento, que eso nunca pasaría. Sabía que Marcos no iba a dejar el sacerdocio por mí e intuía que no estaría contento con la idea de que yo iba a tener un hijo de él. Todo volvía a ser mi culpa. Yo tenía que arreglarlo antes de que Marcos volviera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez en mi casa me acosté desnuda de la cintura para abajo y cerré la puerta de mi dormitorio con llave. Tenía un par de palillos de tejer, pero no me decidía a enterrármelos en la vagina. Me sentía tan sola...&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6752864615742077422-6081208029319642108?l=manonamarguerite.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/6081208029319642108'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/6081208029319642108'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://manonamarguerite.blogspot.com/2010/02/el-segundo-embarazo.html' title='El segundo embarazo'/><author><name>M</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='26' src='http://photos1.blogger.com/blogger/309/2316/1600/blog.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6752864615742077422.post-3916083542734534560</id><published>2010-02-13T02:06:00.002-03:00</published><updated>2010-06-08T08:09:23.820-04:00</updated><title type='text'>Invierno</title><content type='html'>Después de ese retiro espiritual podría decirse que comencé una relación seria con Marcos, el cura de mi colegio. Nos veíamos casi a diario por las noches, además de vernos en la misa, las confesiones y en todo momento posible en el colegio, nos veíamos también en el retiro espiritual mensual. Me era tan difícil ocultar mi relación con él. La gente sospechaba que había algo y más de alguna compañera de curso me preguntó directamente si entre el cura y yo pasaba algo. Yo siempre negué todo. Me dolía esa relación. Yo amaba a Marcos y a pesar de que él nunca me lo había dicho, intuía que él me amaba a mí. Teníamos 18 años de diferencia, pero yo lo adoraba. Me parecía tan inteligente, tan sabio, tan lindo, tan sensual, tan todo... Y Marcos se aprovechó de mi ingenuidad, oh sí, a pesar de todo lo que ya me había pasado yo seguía siendo ingenua, seguía pensando que entre él y yo existía un futuro juntos, aunque no me planteaba el problema de su sacerdocio. Quizás pensaba que en un futuro no muy lejano, cuando yo hubiera salido del colegio, él dejaría el sacerdocio y se casaría conmigo. Que tonta fuí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando Christian se fue al servicio militar en abril ya no volví a tener contacto con él. Marcos sospechaba que algo había pasado entre Christian y yo, pero yo siempre se lo negué. Antes de que Christian se fuera le pregunté si le había contado a Marcos y me dijo que no, que ni loco, y me advirtió que no me metiera con el cura. Ya era demasiado tarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marcos tenía un auto pequeño, de color negro, creo que el modelo era toyota, no recuerdo bien eso. Nos poníamos de acuerdo durante el día si nos íbamos a juntar y la hora, las citas eran generalmente cuando ya estaba oscuro. Momentos no faltaban para decirnos que nos veríamos: la confesión, el recreo en el colegio, después de misa... Solo me decía la hora en que me pasaría a buscar, siempre en la misma esquina cerca de mi casa, en su auto, y yo nunca fallaba. Nos íbamos entonces a algún sitio oscuro y solitario donde habían otros autos estacionados con los vidrios de las ventanas empañados. Marcos me besaba apenas estacionaba, me metía la mano debajo de la polera, me acariciaba los pechos, reclinaba los asientos y hacíamos el amor ahí, en el auto. Yo me sentía tan, pero tan feliz, que sentía que el corazón se me iba a salir del pecho cuando estaba con él. Con Marcos me sentía plena, sentía que nada más importaba, sentía que la vida valía la pena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marcos a veces ponía música ochentera, Bryan Adams, Boy George, Europe, A-ha, Tears for fears, Madonna, The Bangles, Michael Jackson, George Michael, Duran Duran, Kenny Loggins, Rick Springfield, Olivia Newton John, Michael Sembello, Toto, Foreigner, Bonnie Tyler, Van Halen, Bon Jovi, Whitesnake, David Bowie, The Police, Phil Collins, Chicago... Marcos decía que los jóvenes escuchábamos música basura y trataba de educarme, de que me gustaran sus gustos, y yo lo veía todo como una señal de que estaríamos juntos siempre y de que oiríamos esa música cada vez que hicieramos el amor. Se me ponía la piel de gallina cuando Marcos me besaba el lóbulo de la oreja mientras me iba explicando a susurros quien era quien y cuando habían sacado tal o cual canción. Se me erizaban los poros del cuerpo cuando bajaba por mi cuello cantando trozos de las canciones en voz baja. Se me endurecían los pezones apenas adivinaba el curso de la boca de Marcos y la entrepierna se me humedecía completamente. Marcos sabía como hacerlo, sabía como tenerme bajo su control, a su completa disposición, y yo me dejaba hacer, como una muñeca de trapo ansiosa de placer, de caricias y de su semen bendito y tibio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo más cómodo en el auto era que yo me montara sobre él. Nunca nos desnudábamos completamente en el auto porque siempre corríamos el riesgo de que alguien pasara cerca y nos descubriera. Lo hacíamos rápido. Aún recuerdo la piel suave y tersa de Marcos y su torso definido, sus manos estrujándome los senos mientras me indicaba como moverme. Y yo lo hacía a sus órdenes, a su gusto que poco a poco se iba transformando en mi gusto propio. Marcos me hacía restregarme contra él de forma que los huesos de la pelvis se rozaran. Mi monte de venus se abría y se hinchaba, hambriento, sediento, caliente. Quería absorber a Marcos, tragármelo, hacerlo parte de mí. Cuando empezaba a sentir que la cara me ardía y que las orejas me zumbaban me movía más rápido, respiraba más rápido. Marcos prefería aguantarse mientras yo llegaba al orgasmo. Yo quería que llegáramos juntos y me retorcía en un intento furioso de arrastrarlo conmigo y casi siempre lo lograba. Marcos apretaba los ojos y los labios, en cambio yo los abría bien para no perderme ningún detalle de ese momento. Sentía como las pupilas se me expandían y el clítoris se me dilataba. Notaba que los pezones casi se me reventaban de puro gusto. Un ardor delicioso me recorría las piernas en oleadas de calambres, el calor me subía por el vientre, la piel me estallaba en millones de moléculas de placer y mi conciencia se reducía a partículas. Marcos y yo. Yo y Marcos. Juntos. Amándonos... Lo recuerdo placentero, pero quizás era mi inexperiencia o tal vez era la sensación de lo prohibido lo que lo hacía sentir así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al poco tiempo empezamos a ir a moteles. Había uno cerca del colegio, a un par de cuadras. Era una casa como cualquier otra, jamás habría adivinado lo que era en realidad. Pasábamos por un pasillo largo hasta la habitación del fondo y la señora que atendía le decía a Marcos &lt;em&gt;Bienvenido Padre&lt;/em&gt; y casi como que le hacía una reverencia. A mí ni siquiera me miraba, yo no existía, y jamás me hice preguntas al respecto ni pensé que Marcos llevaba para allá a otras mujeres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A medida que los meses pasaban me fui enamorando más y más de Marcos. El apetito sexual de Marcos se acrecentó y nos veíamos todos los días, todas las veces que podíamos. Varias veces llegamos a hacerlo en el mismo colegio, en la capilla, en las salas de catequesis. Una vez incluso le practiqué sexo oral a Marcos en el confesionario. Ahora que escribo todo esto casi me parece irreal todo eso que hicimos, pero en ese tiempo habría hecho cualquier cosa que Marcos me hubiera pedido. Yo sabía que era el sexo lo que le atraía de mí y esperaba que con sexo lo haría amarme y estar conmigo para siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de hacer el amor en el auto solíamos conversar de muchas cosas antes de que me fuera a dejar a mi casa. Me hablaba de su familia, de su niñez, de su vocación. Me dolía en el alma oírle hablar de lo mucho que le gustaba el sacerdocio porque me hacía pensar que nunca lo iba a dejar. Yo quería oírle decir que me amaba y que nada más que yo le importaba en el mundo, pero él nunca lo dijo. Yo empecé a preguntarle cosas, dudas que tenía, sobre quién era él y lo que hacía conmigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Oye Marcos... No se supone que tú hiciste votos de celibato?&lt;br /&gt;- Porque la iglesia me obliga.&lt;br /&gt;- Pero si no los respetas... qué pasa?&lt;br /&gt;- Y quien dice que no los respeto? Digamos que yo estoy casado con la iglesia, me casé con la iglesia cuando me hice cura, por lo tanto, como en un matrimonio, puedo tener sexo dentro del matrimonio, y tú eres parte de la iglesia...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marcos me daba vuelta con sus argumentos, aunque yo sabía que él estaba errado, qué podía decirle yo? Yo lo amaba a ojos cerrados y me conformaba con las migajas de cariño que él quisiera darme y esperaba, esperaba a que el tiempo nos uniera definitivamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando Marcos me avisó que se tenía que ir a Roma por dos meses me puse muy triste. Iban a ser dos largos meses sin él y yo me había acostumbrado tanto a él que se me hacía más necesario que el oxígeno. Quedaba descartado que yo fuera con él porque habría necesitado el consentimiento de mis padres. No había nada que hacer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando Marcos se fue a Italia yo fui al ginecólogo. Llevaba solo un par de meses tomando las pastillas anticonceptivas como Marcos me había pedido que hiciera y había empezado a sentir algunas molestias. El médico me escuchó con atención, me hizo algunas preguntas y finalmente me hizo pasar a la camilla de examinación. Mientras me exploraba con sus manos enguantadas me preguntó si me tomaba las pastillas todos los días y a la misma hora, si se me había olvidado alguna vez alguna pastilla, si mi pareja usaba condón... Yo no siempre recordaba tomarme las pastillas cada día. Habían veces en que me olvidaba dos o tres días y cuando me acordaba me tomaba las dos o tres juntas. Eso nunca se lo dije a Marcos. Y Marcos nunca usó condón. Mientras le decía al médico que no, que no siempre me tomaba las pastillas como correspondía me presionó el abdomen y me enterró la mano en la vagina. &lt;em&gt;Te voy a hacer una ecografía&lt;/em&gt;, me dijo, &lt;em&gt;sospecho que estás embarazada&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había pasado menos de un año desde mi primer embarazo. No podía creerlo. Sentí, como la primera vez, que con el anuncio se me venían las paredes encima y que yo me achicaba hasta el infinito. El médico sacó un ecógrafo transvaginal, le puso un condón y lo bañó en gel. Con las piernas abiertas ví cómo me lo introducía y miré a la pantalla. Solo ví manchas borrosas en blanco y negro. El ecógrafo se movía dentro mío. Se detuvo. El médico indicó la pantalla. &lt;em&gt;Ahí está tu bebé&lt;/em&gt;, me dijo, &lt;em&gt;por el tamaño diría que estás de unas nueve semanas&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Pero... y las pastillas?&lt;br /&gt;- Si no te las tomas como debes, el riesgo de embarazo existe&lt;br /&gt;- Pero la regla... no ha dejado de llegarme...&lt;br /&gt;- Eso porque seguiste tomando pastillas, pero ese sangrado no es menstruación, es muy fácil confundirlo. Tienes que dejar de tomar las pastillas inmediatamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me vestí y me despedí del médico. Me dijo que pidiera una cita con su secretaria para un control en unas cinco semanas. Me fui a mi casa. Era invierno y hacía frío. Un hijo, un hijo de Marcos... No sabía qué me iba a decir Marcos, pero lo intuía. Un hijo no era una buena idea, no en ese momento por lo menos. Yo no sabía que hacer. Marcos recién se había ido y yo no tenía manera de contactarlo. No me atrevía a pedirle ayuda a nadie más. Sabía que no podría contar con mi mamá. Me fui a mi casa con un nudo en la garganta y el corazón de un bebé palpitando en el invierno de mi vientre, un invierno crudo y cruel que no perdonaría los pequeños latidos de mi error.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6752864615742077422-3916083542734534560?l=manonamarguerite.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/3916083542734534560'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/3916083542734534560'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://manonamarguerite.blogspot.com/2010/02/invierno.html' title='Invierno'/><author><name>M</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='26' src='http://photos1.blogger.com/blogger/309/2316/1600/blog.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6752864615742077422.post-1147487649829968662</id><published>2010-02-11T23:06:00.004-03:00</published><updated>2010-02-12T01:28:42.120-03:00</updated><title type='text'>Recaída</title><content type='html'>El viernes me fuí temprano al Alto Las Condes. Quería comprarme algo de ropa, vitrinear, salir... Llevaba casi un mes encerrada en este departamento sin salir más que a comprar al supermercado y la vez que me junté con Gabriel. Tomé la micro desde mi departamento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez en el mall me metí a un par de tiendas. No encontré nada de mi gusto. Decidí ir a comer algo y luego seguir mirando. Iba a pedir un café cuando unas mesas más allá vi a Albert sentado y sonriéndome. Se levantó y se sentó a la mesa conmigo. No podía creer mi mala suerte. O Santiago es tan chico que cada vez que salgo me encuentro con alguien que haya estado en mi cama o... quizás es que me he acostado con demasiados. Supongo que lo segundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Marguerite... Qué gusto volver a verte!&lt;br /&gt;- Igualmente - No pude evitar corresponder a su sonrisa.&lt;br /&gt;- No sabes la sorpresa! Te he llamado como un millón de veces!&lt;br /&gt;- Cambié de número de teléfono.&lt;br /&gt;- Gracias por avisarme! Cuando fui a tu departamento me dijeron que ya no vivías ahí.&lt;br /&gt;- No, lo vendí, ahora vivo en otro lugar.&lt;br /&gt;- Dónde vives?&lt;br /&gt;- Eso... no quiero decírtelo.&lt;br /&gt;- Entiendo... Estás viviendo con alguien?&lt;br /&gt;- No&lt;br /&gt;- Porqué no quieres verme? Te hice algo?&lt;br /&gt;- No...&lt;br /&gt;- Entonces?&lt;br /&gt;- Albert, mira... no eres tú, soy yo. Tú y yo... en realidad no somos nada. Yo... simplemente quiero vivir mi vida...&lt;br /&gt;- Y yo no soy parte de tu vida?&lt;br /&gt;- Ya no quiero que lo seas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Albert se quedó callado. Me trajeron mi café. No fui capaz de comer nada. A pesar de lo caliente que estaba el café me lo bebí de tres sorbos, pagué y me levanté. Albert me siguió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Marguerite, no te vayas así...&lt;br /&gt;- No tienes que trabajar?&lt;br /&gt;- No, tengo el día libre hoy.&lt;br /&gt;- Ándate a tu casa a pasarlo con tu familia entonces!&lt;br /&gt;- Están en la playa.&lt;br /&gt;- Albert... mira no tengo tiempo, ya?&lt;br /&gt;- Qué es lo que pasa Marguerite. Cuéntame!&lt;br /&gt;- No me pasa nada, de verdad que no tengo tiempo ahora de hablar, te llamo y nos juntamos otro día...&lt;br /&gt;- Dame tu número de teléfono.&lt;br /&gt;- No, yo te voy a llamar.&lt;br /&gt;- Por qué me estás evitando? Porque no quieres que te llame? Qué mierda es lo que pasa?&lt;br /&gt;- No pasa nada!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Albert me seguía y no paraba de hablar y de pedirme explicaciones. Yo quería correr, que me dejara sola. No quería mirarlo, no quería hablarle. Bajé al primer piso. Albert seguía al lado mío. Me metí a Zara. En eso, sentí que me desmayaba cuando ví a Armando adentro de la tienda mirando unos pantalones, con su polola. Me di media vuelta y salí casi corriendo. Albert estaba afuera por suerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Vamos a hablar ahora?&lt;br /&gt;- Sácame de aquí!&lt;br /&gt;- Qué te pasó?&lt;br /&gt;- Sácame de aquí te digo! Llévame a mi casa!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me agarré del brazo de Albert. Me llevó casi a rastras al estacionamiento. Yo sentía que mis piernas no respondían. Sentía que el corazón me iba a dejar de latir de pena en cualquier momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Dónde está tu auto?&lt;br /&gt;- No vine en auto, llévame en el tuyo.&lt;br /&gt;- Que no viniste en auto? te viniste en micro?&lt;br /&gt;- Vendí el auto! Puedes llevarme o pido un taxi?&lt;br /&gt;- No, yo te llevo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le dí la dirección a Albert. Condujo en silencio. Yo temblaba en el asiento del copiloto. Cerraba los ojos. Los escalofríos me recorrían la columna vertebral. Cerraba los ojos y volvía a ver a Armando en la tienda con su polola, sonriendo, feliz. Llegamos rápido a mi departamento. Albert estacionó, me ayudó a bajar del auto y me afirmó todo el camino hasta mi casa y me ayudó a recostarme. Yo quería vomitar. Albert me preparó té. Me lo tomé junto con dos pastillas para dormir que me hicieron efecto al poco rato. Cuando desperté me dolía la cabeza, pero aparte de eso me sentía mejor. Me levanté. Ya había oscurecido. Albert estaba en el living con un libro en las piernas y una taza de té en las manos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Cómo te sientes?&lt;br /&gt;- Mejor, gracias. Qué hora es?&lt;br /&gt;- Las 12:45&lt;br /&gt;- Y tú todavía estás acá?&lt;br /&gt;- No me iba a ir y dejarte sola como estabas...&lt;br /&gt;- Gracias por quedarte&lt;br /&gt;- Quieres un té?&lt;br /&gt;- Bueno...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me senté en el sofá mientras Albert se movía por mi cocina como si estuviera en mi casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- También fui al supermercado. No tenías muchas cosas.&lt;br /&gt;- No necesito muchas cosas...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Albert me entregó la taza de té. Estaba rico. Me lo tomé a sorbitos pequeños.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Bueno, Marguerite, creo que me debes una explicación. Qué es lo que te pasa?&lt;br /&gt;- Nada...&lt;br /&gt;- Nada? te desapareces, después lo del mall... No entiendo nada.&lt;br /&gt;- No quiero verte. No quiero ver a nadie. Quiero estar sola, quiero empezar de nuevo. En el mall... En el mall me encontré con Armando y me puse mal...&lt;br /&gt;- En serio? Dónde estaba?&lt;br /&gt;- En Zara&lt;br /&gt;- Te vió?&lt;br /&gt;- No&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Albert me sirvió otra taza de té y se sentó a mi lado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Marguerite, a pesar de todo este tiempo... sigues queriendo a Armando?&lt;br /&gt;- No sé... Hace tanto que no lo veía! Casi tres años, desde el accidente...&lt;br /&gt;- No has pensado en buscarlo? Hablar con él? Aclarar tus sentimientos?&lt;br /&gt;- No&lt;br /&gt;- Porqué no?&lt;br /&gt;- Porque no y punto.&lt;br /&gt;- Entiendo, es parte de tu vida privada en la que yo ya no tengo nada que ver...&lt;br /&gt;- Así es.&lt;br /&gt;- Tienes problemas económicos?&lt;br /&gt;- No&lt;br /&gt;- Porqué, entonces, vendiste tu otro departamento y el auto?&lt;br /&gt;- Porque ya no los quería.&lt;br /&gt;- Y que tengas la despensa casi vacía se debe a...?&lt;br /&gt;- Ya te dije que necesito pocas cosas.&lt;br /&gt;- Marguerite, no me mientas...&lt;br /&gt;- No te estoy mintiendo!&lt;br /&gt;- Bueno...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Albert tomó mis pies y los puso en su regazo y me hizo un masaje. Me recosté en el sillón y lo dejé hacer. Se sintió tan bien...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Sabes que voy a entrar a la universidad en marzo?&lt;br /&gt;- Vas a hacer un postgrado?&lt;br /&gt;- No, voy a empezar de cero, sabes que no me gusta la enfermería.&lt;br /&gt;- De cero? te parece que... estás en edad? Este año cumplirás 3o...&lt;br /&gt;- Sé que edad tengo y no veo porqué no puedo estudiar desde cero algo que sí me guste.&lt;br /&gt;- Deberías tener hijos, formar un hogar estable...&lt;br /&gt;- Y con quien, según tú?&lt;br /&gt;- Yo te lo he ofrecido antes, lo sabes&lt;br /&gt;- Claro, como tu amante. Crees que es eso lo que quiero?&lt;br /&gt;- No, obvio que no, te mereces más que eso... Y qué vas a estudiar?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le dije el nombre de la universidad y la carrera que había escogido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Y crees que una vez titulada encontrarás trabajo en eso?&lt;br /&gt;- No sé... veré en cinco años qué es lo que pasa.&lt;br /&gt;- Cómo vas a pagar la universidad?&lt;br /&gt;- Tengo algunos ahorros, me alcanza para el primer año, luego ya veré.&lt;br /&gt;- Necesitas ayuda?&lt;br /&gt;- No&lt;br /&gt;- Sabes que yo podría pagarte la universidad...&lt;br /&gt;- A cambio de qué?&lt;br /&gt;- A cambio de nada&lt;br /&gt;- Jajaja, no me hagas reír&lt;br /&gt;- Te estoy hablando en serio! Cuándo te he pedido algo a cambio de... todo este tiempo?&lt;br /&gt;- Albert... tú y yo sabemos lo que ha estado pasando entre nosotros, sexo y dinero... No necesito aclarártelo más, no?&lt;br /&gt;- Nunca lo he visto así Marguerite. No te habrías acostado conmigo si no fuera por el dinero?&lt;br /&gt;- No sé. Quizás no. No la primera vez, por lo menos...&lt;br /&gt;- Y las demás veces?&lt;br /&gt;- Bueno... digamos que sí, me habría acostado contigo sin mediar dinero de por medio si hubiera sabido lo bueno que eres en la cama.&lt;br /&gt;- Jajaja, así que soy bueno en la cama?&lt;br /&gt;- Sí...&lt;br /&gt;- Bueno... Te acostarías conmigo ahora, por ejemplo, sabiendo que no habrá dinero de por medio?&lt;br /&gt;- No&lt;br /&gt;- Porqué no?&lt;br /&gt;- Porque ya te dije. Estoy cansada, estoy harta... de mí, de vivir así, de ser la otra...&lt;br /&gt;- No necesitas ser la otra.&lt;br /&gt;- Qué, me estás diciendo que dejarías a tu mujer por mí?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Albert se quedó callado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Ves? nunca lo vas a hacer.&lt;br /&gt;- No puedo, Marguerite...&lt;br /&gt;- Bueno, entonces, tema zanjado, no?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos quedamos callados los dos. Albert seguía masajeándome los pies. Yo me estaba relajando, el dolor de cabeza se había desaparecido. Albert empezó a subir el masaje hacia las piernas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Eh, adonde vas?&lt;br /&gt;- A ningún lado, te estoy haciendo un masaje solamente... No voy a hacerte nada que no quieras...&lt;br /&gt;- Ese es el problema...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos reímos los dos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Estás cansada?&lt;br /&gt;- No. Me dolía un poco la cabeza, pero se me quitó.&lt;br /&gt;- Quieres salir a comer algo?&lt;br /&gt;- No tengo hambre.&lt;br /&gt;- Quieres ver una película?&lt;br /&gt;- No tengo ganas&lt;br /&gt;- Quieres... que me vaya?&lt;br /&gt;- No, quédate si quieres...&lt;br /&gt;- Puedo quedarme hasta el lunes...&lt;br /&gt;- Solo tengo una cama&lt;br /&gt;- Ese nunca ha sido problema, no?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me levanté y me senté al lado de Albert, bien pegada a él. Albert se sentía tibio y olía bien, tal cual lo recordaba. Apoyé mi cabeza en su hombo y Albert me acarició el pelo. Me volví hacia él y nos besamos. Se sintió tan bien besarlo, no pensar en nada más, vivir el momento, ese momento...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos la pasamos en la cama todo el fin de semana. Conversamos mucho e hicimos el amor innumerables y exquisitas veces. Albert me dijo varias veces que debería buscar a Armando y hablar con él, por último para darme cuenta de que ya no lo quiero. Cuando Albert se fué el lunes bien temprano, yo seguí durmiendo. Me desperté tarde y me encontré en mi velador quinientos mil pesos y una nota de Albert diciendo que el dinero no era a cambio de lo que habíamos tenido, sino porque creía que yo no le había dicho la verdad sobre mi situación económica y simplemente quería ayudarme. No le veo la diferencia, sinceramente. Dejé todo tal cual para devolvérselo a Albert cuando lo vuelva a ver, pero no sé si debería volver a verlo. Hasta hoy no me he levantado de la cama. He estado todos estos días con rabia conmigo misma, porque he vuelto a caer en lo que no quería, en eso de lo que quería huir, eso que quería cambiar. Cambié sábanas, limpié, me duché, pero el olor de Albert sigue aquí y la plata sobre el velador me hace burla como quinientas mil prostitutas riéndose en mi cara de mi estupidez. Y lo peor de todo, es que pienso una y otra vez en lo que Albert me dijo: que busque de nuevo a Armando.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6752864615742077422-1147487649829968662?l=manonamarguerite.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/1147487649829968662'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/1147487649829968662'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://manonamarguerite.blogspot.com/2010/02/recaida.html' title='Recaída'/><author><name>M</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='26' src='http://photos1.blogger.com/blogger/309/2316/1600/blog.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6752864615742077422.post-1513725909623444926</id><published>2010-02-03T23:23:00.004-03:00</published><updated>2010-06-08T07:36:49.691-04:00</updated><title type='text'>Castillos de arena</title><content type='html'>Al día siguiente Marcos actuaba como si nada hubiera pasado. Nos levantamos temprano, a eso de las 8:30, nos duchamos, vestimos y fuimos a misa. Marcos hizo una misa cortita. Me abstuve de comulgar como él me pidió pero sentí que mis compañeros me miraban raro. Yo me había confesado el día anterior y no comulgaba. Después me hicieron preguntas sobre eso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Y porqué no comulgaste?&lt;br /&gt;- Es mi penitencia...&lt;br /&gt;- Chuuuuta, tienes que haber hecho algo bien grave para que el cura te dejara sin comulgar! Jajaja, capaz que hasta te &lt;strong&gt;excomulgue!&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los demás se unieron a las risas mientras caminábamos al comedor. Tomamos desayuno, que ya estaba servido y después de eso volvimos a la capilla. Al lado de la capilla habían dos salas de clases con mesas largas y sillas alrededor de estas. Marcos se había quitado el alba, esa túnica blanca que llevaba en la misa y estaba vestido con sotana y alzacuello blanco. Igual que en mis sueños. Sentí como la cara se me enrojecía. En el muro había puesto un cartel que decía: &lt;em&gt;&lt;strong&gt;Por qué debemos esperar hasta el matrimonio&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creo que todos nos miramos y nos encogimos en las sillas. Marcos empezó su cátedra. Nos hablaba del cuerpo humano como templo de Dios. Nos decía que en la sociedad de hoy día los jóvenes nos sentíamos presionados a demostrarle a nuestras parejas nuestro amor a través del sexo y prácticas sexuales, pero que un amor verdadero no exigía presiones y estaba lleno de respeto. Si nuestra pareja nos amaba verdaderamente, nunca nos iba a presionar a tener sexo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Qué opinas tú de esto, Marguerite? - Me preguntó Marcos. Sentí su pregunta como una puñalada de traición.&lt;br /&gt;- Yo? - La boca se me secó&lt;br /&gt;- Si, tú... - Oí que uno de mis compañeros se reía bajito. Me ardían las orejas. Tenía rabia. Marcos había usado mi confesión del día anterior para ese tema. Y por otro lado, acaso se había olvidado que él mismo, el cura, me lo había hecho sobre la mesa de la cocina?&lt;br /&gt;- Eeeh, no sé, no he pensado sobre el tema... -&lt;br /&gt;- Bien, entonces preguntémosle a... - Marcos pasó a uno de mis compañeros y le hizo la misma pregunta.&lt;br /&gt;- Yo opino que... se exagera demasiado con esto del sexo. La gente piensa que ser jóvenes equivale a pasársela en la cama teniendo sexo y no somos así. - Todos nos reímos, no por el comentario si no por lo absurdo de lo que estaba pasando. Todos, y absolutamente todos en ese retiro espiritual, incluyendo al sacerdote, estábamos teniendo sexo sin estar casados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marcos nos habló por cerca de una hora de que el sexo oral, los toqueteos y los besos con "yapa" también se consideraban como sexo. Que nada de eso estaba permitido ante los ojos de Dios y que si de verdad amábamos a nuestras parejas, debíamos contenernos hasta el matrimonio. Nos habló también del riesgo para nuestra salud, del peligro de un embarazo, de que los métodos anticonceptivos fallaban y por eso la iglesia se negaba a admitirlos, además de que el admitirlos significaba admitir el sexo fuera del matrimonio. Nos habló del costo físico, psíquico y emocional de tener sexo tan jóvenes y de la importancia de aprender a controlarnos. Yo escuchaba casi sin creer lo que oía. Su discurso me parecía tan cínico! Además él sabía que mis compañeros estaban teniendo sexo. Bueno, ese era el precio que supongo que mis compañeros sabían que tenían que pagar por poder acostarse juntos, esas horas oyendo a Marcos predicar para por las noches poder cambiarse de dormitorio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando por fin terminó nos dió tiempo libre antes de almorzar. Mientras mis compañeros salían me pidió que le ayudara a ordenar la sala.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Y qué te pareció el tema de hoy?&lt;br /&gt;- Qué se supone que debería responder, &lt;strong&gt;&lt;em&gt;Padre&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; Marcos?&lt;br /&gt;- Jajaja, estás enojada conmigo? No seas tonta, esos temas no los elijo yo, me mandan a hablar de ellos.&lt;br /&gt;- No tenías para qué haberme preguntado...&lt;br /&gt;- Nadie se dió cuenta... - Marcos me abrazó muy fuerte y me dió un beso - Esta noche te irás a acostar temprano con tus compañeros. Cuando se hayan cambiado de dormitorio, te vienes al mío.&lt;br /&gt;- Estás loco? y si me descubren?&lt;br /&gt;- Si descubren que no estás, dices que saliste a... dar una vuelta, ahí veremos. Pero no te preocupes, nadie lo notará.&lt;br /&gt;- Yo... no creo que sea buena idea - Traté de soltarme de su abrazo.&lt;br /&gt;- No? - Marcos me volvió a besar - Te espero ahí...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Almorzamos todos juntos, tuvimos un rato libre y yo dormí una siesta corta. Me dolía la cabeza, le dije a mis compañeras, y me dejaron tranquila. Tuvimos otra clase por la tarde, otro tema, pero relacionado con la catequesis y el nuevo testamento. Tuvimos que jugar algo así como "&lt;em&gt;preguntas y respuestas bíblicas&lt;/em&gt;". Perdí lejos. No tenía idea de nada de la biblia. Tomamos once. Marcos se comportaba con total indiferencia. Jugamos de nuevo &lt;em&gt;Monopoly&lt;/em&gt; y nos fuimos a acostar. Yo me puse pijama, me cepillé los dientes y el pelo y me acosté primero. Miré como mis compañeras se arreglaban rápido y en silencio. Me hice la dormida. Por fin salieron muy calladas. Esperé un rato. No oía ruidos aparte del de mi propio corazón latiendo con fuerza. Pensé en no ir a la cita con Marcos, pensé en dormir, taparme la cabeza con una almohada y retirarme del grupo de catequesis el lunes. Por supuesto no hice nada de eso. Me levanté, abrí la puerta con cuidado, miré al pasillo y me fui caminando de puntillas al dormitorio de Marcos en el otro extremo. Entré sin golpear. Marcos estaba leyendo en la cama.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Pensé que ya no venías!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marcos levantó las sábanas y me dijo que me acostara a su lado. Lo hice.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Ah, pensé en esto todo el día!&lt;br /&gt;- Sí?, no se notó...&lt;br /&gt;- Estas enojada de nuevo? Qué quieres que haga, que te ponga más atención para que todos se den cuenta? Si te pones así, lo nuestro no va a resultar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marcos empezó a besarme. Había dicho &lt;em&gt;lo nuestro&lt;/em&gt;. Yo no necesitaba nada más. No me pondría pesada de nuevo con él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo algo en el fondo de mi cabeza me advertía... Y por supuesto no me olvidaba de que Marcos era cura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hicimos el amor con calma esa vez. Estaba enamorada de Marcos? Sí, creo que estaba enamorada de él. Todavía hoy, al escribir y recordar todo con él se me pone la piel de gallina. Marcos tenía un cuerpo perfecto. Bien esculpido, bien formado. Él era simplemente perfecto. Esa noche conversamos de muchas cosas, pero me guardé bien de contarle todo de mí. Me dijo que tenía 32 años. Yo le había calculado 28. Le pregunté con cuantas mujeres se había metido desde que era sacerdote.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Eso que importa, - me dijo - estoy contigo ahora, no?&lt;br /&gt;- Pero... estás viendo a alguien más?&lt;br /&gt;- No, estoy solo, solo para ti.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marcos me besaba y me tocaba como nadie lo había hecho hasta entonces. Se notaba la experiencia. La cama de Ryu y Christian me parecía un juego de niños comparado con lo que me hacía sentir Marcos. La forma de besarme y de tocarme... solo la he vuelto a experimentar con muy pocos hombres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Sabes que te he soñado con sotana?&lt;br /&gt;- Ah sí? - Marcos se rió. Yo descansaba en su brazo - y qué has soñado?&lt;br /&gt;- Que hacemos el amor en un lugar público.&lt;br /&gt;- Y eso lo soñaste anoche?&lt;br /&gt;- No, la semana pasada...&lt;br /&gt;- Ajá! así que sueños eróticos con el cura! Y porqué no me los confesaste?&lt;br /&gt;- Porque no... - Marcos empezó a besarme. Me abrió las piernas y volvió a hacerme el amor.&lt;br /&gt;- Te lo hacía así? - me preguntaba mientras me besaba el cuello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue una noche deliciosa. Me habría quedado con él eternamente pero Marcos me dijo que volviera al dormitorio antes de que las demás volvieran y me descubrieran. Me dijo que al otro día en vez de hacer misa le pediría a los cuidadores que nos llevaran a recolectar moras y él se quedaría en la casa de retiro. Me dijo que me hiciera la enferma y que no fuera con los demás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la mañana siguiente cuando todos se levantaron yo me hice la enferma. Le dije a mis compañeras que me dolía la cabeza horriblemente. Ellas fueron a buscar a la cuidadora de la casa de retiro y ella me dió unas pastillas y un té, me tomó la temperatura y me dijo que me quedara en cama. Mis compañeras dijeron que desde el día anterior que me quejaba de jaqueca y según ellas, me veía pálida, así que nadie dudó de mí ni nadie me pidió que los acompañara en el paseo. Apenas se fueron me reuní con Marcos en su dormitorio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos besamos con furia. Nos desvestimos con rapidez. Hicimos el amor rápido, con ansia, urgentemente. La segunda vez fue más tranquila. Marcos me hizo montarme sobre él y a la luz del día pude admirarlo centímetro a centímetro. Realmente era un hombre perfecto. Lo besé lo más que pude, dónde más pude, y él hizo lo mismo. Me recosté en su brazo cuando acabamos. Marcos me abrazaba por la espalda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Sabes Marguerite... eres muy bonita&lt;br /&gt;- Gracias...&lt;br /&gt;- Estaba pensando... deberías tomar pastillas. No me gusta usar condón y no podemos confiarnos en que siempre alcanzaré a acabar afuera. Deberías ir al ginecólogo, yo te pagaré la consulta y las pastillas.&lt;br /&gt;- Está bien...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras Marcos hablaba yo miraba las motas de polvo que se elevaban hacía los rayos de sol que penetraban en el dormitorio. Parecía que el tiempo se había detenido y yo me sentía feliz, enamorada y etérea como esas motas de polvo. Pensaba en un futuro juntos. Quizás Marcos dejaría el sacerdocio por mí. Quizás podríamos ser felices. Mientras Marcos me acariciaba para hacerme el amor por última vez ese día, yo construía mis castillos de arena, los que no tardarían en derrumbarse.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6752864615742077422-1513725909623444926?l=manonamarguerite.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/1513725909623444926'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/1513725909623444926'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://manonamarguerite.blogspot.com/2010/02/castillos-de-arena.html' title='Castillos de arena'/><author><name>M</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='26' src='http://photos1.blogger.com/blogger/309/2316/1600/blog.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6752864615742077422.post-6151986108528657284</id><published>2010-02-02T09:29:00.002-03:00</published><updated>2010-02-02T09:29:00.536-03:00</updated><title type='text'>Gabriel</title><content type='html'>Ayer llamé a Gabriel. Hace tiempo que venía pensando en juntarme con él. En esta especie de viaje en el tiempo, de retroceso que estoy haciendo, si dudas él es uno de los pilares más importantes de lo que pasó en mi vida. Mi primo Gabriel, el que me enseñó que con sexo podía conseguir que alguien me quisiera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos juntamos en un restaurant en Apoquindo. Yo estaba nerviosa. Gabriel se había sorprendido de mi llamado pero no puso obstáculos a que nos reuniéramos a almorzar. Llegó puntual. Yo llevaba esperando media hora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Marguerite?&lt;br /&gt;- Gabriel!&lt;br /&gt;- Hola!&lt;br /&gt;- Hola, siéntate!&lt;br /&gt;- Vaya... tanto... tiempo! No sabes la sorpresa que fue recibir tu llamado. Cómo estás?&lt;br /&gt;- Bien, bien y tú?&lt;br /&gt;- Bien también, gracias.&lt;br /&gt;- Pedimos algo? Cuánto tiempo tienes?&lt;br /&gt;- En realidad me tomé el resto del día... Me quedé como en shock cuando me llamaste.&lt;br /&gt;- Jajaja&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pedimos el almuerzo. Yo pedí una ensalada liviana, Gabriel una ensalada césar. Yo pedí un jugo natural y él un agua mineral.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Ha pasado tanto tiempo desde la última vez que nos vimos!&lt;br /&gt;- Así es...&lt;br /&gt;- Cuánto... unos quince años?&lt;br /&gt;- Algo así.&lt;br /&gt;- Estás super linda!&lt;br /&gt;- Gracias. Y... qué has hecho con tu vida durante este tiempo?&lt;br /&gt;- Bueno... estudié... Estuve trabajando en la campaña del presidente, jajaja que raro suena, del presidente Sebastián Piñera. Y tú? Qué hiciste con tu vida?&lt;br /&gt;- Lo mismo. Estudié enfermería, me gradué y también terminé vendiéndome casi como tú, me dediqué a la prostitución.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gabriel se atoró con la comida. Se puso rojo primero y cuando se compuso, se quedó pálido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Qué dijiste?&lt;br /&gt;- Que me dediqué a prostituirme.&lt;br /&gt;- Es broma, no? Por que te conté lo de Piñera?&lt;br /&gt;- No, es en serio.&lt;br /&gt;- No te creo.&lt;br /&gt;- Es en serio.&lt;br /&gt;- Pero cómo, cuándo, porqué!&lt;br /&gt;- Por comodidad... necesitaba plata en ese entonces. Estaba en la universidad. No te preocupes, ahora estoy en el proceso - hice el gesto de entre comillas con los dedos y sonreí - de "cambiar de vida".&lt;br /&gt;- Marguerite, no sé que decirte... Me pillas por sorpresa.&lt;br /&gt;- No tienes que decir nada, no te preocupes.&lt;br /&gt;- Y... discúlpame que sea directo y vaya al grano, pero para qué me llamaste?&lt;br /&gt;- La verdad es que no lo sé. Estoy haciendo una especie de... retrospección. Me siento sola. Siento que mi vida está podrida hace tanto tiempo y no sé qué hacer, cómo salir de esto. La he cagado una y otra vez, me he metido en un problema tras otro y estoy tan, pero tan cansada... Pensé que analizando mi pasado quizás podría entender las cosas que me han pasado, las cosas que he hecho, o por qué las he hecho...&lt;br /&gt;- Tú... tú crees que lo que paso entre nosotros... lo que yo te hice... tiene que ver con esto? Con que te hayas...&lt;br /&gt;- Vuelto puta? No sé... tú que crees?&lt;br /&gt;- Marguerite... Yo... No sabes cómo me ha perseguido el recuerdo de lo que... te hice. Tú eras tan chica y yo, yo no sé en que pensaba, si es que pensaba en algo!&lt;br /&gt;- Tú fuiste la primera persona que me tocó... mis papás nunca se acercaban a mí.&lt;br /&gt;- Me odias por lo que te hice?&lt;br /&gt;- No, - lo miré a los ojos - no te odio. Quizás en otras circunstancias lo habría hecho, yo tenía 7 años la primera vez que me hiciste desnudarme y tú 17... supongo que eso te hace parecer un pedófilo.&lt;br /&gt;- Yo no soy un pedófilo!&lt;br /&gt;- Quien sabe Gabriel, quien sabe el animal que llevamos dentro. El caso es que después de ti... Empecé a buscar sexo. Quería que me tocaran, quería sentirme querida, quería aprobación... Hasta el día de hoy ha sido así.&lt;br /&gt;- Entonces, lo que estás diciendo es que fue mi culpa?&lt;br /&gt;- No, no he dicho eso. No fue culpa de nadie. O quizás fue culpa de todos. Quizás fue el destino, no sé.&lt;br /&gt;- No sé que decirte...&lt;br /&gt;- No tienes que decir nada...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Comimos en silencio un rato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Estás casado?&lt;br /&gt;- No, todavía no me atrapan, jejeje y tú? estás con alguien?&lt;br /&gt;- No puedo estar más sola...&lt;br /&gt;- Qué haces entonces... en qué ocupas tus días?&lt;br /&gt;- Nada. Leo, veo tele. Tengo un blog, escribo las cosas que recuerdo. Y pienso, pienso mucho.&lt;br /&gt;- Sales?&lt;br /&gt;- No, casi nada. Voy al supermercado cuando es necesario. Esta es la primera vez que salgo en un mes.&lt;br /&gt;- Por qué vives encerrada?&lt;br /&gt;- Tengo miedo de encontrarme con... alguno de mis ex-clientes.&lt;br /&gt;- Entonces en serio que estás cambiando de vida.&lt;br /&gt;- Sí. Era eso o terminar muerta.&lt;br /&gt;- Así de grave?&lt;br /&gt;- Asi de grave.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cambiamos de tema. Hablamos de otras cosas más livianas. Terminamos de comer y Gabriel quiso que fuéramos a tomar algo a algún lugar pero le dije que no, que otro día, que prefería venirme a mi casa. Me hizo prometerle que lo llamaría y que nos veríamos pronto. Me dijo que teníamos mucho que conversar. Me dió un beso casi en la boca al despedirse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tengo una jaqueca desde ayer que vi a Gabriel. Dormí pésimo y desperté igual, con dolor de cabeza y una sensación de asco que no se me quita.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6752864615742077422-6151986108528657284?l=manonamarguerite.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/6151986108528657284'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/6151986108528657284'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://manonamarguerite.blogspot.com/2010/02/gabriel.html' title='Gabriel'/><author><name>M</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='26' src='http://photos1.blogger.com/blogger/309/2316/1600/blog.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6752864615742077422.post-5138415303019583333</id><published>2010-01-31T23:47:00.002-03:00</published><updated>2010-02-01T03:28:06.726-03:00</updated><title type='text'>Confesiones</title><content type='html'>- Ave María Purísima&lt;br /&gt;- Qué?&lt;br /&gt;- Ave María Purísima...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miré a Marcos como si se hubiera vuelto loco. Estaba sentado a mi lado, con la estola púrpura sobre los hombros. Pensé que me iba a confesar, no que íbamos a rezar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Porqué no contestas?&lt;br /&gt;- Contestar qué.&lt;br /&gt;- "Sin pecado concebida", es lo que tienes que responder cuando yo te digo "Ave María purísima"&lt;br /&gt;- Y cómo se supone que debo saber eso?&lt;br /&gt;- No te has confesado antes?&lt;br /&gt;- No... es la primera vez...&lt;br /&gt;- Pero... pero yo te vi comulgar! cómo hiciste la primera comunión sin confesarte?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bajé la mirada. Sentí que los ojos se me llenaban de lágrimas. Sentía vergüenza. No sabía qué decir ni cómo empezar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Yo... yo no hice la primera comunión... padre Marcos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marcos no habló. Pensé que estaba enojado conmigo. Lo miré. Estaba pensativo mirando hacia lo lejos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No sé por qué lo hice. Cuando me cambié de colegio... y tuve que ir a misa, todos comulgaban. Supongo que me dejé llevar por los demás... Sé que hice mal, pero ya no sé como remediarlo - Las lágrimas empezaron a rodar irremediablemente por mis mejillas.&lt;br /&gt;- No llores, - me dijo Marcos - ya no hay nada que hacer respecto a eso. Lo importante es que te arrepientes. El problema de haber comulgado sin haber hecho la primera comunión es que recibiste el cuerpo de Cristo sin tener la preparación adecuada... Creo que no deberías volver a comulgar hasta haberte confirmado. Tu confirmación será como tu primera comunión y la catequesis te ayudará a comprender qué es lo que estás haciendo, qué es lo que estás recibiendo al comulgar. Te parece bien?&lt;br /&gt;- Sí... - dije en un susurro&lt;br /&gt;- Hay... algo más que quieras confesar?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me quedé callada un rato antes de contestar. A lo lejos se oía un grillo solitario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Yo... yo no soy virgen&lt;br /&gt;- Ya... veo. Y desde cuando... Cuándo fue que perdiste la virginidad?&lt;br /&gt;- Hace unos seis meses - No sé porqué no le dije la verdad. Creo que estaba confundida. No sabía que en la confesión el cura me preguntaría cosas personales. Pensaba que yo le contaría lo que yo quisiera y él me perdonaría los pecados o algo así. No me había imaginado ese diálogo.&lt;br /&gt;- Y cuántas veces lo hiciste?&lt;br /&gt;- Tres o cuatro veces - Volví a mentir. Me pareció que Marcos no se daba cuenta.&lt;br /&gt;- Y fue... siempre con el mismo?&lt;br /&gt;- Sí - Decidí no contarle lo de Christian hasta haberle preguntado a él si le había confesado algo al cura.&lt;br /&gt;- Cuando fue la última vez que... intimaste con... ese hombre?&lt;br /&gt;- Fue... el año pasado. Descubrí que me engañaba y terminamos.&lt;br /&gt;- Y desde entonces no has estado con alguien más?&lt;br /&gt;- No...&lt;br /&gt;- Hmm... Quien era él?&lt;br /&gt;- Era alguien de mi ex colegio.&lt;br /&gt;- Te cambiaste de colegio por él?&lt;br /&gt;- Sí... me engañaba con una niña de otro curso, todos sabían, preferí cambiarme de colegio...&lt;br /&gt;- Entiendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se hizo una pausa larga. Empezaba a oscurecer y el viento estaba frío. Yo trataba de controlar mis temblores pero a medida que la tarde avanzaba se me hacía imposible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Hay... algo más que quieras confesar?&lt;br /&gt;- No... eso es todo.&lt;br /&gt;- Estás segura?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Asentí con la cabeza. Marcos me tomó de la mano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Marguerite... No sé qué penitencia darte... Si no has hecho la primera comunión no creo que sepas mucho de oraciones, no? Sabes el Padre Nuestro? el Ave María? Te lo enseñaron tus padres?&lt;br /&gt;- Mis padres nunca se han preocupado por mí...&lt;br /&gt;- Entiendo. Hablaremos de eso más tarde. Ahora hace frío y estás temblando. Tu penitencia por ahora será estudiar conmigo lo más que puedas. Te ayudaré a acercarte a Dios y a la Iglesia, te parece bien?&lt;br /&gt;- Sí... - No podía creer mi buena suerte! Marcos me estaba diciendo que mi "castigo" sería estar con él!&lt;br /&gt;- Bueno, ahora entremos a la casa. Y tú - Me tomó la cara con las manos - tranquila que las cosas de ahora en adelante van a ser mejores en tu vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marcos se puso de pie y yo lo seguí como un perrito. Creo que ese fue el momento en el que me enamoré de él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entramos en la casa. Mis compañeros estaban en el living conversando. La señora que vivía en la casa de retiro había preparado la cena y nos sentamos a comer. Hablamos de fútbol, de lo que pasaban en la televisión, de los profesores que teníamos en el colegio. Marcos estaba callado y me miraba. De nuevo casi no comí. Estaba nerviosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de comer alguien propuso que jugáramos &lt;em&gt;Monopoly&lt;/em&gt;. Nos sentamos alrededor de la mesa de centro en el living y estuvimos lanzando dados y comprando y vendiendo propiedades cerca de una hora. Una de mis compañeras se quejó de estar cansada, a pesar de que era temprano todavía, y los demás, supongo que obedeciendo a una señal preconvenida, la siguieron. Todos querían ir a acostarse. Marcos me preguntó si yo también estaba cansada. Le dije que no. Me dijo entonces que mientras los demás se iban a acostar nosotros podíamos estudiar un rato, como habíamos acordado. Le dije que me parecía bien. Una de mis compañeras me llamó desde el dormitorio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Cómo es eso de que el cura se va a quedar levantado? - susurró&lt;br /&gt;- Bueno... qué quieres que haga! él lo dijo, no yo...&lt;br /&gt;- Pero nos va a descubrir!&lt;br /&gt;- Si Marguerite lo entretiene podemos cambiarnos de dormitorios sin que se dé cuenta. Crees que puedas? - intervino otra compañera.&lt;br /&gt;- Bueno... sí, creo que sí. Puedo decirle que tengo hambre y que nos sentemos en la cocina... así ustedes pueden cambiarse sin que lo note si es que tienen cuidado y no meten mucho ruido.&lt;br /&gt;- Te pasaste!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salí del dormitorio y me junté con Marcos en el living. Marcos tenía un cuaderno y un par de libros. Cuando ví que se iba a sentar en el sillón le dije que me moría de hambre y que si podíamos sentarnos en la cocina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Si, me fijé que comiste muy poco. Te sientes bien?&lt;br /&gt;- No sé... creo que son nervios de estar acá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fuimos a la cocina. No se oían ruidos desde los dormitorios. Todas las luces estaban apagadas. Los cuidadores se habían retirado a su casita hacía rato. Marcos me sirvió un vaso de leche y unas galletas que intenté comerme para que no notara nada raro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Bueno... cuéntame de ti...&lt;br /&gt;- De mí? - se me hizo un nudo en la garganta&lt;br /&gt;- Vives con tus padres?&lt;br /&gt;- Con mi mamá. Mis papás son separados.&lt;br /&gt;- Qué hace tu papá?&lt;br /&gt;- Es abogado.&lt;br /&gt;- Tienes contacto con él?&lt;br /&gt;- No lo he visto desde la separación.&lt;br /&gt;- Y tu mamá que hace?&lt;br /&gt;- Es alcohólica... siempre está en casa o sale... nos vemos muy poco...&lt;br /&gt;- No tienen buena relación?&lt;br /&gt;- No tenemos ninguna relación.&lt;br /&gt;- Entiendo. Te debes... sentir muy sola...&lt;br /&gt;- No sé... supongo...&lt;br /&gt;- Fue por eso que intimaste con... ese hombre? buscabas compañía?&lt;br /&gt;- No sé... se dió la oportunidad, él me dijo que me quería y que si yo lo quería tenía que demostrárselo...&lt;br /&gt;- Qué típico... Tuviste suerte de no salir embarazada...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El nudo en la garganta se me apretó más. Con un esfuerzo me tragué la última galleta y me bebí de un trago el resto de leche. Marcos se llevó el plato y el vaso y los puso en el lavaplatos. Volvió a sentarse a mi lado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Y ahora... estás pololeando?&lt;br /&gt;- No...&lt;br /&gt;- Porqué no? eres muy bonita... - Marcos tomó un mechón de mi pelo. La bocá se me secó...&lt;br /&gt;- No he conocido a nadie...&lt;br /&gt;- No tardarás mucho en conocer a alguien, ya verás... alguien - Marcos me acarició el mentón - que te muestre lo que es el amor de verdad...&lt;br /&gt;- Hmm&lt;br /&gt;- Tienes unos ojos hermosos! Parece que cambiaran de color...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sabía qué decir. No me atrevía a moverme. Tenía a Marcos a apenas unos centímetros de mí. Me había bloqueado. Ya no era un sueño. Él estaba ahí, de carne y hueso, al alcance de mi mano, pero él era sacerdote. Yo sabía que nada podía pasar entre nosotros y sin embargo... sin embargo era él quien daba el primer paso. O era mi imaginación...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Y tu pelo... te queda muy bien largo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marcos me tomó la cara con las manos y me besó. Sentí cómo el corazón me saltaba en el pecho. Fue el beso más dulce y delicioso que había probado. Quizás el sabor de lo prohibido era lo que lo hacía saber así. Casi no podía creer lo que estaba pasando. A lo mejor era un sueño del que iba a despertar en cualquier momento, pero los olores y los sabores eran tan reales! En mis fantasías Marcos no tenía esa calidez en la boca ni percibía el olor de su cuerpo. El beso se me hizo eterno. Senti que me desmayaba cuando por fin se separó de mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Eres hermosa... No sabes lo hermosa que eres - Me dijo Marcos con la voz ronca&lt;br /&gt;- Yo...&lt;br /&gt;- Shhh no digas nada - Me volvió a besar. Yo me dejé hacer, me dejé llevar. Marcos me guiaba con sus labios y su lengua. Sus besos eran suaves y expertos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Te gusto, cierto? desde el primer momento en que nos vimos que te gusto, o no? - Me preguntó entre besos.&lt;br /&gt;- Sí...&lt;br /&gt;- Y tú me gustaste a mí... Ah, no sabes cómo soñé con este momento... - Me metió la mano por debajo de la polera y me acarició un seno.&lt;br /&gt;- Los demás... alguien puede venir...&lt;br /&gt;- Tú crees que alguien puede venir? Crees que no sé lo que están haciendo?&lt;br /&gt;- Lo sabes?&lt;br /&gt;- Por supuesto... Nadie va a venir, no tengas miedo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marcos me levantó y me hizo sentarme a caballo sobre él, frente a frente, con las piernas abiertas. Podía sentir su erección aplastada por sus pantalones. Marcos me quitó la polera y me sacó el sostén. Me besaba el cuello y bajaba al pecho. Me besaba las orejas, los ojos, los labios. Sus manos me recorrían toda y yo lo dejaba... Me repetía que Marcos era cura pero por otro lado, sabía que era solo un hombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé cómo llegamos a hacerlo. Recuerdo que de repente yo estaba sobre la mesa de la cocina. Marcos había apagado la luz y estaba sobre mí, desabrochándose el pantalón. Yo estaba solo en calzones. Marcos se daba prisa. Me preguntó si yo tomaba pastillas, si me cuidaba. Le dije que no. &lt;em&gt;No importa, lo echaré afuera&lt;/em&gt;, me dijo. Lo hicimos rápido y en silencio. No llegué al orgasmo pero no me importó. Estaba demasiado sorprendida, demasiado emocionada. Mis sueños, mis fantasías, hechas realidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marcos prendió la luz y nos vestimos rápido. Me arreglé el pelo. Él me volvió a besar, pero fue un beso corto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Deberías ir a acostarte antes de que nos descubran.&lt;br /&gt;- Yo...&lt;br /&gt;- Shhh, no digas nada. Mañana hablaremos...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me fui al dormitorio aturdida. Había pasado de verdad lo que había pasado? Ninguna de mis compañeras había llegado todavía. Me acosté en silencio y pensé en Marcos. Pensé en lo que había pasado, en lo que habíamos hecho, en el pecado...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ojalá hubiera sabido en ese momento que Marcos iba a ser mi pasaje al infierno.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6752864615742077422-5138415303019583333?l=manonamarguerite.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/5138415303019583333'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/5138415303019583333'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://manonamarguerite.blogspot.com/2010/01/confesiones.html' title='Confesiones'/><author><name>M</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='26' src='http://photos1.blogger.com/blogger/309/2316/1600/blog.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6752864615742077422.post-39080395762243803</id><published>2010-01-30T21:13:00.007-03:00</published><updated>2010-06-08T07:23:42.659-04:00</updated><title type='text'>El retiro espiritual</title><content type='html'>Apenas llegué a casa después de misa falsifiqué la firma de mi mamá para autorizarme a asistir a los retiros espirituales. Había pensado en decirle que era obligación asistir, que el colegio, por ser católico, lo requería, pero preferí no decirle nada. A fin de cuentas ella salía casi todos los fines de semana y ni siquiera se fijaba si yo estaba en casa o no. No le importaría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los días pasaron lento hasta el viernes. Yo estaba nerviosa, tan nerviosa. No podía concentrarme. No podía estudiar. Me pasaba el día en una nube soñando despierta con Marcos y la imposibilidad de algo entre nosotros, pero soñar era gratis, no me costaba nada. Cuando por fin llegó el viernes me levanté temprano y sonriente. Estaría con él todo el fin de semana. Mi mamá ni siquiera se dió cuenta del enorme bolso que me llevé al colegio. Creo que ni siquiera estaba en la casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los que íbamos al retiro espiritual teníamos permiso de salir de clases a las 11:30 en vez de las 3:30. Éramos apenas siete los que íbamos. A pesar de lo tentador de salir de clases temprano, no era tentador encerrarse un fin de semana a hablar de temas espirituales. A mí me daba igual. Mientras pudiera ver a Marcos... Creo que fue algo así como "&lt;em&gt;amor a primera vista&lt;/em&gt;". O quizás obsesión a primera vista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la hora acordada estábamos con nuestros bolsos en la parroquia. Marcos nos esperaba con su propio bolso. Estaba vestido igual que la primera vez que lo vi con camisa negra y pantalon de tela negro. Se veía tan bien! También llevaba el cuello blanco de sacerdote y tuve que recordarme que era cura. Estaba un poco desilusionado de que fuéramos tan pocos pero recibió los permisos de los padres con una sonrisa. No se dió cuenta de que el mío tenía una firma falsa. Nos fuimos en un minibus.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La casa de retiro quedaba a los pies de la cordillera. Era propiedad del colegio y no nos cobraban por usarla por ser alumnos. Supongo que era suficiente con la mensualidad que pagábamos, me imagino que la cuota estaba incluida en el cheque mensual. Creo que los fines de semana restantes la casa de retiro se arrendaba a otros grupos, a viejitas artríticas que apenas podían pasar las cuentas del rosario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la casa de retiro vivía un matrimonio de personas mayores que cuidaban y mantenían limpio. El viejito era también el jardinero. La casa estaba dividida en cuatro dormitorios grandes con capacidad para 7 personas cada uno. Las puertas de los dormitorios daban todas a un mismo pasillo. Cada dormitorio grande tenía un baño común con duchas. El dormitorio de los sacerdotes estaba al otro extremo del pasillo. En medio del pasillo había un corredor, una especie de área abierta como una pequeña biblioteca llena de libros religiosos. De ahí se pasaba al living. Las puertas de los dormitorios no se veían desde el living. El living conectaba con el comedor y la cocina. Los cuidadores vivían en una casa aparte, a varios metros de la casa grande. Era una casa muy acogedora. Tenía un gran jardín y bancas para sentarse y meditar, lo que supongo era el objetivo. También había un altar de la Virgen María donde se podían prender velas y una pequeña fuente de agua con bancas alrededor en el extremo más alejado del jardín. El jardinero hacía un buen trabajo. Las plantas abundaban por doquier. Verde y flores, árboles y plantas pequeñas. Habían también muchas enredaderas y lagartijas que se escondían apenas oían pasos. Ahí pasaría mis fines de semana una vez al mes. Me parecía casi un paraíso. Me pregunté porqué no me había acercado a la iglesia antes. Sentí los efectos del retiro espiritual apenas llegamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el bus habíamos hablado poco. Marcos se había sentado solo en el primer asiento, con un libro en las manos. Mis compañeros de retiro se habían sentado al final y hacían bromas, hablaban alto y se reían ruidosamente. Yo me senté en un asiento del medio y apoyé mi cabeza en la ventana. Pensaba en la vida. Pensaba en Ryu. Ya no me dolía haber perdido al bebé. Pensaba que incluso había sido lo mejor. Objetivamente, no me imaginaba viviendo en la miseria. Creo que me dí cuenta también de que en realidad no amaba a Ryu. Ryu había sido el primer hombre y yo había sido tonta, me había embarazado de él y lo había dejado engañarme. Lo demás que había pasado... eso prefería olvidarlo. No quería recordar esa noche, el aliento de los hombres en mi cara, el olor a cerveza y marihuana, los golpes... No. Eso lo empujaba al fondo de mi mente. Eso nunca había pasado. Me fui mirando el paisaje. No nos demoramos mucho en llegar. Tomamos nuestros bolsos y entramos a la casa. Marcos se fue directo a su dormitorio y yo seguí a mis compañeras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entré detrás de ellas en uno de los dormitorios. Inspeccioné las camas y escogí la que quedaba más cerca de la ventana y más lejos del baño. Las demás escogieron otras camas. Había espacio suficiente para todos. Las camas eran pequeñas, como esas camas antiguas de metal y tenían cobertores que parecían tejidos a crochet. Todo estaba decorado en tonos suaves y habías cuadros con motivos religiosos. Los hombres escogieron el dormitorio de al lado. Nos llamaron para almorzar. Los demás seguían conversando entre ellos y yo me sentía completamente ignorada, invisible. Ellos ya habían estado ahí antes, me contaron después, entre otras cosas. Marcos apareció sonriente en el comedor. Se había cambiado de ropa al igual que nosotros. Nosotros habíamos dejado el uniforme colgado y nos habíamos puesto jeans y poleras. Marcos también se había puesto jeans muy oscuros y una camisa celeste. Vestido así no parecía cura. El corazón me latía rápido al verlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Comimos arroz con carne y ensaladas. La señora que vivía ahí preparaba las comidas y lavaba los platos. Era muy callada, no hablaba mucho con nosotros. Me daba la impresión de ser un fantasma siempre silencioso y servicial. Mientras comíamos Marcos nos empezó a preguntar cosas. Mis compañeros y él ya se conocían, ya que habían hecho la primera comunión con él y llevaban en el colegio desde chicos. Sin darme cuenta empezaron a interrogarme. Yo era la nueva, me sentía casi como una intrusa. Así que tuve contestar varias cosas: porqué me había cambiado de colegio, qué quería estudiar cuando saliera de cuarto medio, qué equipo de fútbol me gustaba, sí tenía pololo... A todo respondí con la cara colorada mientras jugaba con la comida. Tenía un nudo en el estómago, no podía comer. Sentía que Marcos me desnudaba con la mirada y adivinaba todos mis pensamientos. Tuve esa sensación en ese momento y casi siempre después, era algo en sus ojos, algo en su forma de mirar que te hacía sentir que sabía todo de ti.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Terminamos de comer el postre y Marcos nos dijo que podríamos salir a caminar si queríamos, pero nos advirtió que no podíamos salir fuera del terreno de la casa de retiro. También podíamos estar en los dormitorios o en el living o en la biblioteca y leer. Dijo que él estaría en el patio, caminando, y que si alguien quería confesarse que podían acercarse a él en cualquier momento. Dejamos la mesa y cada uno se fue a distintos lados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo me fui al dormitorio. Mis compañeras estaban ahí y hablaban a cuchicheos. Se quedaron calladas cuando entré. Me miraban. Me sentí mal. Pensé que estaban hablando de mí o algo cuando una de ellas se dirigió a las otras dos y dijo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Ya, quien le dice a Marguerite?&lt;br /&gt;- Decirme qué?&lt;br /&gt;- Mira - una de ellas se animó a hablar - te vamos a contar algo, un secreto, pero júralo que no le dices a nadie.&lt;br /&gt;- Está bien&lt;br /&gt;- Tienes que jurarlo&lt;br /&gt;- Lo juro&lt;br /&gt;- Nosotras... vinimos al retiro espiritual con nuestros pololos. No sabíamos que iban a venir tan pocos pero ya que se dió la oportunidad... por la noche nos iremos a dormir con ellos. Hay cuatro dormitorios, así que te puedes quedar acá sin problemas, nosotras saldremos sin molestarte. Queremos que te quedes callada y no nos acuses.&lt;br /&gt;- No, obvio que no diré nada&lt;br /&gt;- Gracias! Te pasaste! - se dirigió a las otras - Ven? les dije que podíamos confiar en ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salí al patio mientras ellas seguían conversando. Me senté en una banca a mirar las plantas. Se me acercó a Marcos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Ví que te sentaste sola en el minibus. Te pasa algo? Estás bien?&lt;br /&gt;- Sí, estoy bien.&lt;br /&gt;- Quieres conversar?&lt;br /&gt;- Bueno...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos quedamos en silencio un rato. El olor de Marcos parecía seguirlo. Ah, esa sensación... Cómo traspasarla a palabras. El corazón me latía rápido, tan rápido. Tenía miedo de que se me detuviera de repente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Así que... eres nueva en el colegio.&lt;br /&gt;- Sí&lt;br /&gt;- Te gusta?&lt;br /&gt;- No está mal...&lt;br /&gt;- Jajaja&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me reí yo también. Marcos tenía una sonrisa hermosa, de dientes parejos y muy blancos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Y... tu familia que hace? Tienes hermanos?&lt;br /&gt;- Soy hija única - evité hablar de mis padres&lt;br /&gt;- Qué... te gusta hacer en tu tiempo libre? - Marcos no se daba por vencido.&lt;br /&gt;- Leer... - Pensé en decirle "tener sexo" pero me abstuve&lt;br /&gt;- Puedo recomendarte algunos libros, si quieres...&lt;br /&gt;- Bueno...&lt;br /&gt;- No hablas mucho, no?&lt;br /&gt;- No. Quiero decir sí. Es que no sé que decir. Es primera vez que... vengo a algo así.&lt;br /&gt;- No te preocupes. Quizás echas de menos a tu pololo?&lt;br /&gt;- No tengo pololo - dije más rápido de lo que quise&lt;br /&gt;- ah no? - Marcos levantó una ceja - Te... había visto con Christian. Pensé que estaban pololeando&lt;br /&gt;- No, somos amigos solamente&lt;br /&gt;- ah... - Mierda! quizás Christian le había contado algo? Preferí asegurarme.&lt;br /&gt;- Yo... usted... dijo... que podíamos confesarnos...&lt;br /&gt;- Sí, quieres hacerlo?&lt;br /&gt;- Confesarme? - No sé porqué hice una pregunta tan estúpida. Qué pensaba? que me decía hacerlo "hacerlo"? - eh, sí!&lt;br /&gt;- Está bien. Déjame ir a buscar mi estola y vuelvo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me quedé sentada. Empezaba a hacer frío. Subí los pies a la banca y me abracé a mí misma por las rodillas. Me sentía sola. No sabía por donde empezar mi confesión. Cuando ví volver a Marcos decidí contarle toda la verdad. Un gran error que desencadenaría en todo lo que vino después.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6752864615742077422-39080395762243803?l=manonamarguerite.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/39080395762243803'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/39080395762243803'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://manonamarguerite.blogspot.com/2010/01/el-retiro-espiritual.html' title='El retiro espiritual'/><author><name>M</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='26' src='http://photos1.blogger.com/blogger/309/2316/1600/blog.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6752864615742077422.post-2159854701096320850</id><published>2010-01-29T11:43:00.002-03:00</published><updated>2010-06-08T07:13:34.439-04:00</updated><title type='text'>El fruto prohibido</title><content type='html'>Se me cayó el alma a los pies cuando Christian me dijo que Marcos era sacerdote. Ahí se terminaban todos mis sueños y fantasías con él. Christian se dió cuenta y me empezó a molestar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Te gusta el cura... Jajaja, te gusta el cura...&lt;br /&gt;- Cállate! No seas estúpido. No me gusta.&lt;br /&gt;- Oye Marguerite, en serio, no se te vaya a ocurrir meterte con el cura eh! ahí si que te meterías en problemas.&lt;br /&gt;- Porqué no te callas mejor? Ya te dije que ese tipo no me gusta. Además tú y yo estábamos hablando de otra cosa.&lt;br /&gt;- Ya te pusiste fome...&lt;br /&gt;- Es en serio Christian. Tú estás con Ana María y yo no quiero seguir siendo la otra!&lt;br /&gt;- No seas tontita... Sabes que me queda tan poco para irme donde los milicos... Porque no aprovechamos de estar juntitos? te apuesto que para cuando yo vuelva ya vas a estar pololeando y ni me vas a pescar...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Christian me convenció a besos de ir con él a su casa. Volvimos a hacerlo con cuidado en su cama ruidosa mientras yo pensaba en Marcos y en las miradas que me había dado en la iglesia. Marcos, el fruto prohibido. Estaba segura de que yo le había gustado, sus miradas, su media sonrisa, sus palabras... No podían significar otra cosa que eso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue una semana agónica hasta la siguiente misa. Quería volver a ver a Marcos. Quería comprobar si me miraba de nuevo como lo había hecho. Quería adivinar si me había pensado como yo lo había pensado a él. Y soñado, oh, como lo había soñado. Tenía sueños eróticos y estúpidos con él. Lo soñaba vestido con una sotana larga y negra y el cuello blanco de sacerdote. Nos reuníamos en la Plaza de Armas, en un mall, en la playa, siempre estaba lleno de gente, la multitud nos rodeaba. Yo iba vestida con una faldita de tul cortísima que se traslucía, eso era todo, lo demás era desnudez. Marcos me veía, corría hacia mí y me decía que debía cubrirme, que no fuera así por la calle, &lt;em&gt;que era pecado&lt;/em&gt;. Y yo me reía a carcajadas. Marcos entonces me cubría los senos con sus propias manos y yo aprovechaba de besarlo. Primero se quedaba estático, como si no supiera qué hacer, como si la sorpresa fuese demasiada y yo me sumergía en su olor tal como lo recordaba de la misa y lo besaba con más ganas. Marcos me correspondía y me besaba y me tocaba delante de toda la gente que pasaba sin mirarnos siquiera. Siempre los sueños eran nublados, como si hiciera frío y la gente caminaba rápido a nuestro alrededor. Marcos y yo estábamos en el centro de un remolino y yo empezaba a desabrocharle los mil botones de su sotana. Debajo de la sotana vestía todo de negro, con pantalones y camisa como lo había visto en la iglesia. Sentía su erección en mis manos, cálida, suave, ansiosa... y entonces siempre despertaba. Mis sueños no llegaban más allá. Marcos era el fruto prohibido y por más que yo hubiera querido pensar que yo le gustaba, sabía que era imposible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me ví con Christian esa semana. Lo seguimos haciendo, siempre en su casa, pero empecé a darme cuenta de que más allá del sexo, no teníamos nada en común. Las pocas veces que hablábamos no llevaban a nada. A Christian no le interesaba hablar de nada. No me quería hablar de su familia ni de lo que quería estudiar, porque sabía que no iba a ir a la universidad por no tener plata para pagarla. Entonces empezaba a burlarse de mí, de mi colegio cuico como lo llamaba él y de la vida fácil que teníamos todos los de mi nivel social. Christian... No tenía idea de cómo era mi vida. Si mi mamá me había puesto en ese colegio era porque mi papá pagaba todo. De su bolsillo jamás habría salido un peso. Mi mamá me daba una mensualidad, algo mínimo con lo que se suponía debía alcanzarme para todos mis gastos del mes, y ella se gastaba el resto de manutención que mi papá le pagaba. Y Christian me llamaba cuica. Yo no le contaba nada de mi familia tampoco. En realidad no teníamos nada en común.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por fin llegó el día de la misa. Recuerdo que me levanté nerviosa. Había planchado el uniforme mil veces. Había lustrado los zapatos hasta que me dolieron las muñecas. Le había hecho una basta diminuta a la falda. Las monjas revisaban de vez en cuando el largo, pero supuse que valía la pena correr el riesgo después de recordar la forma en que Marcos me miraba las piernas. Me maquillé con cuidado. Ese día no me puse camiseta bajo la blusa como ordenaba el colegio. Sabiendo que la blusa se traslucía, me puse un sostén de encaje que también se traslucía. Me senté en primera fila. Sabía que era Marcos, el cura que volvía de vacaciones, quien oficiaría la misa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marcos estaba vestido esta vez con una túnica blanca y y lila. Estuve embelesada durante todo el servicio. Lo miraba, pero él no me miraba. No me importaba. Sería mi amor platónico. Mil ideas se me pasaban por la cabeza, todas relacionadas con Marcos y mi deseo imposible. Llegó la hora de comulgar. No me decidía a levantarme e ir con los demás. Pensaba que Marcos me iba a descubrir, que se daría cuenta de que yo no debía estar ahí. Al final, al ver que Christian me miraba y me hacía gestos, me puse al final de la fila. Sentía que el corazón se me iba a escapar. Cada paso que daba retumbaba en mis orejas. En un momento pensé en volver a sentarme, pero era demasiado tarde. Todos me verían y se preguntarían el porqué de mi actuar. Solo unas pocas personas me separaban de Marcos que entregaba las hostias, de Christian que las sostenía, del altar, de mis deseos y mis pecados. Llegó mi turno. Abrí la boca. Miré a Marcos a los ojos. Me puso la hostia en la boca y mientras me decía con su media sonrisa "&lt;em&gt;el cuerpo de Cristo&lt;/em&gt;" me tocó la cara. Fue un gesto mínimo y casi imperceptible, pero lo sentí, y supe que no era mi imaginación. Yo le gustaba a Marcos. Me fuí a sentar. Me sentía entre las nubes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al final de la misa Marcos hizo dos anuncios. Iban a empezar las catequesis de primera comunión y las de confirmación. Para quienes se inscribieran en la confirmación se harían retiros espirituales de un fin de semana completo al mes. El grupo se iría fuera de Santiago y Marcos estaría con el grupo todo el tiempo. Me miró un segundo eterno y agregó que las confirmaciones eran para los alumnos a partir de primero medio y que podían inscribirse con él. No dudé en hacerlo apenas terminó la misa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me acerqué a Marcos. Estaba con un cuaderno anotando a los grupos de catequesis. En la confirmación éramos pocos, creo que no más de quince. Esperé hasta el final. Marcos me sonrió. Anotó mi nombre y mi apellido, el curso, la edad. Me dió una hoja de autorización para que la firmaran mis padres y me avisó que el primer retiro empezaría ese mismo día viernes. Nos iríamos del colegio. &lt;em&gt;Ahí podremos conversar y conocernos más&lt;/em&gt;, me dijo con un guiño antes de que me fuera a clases.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El fruto prohibido. Estaría con él un fin de semana completo...&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6752864615742077422-2159854701096320850?l=manonamarguerite.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/2159854701096320850'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/2159854701096320850'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://manonamarguerite.blogspot.com/2010/01/el-fruto-prohibido.html' title='El fruto prohibido'/><author><name>M</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='26' src='http://photos1.blogger.com/blogger/309/2316/1600/blog.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6752864615742077422.post-6428468462020131805</id><published>2010-01-27T09:42:00.002-03:00</published><updated>2010-06-08T07:05:55.925-04:00</updated><title type='text'>Marcos</title><content type='html'>La primera vez que vi a Marcos fue también en la misa semanal. Después de haber estado con Christian, teniendo sexo con él en su pieza mientras su polola esperaba por él afuera, había decidido terminar con él, pero no encontraba el momento. Ese día de la misa Christian me iba a esperar como siempre a que yo saliera de clases. Yo sabía que tenía que decirle ese mismo día que lo dejáramos, que yo no quería seguir siendo "la patas negras" como él me llamaba a risotadas. Ese día fue cuando ví por primera vez a Marcos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ah, aún lo recuerdo. Él estaba sentado en una banca al costado de la iglesia, recostado en la banca diría yo, con los pies extendidos y cruzados y con un brazo sobre el abdomen y el otro brazo apoyado en el brazo que descansaba y con la mano en el mentón. Vestía de negro. Camisa negra, pantalones negros, zapatos negros. Y me miraba, me miraba fijamente. Me dí cuenta casi al principio de la misa. Christian estaba sirviendo de acólito, con su túnica blanca. Se veía tan buena persona parado cerca del altar. Marcos, en cambio, me recordó a la oveja negra. Un contraste entre lo bueno y lo malo. Supongo que el instinto me avisaba que Marcos no iba a ser bueno para mí, pero yo preferí ignorarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marcos me miraba fijamente, con una media sonrisa en su boca. Lo encontré parecido a Freddie Mercury, pero en una versión mejorada. Era hermoso Marcos. Se veía maduro, experimentado, &lt;em&gt;se veía hombre&lt;/em&gt;. Creo que esa era la gran diferencia entre él y Christian, Ryu y todos los demás, que se notaba que era un hombre. Le calculé unos 28 años. Pelo oscuro, rostro afeitado, ojos con pequeñas arrugas alrededor, labios finos, cuerpo musculoso. Las miradas siguieron durante toda la misa. Yo miraba a Marcos y me sonrojaba y bajaba la vista y miraba de reojo a Christian y volvía a mirar a Marcos. Marcos simplemente me miró todo el rato. Descansaba sus ojos en mí. Me recorría todo el cuerpo. Me miraba las piernas, el pecho, la cara, el pelo, los ojos. Su mirada, simplemente, me hipnotizaba. Nunca he vuelto a conocer a un hombre que me provoque lo que Marcos, nunca. La media sonrisa de su boca no se borró nunca. Había algo de burlesco en el gesto, algo de desafiante. Creo que él sabía que me tenía en sus manos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La misa terminó y Marcos se puso de pie. Yo me quedé sentada. Christian miraba desde el altar con el ceño fruncido. Se había dado cuenta de las miradas entre Marcos y yo. Yo preferí ignorar a Christian, de todas formas lo nuestro se terminaba, si es que alguna vez había existido. Marcos me parecía un buen suplente. Lo miré a los ojos cuando vi que estaba parado a mi lado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Y tú... eres nueva aquí, supongo? nunca te he visto...&lt;br /&gt;- Sí...&lt;br /&gt;- Cómo te llamas?&lt;br /&gt;- Marguerite...&lt;br /&gt;- Y en qué curso vas?&lt;br /&gt;- En el primero A.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por un momento pensé que podría ser un profesor. Marcos olía tan bien!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Yo soy Marcos - Me dió la mano y me la apretó fuerte. Era grande y cálida.&lt;br /&gt;- Un... gusto... - esperé a que él completara la frase&lt;br /&gt;- Marcos, llámame Marcos.&lt;br /&gt;- Un gusto Marcos...&lt;br /&gt;- Bueno - dijo soltándome la mano - tengo que ir a hablar con el padre. Nos vemos luego!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo último que vi fue a Marcos dándome un guiño y su espectacular trasero cuando se dio la vuelta. Marcos, fuera quien fuera, iba a ser mío. Cuántas veces no había pasado que un profesor se enamoraba de una alumna? podíamos estar juntos hasta que yo cumpliera 18, casarnos cuando yo saliera de cuarto medio... Hice tantos planes en tan poco rato y casi me olvidé de Christian, de que me iba a esperar a la salida, como siempre, cuando lo ví parado esperándome a la salida del colegio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Vamos a mi casa, no?&lt;br /&gt;- No quiero ir a tu casa...&lt;br /&gt;- ah, tontita, estás asustada por lo de la Ana María? si no se dió ni cuenta!&lt;br /&gt;- Christian... cómo puedes! Cómo puedes mentirle... engañarla!&lt;br /&gt;- No la engaño!&lt;br /&gt;- Qué?&lt;br /&gt;- Que no la engaño! Cuando estoy contigo no pienso en ella y cuando estoy con ella... bueno... a veces pienso en ti, para que te voy a mentir... Nadie es tan rica como tú!&lt;br /&gt;- Por favor no seas ordinario...&lt;br /&gt;- Jajaja, dime que no te gusta!&lt;br /&gt;- No, no me gusta! Christian, creo que... no te hace bien ni a ti ni a mí, ni a tu polola que nosotros nos veamos...&lt;br /&gt;- Porqué metes a la Ana María en esto? Esa no es la razón de que ya no quieras seguir... Si hasta ahora hemos estado bien, qué te hizo cambiar de opinión?&lt;br /&gt;- Ella! Crees que se sintió bien estar... haciéndolo con ella parada afuera esperándote y golpeando la puerta de tu casa?&lt;br /&gt;- No seas mentirosita - Christian me afirmó la cara con sus manos - crees que no te ví hablando con ese tipo en la iglesia?&lt;br /&gt;- Con qué tipo? - me hice la tonta&lt;br /&gt;- Jajajaja, ves cómo ya te conozco?&lt;br /&gt;- No sé de que hablas&lt;br /&gt;- Mira, Marguerite, te voy a contar un secreto. Si tú ya no quieres seguir conmigo porque te gustó ese gallo que acabas de conocer, te vas a quedar sin pan ni pedazo.&lt;br /&gt;- Ah sí? y por qué, a ver?&lt;br /&gt;- Porque ese tipo, Marcos, es el otro cura de esta iglesia, tontita...&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6752864615742077422-6428468462020131805?l=manonamarguerite.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/6428468462020131805'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/6428468462020131805'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://manonamarguerite.blogspot.com/2010/01/marcos.html' title='Marcos'/><author><name>M</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='26' src='http://photos1.blogger.com/blogger/309/2316/1600/blog.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6752864615742077422.post-471910315087923059</id><published>2010-01-21T09:18:00.002-03:00</published><updated>2010-06-08T06:58:48.140-04:00</updated><title type='text'>Christian</title><content type='html'>Ese verano después del aborto, después de que Ryu me dijera que yo le daba asco y se fuera con otra, conocí a Christian.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo estaba tan sola. Me sentía tan desamparada... Fue cuando cometí el segundo gran error de mi vida, o lo que me llevó al segundo gran error: me acerqué a la iglesia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi nuevo colegio, en el que mi mamá me había matriculado a principios de enero después de yo habérselo suplicado, era católico. Tenía, por lo tanto, su propia iglesia a la que los alumnos debíamos asistir. Por la fecha no habían matrículas, pero un arreglo monetario siempre soluciona todo y antes de darme cuenta, ya estaba vistiendo uniforme. Las clases empezaban la segunda semana de febrero. En enero, las veces que había visto a Ryu, había estado saliendo con Mauricio, pero no funcionó, de nuevo, y para cuando las clases empezaron nosotros ya habíamos terminado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Christian acababa de salir de cuarto medio y estaba esperando irse al servicio militar. Christian no era ex alumno de mi colegio, el colegio era demasiado caro para que su familia pudiera pagarlo. Christian era acólito en la iglesia de mi colegio y estaba demasiado bueno como para pasar desapercibido. Me fijé en él el primer día de la misa obligatoria a la que teníamos que asistir los estudiantes. Le ayudaba al cura en la misa, no sabría explicar bien cuál era su función, porque habían varios chicos ayudando, aunque Christian era el mayor de todos. No puse atención en la misa. Era mi primer acercamiento con la iglesia y la verdad es que no estaba interesada. Si no hubiera sido requisito fundamental el ir a misa, simplemente no habría asistido. Durante la eterna hora que tuve que estar sentada ahí mientras mis nuevos compañeros cantaban y recitaban oraciones aprendidas en la infancia, yo me quedé mirando a Christian tan fijo que él al final me miró. Me miró varias veces como para comprobar que yo lo seguía mirando y me sonrío disimulado una que otra vez. El corazón me latía rápido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegó la hora de comulgar y el cura se puso en medio del pasillo para que los estudiantes fueran. Christian sostenía una bandeja plateada con las hostias. La túnica blanca que llevaba lo hacía parecer inocente, no sé, así como buena persona. Los estudiantes se formaron en fila y la persona a mi lado me pegó un codazo y me preguntó si yo iba ir a comulgar o no, si no, que lo dejara pasar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo no había hecho la primera comunión y sabía que no podía comulgar, o eso creía, pero en un segundo de indecisión me levanté y seguí al resto. Me pusé en la fila. Recuerdo que temblaba un poco. Suponía que el cura se daría cuenta de que yo no había comulgado nunca, que nunca me había confesado. Vería el niño no nacido de mi vientre. Mi pecado. Pensaba que me echaría de la fila y de su iglesia. Pero nada de eso pasó. La fila avanzó rápido y de pronto tuve al cura frente a mí diciéndome algo que no escuché, abrí la boca en un reflejo automático y puso una hostia en mi lengua. Miré de reojo a Christian antes de salir de la fila. Ví que sonreía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volví a sentarme. Había masticado la hostia y los pedacitos se me pegaban en el paladar. A mi lado estaba el chico que me había dado el codazo, arrodillado y con los ojos cerrados. A mi otro lado estaban sentadas varias chicas que no era mis compañeras de curso, pero parecían amigas entre ellas. Hablé con la que estaba más cerca a mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Tiene un sabor raro esta hostia...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La chica me miró con ojos de huevo y no me respondió. Me dediqué a mirar a Christian el resto de misa que quedaba y él hizo lo mismo. Cuando la misa terminó me quedé sentada mucho rato mientras los demás salían y se iban a las salas de clases, al final Christian fue a hablar conmigo y se sentó a mi lado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Eres nueva aquí?&lt;br /&gt;- Sí, me acabo de cambiar de colegio&lt;br /&gt;- Con razón no te había visto antes, es imposible no fijarse en ti...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me sonrojé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Y... tienes clases ahora, no?&lt;br /&gt;- Sí...&lt;br /&gt;- A qué hora sales?&lt;br /&gt;- A las tres y media...&lt;br /&gt;- Te invito a tomarte un helado a la salida entonces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le dije que sí y me fui a clases. Ah, esa sensación... esa emoción de conocer a alguien nuevo, de una cita a la salida de clases... Hace tanto tiempo que no la he vuelto a sentir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la salida de clases Christian me estaba esperando y nos fuimos a Providencia. Mientras comíamos helado me contó su vida. Su mamá lo había dejado con sus abuelos cuando tenía dos años y él vivía con los dos viejitos. Ellos querían que él fuera sacerdote y lo obligaban a que fuera acólito. A él le gustaba, de todas formas. Estaba esperando irse al servicio militar y luego de eso independizarse. Me preguntó por mi vida y le conté que mis papás estaban separados y que yo vivía con mi mamá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Y tienes pololo?&lt;br /&gt;- No...&lt;br /&gt;- Nunca has tenido?&lt;br /&gt;- Sí... uno - mentí rápido - se llamaba John pero se fue a Brasil con sus papás...&lt;br /&gt;- Ah... mira tú...&lt;br /&gt;- Y... tú... tienes polola?&lt;br /&gt;- Sí&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El alma se me cayó a los pies. Christian lo notó y me acarició una mejilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Qué pasa? te pusiste celosa? jajaja&lt;br /&gt;- No...&lt;br /&gt;- Se llama Ana María, no va en tu colegio pituco en todo caso, aunque algunas veces me va a buscar después de misa...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo ya no dije más. Estaba enojada, desilusionada... Paseamos por Providencia después de la heladería. Christian me tomó sorpresivamente de la mano. Yo me detuve sin saber que hacer, pidiéndole una explicación. Christian se puso a reir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Qué pasa? no te puedo tomar la mano? está prohibido?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Seguimos caminando. Creo que no entendía a Christian. Me acaba de decir que tenía polola y me tomaba la mano. Caminamos un rato así, yo mirándolo mientras él me hablaba de su familia, de su música, de lo que quería estudiar pero su familia no podía pagar. Christian era lindo. Tenía la nariz un poco grande, pero no era tosca, era solo grande. Tenía los labios finos, la cara pareja, sin granos, el pelo liso y los ojos oscuros e intensos. Me gustaba su boca de labios finos. Tenía las manos suaves, como de mujer, con las uñas bien cuidadas. Christian tocaba guitarra y practicaba deportes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hablamos mucho ese día. Me fue a dejar a mi casa por la tarde. Pensé que se iba a ir, así que me despedí con un beso en la cara y él me afirmó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No me vas a dar un beso en la boca?&lt;br /&gt;- Pero tú tienes polola!&lt;br /&gt;- Qué tiene que ver ella con esto? tú y yo no vamos a pololear!&lt;br /&gt;- Pero... la vas a engañar?&lt;br /&gt;- Engañar... engañar... no has oido eso de &lt;em&gt;ojos que no ven corazón que no siente&lt;/em&gt;?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y me besó. Me besó por mucho rato. Sus besos eran simplemente exquisitos. Desde Christian que me gustan los labios finos a la hora de besar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando se fué yo me fui a mi pieza. Aún andaba con uniforme. Me desvestí y me acosté y me quedé pensando mucho rato en Christian. Él tenía polola, me había dejado muy claro que yo no sería su polola... Qué era lo que quería entonces? acostarse conmigo solamente? Yo no sabía qué era lo que yo quería tampoco. Lo de Ryu seguía siendo muy reciente. Seguía doliéndome. Antes de dormirme mi último pensamiento fue para Ana María, engañada, y yo, convertida en Jessica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vi a Christian día por medio. Él tenía cosas que hacer en la iglesia y nos íbamos juntos cuando yo salía de clases. No nos demoramos mucho en terminar en la cama. Nos íbamos a su casa. Era una casita pequeña con dos dormitorios, uno para él y el otro para sus abuelos, en la que todo parecía antiguo. Me mostraba fotos de sus abuelos cuando eran jóvenes. Christian se parecía a su abuelo. La misma boca, los mismos ojos. Siempre íbamos a su casa a escondidas porque sus abuelos conocían a Ana María, así que ellos nunca me vieron. Christian entraba primero, me dejaba en el patio, y se iba a ver donde estaban los viejos, los saludaba y luego me metía a escondidas a su pieza, donde nunca lo molestaban. Otras veces los viejos no estaban, así que Christian me mostraba las fotos, los objetos antiguos que parecían de un museo, algunas de sus medallas y trofeos, fotos de él cuando niño. Una vez le pregunté por una foto de su mamá y me dijo que su mamá se había muerto para él el día en que lo había abandonado. No pregunté nunca más. Los viejitos eran un poco sordos, pero de todas formas éramos silenciosos, porque el dormitorio de Christian estaba pegado al de los abuelos y Christian tenía una cama antigua y dura que metía mucho ruido. Christian no era excepcional en la cama. Tenía, eso sí, un cuerpo espectacular. Hacía mucho ejercicio y participaba en campeonatos de fútbol o lo que saliera. No sé si Christian era regular en la cama porque simplemente era así o por el miedo a que nos pillaran, pero siempre lo hacíamos igual: yo debajo, él encima, moviéndose con cuidado. Me parecía que estuviera haciendo ejercicio, los brazos extendidos, apoyado sobre la punta de los pies y penetrándome... parecía que hubiera estado haciendo flexiones. No se cansaba nunca. Después de un rato se salía y terminaba masturbándose para eyacular. No quería dejarme embarazada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No era mucho lo que yo podía hacer en la cama tampoco, por el ruido. Me quedaba quieta, con las piernas abiertas y frías, mirando los brazos musculosos y bien formados de Christian. No recuerdo haber tenido un orgasmo con él una sola vez. Lo dejaba usarme, supongo que esos fueron los inicios de mi prostitución. Lo dejaba usarme a cambio de sentirme querida... o creía sentirme querida, me engañaba a mi mísma. Después al menos lo hice por dinero. No hay engaño en eso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez llegamos demasiado lejos. Estábamos en su cama, sus abuelos habían salido y Christian había dejado todo con llave. Estábamos desnudos en su cama. Lo habíamos hecho una vez y Christian me tocaba el cuerpo. Estábamos de lado, frente a frente, sobre su cama, y Christian me pasaba los dedos por el cuerpo con suavidad. &lt;em&gt;Eres exquisita&lt;/em&gt;, me decía, &lt;em&gt;no cambies nunca&lt;/em&gt;. Yo lo tocaba también. Christian era exquisito, estaba tan bien formado... pero algo me impedía enamorarme de él. Quizás el recuerdo de lo que me había hecho Ryu, o quizás saber que Christian tenía polola... En eso sentimos que alguien lo llamaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Mierda! es la Ana María! - susurró Christian&lt;br /&gt;- Qué vamos a hacer? - me angustié y quise levantarme para vestirme&lt;br /&gt;- No! shhh, quédate quieta!&lt;br /&gt;- Pero está afuera!&lt;br /&gt;- Shhhhh! ya se va a ir...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Christian empezó a besarme. Me hizo darme la vuelta. Me tocaba los pezones y el clítoris mientras me penetraba, y yo pensaba en Ana María, parada afuera, pensando quizás que Christian dormía una siesta o que estaba afuera y volvería luego, esperándolo, engañada. Decidí que no podía seguir con Christian.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces conocí a Marcos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6752864615742077422-471910315087923059?l=manonamarguerite.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/471910315087923059'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/471910315087923059'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://manonamarguerite.blogspot.com/2010/01/christian.html' title='Christian'/><author><name>M</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='26' src='http://photos1.blogger.com/blogger/309/2316/1600/blog.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6752864615742077422.post-3883027637966125732</id><published>2010-01-17T21:01:00.003-03:00</published><updated>2010-01-18T18:11:23.762-03:00</updated><title type='text'>La pérdida de la inocencia</title><content type='html'>Una sirena de ambulancia sonaba muy lejos y se acercaba y se volvía a alejar. Yo trataba de abrir los ojos, pero me pesaban y me dolían. Me dolía todo. Sentí que me afirmaban el brazo y me clavaban una aguja, pero ni ese dolor ni el de las magulladuras de mi cuerpo se comparaban al otro, al que sentía que me desgarraba el pecho. Dejé de luchar contra el remolino que me absorbía y me dejé llevar, me dejé caer. Quería dormir. Quería morirme. Quería irme con mi bebé. Volví a despertar cuando me sacaron de la ambulancia. Escuchaba la voz de Ryu y otras voces desconocidas que le preguntaban qué había pasado, cómo me llamaba yo, qué edad tenía. Ryu les repetía que yo estaba embarazada y les preguntaba si el bebé se iba a salvar. Yo quería responder que no, que el bebé estaba muerto y que me dejaran morir a mi también, pero tenía la boca hinchada y la lengua se sentía como rellena de aserrín. Mi cuerpo no me obedecía, no me pertenecía. Mi cuerpo ya no era mi cuerpo, era de esos cinco tipos que se habían turnado para usarme. Volví a dormirme y desperté con las luces fuertes del quirófano. Entreabrí un ojo, levanté la cabeza como pude y miré hacia mi vientre. Me tenían con las piernas abiertas y las rodillas levantadas. El vientre cubierto por un paño verde y varias personas con mascarillas se movían a mi alrededor. Hacía frío. Un hombre me afirmó la cabeza y me hizo recostarme. Me puse a llorar. Quería hablar pero no me salían las palabras. &lt;em&gt;Shhh tranquilita&lt;/em&gt;, me dijo el hombre. &lt;em&gt;Te vamos a hacer un raspaje&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oh, quise gritar con toda mi alma. No querían que me sacaran al bebé. Quería que lo dejaran dentro mío, quería que creciera y que fuéramos felices. O que se muriera y me matara. El bebé era lo único que había amado de verdad, era lo único que era mío y ahora lo sacaban de mi matriz con instrumentos helados y filudos. Sin el bebé yo volvía a ser nada. Y si no estaba muerto? Y si lo aspiraban, cortaban y destrozaban mientras su corazón aún latía, mientras pataleaba, mientras se alimentaba de mi sangre? Yo no podía hacer nada. No podía moverme. Me estaban violando por segunda vez y yo no podía hacer nada por evitarlo. El hombre a mi cabecera me puso una mascarilla en la nariz y la boca, me acarició el pelo y me dijo que todo iba a estar bien, que contara desde cien hacia abajo, y que todo iba a estar bien cuando llegara al uno. Cien los hombres con mascarilla se acercan desde todos los ángulos... noventaynueve unas manos me exploran la entrepierna... noventayocho me introducen algo duro y frío en la vagina... noventaysiete las luces dan vueltas... noventayseis no quiero dormirme pero es más fuerte que yo... noventaycinco mi bebé, quiero salvar a mi bebé y no puedo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me desperté en una cama de una sala común en el hospital. Habían otras dos mujeres en la sala. Un carabinero esperaba a mi lado. Me preguntó si me sentía bien como para responder algunas preguntas. Lo miré con mi ojo medio abierto y me dí la vuelta hacia la pared. No quería hablar con nadie. Volví a dormir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me desperté nuevamente. Ya era de día, pero todo estaba silencioso. Quizás me había quedado sorda. Tenía una necesidad urgente de ir al baño, así que me paré como pude y caminé afirmándome de la camilla, hasta llegar a la puerta que indicaba el baño de la sala común. Casi no veía por donde iba. Me sentía débil. Sentía que iba a caerme. Logré sentarme en el baño y orinar. Cuando me levanté vi que todo estaba manchado de sangre y me puse a llorar. Recordé todo de golpe. Mi bebé ya no estaba. En la taza del baño flotaban coágulos de sangre. Quizás uno de esos coágulos era una parte de mi bebé. El baño empezó a dar vueltas y la atmósfera a volverse gris y supongo que me desmayé, porque desperté en la camilla de nuevo, con una enfermera tomándome la presión arterial. Mi mamá estaba también ahí, sentada en una silla con patas de metal y mirándose las uñas. La enfermera me acarició el pelo y me dijo que me había inyectado un anti inflamatorio, que me iba a poner bien. Y le dijo a Ryu, que esperaba en la puerta, que podía pasar a verme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo podía abrir un ojo. El otro era una bola informe que ni siquiera sentía. Ryu tenía un parche blanco cubriéndole la mejilla, donde le habían hecho el corte. Me tomó la mano y me preguntó cómo estaba. Al parecer no le habían informado del raspaje, porque preguntó por el bebé. Mi mamá se levantó y se puso a mi cabecera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Le hicieron un aborto, tarado&lt;br /&gt;- Un... aborto? el bebé...&lt;br /&gt;- El bebé ya no existe y nunca debió existir. Yo te dije que te hicieras un aborto, no? - Me miró con indiferencia. Ryu se puso a llorar.&lt;br /&gt;- Yo... lo siento tanto... - dijo entre lágrimas&lt;br /&gt;- Lo sientes? - mi mamá se rió fuerte - Mejor llora, eso, llora, pero algún día vas a llorar lágrimas de sangre por lo que le hiciste a Marguerite!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sé que mi mamá no lo dijo por cariño ni por defenderme. Supongo que sus palabras contra Ryu eran su odio hacia todos los hombres que la habían dañado a ella. Ryu se arrodilló a mi lado y siguió llorando. Mi mamá salió de la habitación sin volver a mirarme. Yo traté de dormir de nuevo y lo conseguí. Cuando desperté, Ryu ya no estaba. En mi velador había una bandeja con comida. Yo no tenía hambre. Una de las dos mujeres de la sala estaba arreglándose para irse. Mientras hacía la maleta me contó su historia. Tenía 15 años y había abortado. Ella quería tener a su bebé, pero las pérdidas se habían presentado sin aviso ni remedio. Sus planes eran volver a casa y pasados tres meses embarazarse de nuevo. Ella y su novio se amaban. Formarían una familia. Ella era todo lo que yo quería y que jamás tendría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Apenas se fue, la otra mujer en la camilla de al lado me preguntó si no me iba a comer lo de mi bandeja y cuando le dije que no, me preguntó si se lo podía comer ella. Sí, le dije, cómetelo todo. Me preguntó qué me había pasado y le conté todo, oyendo mi propia voz como si fuera la de una extraña, y supe que desde ese momento jamás sería capaz de volver a amar a alguien, que Ryu me había robado esa capacidad, pero no me importaba casi. El dolor se había ido. Solo una honda indiferencia me llenaba toda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Que conchadesumadre más grande! - Me dijo mi compañera de habitación - Si yo fuera tú, le cortaría los cocos. Y a la mina con la que te cagó... le sacaría la chucha!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me dió risa la idea. Ni Ryu ni Jessica me importaban ahora. Con la boca llena y masticando con sonidos, ella me contó su propia historia: Tenía dos hijos, un marido que le pegaba, ambos se drogaban y eran adictos al neoprén y la pasta base. Vivían en una mediagua a orillas del río Mapocho y ella estaba embarazada de gemelos. Después de casi un mes de abstinencia, el marido había llegado a la casa drogado y con un tarro de neoprén. Ella había vaciado un poco en una bolsa y había aspirado hasta que los calambres en la espalda le hicieron darse cuenta de que algo iba mal con los bebés. Se fue al hospital y la dejaron en observación, hasta que decidieron hacerle un raspaje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Y sin anestesia me lo hicieron los culiaos! Puta que grité... me dolió más que la chucha...&lt;br /&gt;- Pero... los bebés... estabas abortando?&lt;br /&gt;- No sé. Ellos dijeron que sí pero yo creo que era dolor de guata no más. O de riñones. No sé. Igual no estoy ni ahí. Mejor pa' mí. Qué iba a hacer con cuatro guaguas? Aunque podrían haberme puesto una anestesia los culiaos porque puta que me dolió!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siguió masticando con la boca abierta, perdida, supongo, en sus propios pensamientos. Me imaginé sus ganas de volver a su mediagua sucia y a su bolsa de neoprén. Ella se compadecía de lo que me habían hecho y yo me compadecía de ella y de su vida miserable y de los niños inocentes que sufrían. Los niños... Alguna vez yo también había sido una niña, hasta que conocí el sexo y su poder. El sexo tenía el poder de hacer que alguien me quisiera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estuve una semana en el hospital. Mi mamá no volvió a verme, pero Ryu iba religiosamente a las horas de visita. Hablábamos poco. No sabíamos qué decirnos. Ya no éramos nada. Nunca lo habíamos sido. Todo había sido un error desde el principio. El 31 de diciembre me dieron el alta. Llamé y llamé a mi casa, pero mi mamá nunca tomó el teléfono. Tuve que esperar a que llegara Ryu a la hora de visita para que él firmara por mí. Yo era menor de edad y tenía que esperar a que un adulto me fuera a buscar y se hiciera responsable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tomamos la micro hacia la casa de Ryu. Cuando le pidió al chofer que nos llevara sentí una profunda vergüenza. El chofer me había visto los magullones de la cara y había asentido en silencio, sin cobrarnos un peso. Me prometí que nunca volvería a humillarme así. Nunca volvería a estar con alguien que necesitara pedir. En casa de Ryu se preparaban para la celebración de año nuevo con una cena de lujo: arroz y vienesas con ensalada de tomates. La mamá de Ryu me abrazó y se puso a llorar. Ya no sentí pena por ella. Era una tonta que había permitido que su vida se destrozara por un hombre, había dejado que sus hijos crecieran bajo golpes y hambre y se convirtieran en la mierda que eran. Ryu era lo que era por culpa de ella. Sentí desprecio. Nunca dejaría que algo así me pasara a mí. No de nuevo. Había perdido toda inocencia para siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo estaba cansada. Quería dormir y Ryu me ofreció su cama y se acostó a mi lado. Por un segundo pensé que podíamos olvidarnos de todo lo que había pasado. Empezar de nuevo. Quizás podía convencerlo de que estudiara. Ryu me daba la espalda en la cama y yo lo abracé. &lt;em&gt;Suéltame&lt;/em&gt;, me dijo sacando mi mano de su cintura. &lt;em&gt;Me das asco&lt;/em&gt;, fue lo último que me dijo ese día, pero esas cuatro palabras me persiguieron durante años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era año nuevo y yo no tenía motivos para celebrarlo. Me habían invitado a cenar en casa de Ryu, una cena en la que habían puesto cuatro vienesas en medio de la mesa y las rodajas de tomate como decoración. No quise quedarme. Yo sobraba ahí. Les dije que no, que gracias, pero que mi mamá me estaba esperando, y me fuí. Tomé un taxi que pagué en casa, con dinero que tenía guardado. La casa estaba sola y mi mamá no apareció hasta una semana más tarde, con cara de resaca y sin hablarme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ryu fue a verme un par de veces. Yo ya no quería nada con él. Le preguntaba por Jessica y me decía que seguían juntos, pero a mi no me importaba. Yo me había reencontrado con Mauricio, el primer hombre que me había besado, y tuvimos un reintento que no funcionó. Ryu fue llamado, entonces, a hacer el servicio militar, pero yo había conocido después de Mauricio a Christian y a Marcos, el segundo gran error de mi vida. Pero esa es otra historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando Ryu se fue al servicio militar se despidió de mí y me pidió que le escribiera. Lo hice una vez, pero no me contestó la carta. Un par de años después me encontré con su mamá y su hermana. Tuve que pararme a cinco centímetros de sus ojos para que su mamá me viera. Estaba casi completamente ciega. La hermana de Ryu se veía mal. Parecía drogadicta y prostituta barata. Supongo que lo era. La mamá de Ryu me abrazó muy fuerte, me dijo que me quería, que nunca le había perdonado a Ryu lo que me había hecho, que una vez había intentado llevar a Jessica a la casa y ella la había echado. No quería a nadie. Solo a mí, decía ella. Me pidió que la visitara, que la fuera a ver, pero yo recordé los gatos y aunque le prometí que iría, jamás lo hice.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando estaba en cuarto medio me volví a encontrar con Ryu. Él trabajaba como guardia en el metro, en la sección de escolares, revisando los pases. Lo saludé sorprendida y él a mí. Conversamos un rato y quedamos de juntarnos a la salida de mis clases. Yo me había cambiado de colegio en primero medio. Estaba segura de que Jessica les había contado a todos que yo me había embarazado. No quería volver ahí. En ese entonces estudiaba un poco más lejos de mi casa, le dije a Ryu la dirección y me fue a buscar puntual. Nos fuimos al centro. Caminamos mucho y conversamos de nada. Nos contamos nuestras vidas. Cuatro años habían pasado no en vano. Yo estaba más grande. Ya no era la niñita tonta que había creído en sus mentiras. Él seguía siendo pobre como las ratas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Te invitaría a comer algo - me dijo - pero no tengo plata.&lt;br /&gt;- No te preocupes, no tengo hambre - le dije yo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me fue a dejar a mi casa. La conversación se había vuelto en lo nuestro, lo que no había sido. Ryu me dijo que le dolía haberme perdido. Que cuando se había ido al servicio militar Jessica, que había prometido esperarlo, lo había cagado con otro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Tú me habrías esperado, cierto? - Me preguntó.&lt;br /&gt;- No lo creo - le dije - Creo que te habría dicho la verdad al final&lt;br /&gt;- Qué verdad?&lt;br /&gt;- El bebé que yo esperaba... no era tuyo... - Ryu se quedó congelado un momento antes de reírse&lt;br /&gt;- Que mentirosa! Claro que era mío&lt;br /&gt;- No, no lo era, de eso estoy segura&lt;br /&gt;- A ver y de quien era?&lt;br /&gt;- Yo... te engañaba con el hermano de un compañero de curso... se llamaba John y se había ido a Brasil sin saber que yo estaba embarazada y yo no sabía que hacer... así que inventé que era tuyo... discúlpame...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ryu se fue sin decir nada. Todo era mentira y no sé porqué le dije lo que le dije, pero se sintió tan bien decirlo! Sentí que de alguna manera, hiriéndole el orgullo, le devolvía parte del daño que me había hecho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El viernes apareció de nuevo por mi colegio. Yo salía de la mano de mi, en ese entonces, pololo, y un grupo de amigos. Ryu me miraba desde la acera del frente. Pensé en ignorarlo, pero él se acercó a nosotros y me habló.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Podemos hablar?&lt;br /&gt;- Nosotros? - Me reí y me abracé a mi pololo - Nos conocemos?&lt;br /&gt;- Marguerite...&lt;br /&gt;- No tengo nada que hablar contigo - Me volví a reír y lo miré bien. Me dí cuenta de que tenía el cuello y las muñecas sucias de piñén y recordé la ducha fría de su casa, sin calefacción, y la caja de arena con mierda de gato - anda a lavarte el cuello mejor, lo tienes sucio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mis amigos estallaron en carcajadas y Ryu se fue.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Y ese roto quien era? - me preguntó mi pololo con un beso&lt;br /&gt;- Uno que nos iba a cortar el pasto a la casa, pero se robó unas cosas de mi mamá y lo echaron - mentí. Nos fuimos a comer papas fritas y pizza con mis amigos y no volví a pensar en Ryu.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tres años después me lo encontré de nuevo. Me tocaba hacer prácticas de enfermería y me enviaron a un consultorio en una población muy pobre, cerca de donde Ryu vivía. Él trabajaba de guardia de seguridad en el consultorio y lo reconocí de inmediato. Estaba igual que siempre, pero más grande, mayor, maduro... o más curtido por la vida, no sé. Habían pasado 7 años desde que me había embarazado de él. La cicatriz en su mejilla me recordó esa noche de la violación, pero volví a empujar el recuerdo al fondo de mi memoria. Nos saludamos y hablamos. Ryu se había casado y tenía una hija que había nacido con malformaciones cardíacas. Me dijo que ese era su castigo por lo que había pasado. Esas eran las lágrimas de sangre con las que mi madre lo había maldecido. Me dió pena. No por él ni por haberlo humillado frente a mis amigos, pero pena por esa niña sin culpa, esa niña idéntica a la niña que yo había sido alguna vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- En cambio... mírate tú! - me dijo Ryu - vas a la universidad y todo... Yo nunca terminé cuarto medio, sabes? Y ahora están exigiendo cuarto medio hasta para hacer aseo. Tengo suerte de tener esta pega...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos despedimos. Nos nos prometimos contacto en el futuro, porque sabíamos que éramos dos extraños que habían compartido un punto trágico muchos años antes, pero ya no teníamos nada en común. Probablemente nunca lo habíamos tenido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo pregunté por sus turnos en dirección y elegí ir de práctica cuando él no estuviera ahí. No quería volver a encontrármelo, aunque eso no fue necesario. Lo echaron al poco tiempo, nunca supe por qué, y desde entonces jamás he vuelto a verlo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6752864615742077422-3883027637966125732?l=manonamarguerite.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/3883027637966125732'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/3883027637966125732'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://manonamarguerite.blogspot.com/2010/01/la-perdida-de-la-inocencia.html' title='La pérdida de la inocencia'/><author><name>M</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='26' src='http://photos1.blogger.com/blogger/309/2316/1600/blog.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6752864615742077422.post-7840454872171795804</id><published>2010-01-12T23:19:00.002-03:00</published><updated>2010-01-13T04:59:20.898-03:00</updated><title type='text'>El primer embarazo</title><content type='html'>Cuando oí el diagnóstico sentí, literalmente, que los muros de la farmacia se me venían encima. Sentí que me empequeñecía y que algo muy grande estaba a punto de aplastarme. La farmacéutica me entregó el papelito con mi nombre, mi edad y encerrado en un círculo de color rojo el resultado: &lt;em&gt;positivo&lt;/em&gt;. Yo estaba embarazada y tenía apenas 14 años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé cómo salí de la farmacia e instintivamente me fui caminando al colegio, a un par de cuadras de distancia. Iba muy atrasada a clases, pero apenas entré a la oficina del inspector me hicieron sentar en una silla y me ofrecieron algo, un té, un vaso con agua, cualquier cosa. Yo estaba pálida y parecía a punto de desmayarme. Quisieron enviarme a la casa acompañada de alguien, yo parecía enferma. Les dije que no, que estaba bien, y después de un rato me dejaron subir a la sala de clases con un papel timbrado diciendo que podía entrar a clases aunque hubiera llegado tarde. No recuerdo más del colegio ese día, solamente que las palabras de la farmacéutica retumbaban en mis oídos: &lt;em&gt;estás embarazada.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese día tampoco fui a casa de Ryu. Me fui a mi casa y me acosté. Ví como el día pasaba, como la luz del sol que entraba por mi ventana se transformaba en sombras y luego en oscuridad absoluta. Lo recuerdo todo tan bien... era viernes y yo no había comido en todo el día, pero no tenía hambre. Yací por horas en mi cama, sin atreverme a moverme, de espaldas y con las manos apoyadas en mi vientre, debajo de mi ombligo. Un bebé. Una vida se estaba gestando dentro mío. Yo iba a ser madre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Supongo que en ese momento no entendí la magnitud de lo que estaba pasando. Supongo que creí que todo se arreglaría. Lo único que importaba era que YO iba a tener un bebé, y que yo &lt;strong&gt;nunca&lt;/strong&gt; iba a ser como mi madre, yo sería una madre de verdad para ese niño, lo amaría con todo mi ser y a pesar de que Ryu era más pobre que las ratas, íbamos a salir adelante, estábamos juntos y nos amábamos. Oí a mi madre que llegaba borracha, pero por una sola vez no me importó. Pronto yo estaría fuera de ahí. Formaría una familia. Sería feliz... Me dormí con una sonrisa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente me levanté temprano y tomé desayuno. El bebé necesitaría que me alimentara bien. Tomé una micro a casa de Ryu, pero decidí bajarme a mitad de camino, en el centro, para comprar algo. Todavía era temprano y la calle estaba casi desierta. Me senté en una banca del paseo ahumada a esperar a que abrieran las tiendas. En Falabella compré unos zapatitos de bebé, un body y un sweater pequeño, además de una mamadera con motivos de animalitos y un cascabel de colores. Puse todo en un paquete de regalo junto con el papelito que me habían dado en la farmacia, y tomé otra micro hacia la casa de Ryu. Cuando llegué allá su mamá me dijo que Ryu había salido en una bicicleta que le habían prestado y que no sabía donde había ido, pero me hizo pasar a su pieza mientras ella tendía ropa en el patio, para que lo esperara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El padre de Ryu había salido temprano a recorrer las ferias buscando algo que echarle a la olla y la hermana de Ryu simplemente no había llegado la noche anterior. Me refugié en la cama de Ryu tratando de escapar de los gatos y miré a mi alrededor. Encima de una cómoda estaba la llave con la cadena que Ryu siempre llevaba al cuello. Pensé en abrir la caja. Tenía miedo de que Ryu me pillara y no sabía a qué hora iba a llegar. La curiosidad fue más fuerte. Busqué la caja de debajo de la cama, la saqué, y con el corazón en la boca, abrí la caja. No sé qué esperaba encontrar, pero me desilusionó un poco ver una enorme cantidad de papeles blancos. Pensé en poner la caja en su lugar antes de que Ryu llegara pero entonces algo me llamó la atención, y abrí uno de los papeles, que eran hojas de cuaderno. Leí por encima: &lt;em&gt;amor... te amo... Ryu... hacer el amor contigo&lt;/em&gt;... Eran cartas de amor dirigidas a Ryu, pero no eran mías. Miré la fecha. Era de hacía una semana atrás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo andaba con mi mochila, así que dí vuelta el contenido de la caja en mi mochila, la cerré, puse la llave donde la había encontrado, metí la caja debajo de la cama y salí, con mi mochila llena de palabras de amor ajenas y en mi mano la bolsa con el paquete de regalo. Iba tan aturdida que no sé que le dije a la mamá de Ryu, pero me fui a mi casa. En la micro me fui ordenando las cartas por fecha y esperé a llegar a mi casa para leerlas. Mi mamá dormía, así que me fui a mi dormitorio. Leí las cartas una por una, las leí dos o tres veces. Quería convencerme de que esas mujeres le escribían a MI Ryu. Y todas las cartas estaban fechadas desde después de que Ryu y yo habíamos empezado y hasta solo unos días atrás. En la caja había también, aunque no me di cuenta hasta que vacié el contenido de mi mochila, un pingüino de cerámica que sostenía un corazón rojo a la altura del pecho y una vela roja en forma de corazón que decía &lt;em&gt;I love you&lt;/em&gt;. Y las cartas estaban escritas por varias personas distintas: Jessica, Pamela, Sofia, Noemí, Maria Elena... No recuerdo el resto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volví a leer las cartas una por una y después de haberlas leído, las fui rompiendo, una por una, en trocitos diminutos. No tenía rabia. No tenía pena. Creo que estaba demasiado aturdida como para sentir algo. De mis útiles escolares tomé un compás y le enterré la punta afilada a la vela muchísimas veces, hasta que la rompí. No reparé en la analogía de ese acto de la vela con el del mi propio corazón hasta muchos años más tarde. Metí todos los trocitos de papel en una bolsa y estaba lista para quemarlos cuando se asomó mi mamá, con cara de tener la peor resaca de todos los tiempos, para decirme que me buscaban. Salí. Era Ryu.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ryu me contó que me había ido a buscar al colegio. Por alguna razón pensó que yo me había ido para allá. No me encontró y se fue a mi casa, donde llamó varias veces sin que yo saliera, así que se devolvió a su casa en la bicicleta. Cuando llegó, su mamá le dijo que yo lo había ido a buscar, pero que me había ido de inmediato, así que había tomado la micro para ir a mi casa. Me abrazó, pero yo me quedé inmóvil, con los brazos inertes, sin responderle. Me preguntó qué me pasaba y le dije que me esperara. Entré, tome la bolsa y el regalo, me metí el pingüino en el bolsillo y salí. &lt;em&gt;Esto es para ti&lt;/em&gt;, le dije entregándole el regalo. &lt;em&gt;Y esto&lt;/em&gt;, le dije mientras daba vuelta el contenido de la bolsa en el suelo, muchísimos trocitos de papel que cayeron pesadamente al suelo, &lt;em&gt;también es tuyo&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me parece que Ryu no entendió lo que era hasta que vió los trocitos de la vela roja entre los papeles blancos. Me metí la mano al bolsillo, saqué el pingüino y lo reventé en el suelo, dejándolo caer con fuerza. Ryu no dijo nada. Soltó el regalo, se dió la vuelta y se fue hacia el paradero. Yo lo seguí tres cuadras y cuando lo alcancé lo afirmé de un brazo. Cuando se dió vuelta pensé que me iba a pegar, pero solo me preguntó como había conseguido las cartas. Le dije que eso no importaba, pero que antes de irse, me recibiera el paquete de regalo. Lo tomó y se fue y yo empecé a caminar hacia mi casa. No quise voltearme a ver si lo abría, solo quería llegar a mi casa, meterme a mi cama y llorar hasta morirme. No alcancé a llegar a la esquina de mi casa cuando escuché a Ryu gritar mi nombre y que lo esperara. Yo me detuve. Venía con el paquete de regalo abierto y el papel de la farmacia en las manos. Me abrazó y me dijo que me amaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Quienes son las otras? - le pregunté sin devolverle el abrazo&lt;br /&gt;- Qué importa eso! - me dijo él - Vamos a tener un hijo... - dijo en un susurro&lt;br /&gt;- Quiero saber quienes son!&lt;br /&gt;- Son... son alumnas de tu colegio. Las conocí en los talleres de los días sábado... hemos... mantenido el contacto desde entonces...&lt;br /&gt;- No me trates como estúpida! Leí las cartas. Todas las cartas. Te acostaste con ellas!&lt;br /&gt;- Sí... pero ellas no significaban nada para mí! Yo te amo!&lt;br /&gt;- En serio? eso es lo que entiendes por amor?&lt;br /&gt;- Por favor Marguerite...&lt;br /&gt;- Quiero que me digas específicamente quienes son!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y Ryu me lo dijo. Hice memoria. Supe quien era cada una de ellas. Me lo imaginé a él en la cama con ellas, pero nunca me enteré de cómo se las arreglaba para estar con ellas si nosotros nos veíamos a diario. Supongo que las iba a ver después de irse de mi casa. Nunca me lo dijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Esto tiene que acabarse Ryu&lt;br /&gt;- Sí, te prometo que nunca más veré a nadie más que tú&lt;br /&gt;- No, nosotros, lo nuestro tiene que acabarse...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ryu me abrazaba y no dejaba de rogarme que le diera otra oportunidad. Algo en mí me decía que le dijera que no, que me negara, que si seguía con él las cosas iban a ir mal, pero pensé en el bebé y en que yo estaba sola en la vida. No sabía cómo iba a reaccionar mi mamá ante la noticia de mi embarazo. La verdad es que yo necesitaba a Ryu.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Te lo prometo, te lo juro, - Ryu me besaba - te lo juro por dios y por mi hijo que nunca te volveré a mentir...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ryu se fue al poco rato y yo me fui a mi casa. Mi mamá estaba en pijama y con mala cara. Decidí no esperar para contarle. Me senté a su lado en el sillón, ella miraba tele. Cambiaba los canales rápidamente, sin siquiera detenerse a mirar qué estaban dando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Tengo que decirte algo - le dije&lt;br /&gt;- Qué - respondió sin mirarme&lt;br /&gt;- Estoy... embarazada...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dejó de cambiar los canales, pero no me miró.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Quién es el padre?&lt;br /&gt;- Es... Ryu, el que me viene a ver siempre.&lt;br /&gt;- No tiene plata, no?&lt;br /&gt;- No, él y su familia son... pobres&lt;br /&gt;- Entonces supongo que te vas a hacer un aborto?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo ni siquiera había pensado en esa posibilidad. Había amado a ese bebé desde que supe que estaba embarazada, o quizás desde antes. Era mi oportunidad de amar y de ser amada, de salir de esa casa, de empezar, por fin, a vivir mi propia vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Yo... no... yo quiero tenerlo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No vi llegar la cachetada que me dejó ardiendo la cara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Estúpida! - me escupió mi mamá en la cara - bastante tengo contigo, crees que te voy a mantener a ti y a tu huacho?&lt;br /&gt;- Yo... no voy a pedirte nada...&lt;br /&gt;- Nada? Y cómo crees que se alimentan las guaguas? y cómo crees que se las viste? piensas que los pañales crecen en los árboles? O quizás - y se puso a reir histérica - crees que tu papá te va a ayudar?&lt;br /&gt;- Ya veré...&lt;br /&gt;- Ya veré, ya veré. Estúpida! tendrás que hacerte un aborto o irte!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me fui a mi pieza. El corazón me latía furiosamente. No quería llorar, no quería que mi pena afectara al bebé. Mi bebé. Tomé mi mochila y me fui al colegio. Necesitaba salir de ahí, quizás hablar con algún profesor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo primero con lo que me encontré al llegar al colegio fue a Ryu abrazado en una banca con una niña rubia de pelo larguísimo. La reconocí como Jessica, una de las de las cartas. Ryu no me había visto. Yo estaba a sus espaldas y lo ví abrazarla y besarla. Ella me vió entonces y le dijo a Ryu que yo estaba ahí. Ryu se puso pálido y se levantó. Yo me acerqué a ellos. &lt;em&gt;Mi mamá quiere que me haga un aborto&lt;/em&gt;, le dije a Ryu, &lt;em&gt;quiere que aborte a TU huacho&lt;/em&gt;. Me dí media vuelta y me fui.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ryu me siguió. &lt;em&gt;Suéltame!&lt;/em&gt; le grité. &lt;em&gt;Anda a seguir besándote con esa puta! Yo no te importo ni te importa tu hijo. No quiero verte más!&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No la llames así! - me dijo Ryu - Jessica es mi polola...&lt;br /&gt;- Tu polola? - yo no podía creer que fuera tan caradura - y yo que soy entonces?&lt;br /&gt;- Nosotros no somos nada!&lt;br /&gt;- Qué?&lt;br /&gt;- No te acuerdas de que fuiste tú quien terminó conmigo hace un par de meses? He estado pololeando con Jessica desde entonces&lt;br /&gt;- Pero... nosotros volvimos!&lt;br /&gt;- Yo nunca te pedí pololeo de nuevo!&lt;br /&gt;- Pero me ibas a ver todos los días! Nos acostábamos juntos! Estoy embarazada de ti!!! Si eso no es un pololeo, qué es entonces?&lt;br /&gt;- A la que engañé contigo fue a Jessica. A ti no te he engañado, porque no somos nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No quise que me viera llorar, así que me fui a mi casa y entonces sí que lloré. Oh, como lloré ese fin de semana. Mi mundo estaba hecho pedazos, mis sueños estaban destrozados. Y todo, de nuevo, era mi culpa. Yo había sido tan tonta! Me había dejado engatusar por Ryu, le había creído... Y ahora llevaba a su hijo en mi vientre... Ya no importaba nada. No quería volver a ver a Ryu. Tendría a mi hijo y me iría. Viviría debajo de un puente, me iría a un hogar, le suplicaría a mi padre que me ayudara, cualquier cosa! No me importaba. Yo quería al bebé, mi bebé, y haría lo que fuera por él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El lunes en el colegio volví a ver a Jessica. Ella iba en segundo medio y yo estaba en octavo. A la salida del colegio la seguí hasta su casa sin que se diera cuenta. Esperé una o dos horas y la llamé. Jessica salió. Todavía llevaba uniforme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Qué quieres - me dijo apenas salió&lt;br /&gt;- Estoy embarazada - le dije a bocajarro&lt;br /&gt;- Lo sé. Ryu me lo dijo&lt;br /&gt;- Y no te importa?&lt;br /&gt;- No. Él me quiere a mí, yo lo amo. Tú... tú le serviste para la cama.&lt;br /&gt;- Ya veo... Y tus papás saben que tu pololo dejó a otra niña embarazada?&lt;br /&gt;- Sí&lt;br /&gt;- Y no les importa?&lt;br /&gt;- No&lt;br /&gt;- No te creo&lt;br /&gt;- Y a mí qué me importa que me creas! Ahora ándate por favor...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo no me quise ir. Grité bien fuerte &lt;em&gt;Aló!&lt;/em&gt; para que alguien más saliera. Salió la mamá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Qué está pasando aquí Jessica?&lt;br /&gt;- Nada mamá... ella me venía a preguntar algo del colegio...&lt;br /&gt;- No seas mentirosa! Quería preguntarle, señora, si es verdad que usted sabe que el pololo de su hija me dejó embarazada&lt;br /&gt;- El qué?! Jessica? Qué está hablando esta niña? Qué pololo?&lt;br /&gt;- Nada mamá...&lt;br /&gt;- Explícate por favor - me dijo la mamá&lt;br /&gt;- Ryu es mi pololo y me ha estado engañado con su hija Jessica. Me dejó embarazada y ahora no quiere hacerse responsable porque dice que él está con su hija, y no conmigo&lt;br /&gt;- Ryu?&lt;br /&gt;- Efraín, mamá - dijo Jessica con la cabeza baja&lt;br /&gt;- Efraín? pero si ustedes son solo amigos!&lt;br /&gt;- Sí mamá, eso es lo que le estoy diciendo a ella! Que Efraín y yo somos solo amigos, que yo no tengo nada que ver! - mintió la muy descarada&lt;br /&gt;- No seas mentirosa! Yo te ví besándolo y abrazándolo! Él mismo me dijo que eran pololos!&lt;br /&gt;- A ver... mijita, baje la voz por favor, que no la oigan los vecinos... Usted qué edad tiene?&lt;br /&gt;- Catorce...&lt;br /&gt;- Y su mamá, donde estaba que no la cuidó de embarazarse a esa edad?&lt;br /&gt;- Qué tiene que ver eso con lo que vine a hablar con Jessica?&lt;br /&gt;- Mire mijita, lo que le aconsejo es que se vaya a su casa, con su mamá, que es donde le corresponde solucionar su problema. Mi hija ya le dijo que ella y Efraín son solo amigos. Cuando Efraín aparezca por acá voy a hablar seriamente con él. No puedo soportar que el nombre de mi hija se vea... involucrado en un asunto como este y arrastrado por el barro. Yo meto las manos al fuego por mis dos hijas y sé que Jessica está diciendo la verdad...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En eso, como dispuesto por el destino, apareció Efraín doblando la esquina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Justo viene ahí - le dije yo&lt;br /&gt;- Entonces vamos a aclarar esto de inmediato - Ryu se nos acercó - Efraín, esta niña aquí dice que tú y Jessica están pololeando...&lt;br /&gt;- Si, es verdad, somos pololos - dijo Efraín. Jessica no decía nada, estaba con la cabeza gacha.&lt;br /&gt;- Qué? pero cómo... y tú Jessica... y yo metiendo las manos al fuego por ti... éntrate inmediatamente! Vamos a hablar adentro y a ti Efraín, no quiero verte más por acá!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se entraron. Efraín y yo no hablamos. Yo me fui a mi casa. Él no sé lo que hizo. Apareció por mi casa un par de días más tarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Le conté a mi mamá que va a ser abuela. Está feliz. Quiere hablar contigo.&lt;br /&gt;- No tengo nada que ver contigo, se te olvida?&lt;br /&gt;- Por favor Marguerite... Mi mamá... está enferma. Se hizo examinar la vista y le descubrieron un tumor cerebral... Dice el médico que se va a quedar completamente ciega y no puede asegurarle muchos años... o muchos meses de vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A mí me dio pena la señora. Al final accedí a ir a verla, porque ella no tenía la culpa de lo que había pasado y porque ella siempre había sido buena conmigo. Me abrazó apenas me vió, me tocaba el vientre liso y me decía que estaba feliz, que me quería, que no dejaría entrar nunca a ninguna mujer a su casa que no fuera yo. Que yo era su única nuera para siempre. Me dijo que a Ryu ya lo había retado, que las cosas iban a cambiar, que le diera otra oportunidad...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde ese día volví a ver a Ryu a diario. No recuerdo que hayamos estado juntos como pareja, pero si recuerdo que a veces salíamos a caminar y nos tomábamos de las manos. No recuerdo si nos besábamos, pero si recuerdo algunos abrazos y a él tocándome el vientre y preguntándome si ya había sentido moverse al bebé. No volvimos a hablar de lo que pasó con las cartas ni con Jessica. Jessica me evitaba en el colegio y yo la ignoraba. Ya no me importaban, en todo caso, ni ella ni Ryu, solo yo y mi bebé. Yo me había quedado embarazada en septiembre y en diciembre, cuando terminó el año, nadie sabía que yo estaba embarazada, a excepción de Jessica. Mi mamá no me hablaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y llegó la navidad. Yo tenía tres meses de embarazo y estaba contenta, porque al lunes siguiente de navidad tenía hora con la matrona y por fin, después de tres largos meses, me iban a hacer una ecografía. La navidad la pasé en casa de Ryu. Toda la familia había hecho grandes sacrificios para regalarme cosas de bebé. Había ropa usada, pero en buen estado. Zapatitos y chalecos tejidos a crochet. Y una cunita de mimbre. Lloré, no sé si de la emoción, o de la angustia de saber que mi vida sería así de ahí en adelante. Después de abrir los regalos Ryu me pidió que fuéramos a saludar a unos amigos que vivían cerca de ahí y tenían una fiesta. Su mamá no quería que saliéramos. Era muy tarde y era peligroso, pero Ryu se salió con la suya y salimos. Llevábamos caminando unos 10 minutos cuando pasamos por una plaza solitaria. Habían unos 5 tipos parados fumándose un pito. Apenas pasamos, empezaron a molestarnos, a lanzar silbidos y a reírse. Ryu me llevaba de la mano y me la apretó fuerte. Los tipos nos siguieron. Nosotros doblamos por una calle pequeña y oscura, sin mirar atrás. De repente sentí que alguien me tiraba de la mano que llevaba libre. Tres tipos afirmaron a Ryu, uno de cada brazo y uno por la espalda. Entre dos me agarraron a mí y me empezaron a manosear.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- uy, que tetitas más ricas...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ryu hizo el ademán de soltarse. Una cortapluma brilló en la mano de uno de los que lo tenían afirmado. Los otros dos me seguían tocando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Parece que el viejito se acordó de nosotros y nos trajo un regalito...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me arrinconaron en la pared. Estaba tan oscuro y la calle estaba tan solitaria. Creo que eran cerca de las tres de la mañana. Los niños ya se habían entrado con sus juguetes. Todos dormían. Pensé en gritar, pero uno de los tipos sacó un cuchillo enorme de sus pantalones y me lo puso en la cara, y como adivinándome el pensamiento me dijo que si gritaba me cortaban el cuello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo fue muy rápido, supongo, pero a mí se me hizo eterno. El primero que me penetró lo hizo en el suelo. Olía mal. A cerveza, a cigarro, a marihuana, a cuerpo sin lavar. Mis nalgas desnudas tocaban el suelo frío, duro y áspero. Un perro callejero aullaba a lo lejos. El otro tipo seguía con el cuchillo apoyado en mi mejilla y afirmándome del pelo. Cuando el primero terminó, fue el turno del segundo. El cuchillo cambió de manos, mis piernas cambiaron de hombre. Yo cerraba los ojos. Trataba de pensar en nada, en blanco, o en negro, me acordaba de uno de mis profesores que decía que era imposible pensar en nada porque nada no existía, siempre era algo: aire, negro, blanco, espacio. Y lo único en lo que conseguía pensar era en dolor y en el bebé. El segundo terminó. Yo estaba entumecida. Mi entrepierna goteaba, pero eso no le importó al tercero ni al cuarto. Intercambiaban sus posiciones como buenos amigos. Me usaban y me compartían como buenos amigos. Por último, el quinto, me hizo darme la vuelta. Me agarró del pelo y de una sola estocada me penetró. Eligió el ano. Supongo que le dió asco utilizar lo que sus amigos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Puaj! tienes el poto hediondo a caca!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se demoró poco, pero fue tan doloroso... No recuerdo que yo llorara, pero recuerdo haber mirado a Ryu, que lo había visto todo, lo habían obligado a mirar, y Ryu no dijo nada ni una sola vez. Cuando el último terminó se levantó y me dejó tirada en el suelo. Ya no me amenazaban con el cuchillo, pero no podía levantarme del dolor que sentía. Había perdido definitivamente la virginidad: me habían violado el alma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Conchadetumadre! me dejaste el pico pasa'o a mierda!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No ví la primera patada venir, al costado derecho. Me puse de lado en un reflejo automático y la segunda patada llegó en los riñones. Sentí que algo se me soltaba dentro. Ryu les gritó que no me pegaran, que estaba embarazada. Uno de los que lo afirmaban le hizo un corte en la mejilla, cerca del ojo derecho, diciéndole que se callara. Otra patada en la espalda mientras yo me cubría el vientre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Años más tarde vi una escena parecida en una película. Había pasado toda una vida desde entonces y yo estaba con Armando. Recuerdo que él no quiso mirar esa escena. Yo, en cambio, miré cada segundo. Reviví cada segundo de dolor. Y al final vomité. Armando nunca supo porqué me había puesto tan mal ver algo que solo era ficción...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otra patada, esta vez en la cabeza. Me crujen los oídos. Me los tapo con las manos y dejo indefenso a mi pequeño bebé. Me llega una patada definitiva en el vientre y sé, en ese momento, que el bebé se ha ido para siempre. Lo siento. Lo siento desprenderse de mí. No he alcanzado a despedirme, ni siquiera he alcanzado a conocerlo. Todo eso pienso antes de que me vuelvan a patear la cabeza y perder el conocimiento. Lo siguiente fue un vacío negro y profundo. Un abismo. La nada inexistente en la que caí.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6752864615742077422-7840454872171795804?l=manonamarguerite.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/7840454872171795804'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/7840454872171795804'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://manonamarguerite.blogspot.com/2010/01/el-primer-embarazo.html' title='El primer embarazo'/><author><name>M</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='26' src='http://photos1.blogger.com/blogger/309/2316/1600/blog.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6752864615742077422.post-9073259179251563207</id><published>2010-01-09T09:09:00.006-03:00</published><updated>2010-01-09T11:48:48.601-03:00</updated><title type='text'>La caja de Pandora</title><content type='html'>Volver con Ryu fue un gran error, pero eso no lo supe hasta más tarde. Hasta que fue demasiado tarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había pasado mi cumpleaños sola. Ya no estaba con Claudio, ni con Leo, así que mi última y única opción era Ryu. Al día siguiente de mi cumpleaños, en que esperé en vano que alguien me saludara, me fui a casa de Ryu. Recuerdo que llovía y hacía frío. Ryu me hizo pasar a su dormitorio, ese cuartito cerrado con cortinas y frazadas, del que ahora disponía para él solo y más temprano que tarde terminamos en la cama que era de su hermano antes de que las acusaciones de los vecinos lo obligaran a esconderse. Besos, desnudez, penetración, todo fue uno solo. Y se sintió tan bien estar en brazos de alguien nuevamente, mitigar esa soledad, ese dolor de lo más profundo de mi corazón con besos y orgamos, que no me detuve a pensar en si estaba en un periodo fértil o no. Ni lo hice los meses siguientes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo estaba desesperada por un poco de amor. Y Ryu me lo daba a su ritmo, como él quería. Me llevó algunas veces a alguna fiesta, a verlo jugar fútbol en canchas de tierra. Me presentó a sus amigos. Ya no me daba miedo acompañarlo a esos barrios pobres, a pesar de que una vez incluso terminé metida en medio de una pelea con una tipa tirándome del pelo. No me daba miedo subirme a la micro con él ni me daba vergüenza que le pidiera al chofer que nos llevara a los dos por menos de lo que valía un pasaje escolar. No me daba miedo hacer el amor con él en días que no eran seguros. No me daba miedo nada. Estábamos juntos, nos amábamos, éramos uno solo, para siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ryu tenía en su dormitorio, debajo de su cama, una caja amarilla de madera, cerrada con un candado enorme. Nunca me había mostrado lo que había en esa caja y yo tenía curiosidad, pero nunca me dejó mirar y ni siquiera a su familia dejaba que tocaran esa caja. Siempre llevaba la llave de la caja colgada de una cadena a su cuello, lo que me provocaba aún más curiosidad, pero no me atreví a insistirle en que me mostrara el contenido. Él le llamaba la caja de Pandora y me decía que si la abría, nunca podría volver a meter dentro lo que saliera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasaron dos o tres meses. Con Ryu nos veíamos a diario. Yo me iba a su casa después del colegio, su mamá me invitaba a almorzar y yo comía, tratando de disimular el asco que me producían sus comidas. El olor a gato se había hecho insoportable y casi a diario cocinaba la madre de Ryu lo mismo: arroz con jurel en salsa de tomates o fideos con jurel en salsa de tomates. No tenían dinero para nada más. De vez en cuando hacían alguna ensalada con las verduras medio podridas que el padre de Ryu encontraba botadas en la feria o un salpicón de papas harinosas y viejas y zanahorias duras con jurel en salsa de tomates. Eran pobres, muy pobres, pero yo me sentía querida con ellos y hacía lo posible por no mostrarles mi asco a esos olores, a esa pobreza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de comer todos se iban a dormir una siesta, supongo que para disimular el hambre que murmuraba en los estómagos, después del frugal almuerzo. A veces tenían pan duro para remojar en la salsa del jurel. A mi me daba vergüenza comer con ellos, quitarles su comida, pero para ellos era un orgullo darme la mejor ración, la mejor parte. A veces les decía que ya había comido en el colegio y me negaba a comer, pero cuando veía los ojos llorosos del padre mirándome con tristeza o la cara suplicante de la madre, me ablandaba y les decía que bueno, que comería un poquito con ellos, y todos volvían a sonreír y a brindar con vasos resquebrajados llenos con jugo de naranja yupi aguado, todo un lujo. Yo comía muy poco y decía que ya no podía más, que estaba llena. La madre me decía entonces que yo comía como pajarito y luego se peleaban por llevarse los platos a la cocina. Yo me iba al dormitorio de Ryu. Me daba pena oír como en la cocina se comían lo que yo había dejado, o como lamían los platos. En esos momentos me preguntaba qué estaba haciendo yo ahí, con esa gente tan distinta, pero entonces todos se iban a dormir un rato, los padres al dormitorio en la cama de abajo y la hermana de Ryu en la cama de arriba. Entonces llegaba Ryu a mi lado, después de haberse cepillado los dientes y con una pastilla de menta en la boca. Supongo que se daba cuenta de que no me gustaba el olor del jurel y hacía lo posible por disimularlo y yo lo agradecía, a pesar de que el olor de esa dieta diaria emanaba de su boca como un gas pernicioso sin importar cuanta pasta de dientes hubiera usado o cuantas pastillas de menta se hubiera comido. Era en ese momento cuando yo recibía mi recompensa. Ryu se acostaba a mi lado y esperábamos a oir los ronquidos del padre para besarnos y desnudarnos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aprendí con Ryu que el sexo no conlleva, por lo menos para mí, un orgasmo, y que tenía que yo hacer lo posible por conseguir uno. Ese éxtasis momentáneo en el que me olvidaba del mundo era todo lo que yo necesitaba y aprendí rápido como obtenerlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un día estábamos solos con Ryu. Era domingo. Hicimos el amor una, dos, cinco, seis veces... Yo estaba segura de que estaba en medio de mi periodo fértil y se lo dije a Ryu. &lt;em&gt;Te imaginas?&lt;/em&gt; me dijo mientras se fumaba un cigarro que le había robado a su mamá, &lt;em&gt;un hijo tuyo y mío... no sería genial?&lt;/em&gt; No sé lo que pensé. Me imaginé viviendo con ellos, comiendo eternamente jurel en salsa de tomates. Creo que no me importaba. Antes de que llegara su mamá, hicimos por última vez el amor en el baño. Yo quería ducharme, tenía el olor del sexo y de los orgasmos impregnado en la piel. Ryu se metió al baño conmigo y ahí lo hicimos, con el olor a mierda de gato en la caja de arena, a cuatro patas. En alguna parte había leido que esa era la mejor posición para quedarse embarazada y en ese momento pensé que sería lindo tener un hijo de Ryu, un hijo con sus ojos oscuros y sus pestañas espesas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente empecé a preocuparme y seguí así toda esa semana. Lejos de la casa de Ryu, lejos de su influencia y de su sexo, yo sabía que no podía embarazarme. Ryu había cumplido 18 años y yo tenía 14 y juntos, no teníamos ningún futuro por delante, pero un niño... No, no podía embarazarme. A medida que pasaban los días yo sentía con más y más seguridad que estaba embarazada. Después de esa semana, hablé con una compañera de curso, y le dije que tenía una amiga que sospechaba que estaba embarazada y que si sabía que podía hacer mi amiga. Mi compañera me dijo que lo primero y más fácil era hacer un test de embarazo cuando se presentara atraso. Y yo me fui a la farmacia, una pequeñita cerca del colegio, después de clases, a preguntar por el test de embarazo. No sé que habrá pensado la farmacéutica cuando me vio, hace 15 años el embarazo adolescente no era tan común, o algo tan normal, como ahora, pero me explicó amablemente los diferentes tipos de test de embarazo, lo que costaban, y su efectividad. Y me explicó que lo más barato, sencillo y efectivo era que la mujer que presumía estar embarazada tomara una prueba de orina matutina en un frasquito estéril y que lo llevara a la farmacia por la mañana, entonces el test se hacía en la farmacia, sin margen de errores ni dudas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me fui a mi casa. Ese día no ví a Ryu. Busqué, por la tarde, un frasco que esterilizar. Lo herví en agua y lo dejé debajo de mi almohada. Al día siguiente me levanté, orine en el frasquito, me lo puse en el bolsillo del jumper y me dirigí a la farmacia, antes de ir al colegio. La farmacia abría a las 8 así que tuve que esperar a que abrieran. Era la misma farmacéutica del día anterior. Le di mi frasquito con orina y ella me preguntó el nombre, la edad y cuantos días tenía de atraso. Le mentí y le dije que tenía 9 días de atraso, cuando aún faltaba casi una semana para que me llegara la regla. Pensé que si salía negativo y no me llegaba la regla, siempre podría volver a repetir el test, pero no aguantaba la incertidumbre. Ella me preguntó si volvería a buscar el resultado por la tarde o prefería esperar. Le pregunté cuanto demoraba, mirando el reloj y pensando en que iba a llegar muy atrasada a clases y cuando me dijo que solo unos minutos, decidí esperar, en vez de estar todo el día en el colegio muriendo de angustia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los minutos pasaron lentos. Recuerdo el tic-tac del reloj y la farmacéutica a lo lejos, poniendo gotas en un tubo más pequeño e introduciendo una tira que parecía ser de papel. Esperó un poco, se acercó a mí, me entregó un papel donde ponía mi nombre y mi edad y encerrado en un círculo el resultado. Al mismo tiempo que yo leía, escuché su voz muy lejos diciéndome: &lt;em&gt;el resultado salió positivo, estás embarazada&lt;/em&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6752864615742077422-9073259179251563207?l=manonamarguerite.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/9073259179251563207'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/9073259179251563207'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://manonamarguerite.blogspot.com/2010/01/la-caja-de-pandora.html' title='La caja de Pandora'/><author><name>M</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='26' src='http://photos1.blogger.com/blogger/309/2316/1600/blog.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6752864615742077422.post-1086970887874794611</id><published>2010-01-07T09:18:00.003-03:00</published><updated>2010-01-09T08:01:40.671-03:00</updated><title type='text'>Leo</title><content type='html'>Leo era mi compañero de curso y todas en la clase y en otros cursos suspiraban por él. Leo era lindo, tenía el pelo rubio clarito, los ojos oscuros, un par de pecas en la nariz recta y una boca ancha, siempre dispuesto a sonreír. Le iba mal en clases, pero creo que era porque no prestaba mucha atención. Por alguna razón nos tocó hacer una maqueta juntos, y le gustó trabajar conmigo, o le gustó sacarse una buena nota, porque el segundo trabajo en grupo también lo hicimos juntos. El segundo semestre ya estaba en curso y Leo necesitaba sacarse buenas notas para no repetir de curso de nuevo, se había quedado pegado el año anterior. Su papá era uno los que tenía más dinero en el colegio, pero Leo no tenía buena cabeza para estudiar y su papá lo amenazaba con quitarle la plata semanal que le daba si no sacaba buenas notas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un día entre bromas terminamos besándonos. Leo tenía 14, igual que Claudio, y estábamos solos en su casa preparando un informe para el día siguiente. Nos besamos y nos besamos y yo me llevé el trabajo a casa para terminarlo. Nos sacamos una buena nota y continuamos besándonos a diario en la sala de clases, en los camarines, en los paseos y salidas de curso. Todos sabían que nos besábamos pero estuvimos así unas 3 semanas antes de que a Claudio le llegaran los rumores. Me preguntó directamente si era verdad que yo andaba con Leo y yo le dije que no, que no era verdad. &lt;em&gt;Mi hermano los vio abrazados&lt;/em&gt;, me dijo Claudio. &lt;em&gt;Yo abrazo a muchos de mis amigos y compañeros de curso&lt;/em&gt;, le dije tratando de parecer ofendida. &lt;em&gt;Alguien me dijo que te había visto besándolo&lt;/em&gt;, me dijo Claudio sin mirarme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mire a Claudio directamente a los ojos, hice que me mirara, y le dije claramente que jamás lo había engañado y que si alguien le había dicho eso, yo no entendía las razones para hacernos daño y que si su hermano me había visto abrázandolo, era un abrazo de amigo, pero que si le molestaba jamás volvería a hacerlo. Claudio me había dejado bien claro que más allá de los besos y los abrazos lo de nosotros no pasaría a más y yo necesitaba más, pero no estaba dispuesta a terminar con Claudio, no todavía. Quizás quería ponerlo a prueba, ver cuanto se resistía. Sentía que Claudio no me quería. Quizás yo no le gustaba tanto? Por eso no quería tocarme? O quizás no le parecía bonita? Oh, que insegura era en ese tiempo, y todavía soy así! Claudio me creyó y seguimos juntos unos días más, hasta que nos volvieron a dar un trabajo en grupo o en parejas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Leo y yo nos fuimos al centro. Teníamos que dibujar un edificio arquitectónico antiguo y habíamos elegido el edificio del correo, en la plaza de armas. Yo fui quien hizo todo, por supuesto. Leo nunca hacía nada. Era muy flojo y a veces sospechaba que la única razón por la que estaba conmigo era para sacarse buenas notas. En el trayecto de ida y vuelta nos besamos sin parar, mientras la gente comentaba al bajarse sobre la juventud indecente y sin respeto. Yo hice el borrador del edificio mientras Leo, sentado a mi lado, alimentaba a las palomas con migas de un sandwich. Al día siguiente teníamos que volver a terminar el edificio, pero yo sabía que no alcanzaría. El trabajo era de a dos y yo estaba haciendo todo sola, así que decidí hacer la cimarra, no ir al colegio e irme a terminar de dibujar. Me encontré con Claudio a la entrada del colegio y le dije que me iría al centro y lo convencí de acompañarme. Después de dudarlo un poco, se fue conmigo. A la hora que se suponía salía del colegio, Claudio se fue a su casa y yo me quedé dibujando sola, desesperada porque sabía que no alcanzaría a terminar. Me acordé de Ryu y de sus bocetos de animación japonesa. Le fascinaba dibujar. Lo llamé, a mi pesar, y Ryu se fue a la plaza de armas, a ayudarme con mi trabajo. Hacía semanas que no nos veíamos. Me saludó con un beso en la mejilla y se puso a dibujar. En dos horas tenía todo terminado y tan bien que casi pensé que el profesor no nos iba a creer que lo habíamos hecho nosotros. Entonces me fue a dejar a mi casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No pasó nada ese día, camino a mi casa, en la micro. Cuando íbamos llegando a mi casa se me paralizó el corazón. Desde la esquina vi que mi mamá estaba parada afuera conversando con un hombre alto y Claudio estaba con ellos. Ryu me dejó en la esquina y se fue sin despedirse. Yo me acerqué a mi mamá y oí que el papá de Claudio le decía: &lt;em&gt;Mira a la hora que viene llegando, y más encima con otro! Para que veas en lo que te estás metiendo... esta niñita va a salir igual a su madre.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alguien había acusado a Claudio de que había hecho la cimarra, del colegio llamaron a su papá y se fueron a mi casa a hablar con mi mamá sobre la mala influencia que yo ejercía sobre Claudio. Esperaron por horas hasta que yo aparecí. El papá de Claudio le advirtió en un español raro a mi mamá que no me quería ver cerca de su hijo y se subieron a su auto y se fueron. Claudio no dijo una palabra y estuvo siempre mirando al suelo. Apenas doblaron la esquina mi mamá, que no me había dicho nada, me empezó a pegar. No sé qué tenía en las manos, pero me dió un golpe en la cara, y luego otro y luego otro hasta que me caí al suelo. En el suelo me siguió pegando. Supongo que era un palo lo que tenía, aunque no sé de dónde pudo haberlo sacado. Mientras, a cada golpe, me iba diciendo que eso era por dejarla en vergüenza, que era una estúpida, que jamás debí haber nacido. Me pegó con rabia. Yo lloraba tratando de cubrirme la cara pero era inútil, y su fuerza era increíble. Creo haberle entendido en su soliloquio furioso que conocía al papá de Claudio de alguna parte. Quizás se había acostado con él, eso nunca lo supe. Mientras, los golpes seguían machacándome los brazos, las costillas, las piernas. Me oriné encima. Tenía frío, pero ella seguía pegándome. Un vecino la detuvo, le afirmó el brazo y le dijo &lt;em&gt;ya basta señora, o llamaré a los carabineros, ya le pegó suficiente&lt;/em&gt;. Supongo que habían presenciado la escena desde el principio. Mi mamá entró a la casa y el vecino me ayudó a levantarme y me dijo que me pusiera hielo en la cara y que me cambiara de ropa. Y se fue a su casa. Yo estaba sola de nuevo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente había pensado no ir al colegio. Tenía que entregar el dibujo, pero ya no me importaba sacarme una mala nota, ni me importaba Leo, ni Claudio. No me importaba nada ni nadie. Me dolía todo el cuerpo y tenía un ojo tan hinchado que ni siquiera podía abrirlo. Tenía un moretón en la mejilla contraria y el labio inferior partido e inflamado. Quería quedarme en cama hasta que todos los moretones se hubieran ido. Quería que mi mamá se muriera, le deseaba que nunca hubiera nacido tal como ella quería lo mismo de mí. Esa mañana oí a mi mamá en la cocina, así que no me atreví a quedarme en cama y me levanté. Me bañé como pude, tratando de tocarme lo menos posible, me vestí y me fui a tomar desayuno. Mi mamá estaba sentada a la mesa con una taza de café, un cigarro y cara de haber dormido muy bien. No hablamos. Ni siquiera me miró. Yo me fui al colegio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el colegio nadie me preguntó qué me había pasado. Ni siquiera los profesores. Yo me sentía como la atracción del circo ambulante, todos me miraban en silencio. El maquillaje no disimulaba la hinchazón de la cara y la profecía del padre de Claudio resonaba en mi cabeza como un eco: &lt;em&gt;esta niñita va a salir igual a su madre&lt;/em&gt;. Entregué el dibujo, Leo se sacó una buena nota y nunca volví a hacer un trabajo con él. De ahí en adelante siempre trabajé sola. Yo estaba sola.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Claudio lo vi en el recreo. Se puso pálido cuando me vió. Nos sentamos en el patio, alejados uno del otro, a conversar. Claudio me dijo que había conversado con su papá, que le había prohibido volver a verme (algo difícil, si estábamos en el mismo colegio) y que él estaba dispuesto a hacer lo que su papá le ordenara. Le pregunté qué habría dicho su mamá si él le hubiera contado y me dijo: &lt;em&gt;mi mamá me dijo lo mismo, hace tiempo, cuando empezamos.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me dolió lo que me dijo. Me dió rabia. Todo era su culpa. Todos mis golpes eran su culpa. Él había llevado a su papá a mi casa, le había dicho dónde yo vivía, le había mostrado a mi madre. Él se había dejado convencer de no ir al colegio. Todo, todo, todo era su culpa. Y de Leo. Y de Ryu. Y mía, por haber nacido. Desde ese momento dejamos de hablarnos con Claudio. Nos dedicamos el resto del año a ignorarnos completamente cuando no conseguíamos evitarnos en las zonas comunes. Años después volví a hablar con él. Cosas tontas, sin importancia, recuerdo. Y casi en cuarto medio me enteré de que había dejado embarazada a una de sus compañeras de curso, pero para ese entonces Claudio era un solo recuerdo: los besos dulces que en un tiempo muy lejano nos habíamos dado y los golpes dolorosos de mi madre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tampoco seguí con Leo. Supongo que le dió miedo besarme con mi cara toda hinchada y supongo que intuyó que esa última buena nota que se sacó tenía que ver con mis moretones. Esos pocos trabajos que hizo conmigo no sirvieron para salvarlo de repetir de curso. Tenía malísimas notas en todos los otros ramos y con varios promedios rojos no salvó el año. Su papá lo cambió de colegio y nunca lo volví a ver.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y yo volví a Ryu arrastrándome a sus pies, tal como él había dicho que haría.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6752864615742077422-1086970887874794611?l=manonamarguerite.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/1086970887874794611'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/1086970887874794611'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://manonamarguerite.blogspot.com/2010/01/leo.html' title='Leo'/><author><name>M</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='26' src='http://photos1.blogger.com/blogger/309/2316/1600/blog.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6752864615742077422.post-5348913296625866306</id><published>2010-01-05T12:53:00.005-03:00</published><updated>2010-01-05T17:07:03.413-03:00</updated><title type='text'>Claudio</title><content type='html'>Las cosas con Ryu anduvieron bien un par de meses, hasta que terminamos. Yo terminé con él. No podría explicar el porqué, ni siquiera ahora, creo, pero fueron tantas cosas! Éramos demasiado distintos. Sus amigos... eran todos del mismo estrato social que él, y me daban miedo. Un par de veces me llevó con él a una fiesta o a un partido de fútbol en sectores de Santiago en los que jamás había puesto un pie. Eran barrios marginales, de gente pobre y muchos delincuentes. Su familia... Me hacía sentir incómoda. Su hermano mayor había sido acusado por unos vecinos de que había toqueteado a sus hijos a cambio de dulces, con la consiguiente acusación de pedofilia, así que huyó por unos meses, se escondió con unos amigos, mientras los ánimos se calmaban. Su mamá... se notaban las secuelas de los golpes que había recibido. Era una mujer sumisa que había empezado a quedar ciega y tenía ciertos problemas para hablar, pero que me quería con ferocidad. A veces se olvidaba de que Ryu era el nuevo nombre de su hijo y lo llamaba &lt;em&gt;Efraincitooooo&lt;/em&gt; y Ryu se enfurecía y le gritaba que era una estúpida y ella se encogía y se recogía como un chanchito de tierra y le pedía perdón, y lo llamaba por su nuevo nombre. Su hermana, casi un año mayor que yo, llegaba borracha a diario y su papá... su padre era un ser casi invisible que recorría los basureros con un carretón de madera buscando tesoros que vender o con los que adornar su pequeña casa. Su mirada vidriosa y llena de venitas rojas suplicaba que lo perdonaran y era silencioso y callado. A veces me parecía un fantasma. Casi no podía creer que ese hombre tan pequeño e insignificante fuera el mismo que les había hecho la vida un infierno. Y la casa... si es que a eso se le puede llamar casa, era... Bueno, era la suma de los cachureos que el padre encontraba en la calle y lo que las vecinas le regalaban a la familia cuando ya no lo querían y estaban a punto de botarlo. Y tenían gatos, muchos gatos. Me daba tanto asco el olor a pichí de gato, la caja mierda con arena que estaba en el baño minúsculo, los pelos, al aliento de pescado de los gatos que se te subían a la falda... Muchas veces les faltó que comer a esa familia, pero nunca les faltó la comida de los gatos. Adoraban a los gatos, sobretodo la madre, y cuando no tenían salía a conseguirse, a pedir, a humillarse, para que a los gatos, "sus niños", no les faltara nada. Una vez llegué a contar 16 gatos. Quizás fueron los gatos lo que me hicieron terminar con Ryu. O quizás fue que en el colegio había conocido a otro: Claudio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Claudio era de padre ruso y madre chilena. Tenía un apellido rarísimo, pero el padre había decidido que vivirían para siempre en Chile y les había puesto nombres castellanos a él y a su hermano mayor. Sus papás se habían separado cuando eran chicos y el papá no los dejaba ver a la madre, pero Claudio y su hermano lo hacían igual a escondidas. El papá se había casado, después, con otra chilena y tenían 5 hijos, los hermanos menores de Claudio. Tenía el papá, en ese entonces, una empresa que hacía brochas para pintar y le iba bien, supongo, porque tenía dinero suficiente para tener a los 7 hijos en el colegio, que era caro, o quizás tenían algún tipo de beca, no sé, nunca se lo pregunté a Claudio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Claudio tenía los ojos más lindos que pudieran haber. Eran de un color celeste verdoso, una sonrisa amplia, el pelo rubio oscuro y un cuerpo muy musculoso para su edad. Tenía también la cara llena de granos, pero era lindo, aunque ninguna de mis compañeras lo encontraba atractivo, y menos atractivo que Ryu, por supuesto. Pero Claudio se notaba que era buena persona y a mi me gustaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ryu ya no iba a las clases de los sábados, después de la pelea con Rodrigo, y yo sabía que Claudio iba a jugar a la pelota los sábados, así que yo también empecé a ir. Al segundo sábado Claudio se había fijado en mí y me las arreglé para hablar con él, felicitarlo por haber jugado tan bien y convencerlo de que nos fuéramos juntos. No vivíamos cerca, pero desde mi casa se demoraba 15 minutos en micro a la suya. Claudio aceptó sin dudarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo tenía en ese entonces 13 años, Claudio tenía 14 y Ryu tenía 17.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos fuimos caminando con Claudio. Yo estaba nerviosa. Quería que me besara pero conversamos por horas y Claudio nada. Estaba por pensar que yo no le gustaba y que no pasaría nada cuando lo fui a dejar al paradero. Cuando vió venir su micro y antes de hacerla parar se despidió y me dio un beso en la boca. Y nos besamos en el paradero por mucho rato mientras veíamos las micros pasar de reojo. Cuando Claudio se fue por fin ya era de noche, y yo era feliz, muy feliz. Nos veríamos el lunes en el colegio, todo sería distinto, todo sería nuevo. Cuando llegué a mi casa vi a Ryu esperándome afuera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Qué estás haciendo aquí?&lt;br /&gt;- Te vine a ver!&lt;br /&gt;- Pero... pero nosotros terminamos!&lt;br /&gt;- No. Tú terminaste conmigo. Eso no quiere decir que yo haya terminado contigo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No entendí lo que me dijo, pero lo hice pasar y nos sentamos en el patio, donde había una banca. La casa estaba silenciosa, supuse que mi mamá no estaba. Ryu sabía lo que pasaba con mis padres. Fue él quien, cuando le conté cómo se habían separado, me explicó lo que significaba ser maricón. Pese a los años que habían pasado yo no me había enterado. Quizás de tonta, quizás de inocente, quizás porque a nadie le había contado que mis papás estaban separados. Yo creía que se habían separado por mi culpa, por haber dejado que mi primo me sacara los calzones, y me sentía mal, me sentía sucia. Hasta la separación, jamás ví a mi mamá como la ví después. Antes de la separación ella salía todo el día, dejándome sola, pero cuando se separó de mi papá y no tuvo que ocultarse, empezó a llevarse a sus amantes a la casa. Se emborrachaban, tenían sexo en cualquier parte y a vista mía si yo no me encerraba en mi pieza. Luego el tipo se iba, mi mamá lloraba, se drogaba con pastillas para dormir unos días, y cuando por fin despertaba del sopor de las píldoras se bañaba, se arreglaba, se veía hermosa, salía y llegaba con una nueva conquista, un nuevo hombre a quien amar temporalmente. Y yo pensaba que eso, su decadencia, era culpa mía, cuando Ryu me dijo con una risotada: "&lt;em&gt;pero vaya que eres tonta! a un maricón le gustan los hombres, no las mujeres!".&lt;/em&gt; Debió haber visto mi cara de dudas, porque agregó con un susurro: "&lt;em&gt;a los maricones les gusta que se lo metan por el culo mientras se la chupan ellos mismos así agachados&lt;/em&gt;".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Traté de imaginarme a mi papá haciendo lo que Ryu decía... pero fue imposible. De todas formas, en ese momento mi odio hacia mí se transformo en odio hacia mi padre. Odio por lo que le había hecho a mi mamá y con eso, por lo que me había hecho a mí. No entendía tampoco si es que le gustaban los hombres, por qué me había engendrado. Todo era su culpa. Todo. Y hasta el día de hoy conservo ese odio primitivo hacia él, por habernos engañado, por haber dejado embrazada a mi mamá y haberme traido a una vida que yo no pedí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa noche que Ryu me fue a ver me obligó a besarlo. Yo no quería. Tenía aún en mi boca los dulces besos de Claudio y besar a Ryu se sintió sucio, desleal. Tenía ganas de vomitar, pero mi estómago estaba vacío. Era la primera vez que engañaba a alguien, aunque con Claudio todo había recién empezado, yo sentía que lo estaba engañando. De seguro que él no se había ido a su casa a besarse con otra. Finalmente se fue Ryu y al día siguiente no lo ví. El lunes ví a Claudio en el colegio y me olvidé de Ryu. Me sentía feliz. Nos vimos en el recreo, él iba un curso más arriba que yo, y después nos fuimos juntos a la salida, tomados de la mano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es extraño que recuerde con tanto detalle a Claudio, y sin embargo los inicios con Ryu hayan desaparecido magistralmente de mi memoria. Recuerdo que ese día el cielo estaba despejado y había una brisa agradable y que Claudio tenía su mano tibia entrelazada con la mía, mientras me iba contando la historia de su vida. Su padre los obligaba a trabajar a él y a su hermano fabricando brochas, y ellos se pagaban con ese trabajo su colegiatura. Los cinco hijos menores en cambio tenían todo lo que pedían. La madrastra no quería a Claudio y a su hermano. Los hijos menores habían salido todos morenos y oscuros, sin los rasgos del padre y la madrastra se quejaba de eso, de que los "huachos" más grandes hubieran salido caucásicos y los hijos de ella hubieran salido indios. Todo me lo contó Claudio mientras caminábamos de la mano. Yo tuve que haberle contado de mi familia, mi propia historia, pero no pude. Me imaginé que me vería distinta a sus ojos si se lo decía. Recordaba a Ryu diciéndome que yo había sido una hija indeseada para mi padre, o peor, solo una tapadera. No, yo quería que Claudio me quisiera, y no le dije nada. Ese mismo día, antes de irse a su casa, Claudio sacó una rosa roja de su mochila y me la entregó con las manos temblorosas. Se sonrojó, miró hacia abajo y después me preguntó con una sonrisa si yo quería ser su polola.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ah... me fui a mi casa en una nube, con la rosa en la mano, sonriendo, recordando mi sí y el beso antes de despedirnos. Esa tarde me encerré en mi pieza y escribí muchas veces Claudio en mi cuaderno de matemáticas. Escribí su nombre y el mío en cada cuadrito que formaba un corazón e hice juegos para saber si Claudio y yo nos casaríamos o seríamos novios por siempre y para saber si tendríamos hijos y cuantos. Claudio y yo éramos pololos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa tarde Ryu volvió a verme. Le dije que se fuera, que yo tenía otro pololo. Ryu me preguntó quien era, de dónde era, dónde lo había conocido, pero no quise decirle nada. Ryu me obligó a besarlo de nuevo, pero esta vez me resistí y antes de irse me dijo que él no había terminado conmigo, y que yo volvería a sus pies. Y se fue.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa semana ví a Claudio todos los días. Nos íbamos juntos del colegio y nos besábamos por horas mientras nuestros estómagos vacíos rugían hambrientos. Yo no necesitaba otro alimento que Claudio y me imagino que a él le pasaba lo mismo. Pero no pasamos de los besos. Yo me pegaba a Claudio, quería que me tocara, quería borrar las primeras veces desastrozas con Ryu, pero Claudio se resistía a mí, hasta que un día me dijo que quería esperar, que no era el momento, que no quería hacerme daño, que le había contado de mí a su mamá y que ella le había dicho que nos cuidáramos, que esperáramos. Y yo me quedé perpleja. No podía explicarle a Claudio que se podía llegar hasta el final sin peligro de quedarme embarazada, que podíamos usar condones aunque seguro ninguno de los dos sabía como se usaban, o que podíamos hacerlo en las fechas "correctas", que eso si funcionaba, no podía decirle que ya lo había probado con Ryu sin embarazarme. No, no podía confesarle a Claudio que yo no era virgen, porque sabía que él lo era. Fue ahí cuando empecé a perder el interés por Claudio. Creo que no podía entender en ese tiempo que alguien me quisiera de verdad, sin sexo de por medio, y que solo quisiera lo mejor para mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y fue entonces, también, cuando Leo se fijó en mí.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6752864615742077422-5348913296625866306?l=manonamarguerite.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/5348913296625866306'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/5348913296625866306'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://manonamarguerite.blogspot.com/2010/01/claudio.html' title='Claudio'/><author><name>M</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='26' src='http://photos1.blogger.com/blogger/309/2316/1600/blog.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6752864615742077422.post-4606805069983227750</id><published>2010-01-03T10:49:00.001-03:00</published><updated>2010-01-03T10:49:00.363-03:00</updated><title type='text'>Ryu</title><content type='html'>Ryu tenía un nombre tan simple como Efraín, así que había decidido cambiarlo y había adoptado el nombre de uno de los combatientes del, en ese tiempo popular, videojuego street fighter. Ryu era muy pobre. Su padre era alcohólico y muy violento. Cuando Ryu era niño, el padre solía pegarle a él, a su hermano dos años mayor, a su hermana 3 años menor y por supuesto a su esposa, la madre de los niños. La madre puso a Ryu y a su hermano en un hogar del SENAME y se quedó con la niña, recibiendo golpes del marido. Ryu me contó que su madre solía ir a verlos los fines de semana. Me decía que la mamá lloraba y él y el hermano veían los moretones en su cara y en sus brazos, las marcas, los cortes. Y me contó que sentía rabia contra su padre, ganas de matarlo, impotencia por no poder hacer nada a su corta edad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de algunos años el padre de Ryu, que creo que se llamaba Manuel, se sometió a tratamiento. Dejó el alcohol pero su cuerpo nunca se recuperó de los efectos devastadores de tantos años de bebida. Ryu y su hermano volvieron a casa ya grandes, más altos que el padre, y el papá no se atrevió a golpearlos de nuevo. Fue en ese entonces cuando yo lo conocí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ryu empezó a participar de los talleres del día sábado que mi colegio organizaba para niños y jóvenes en riesgo social y de escasos recursos. Nosotros los mirábamos con pena a esos chicos, que iban los días sábado y domingo muchas veces solo por el desayuno y almuerzo gratis que les daba el colegio. Un día apareció Ryu. Se presentó con ese nombre imposible y se sentó en un rincón de la sala sin hacer nada mientras Rodrigo nos enseñaba los rudimentos del arte de tocar guitarra. Habían chicas de cursos superiores en esa clase. Chicas lindas, de cuerpos bien formados, de caras maquilladas. Ryu jamás se habria fijado en mí con esas otras chicas en la clase. Yo era aún chica en ese tiempo, chica de edad y de experiencia. Lo que había vivido... No podía contarse como experiencia, porque en realidad, ahora que lo miro en retrospectiva y comparado con lo que sé ahora, eso fue nada. Además, fui bastante tonta con Ryu. Si hubiera tenido más experiencia, si hubiera sabido o si hubiera sido, simplemente, más inteligente, no me habría pasado lo que me pasó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de tres sábados a los que Ryu asistió puntual, por fin me habló. Durante la semana había sido el comentario obligado entre las estudiantes. Ryu era hermoso, de verdad hermoso. Tenía los labios carnosos, los ojos grandes y oscuros bordeados por pestañas larguísimas y espesas. Usaba el pelo un poco largo, que se metía detrás de las orejas y en el lóbulo de la oreja izquierda llevaba una argolla de plata, algo que ningún chico del colegio se había atrevido a hacer, en ese tiempo. Era alto, medía, si no recuerdo mal, 1.80 o 1.85 mt. Y era, de alguna forma, el fruto prohibido. Sabíamos que venía de otro ambiente, un ambiente más "peligroso", y eso, a nuestros ojos preadolescentes, lo hacía infinitamente más interesante que nuestros imberbes compañeros de curso e incluso que Rodrigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese sábado que Ryu me habló estuvimos conversando toda la clase, en susurros y a risitas que Rodrigo miraba con la frente arrugada pero que no se atrevió a interrumpir. Poco antes de terminar la clase Ryu me dijo que me iría a dejar a mi casa. No me preguntó, solo lo dijo. Y yo no le dije que ya había quedado de irme con Rodrigo. Ryu me dijo que me esperaría en la esquina, y salió antes que todos, mientras las demás niñas de la clase hacían comentarios con la boca tapada con una mano y sonrisas hormonales, mirándolo con pestañas de coqueteo. Me acerqué a Rodrigo cuando todos habían salido de la sala y le dije que me iría sola, que no necesitaba ir a dejarme. Me miró muy serio y luego siguió guardando su guitarra y el material para la clase y me dijo que hiciera como quisiera, y me dió la espalda. Entonces salí y me reuní con Ryu y caminamos a mi casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No recuerdo de qué hablamos. Supongo que quien habló fue él. Qué podría haberle dicho yo que le interesara? Supongo que me habló de música. Le gustaba Eurythmics y Ice MC y bailar. Supongo que nos quedamos conversando en una esquina, porque lo próximo que recuerdo fue que nos besábamos y nos besábamos por horas y luego se fue.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me es difícil recordar con detalle como empezó todo con Ryu. Se me confunden los momentos. Debe ser por lo que pasó después que, a diferencia de los demás en que los detalles se me quedaron grabados a fuego, con Ryu algún sistema psicológico de autodefensa me obligó a eliminar de mi memoria lo más posible. Recuerdo que me contó de su niñez. Me mostró las cicatrices de los golpes, los correazos, los palos con clavo con que le pegaba su padre borracho. También, aunque no recuerdo exactamente cuando, me presentó a su familia como su polola, aunque no recuerdo si realmente me pidió pololeo. Cuando Rodrigo se enteró de que estábamos juntos, ni dijo nada, pero cuando Ryu se enteró de que Rodrigo y yo nos habíamos besado, buscó la forma de armar una pelea y Rodrigo terminó expulsado del colegio. A mi me dió vergüenza, pero también, una estupidez, sentí un poco de orgullo. Era la primera vez que dos hombres se "peleaban por mí".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Supongo que llevábamos solo unos días o unas semanas cuando los besos y las caricias se transformaron en algo más serio. Un día Ryu me preguntó con cuantos hombres había estado. Me lo preguntó de una forma que intuí debía mentirle. Fue algo automático e instintivo. Le dije que con ninguno. Y no me creyó. Quizás se notaba en mis besos, o en mis caricias, o en mi conocimiento de las zonas de placer, pero desde ese día Ryu me dijo cada día que no me creía que yo era virgen y que si lo era, que por amor a él, debía demostrárselo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En teoría yo ERA virgen. Nunca había practicado la penetración y eso es lo que vale a la hora de evaluar la virginidad. Yo sabía que Ryu me estaba presionando a acostarme con él. Yo sabía de los tipos que te engrupían con el cuento de "si me amas, demuéstramelo", pero no pude hacer nada para resistirme a Ryu. Me fue envolviendo en su telaraña de palabras dulces seguidas de los &lt;em&gt;no te creo que me quieras y no te creo que no te hayas acostado con nadie&lt;/em&gt;. Un día se dió la oportunidad. Estábamos solos en su casa, un departamento básico de 35 metros cuadrados donde vivía toda su familia. Tenía un solo dormitorio que ocupaban la hermana y los padres durmiendo en camarotes. Ryu y su hermano ocupaban una zona del living habilitada como dormitorio, también con un camarote y cerrado por cortinas y frazadas. De los besos pasamos a las caricias y pronto tuve a Ryu entre mis piernas. Algo me decía que él no era la persona correcta, que esperara. Ahora pienso... si el primer hombre hubiera sido John, todo habría sido tan distinto... Pero John se había ido y yo necesitaba tan desesperadamente alguien que me quisiera... Creo que si Ryu me hubiera pedido que vendiera mi alma al diablo por un poco de cariño lo habría hecho a ojos cerrados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el colegio, en el que en las clases de "decoro" y en las de "cuidado personal" nos enseñaban que se debe llegar virgen al matrimonio, había un profesor gallego que nos entremetía nociones de anticoncepción. Nos decía que la iglesia prohibía el sexo antes del matrimonio, pero que para las parejas casadas... y ahí nos soltaba el discurso de cómo las parejas casadas podían evitar la concepción de forma natural, sin utilizar condones ni píldores, solo con calcular el día fértil y a veces midiéndose la temperatura basal, o el asqueroso billings, mirándose el moco vaginal por las mañanas. No éramos tontas, y entendíamos que lo que este profesor nos decía era que nos cuidáramos nosotras. Yo había empezado a controlar mis periodos apenas di mi primer beso, así que sabía, con exactitud milimétrica, cuando era fértil y cuando no. Ese día en que estuvimos solos en casa de Ryu yo sabía que no estaba en mi periodo fértil, así que al final accedí a que llegáramos al final.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creo que Ryu había bebido cerveza ese día. Recuerdo que estaba torpe y pesado sobre mi cuerpo y que tenía el aliento caliente y los ojos enrojecidos. Yo tenía miedo. De repente quise parar todo, quise decir que no, pero Ryu ya se revolvía entre mis piernas pidiéndome que le ayudara a encontrar &lt;em&gt;dónde era&lt;/em&gt;. Ryu era muy torpe. Yo sentí que apuntaba a mi pierna, para luego salirse y apuntar a mi glúteo y luego al clítoris con puntería ciega y nula. Supongo que en algún momento encontró el orificio que buscaba, porque ahí se quedó. Un par de mete y saca descontrolado y todo había terminado. Yo ni siquiera supe lo que había pasado. Todo fue muy rápido y no sentí nada. Bueno, sentí dolor, pero del dolor que me había causado con su miembro duro y afiebrado tratando de perforarme por todos lados. Sentía la entrepierna adormecida y tenía frío. Ryu se levantó y al salir un río de sangre brotó de mi vagina. Supongo que quizás no fue mucho, pero yo lo recuerdo como muchísima sangre. Tanta, que me asusté. Ryu me dió una toalla higiénica de su mamá para que me pusiera y después me fue a dejar a mi casa. Yo caminaba a su lado aún muy adolorida y como aturdida. Algo había pasado. Algo había cambiado. Pero de alguna forma, yo no sentía lo que esperaba iba a sentir cuando el momento llegara. Me sentía engañada, en pocas palabras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando el sangrado pasó, volvimos a intentarlo. Tomó muchas veces y muchos intentos el conseguir algo satisfactorio, por lo menos para mí. Para Ryu, se notaba que cualquier cosa estaba bien. Él estaba al tanto de que yo controlaba mi fecundidad mediante las fechas, así que nos ateníamos a las fechas seguras. Las cosas anduvieron bien un par de meses, hasta que...&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6752864615742077422-4606805069983227750?l=manonamarguerite.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/4606805069983227750'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/4606805069983227750'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://manonamarguerite.blogspot.com/2010/01/ryu.html' title='Ryu'/><author><name>M</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='26' src='http://photos1.blogger.com/blogger/309/2316/1600/blog.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6752864615742077422.post-2564720961543691186</id><published>2009-12-31T23:44:00.003-03:00</published><updated>2010-01-02T21:24:38.841-03:00</updated><title type='text'>Año nuevo... Vida nueva</title><content type='html'>Estoy sola en este departamento vacío. Hoy por la mañana han terminado de llevarse las últimas cosas. Los muebles, la ropa, los electrodomésticos, todo se ha ido. Yo estoy sentada en el suelo, con las luces apagadas, el laptop sobre las piernas y una copa solitaria de vino como única compañía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es una larga historia, la de cómo llegué a esto...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace cuatro meses caí, de nuevo, en una depresión terrible, como no me daba hacía mucho tiempo. Estuve mal, muy mal, pero a diferencia de otras veces, esta vez no hubo intentos burdos de quitarme la vida. Lloré como nunca había llorado. Lloré por mí, por una vida desperdiciada, por una niñez sin amor, por mi soledad. Y al final, decidí tomar las riendas de mi vida. Me inscribí para rendir la PSU, hice un curso preuniversitario rápido y decidí que si me iba bien, empezaría a estudiar algo, vendería mi departamento, mi auto, empezaría de nuevo, desde cero, y, lo más importante, dejaría el estilo de vida que llevo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la PSU me fue más que bien, me fue excelente. Creo que me había infravalorado. Hace unas semanas me inscribí en la universidad nuevamente. Me da un poco de miedo empezar de nuevo, pero a la vez estoy emocionada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En estos cuatro meses junté todo el dinero que pude sacarle a todos mis amantes. Vendí también el departamento y tengo que entregarlo desocupado el 2 de enero. Vendí el auto y aún no me decido a comprarme otro. Y mis teléfonos... Mis teléfonos siguen ahí. No soy capaz de deshacerme de ellos. Sé que si no lo hago jamás me libraré de mi pasado ni de los hombres en mi vida, pero es que no me atrevo! Es, también, una seguridad... si algo no resulta siempre podré volver a recurrir a ellos, creo. También sé que no seré eternamente joven y que ellos están conmigo solo por mi cuerpo y por el placer que pueden obtener de mí, por nada más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ahora... Ahora estoy sentada sola en el suelo alfombrado de este departamento que ya no es mío. El departamento nuevo que compré está cerca de la universidad. Lo pensé de esa forma para poder irme caminando o en bicicleta. De verdad que quiero empezar de cero. Necesito empezar de cero. Necesito salir de esto en lo que estoy, ser otra persona. Me he bebido casi la botella completa de vino mientras derramo algunos lagrimones y escribo estas incoherencias. Pienso... Cómo no va a haber alguien para mí ahí afuera? Alguien que me quiera... Alguien que se de cuenta de quien de verdad soy? Alguien con quien pueda ser feliz? El fantasma de Armando ya no me persigue. Sé que él es feliz con su vida y yo quiero tratar de hacer lo mismo por la mía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Han dado las 12. Oigo a la gente afuera saludarse. Yo sigo a oscuras. He llamado a un taxi, pero me han dicho que se demorarán en venir, por ser año nuevo. No tengo nada más que hacer que esperar. Esperar a que me lleven a mi nueva casa. Esperar por mi nueva vida que ya comienza. Esperar por la redención. Ninguno de mis amantes sabe que me voy de aquí. Conseguí guardar el secreto hasta el último instante. Más de alguno vendrá a preguntar por mí y se encontrará con la sorpresa de que he desaparecido. Yo hago ahora borrón y cuenta nueva. Nazco de nuevo, limpia de pecados. Me he bautizado a mi misma y me he dado la bendición para seguir y salir adelante. Quiero ser feliz. Quiero amar. Quiero, en este año que empieza, una vida nueva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ha llegado mi taxi.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6752864615742077422-2564720961543691186?l=manonamarguerite.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/2564720961543691186'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/2564720961543691186'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://manonamarguerite.blogspot.com/2009/12/ano-nuevo-vida-nueva.html' title='Año nuevo... Vida nueva'/><author><name>M</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='26' src='http://photos1.blogger.com/blogger/309/2316/1600/blog.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6752864615742077422.post-504572262318319214</id><published>2009-08-06T08:15:00.004-04:00</published><updated>2009-11-04T04:12:53.645-03:00</updated><title type='text'>Rodrigo</title><content type='html'>Rodrigo era estudiante de música, pedagogía en música o licenciatura en música, no lo sé, pero estaba haciendo práctica en nuestro colegio como profesor de música. Tenía, creo, 21 o 22 años y le tocaba nuestro curso una vez a la semana. Rodrigo era un tipo bueno. Cabello rizado y ojos achinados, cantaba y tocaba varios instrumentos, además participaba en el coro de una pequeña iglesia evángelica. Cuando el año escolar terminó, en el verano, un día en que yo estaba sentada fuera de mi casa escuchando música, vi pasar a Rodrigo en bicicleta. Él se paró y se sentó a conversar conmigo. Llevaba su guitarra colgada del hombro y me preguntó que escuchaba y terminamos con él enseñándome o tratando de enseñarme a tocar guitarra. La tarde de verano se pasó rápido y al final del día, cuando ya estaba oscureciendo y yo tenía los dedos adoloridos y Rodrigo ya se tenía que ir, le pregunté de qué forma podría pagarle la clase de guitarra. Me dijo que podría ir a dejarlo a la esquina y una vez ahí me dijo que podría pagarle con un beso. Recuerdo que lo besé y sentí su boca sucia, como si no se la hubiera lavado en días. Le olía mal y tenía un sabor aspero en los dientes. Pero no dije nada. Al otro día Rodrigo pasó a la misma hora. Iba más arreglado, perfumado y repetimos la lección de guitarra. Cuando lo besé ese día su boca estaba limpia y olía a chicle nuevo y sabía a menta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rodrigo no me gustaba, pero ese verano no tenía a nadie. A Felipe lo veía poco y me conformaba con sus caricias en un callejón oscuro. John se había marchado hacía tiempo y era más que nada un recuerdo. Andrés estaba muerto y enterrado. Rodrigo fue compañía y besos limpios y puros esas pocas semanas que quedaban de verano. Cuando volvimos a clases, Rodrigo junto al profesor de música, organizaron talleres para jóvenes de escasos recursos en las salas del colegio. Rodrigo me invitó a un taller del día sábado, para que siguiera practicando con la guitarra. Supongo que Rodrigo, que me pasaba por muchos años, me suponía su polola. Para mí era el pasar, el entretenimiento, hasta encontrar algo mejor. Y fue, justamente gracias a Rodrigo que encontré a mi primer amor. Y mi primer gran error en la vida. Fue en los talleres de los días sábados que conocí a Ryu, pero eso es parte de otra historia. La historia con Rodrigo termina cuando él se da cuenta de que me gusta uno de sus alumnos del taller del día sábado y se arma una pelea, resultando en el fin de los talleres y la expulsión de Rodrigo del colegio por haber golpeado a un alumno en su clase de música.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Años más tarde volví a ver a Rodrigo. Se había casado con una chica simple. Fea. Común y silvestre. Quise saludarlo pero él me miró con indiferencia.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6752864615742077422-504572262318319214?l=manonamarguerite.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/504572262318319214'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/504572262318319214'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://manonamarguerite.blogspot.com/2009/08/rodrigo.html' title='Rodrigo'/><author><name>M</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='26' src='http://photos1.blogger.com/blogger/309/2316/1600/blog.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6752864615742077422.post-7325606602164344730</id><published>2009-08-06T08:10:00.002-04:00</published><updated>2010-01-09T11:54:32.228-03:00</updated><title type='text'>Andrés</title><content type='html'>Andrés fue mi otro novio entre Mauricio y John. No podía recordarlo, a pesar de que Andrés marcó mi vida de un modo trágico. Andrés era familiar político y lo conocí en una de las pocas veces que la familia se veía, en un matrimonio. Yo tenía 11 años, fue por el mismo tiempo en que conocí a Felipe, pero no recuerdo quien fue primero. Ese día del matrimonio Andrés me miraba fijo. Yo me veía tan fea, con un vestido de fiesta prestado, de encaje con mangas abombadas que me quedaba grande y hediondo a la transpiración de otra persona, maquillaje exagerado y un peinado con volumen que me quedaba mal. Lo perdí de vista en la iglesia, pero lo volví a ver en la fiesta. Andrés me perseguía, quería conversar conmigo, saber cómo me llamaba, quien era, que edad tenía. Le conté todo, menos la edad. Esa noche Andrés fue el alma de la fiesta. Hizo discursos, contó chistes, bailó y me sacó a bailar, para mi vergüenza. Cuando se hizo tarde yo me fui a acostar. La fiesta era en una casona grande en las afueras de Santiago y habian dispuesto muchas camas en el suelo para los invitados cansados y los niños. En la oscuridad encontré una cama desocupada y me acosté con ropa. Al poco rato, mientras trataba de quedarme dormida con el barullo de la fiesta, vi a Andrés entrar en la habitación. Algunas mujeres dormían con sus hijos pequeños en otras camas. Andrés se tomó su tiempo para ubicar donde estaba yo. Se acercó silencioso. Me dió un beso en la boca para despertarme y siguió besándome. Todo fue muy suave. Andrés tenía en ese tiempo unos 25 años y pensaba, por mi apariencia física, que yo tenía unos 16.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegó el verano y Andrés aparecía regularmente en mi vida. Ese fue el verano en que estuve con Felipe. Andrés habló con mi mamá, le dijo que yo le gustaba y que quería pedirle permiso para pololear conmigo. Recuerdo que mi mamá se rió histérica delante mío. Pero si Marguerite es una niña! no ha cumplido ni 12 años, creo que ni siquiera le ha llegado la regla! añadió para mi vergüenza. Por supuesto que la regla ya me había llegado, y tuve que, en ese tiempo, arreglármelas sola para entender qué era lo que le pasaba a mi cuerpo, no podía contar con la mujer que me había parido para tales fines. Andrés no dejó de visitarnos. Aparecía los días sábado a la hora de once y siempre llevaba algo para comer, una torta pequeña o un pastel. Mi madre a veces no salía y se quedaba con nosotros, y le coqueteaba a Andrés descaradamente. Ella era unos 10 años mayor que él por ese entonces y le decía que tan buena como la hija estaba la madre, cosas de ese estilo, que Andrés, para mi agrado, siempre ignoró.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las veces que mi mamá salía, en cambio, con alguno de los novios de turno, Andrés y yo nos besábamos hasta quedar sin aliento. Andrés siempre me respetó. Yo quería llegar más allá. Me mataba la curiosidad, el deseo, las ganas de saber cómo continuaba ese placer burbujeante que empezaba a hacerme cosquillas en el cuerpo y a darme calor en la entrepierna, pero Andrés siempre me detenía las manos cuando intentaba hurguetearle los bolsillos, se reía, y me decía que no, que ya tendríamos tiempo para eso, y me volvía a abrazar, y a besarme. Ah, los besos de Andrés, experimentados y exquisitos, tan distintos de Felipe, con quien me besuqueaba y toqueteaba en callejones oscuros por ese entonces, pero Felipe se fué a su casa y Andrés se quedó, y puntual, siguió visitándome bajo el no siempre atento ojo avizor de mi madre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Andrés tenía una camioneta con la que competía en carreras ilegales. Varias veces me invitó, pero nunca me dejó subir con él en la camioneta cuando manejaba en alguna carrera, yo era una simple espectadora. Recuerdo que me sentía tan ridícula ahí, sentada en el suelo mirando a los autos recorrer distancias pequeñas en una exhalación. Los amigos de Andrés ni siquiera me miraban, me ignoraban educadamente. Para ellos yo era una niña y, sobretodo las mujeres, no entendían qué hacía yo ahí, o qué hacía Andrés conmigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El romance con Andrés duró unos tres meses, hasta que una noche salió en las noticias que Andrés se había matado conduciendo en la panamericana a exceso de velocidad. Yo estaba comiendo sola y mirando tele cuando apareció su fotografía en el televisor, su nombre completo, seguido de los detalles del accidente y la cámara enfocando su camioneta roja hecha mierda en contra de las barreras de contención, un acordeón de fierros retorcidos que los bomberos trataban de cortar con sierras potentes. Un brazo como de muñeco de aserrín asomaba por un agujero que supongo era la ventana y el camarógrafo, morbosamente, acercaba la imagen una y otra vez. Vomité ahí mismo. Andrés, mi Andrés, no podía estar muerto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando mi mamá llegó yo ya había limpiado. Con el rostro sin expresión le comuniqué la noticia. Ella llamó a un tío, después de todo Andrés era de la familia, y confirmó todo. A los 5 días fue el velorio y el funeral. Yo no quería ir, pero mi mamá me obligó. Había mucha gente, compañeros de trabajo de Andrés, compañeros de colegio y de universidad, ex-novias, amigos, vecinos, los tipos de las carreras ilegales... La mamá de Andrés me abrazó cuando me ví empujada a darle el pésame y me soltó de inmediato, para abrazar al siguiente, un abrazo de lágrimas secas y mocos húmedos. Me acerqué al féretro. Una curiosidad malsana me atraía como un imán. Quería ver qué era lo que había dentro. Un cuerpo deforme, que no era el Andrés que yo recordaba, aquel que tantas noches me había besado en el sofá de mi casa, reposaba sobre una tela blanca. Tenía la cara llena de cortes y dos enormes trozos de vidrio se incrustaban en su ojo izquierdo, o lo que quedaba de éste, reventado. Tenía las mejillas hundidas, le faltaba un pedazo de labio y se veía que le faltaban algunos dientes y el resto estaban llenos de sangre. Un fierro incrustado en la cabeza decoraba la parte izquierda superior de su cráneo, mal cubierto con un pedazo de género. La tela estaba manchada de sangre color ocre y olía mal. No pude llorar, aunque quise, pero no pude. Camino al cementerio me escabullí, tomé una micro y me fui a mi casa. Mi mamá llegó al otro día. Se había encontrado un tipo en el funeral con el que se había ido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de eso conocí a John. Nunca fui a ver a Andrés al cementerio, y de alguna forma lo borré de mi recuerdo, tanto, que me costó recordarlo en este recuento de amores que estoy tratando de hacer.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6752864615742077422-7325606602164344730?l=manonamarguerite.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/7325606602164344730'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/7325606602164344730'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://manonamarguerite.blogspot.com/2009/08/andres.html' title='Andrés'/><author><name>M</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='26' src='http://photos1.blogger.com/blogger/309/2316/1600/blog.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6752864615742077422.post-2655555388484551156</id><published>2009-07-15T23:40:00.004-04:00</published><updated>2010-06-08T07:07:07.627-04:00</updated><title type='text'>Ninfómana yo?</title><content type='html'>Muchas veces me he preguntado el porqué de mis acciones. Me inicié sexualmente muy joven, y de alguna forma entendí que para que alguien me quisiera, debía corresponderle con sexo. Mi primo me inició en las caricias sexuales a tierna edad, algo que mirado ahora, desde mi punto de vista adulto, podría hasta parecerme pedofilia. Luego tuve algunas experiencias afortunadas con hombres que no quisieron llegar hasta el final conmigo. Es una pena que no lo hayan hecho, porque cuando finalmente perdí la virginidad, fue de una manera grotesca. Merece que le dedique otro espacio. Después de ese desastroso primer novio, que además me embarazó a la edad de 14 años, tuve muchas, muchísimas parejas. He hecho el ejercicio de tratar de escribir de cada uno de ellos, porque tengo buena memoria, pero han sido tantos los hombres que me han penetrado, manoseado, besado y vapuleado, que me falta el tiempo para escribirlo todo. Es toda una vida, a fin de cuentas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo no me acuesto con cualquiera, pero si, cuando me gusta alguien, suelo tener sexo sino en la primera cita, muy pronto. Y soy consciente del problema, del daño, que además me hago. Cuantas veces no he pasado el susto de haberme pegado algo por haberlo hecho sin condón. Me he quedado embarazada cuatro veces, de cuatro hombres distintos, cuatro abortos, que temo hayan dejado marcas en mi cuerpo y ahora no pueda tener hijos. Siento que no es posible ser querida si no hay sexo de por medio, y sé que es un error, pero no es algo que pueda evitar. Y han habido tantos, tantos hombres, que siento mi alma vieja y cansada, pero no he podido detenerme hasta ahora, y no se si pueda, ni siquiera me lo he propuesto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me declaro una prostituta, a pesar de que no sé si mi forma de recibir el dinero se consideraría exactamente como prostitución. En otros tiempos se me habría llamado mantenida, en los tiempos de Alexander Dumas y la verdadera Marguerite Gautier. Lo cierto es que jamás he tenido sexo con alguien que no me gusta físicamente, no penetración, al menos, pero si he dejado que hombres que no me gustan físicamente me toquen, me besen el cuerpo o se masturben mirándome, por dinero. Hernán, por ejemplo, jamás me ha penetrado, pero suelo dejarle que me acaricie el clítoris y me bese los pezones mientras él se masturba con la otra mano, lejos de mi cuerpo, mientras yo miro revistas pornográficas. He llegado al orgasmo de esta forma, pero el solo hecho de pensar en acostarme con él, me da asco. Creo que jamás lo haré.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siempre me entregué a mis parejas fácil y rápidamente. El dinero vino como un extra hace un par de años, y desde entonces he aprovechado ambas cosas. Pero me siento vacía. Vacía de todo. Estoy enferma? A qué estoy esperando para parar? Me escudo en que estoy en la búsqueda del amor, en el recuerdo de Armando, en lo que me hicieron cuando niña... cuando la verdad es que si quisiera salir de esto en que estoy metida, este círculo de mierda, lo habría hecho hace rato, pero me dejo arrastrar por la sucia corriente, y cada vez que tengo sexo me siento más y más sucia y una parte de mí se va muriendo. Quiero dejar de sentirme enferma, y vacía, y sucia. Quiero volver a reírme sinceramente. Quiero querer y que me quieran, pero no me atrevo... Pensé que Marcelo podía ser quien me sacara a flote y le confesé mi verdad y ahora me siento tan desnuda y frágil frente a él, y vulnerable... No he hablado con él. Me llamó ayer por la tarde cuando estaba con Albert y obviamente no le contesté.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Albert... Ese es otro... cada vez que estoy con él soy capaz de olvidarme un poco de mí y de mi miseria. Albert me hace reír, y pensar. Me cuenta de sus años en Israel, de cómo solían tener sexo a diario con las chicas del campo, pensando que ese sería su último día en la tierra, pensando en que una bomba los podría matar en cualquier segundo. Albert es un hombre tan atento y tan experimentado. Cada caricia suya es un sublime poema en mi cuerpo. Ayer almorzamos juntos y volvimos a su oficina. Tuvimos que volver, porque tenía que terminar algo urgente antes de poder salir, y yo lo esperé ahí, leyendo una revista. Su jefa, la cincuentona hiper maquillada me miró furiosa y me saludó fríamente. Estoy segura de que le gusta Albert, pero cuando le volví a preguntar si se había acostado con ella, me volvió a decir que no. Después de que terminó su asunto urgente nos fuimos, aprovechando que la jefa odiosa se había ido a una reunión, Albert se pudo ir temprano sin dar muchas explicaciones. Nos fuimos en su auto a Marcoleta, como siempre. Esos moteles no son caros, pero es que además Albert dice que ahí hay pocas posibilidades de encontrarse con alguien que lo reconozca a él o a mí. Estacionamos después de pasar por la típica cortina de flecos de plástico que esconde el estacionamiento de los transeúntes que pasan por fuera y que no pueden evitar mirar, curiosos, para ver si identifican algún auto conocido. Es hago yo cada vez. Pasamos de la puerta de entrada por un oscuro pasillo hasta la recepción. Nos atendió la también típica mujer gorda cuarentona de pelo rizado artificialmente, vestida con delantal de empleada doméstica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Vienen por la noshe o por el momento? - odio la palabra "noshe", ese sonido shhh que hacen tan exagerado.&lt;br /&gt;- Por el momento - le dijo Albert&lt;br /&gt;- Van a querer la habitación con jacuzzi o con dusha? - de nuevo el sonido shhh rasmillando mis oídos&lt;br /&gt;- Con ducha está bien, no? - me miró a mí y yo asentí con la cabeza. Una sola vez cometí el error de meterme en un jacuzzi de motel barato y terminé con la piel llena de ronchas.&lt;br /&gt;- Me permité su carné joven? - yo metí mi mano en mi cartera, pero la mujer dijo que con el de Albert era suficiente y me cerró un ojo. Por un momento pensé que la vieja sabía que yo era puta y por eso no me pedía el carnet. - Lo vamos a dejarlo en custodia hasta que usted salga. Cancele a la salida. La habitación normal por 3 horas son diecioshhhhomil pesos, bebida de bienvenida incluida, pueden elegir entre cerveza y shhhampán.&lt;br /&gt;- Eeeeeh, que quieres tú? - me preguntó Albert&lt;br /&gt;- Prefiero un agua mineral sin gas, si es que tienen&lt;br /&gt;- Yo también - dijo Albert&lt;br /&gt;- A ver... voy a mirar... parece que tengo en el otro refri, los voy a conducirlos a la habitación y se los voy a ir a dejárselo personalmente en unos minutos, ya?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos encaminó por un estrecho pasillo con puertas numeradas y cerradas. No se oía nada desde el otro lado. Me imaginé a parejas desnudas y sudorosas fumándose un cigarro. Llegamos a nuestra habitación, la número 23, en el primer piso. Esas son las habitaciones de "por el momento". Entramos y cerramos la puerta. Me senté en la cama y me saqué las botas de tacón alto que llevaba. Albert miró un menú que estaba en una mesa redonda, en una esquina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Quieres comer algo? - me preguntó&lt;br /&gt;- Te parece que quiero comer algo en este lugar?&lt;br /&gt;- Jajaja, pensé que me ibas a responder que me querías comer a mí&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Golpearon a la puerta. Albert fue a abrir y la mujer del delantal entró a la habitación muy campante, y dejó una bandeja de plástico café oscuro en la mesita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Cualquier cosita que se le ofrezca marque el número 011 y yo se lo traigo - dijo antes de cerrar la puerta detrás de ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Albert cerró la puerta con seguro y yo miré la bandeja. Un agua mineral con gas y un agua mineral sin gas ya destapadas. No me da confianza beber algo que ha sido abierto por otro, así que dejé el agua ahí, sin beber. Albert tampoco bebió. Una bolsa de maní salado, dos chocolates que de forma irónica ponían la palabra bom-bon en el envoltorio y un paquete de galletas serranita sabor limón completaban el paquete de bienvenida. Albert se acercó a mi y me besó el cuello, poniéndose detrás mío, me abrazó por la cintura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Te he echado de menos... Me has echado de menos? - me iba besando la oreja despacito&lt;br /&gt;- Sí... - el cuello y la oreja son mi punto débil, definitivamente&lt;br /&gt;- Hmm estás tan rica...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Albert me metió la mano bajo el sweater y me acarició los pezones por sobre la tela del sostén. Se pegó bien a mí mientras me seguía tocando. Me hizo darme la vuelta para besarme en la boca y paso a paso me llevó a la cama. No sé si lo hará consciente o es algo natural para él, el preocuparse de cada detalle al hacer el amor. No he conocido a otro hombre que se dedique tanto a entregarme placer puramente a mí. Me fue desnudando lentamente, sin dejar de acariciarme y besarme, y se fue desnudando él. Yo me dejé hacer, como una muñeca de trapo, le dejé que me tocara a su gusto. Nos acostamos en mi posición preferida, la vulgarmente conocida cucharita. No todos los hombres saben qué hacer en esa posición. Algúnos solo meten y sacan, sin preocuparse de estimular a la mujer en lo más mínimo, y es, precisamente, una de las posiciones que necesita más ayuda, porque hay cero contacto con el clítoris. Ahora, con una buena estimulación, es una de las más exquisitas del repertorio. A veces, con un hombre que sea capaz de mantener una erección firme, que no tenga el pene demasiado largo ni demasiado grueso y con la lubricación adecuada, esa posición es la ideal para el sexo anal. Lo que hace Albert y que me encanta, es poner su mano izquierda debajo mío y acariciarme el clítoris. Con la otra me acaricia los pezones, mientras me va besando el cuello y pone su pene entre mis muslos, sin penetrarme. El hecho de estar así es tan excitante, le digo que me penetre a medida que me voy calentando más, pero él se aguanta y yo casi me voy desesperando de placer, pero él sigue acariciándome. Cuando estoy llegando al orgasmo me penetra con fuerza. Si es anal es mejor, porque esa especie de dolor dulce mientras el clítoris se siente que estalla de placer, es indescriptible. Ayer lo hicimos así. Me dejé llevar por el placer. Volvimos a hacerlo de inmediato, en una posición más clásica, yo montada sobre él. Antes de eyacular me avisó y yo me corrí de encima de él, para que no eyaculara dentro mío. A pesar de tener el condón puesto y de que yo tomo pastillas, Albert toma todas las precauciones posibles para no dejarme embarazada. Supongo que por eso me hace llegar al orgasmo una dos o veces antes de llegar él, para no tener que interrumpirme en caso de que yo esté en el clímax y él también.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de esto, me acosté a su lado y prendí un cigarro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No deberías fumar&lt;br /&gt;- No debería hacer muchas cosas que hago&lt;br /&gt;- Me dejas pasado a humo y Cecilia lo nota&lt;br /&gt;-Tu esposa te huele como perro cuando llegas. Dejé de usar perfume por eso mismo, no me quites el cigarro ocasional. Dile que estuviste en una reunión y que estuvo fumando tu jefa y no pudiste correrte&lt;br /&gt;- Piensas en todo&lt;br /&gt;- Siempre pienso en todo&lt;br /&gt;- Te iba a preguntar... estás saliendo con alguien?&lt;br /&gt;- Hmm no sé... conocí a un tipo, pero... no sé, porqué preguntas?&lt;br /&gt;- Te llamé el otro día varias veces y no me contestaste&lt;br /&gt;- Ah, tenía el celular malo&lt;br /&gt;- ah...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Terminé ese cigarro y me comí un chicle. A Albert no le gusta el sabor a cigarro, así que lo besé a propósito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No me gusta el sabor a cigarro! - Me dijo riéndose, pero sin correr la cara, mientras yo le mordía el labio&lt;br /&gt;- Pero te quiero besar! O quieres que te bese en otro lado y usas la excusa del cigarro?&lt;br /&gt;- De verdad quieres? - Albert sabe que no me gusta el sexo oral, pero con él... con él es distinto&lt;br /&gt;- Ajá....&lt;br /&gt;- Deja ir a darme una ducha entonces&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se fue a duchar y yo me quedé acostada y prendí otro cigarro. Me dan un poco de asco las duchas de moteles. Supongo que las limpian bien, pero siempre me imagino gérmenes y bacterias y fluidos corporales de otras personas pululando por el piso. Albert se demoró lo que me demoré en fumarme el segundo cigarro. Cuando volvió se sentó en la cama y yo me arrodillé en el piso. Los genitales con olor a transpiración me dan asco, pero la zona recién lavada, olorosa a jabón, me encanta. Le puse el pene entre mis pechos, frotando los pezones contra sus piernas y testículos. Lamí con gusto. Succioné con suavidad. Mordí sutilmente. Albert me guiaba con sus manos enredadas en mi pelo. Antes de eyacular me avisó, porque sabe que no me gusta el semen, y eyaculó en su pierna. Fue a bañarse nuevamente. Yo me comí otro chicle y encendí otro cigarro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Cuéntame más de ti - le dije cuando volvió a acostarse a mi lado&lt;br /&gt;- Qué quieres que te cuente&lt;br /&gt;- Cuéntame de nuevo cómo te hiciste esas cicatrices que tienes en la cara - mientras le iba tocando suavemente las finas líneas que le cruzaban la mejilla y el borde del labio&lt;br /&gt;- Yo estaba parado en una esquina. Vi a un hombre encapuchado correr. Un auto en uno de los extremos de la calle estalló. Vi las llamas y sentí que algo me golpeó la cara y caí al suelo. Desperté en el hospital con un dolor horrible en el rostro. Eso es todo&lt;br /&gt;- Te duele?&lt;br /&gt;- No, en las cicatrices no siento nada&lt;br /&gt;- Y en la pierna? - le toqué la larga y gruesa cicatriz&lt;br /&gt;- ahí no siento nada&lt;br /&gt;- y aquí? - empecé a subir mi mano&lt;br /&gt;- ahí empiezo a sentir - me dijo con una sonrisa, abrazándome y acercándome a su cuerpo&lt;br /&gt;- y aquí? - le empecé a acariciar los testículos&lt;br /&gt;- definitivamente por ahí si siento algo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo hicimos una vez más antes de que se acabaran las tres horas. Albert pagó y me vino a dejar a mi casa. En el auto me preguntó como andaba de dinero. Le dije que corta, como siempre. Me hizo un cheque por $300.000 y se fue. Así es como funciona mi prostitución.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ahora me siento tan sola... Albert se ha ido, como se han ido todos. Y yo sigo en este túnel sin salida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;***&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A quienes comentan... nunca pensé que alguien leería lo que escribo, o que a alguien le importaría. No creo que a quienes leen les importe de verdad mi vida, supongo que leen por curiosidad. Y supongo que lo correcto es que les dé las gracias por tomarse el tiempo de leer y comentar, y de no criticarme ni juzgarme... Me he sentido un poco, solo un poco, más acompañada, sabiendo que otros ojos usan tiempo desinteresado en mí, y en esta mierda de vida que llevo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6752864615742077422-2655555388484551156?l=manonamarguerite.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/2655555388484551156'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/2655555388484551156'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://manonamarguerite.blogspot.com/2009/07/ninfomana-yo.html' title='Ninfómana yo?'/><author><name>M</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='26' src='http://photos1.blogger.com/blogger/309/2316/1600/blog.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6752864615742077422.post-7031503601054916933</id><published>2009-07-14T09:03:00.003-04:00</published><updated>2009-07-14T09:04:47.320-04:00</updated><title type='text'>Adiós Marcelo</title><content type='html'>Me acabo de despertar. Como cada mañana, me masturbé. Me ayuda a empezar el día con energía. En mi velador tengo varias películas pornográficas. Me gusta mirar las carátulas, me ayuda a entrar en calor, pero no me gusta ver las películas. Las encuentro tan degradantes, tan falsas... será que me veo reflejada, acaso, en esas caras que fingen placer. Llegar al orgasmo me relaja y me sube el ánimo. A veces, cuando tengo dolor de cabeza, en vez de tomarme un paracetamol, me masturbo. El orgasmo siempre me ayuda a disipar el dolor. Conozco mi cuerpo, sé lo que me gusta, sé lo que me excita y quizás eso explique la razón de que me cueste tanto conseguir un orgasmo teniendo sexo con un hombre. Siempre hacen el movimiento inadecuado, o me hablan, o gimen, y eso me desconcentra. A veces cierro los ojos y me voy moviendo despacito montada en alguien y me concentro en mí, pero es difícil, porque los hombres siempre piensan que si ellos se la están pasando bien, uno también se lo está pasando bien, y no es necesariamente así. Al final, entre masturbarme yo sola y masturbarme frotándome contra un hombre... creo que prefiero hacerlo sola, me da más placer, a fin de cuentas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por las noches también me masturbo. Me ayuda a conciliar el sueño. Es como si la energía del día se fuera acumulando y necesitara hacerla salir al final del día, para poder descansar. Siempre me ducho antes de irme a la cama. A veces, cuando estoy sola y tengo tiempo, me doy un largo baño de tina, con música relajante de fondo. El contacto de mi piel en mis dedos se siente tan suave, es exquisito tocarme. Supongo que lo mismo deben sentir los hombres cuando me tocan. A veces me pregunto si he llegado a tal grado de narcicismo de haberme enamorado de mí misma. Después de bañarme me meto a la cama, completamente desnuda. Me gusta dormir sin ropa. Cambio las sábanas cada tres días. Me gusta que la cama esté suave y con olor a detergente suavizante. Me acuesto sobre mi abdomen, con las piernas bien abiertas, y siento la suavidad de la cama en cada centímetro de mi piel. Pongo la cabeza de lado, estiro mi brazo, abro el cajón del velador y saco alguna película y miro la carátula. Hay mujeres muy bonitas. Me gustan las rubias, no sé porqué, y las morenas de piel clara que tengan cara de niña inocente. No me gusta cuando aparecen en las fotos con poses calentonas, con caras de orgasmo falso, o con 3 penes escupiéndoles semen en la cara. Me da asco el semen. Me gustan las mujeres de cuerpo bien formado, de pechos grandes, pero no exagerados, de cintura pequeña y caderas redondeadas, pero no gruesas. A veces me da la impresión de que busco un reflejo de mi misma en esas mujeres, en esas imágenes, me gustan las mujeres que se parecen físicamente a mí. Raro. Ahora, los hombres en esas películas, son un fiel reflejo de la vida real: hombres decadentes y deprimentes. Finalmente consigo concentrarme y después de algunos manipuleos en mi entrepierna, siempre llego al orgasmo. A veces es tan intenso que quedo agotada, y me quedo dormida tal cual.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marcelo me preguntaba el sábado que para qué tenía películas porno en mi velador. Me molestó que intruseara mis cosas. Tengo un velador vacío al otro lado de mi cama, para mi visitante de turno, para que deje sus cosas ahí. No veo la razón para que alguien abra mi velador! En el segundo cajón, ese que tiene cerradura por el lado, guardo todos mis artilugios eróticos: bolas chinas, anillos para el pene, dildos, condones, esposas... un sinnúmero de cosas que ya ni siquiera uso. No tengo un amante lo suficientemente experto como para usarlos, la mayoría de ellos no consigue una erección completa o bien sufren de eyaculación precoz u otro sinnúmero de trastornos sexuales. El único que podría usar estos implementos es Albert, pero él no es de andar usando cosas, su sexo es tranquilo y suave, sin aderezos de ningún tipo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ayer, sin embargo, me acosté sin masturbarme, a pesar de que tenía una jaqueca de esas que hacen historia. Ayer fuimos con Carolina al restaurant de los padres de Nicole. Estacioné cerca de Lyon y caminamos las pocas cuadras que nos distanciaban del lugar. Como yo sospechaba, era el mismo restaurant al que yo había enviado un currículum hace unos 10 años, queriendo trabajar de mesera. Ah, que tiempos aquellos, en que me ganaba la vida de forma honrada y con esfuerzo. Entramos. Yo había pensado en ponerme una peluca platinada y usar lentes oscuros, pero Carolina me hizo ver lo ridícula que me vería, con lentes de sol en pleno invierno. Al final, Nicole no me conoce, no tiene por qué sospechar que yo, la mujer sentada en el restaurant de sus padres, era la misma que le había quitado a Marcelo. Nos sentamos en una mesa al lado de la ventana. Nicole estaba sentada en la caja, una especie de mesón que daba la bienvenida al entrar al restaurant. Entre la caja y el bar-cocina, estaban las mesas. Carolina se sentó de espaldas a Nicole, para que yo pudiera mirarla bien si que ella se diera cuenta, fingiendo que miraba a Carolina. El restaurant no estaba mal, pero estaba demasiado oscuro y hacía demasiado frío y un deje de descuido se olía en el ambiente. En el techo habían algunas trizaduras y en una de las murallas hacía falta con urgencia una mano de pintura. Nuestra mesa estaba un poco pegajosa y había una marca de un vaso con un líquido oscuro en una esquina. Habían migas de pan desperdigadas por el suelo. Había un tipo ya mayor tomándose un café y leyendo el diario. Y una señora, también de edad, revolviendo un té con leche. Éramos los únicos clientes. Nicole se acercó a nosotras y nos preguntó que queríamos. La miré bien. Pelo grasoso, mal peinado y descuidado y con un teñido que le habría ido bien a la mujer que vendía maní en la calle. Cejas demasiado delgadas, cara gordinflona, labios arrugados y tristes, exceso de rímel en las pestañas que se le aglutinaba en coágulos negros en la base. De cuerpo... debe haber pesado unos 85 kilos. Debe haber medido 1,65mt o por ahí, así que estaba gorda para su estatura. Iba con una camiseta que le marcaba los senos y también los rollos y un pantalón desteñido y deshilachado. Carolina ordenó un chacarero y yo pedí un churrasco. Pedimos bebidas, a pesar del frío. Nicole se fue a la cocina y volvió a su mesón a los pocos minutos, y continuó hojeando una revista Paula, ignorándonos por completo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miramos alrededor. Las paredes estaban decoradas con fotografías mediocres, que estaban a la venta. El marco, medianamente decente, venía incluido en el precio. En el nombre del artista, figuraba el nombre de Nicole. Nos pusimos de pie y fuimos mirando todas las fotos, a ver si Nicole nos hablaba, pero nada, ella seguía con la nariz metida en las páginas de la revista. Escondidas en un rincón, habían dos fotografías bastante buenas. Una era de un niño, en blanco y negro, jugando con una manguera en el pasto. La otra era de una anciana sentada en la plaza de Armas dando de comer a las palomas. Carolina me apuntó el nombre del artista: esas fotos eran de Marcelo. Sentí una especie de orgullo inexplicable, el corazón me dió un saltito estúpido, y sonreí. Carolina me sugirió que comprara alguna de las fotos, pero no me decidí. Aunque estaban bonitas, en mi departamento no habrían encajado, tal como vengo pensando que Marcelo no encaja en mi vida. No soy una persona amante de los niños ni de las abuelitas alimenta-pájaros. Por otro lado, eso habría significado que tendría que haberle contado a Marcelo sobre la fotografía y que había visto a Nicole, y eso me habría empujado al precipicio en el que no quería caer, de tener que conocerla en persona y tratar de ser su amiga, como Marcelo quiere.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Carolina le preguntó a Nicole si esas eran todas las fotos que tenían a la venta. Nicole levantó la vista hastiada, dejó la revista en el mesón y se acercó a nosotras con desgana, como si supiera de antemano que no compraríamos ninguna fotografía. Nos dijo que no, pero que las demás estaban en el atelier del artista y que se iban renovando cada semana, a medida que se vendían. Yo miré el marco de las fotos. Parecían que llevaban siglos ahí. Una capa de polvo se acumulaba sobre el borde del marco. Carolina le preguntó a Nicole por los artistas, ya que habíamos visto dos nombres. Nicole le dijo que eran dos personas, ella misma y el marido. Se me revolvió el estómago cuando dijo "mi marido" y en un reflejo automático le miré la mano, pero no llevaba anillos. Carolina empezó a decirle algo sobre que ella amaba el arte y yo le dí un puntapié que Nicole no advirtió, y terminó diciendo que ella siempre había soñado con estudiar fotografía, que amaba el arte y que las fotos estaban geniales. Nicole nos dió las gracias y se fue a seguir con su revista. Nosotras volvimos a sentarnos en nuestra mesa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Eres tonta! casi se te sale que estudias arte!&lt;br /&gt;- No! cómo crees, si tenía pensado lo que iba a decirle&lt;br /&gt;- casi me dio un paro cardiaco!&lt;br /&gt;- Viste el polvo y las telarañas sobre las fotos?&lt;br /&gt;- Sí! que mal... no vende nada!&lt;br /&gt;- Las fotos de Marcelo no están mal, segura que no quieres comprar una?&lt;br /&gt;- nah, comprar una foto de Marcelo por lástima?&lt;br /&gt;- Si, es verdad...&lt;br /&gt;- Oye - le hablé en susurros - estás segura de que no te conoce, nos está mirando de reojo&lt;br /&gt;- Eso es porque tú la estás mirando de reojo! deja de mirarla!&lt;br /&gt;- Que piensas... Crees que Marcelo de verdad le dijo sobre mí?&lt;br /&gt;- No sé... habló de su marido&lt;br /&gt;- Sí, te diste cuenta?&lt;br /&gt;- Sí, que raro...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En eso alguien gritó desde la cocina que la orden estaba lista. Nicole se levantó y fue a buscar los sandwiches. Nos sirvió y se fue a buscar las bebidas. Un poco de bebida se derramó en la mesa cuando posó los vasos, pero no se preocupó de limpiar. La mitad del vaso eran cubos de hielo y la bebida tenía sabor a soda. Carolina empezó a comer y me dijo que la carne estaba fría. Probé mi sandwich. La carne no solo estaba fría, sino que tenía trozos de hielo. Supongo que la habrán tenido congelada y la frieron rápido, y no se descongeló del todo. Los porotos verdes del chacarero de Carolina que probé estaban vinagres y la palta de mi churrasco tenía mal sabor, los tomates estaban harinosos, el pan estaba seco y las tres papas fritas de adorno estilaban aceite. No pudimos seguir comiendo con Carolina y nos nos atrevimos a reclamar. Le pregunté si quería un café y me dijo que no, que no quería comer más ahí. Nos levantamos y le pedimos la cuenta a Nicole. Ni siquiera se fijó que no nos habíamos comido los sandwiches. Marcó la página de la revista donde había quedado, sacó lapiz y papel y sacó la cuenta:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- $ 5.300 el churrasco&lt;br /&gt;- $5.350 el chacarero&lt;br /&gt;- $2.700 por dos bebidas&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Son $ 13.350 nos dijo con una sonrisa. Le dí $15.000 y le dije que se quedara con el cambio, como propina. La sonrisa se le agrandó y nos dijo que volviéramos pronto. Salimos rajadas de ahí y nos fuimos caminando al auto. Me pregunto que habrá pensado al ver que no nos comimos lo que pedimos. Fui a dejar a Carolina a su casa y me vine conduciendo lentamente a la mía. Llamé a Marcelo en el camino. Le pregunté como estaba y me contestó distante y malhumorado que estaba bien, pero que necesitaba tiempo para pensar en lo que él quería. Le corté y lo mandé a la cresta. Tiempo él? y para qué, se supone? Llegué a la casa tan enojada que me acosté sin mi sesión diaria de relajo, pero desperté de mejor humor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy decidí olvidarme de Marcelo. No lo llamaré. Que me llame él, si es que quiere verme. Tengo cita a las 11 con mi depiladora y voy a almorzar con Albert. Me pondré ropa interior de encaje blanco. Le gusta a Albert que me vista así. Dice que me da un aire de inocencia. Le diré que se pida la tarde libre. Que nos vayamos a ese motel de Marcoleta que tanto le gusta. Tiene las sábanas ásperas y una cama incómoda y cada vez que camino por la alfombra descalza me imagino con asco las manchas de semen seco, pero el sexo con Albert siempre vale la pena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pensando en ayer... Me dió pena Nicole, pero me da rabia Marcelo. Podríamos haber tenido un mini-romance ligth, o haber tenido nada incluso, solo una amistad, pero él me presionó a que "formalizáramos" y yo me obligué a contarle mi verdad porque pensé que una relación tendría que partir de la honestidad y ahora me siento engañada y vulnerable, porque Marcelo quiere que yo haga algo determinado con mi vida cuando él ni siquiera sabe lo que quiere de sí mismo y de su vida. No sé si le habrá contado a Nicole de mí. Yo no la ví mal ayer, me refiero a que si a mí me hubiera dejado mi pareja de tantos años de la noche a la mañana por otra, estaría de muerte. Ella se veía choreada, pero no más que el resto de los habitantes de esta ciudad. Recuerdo cuando terminé con Armando, como no fui capaz de levantarme de la cama en meses y cómo traté de suicidarme sistemáticamente sin tener la valentía de hacerlo definitivo y de una vez. Carolina me dice que quizás es que Nicole no está enamorada de Marcelo como yo lo estaba de Armando, pero entonces... es Marcelo quien en el fondo sí está enamorado de Nicole? Es por eso que se hace tanto rollo? Quizás es que Marcelo necesitaba algo que sacara a flote su relación con Nicole?, no es la primera vez que me pasa, en todo caso, que algunos hombres, después de haber estado conmigo, se sienten mal y vuelven a sus parejas para pedirles perdón, ofrecerles el cielo y la tierra, para después terminar volviendo siempre a mí. Es un círculo. Lamentablemente, Marcelo no tiene dinero como para costear que le sirva de terapeuta de pareja y gratuitamente no lo voy a hacer. El dinero me hace tomar distancia, no involucrarme emocionalmente y si él no puede pagar, pero tampoco responder como pareja...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En todo caso, muy madre de su hijo será Nicole, pero Marcelo no tiene donde perderse a la hora de escoger.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya. Basta de pensar en Marcelo. Lo eliminaré de mi vida unos días. Quiere pensar? que piense entonces. Quiere tiempo y espacio para él solo? eso es lo que tendrá. Seré inubicable. Aprovecharé, eso sí, de ver a Albert hoy y tener el sexo exquisito que vengo echando de menos desde que volvimos de Holanda. Aprovecharé de ver a José Ignacio mañana, ando un poco corta de dinero en efectivo y no quiero sacar de mi cuenta, además quiero ir a comprarme ropa y a él le encanta ir conmigo y que lo vean conmigo, tomados de la mano. Quizás llame a Hernán el jueves, hace tiempo que no lo veo. Le pediré a Hernán que nos vayamos a la playa por el fin de semana. Tengo que acordarme de avisar en portería que prohíbo extrictamente que dejen subir a alguien a mi departamento sin haberme preguntado a mí primero por citófono, y que si no contesto el citófono, no dejen subir a nadie, bajo ninguna excusa. No quiero que me pase lo de Gustavo de nuevo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Adiós Marcelo, quien sabe si esta historia entre nosotros tiene continuación o se termina aquí.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6752864615742077422-7031503601054916933?l=manonamarguerite.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/7031503601054916933'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/7031503601054916933'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://manonamarguerite.blogspot.com/2009/07/adios-marcelo.html' title='Adiós Marcelo'/><author><name>M</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='26' src='http://photos1.blogger.com/blogger/309/2316/1600/blog.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6752864615742077422.post-1049293657284561312</id><published>2009-07-13T17:52:00.004-04:00</published><updated>2010-01-03T06:03:11.742-03:00</updated><title type='text'>Nicole</title><content type='html'>Hablé con Marcelo. Me dijo que le contó todo a Nicole, que estaba enamorado de mí y que a ella hace tiempo que no la quería y que estaba con ella por el hijo, así que lo mejor era terminar toda relación de pareja entre ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marcelo dice que Nicole no se lo tomó mal, pero que quiere conocerme. Yo le dije que está loco, que yo no pienso conocerla. Para qué!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Según Marcelo, tengo que conocerla porque ella es la madre de su hijo y ahora que él tiene una relación seria conmigo, lo más correcto sería no solo que nos viéramos, sino que tratáramos de ser amigas. Aló?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No, si yo sabía que meterme en una "relación seria" era un puro cacho. He estado pensando hoy en Marcelo... no sé, algo ha cambiado, no es el mismo en que me fijé hace dos meses, no es el mismo que me encantó con su humor negro y sus bromas sarcásticas. Hoy lo escuché deprimido, sin confianza en sí mismo. Después de mucho insistir, me contó que Nicole sí había reaccionado mal, un poco alterada y agresiva, pero que no me lo había querido contar al principio. Nicole le dijo que era un perdedor, que cuánto le iba a durar la calentura conmigo antes de volver arrepentido a ella, pero que entonces se iba a quedar solo, que le iba a ir a hacer un escándalo a la universidad y a dejarlo mal parado con medio mundo si seguía con su idea de seguir conmigo. Yo lo escuché en silencio. Le pregunté si quería venir a mi departamento más tarde, para conversar, pero me dijo que no, que quiere pensar, que quiere estar solo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y yo... yo estoy cansada de la gente enrollada. No quiero problemas. Mi vida está bien así, sin problemas ni ataduras. No quiero escándalos. No quiero conocer a ninguna ex. Es demasiado pedir un hombre sin rollos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llamé a Carolina después de hablar con Marcelo. Le conté la conversación. Ella todavía tiene fé en Marcelo, pero esta de acuerdo en que quizás si que es un poco loser. O sea... es bueno en lo que hace, es buen artista, pero no ha llegado más lejos, se ha quedado estancado en su pega de la universidad y en su vida con Nicole y ahora, ahora quiere cambiar todo de la noche a la mañana y no puede y no tiene las ganas ni el empuje para hacerlo. Y yo no estoy para estar soportando a nadie así. Carolina me dijo que le dé una oportunidad más, que no sea tan maricona con los hombres, que Marcelo es humano y que se la está jugando por mí y yo no quiero verlo. Le dí la razón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al final, acordamos en que sí tengo que conocer a Nicole, pero no como ella quiere. Los papás de Nicole tienen un restaurant en Providencia, en el que ella trabaja como... no sé que hace, la verdad. Lo administra? el asunto es que ella está ahí, en la caja, supervisando todo. Carolina sabe donde está el restaurant, me parece que yo he pasado alguna vez por ahí, así que ahora me va a pasar a buscar y vamos a ir juntas a conocer a Nicole, sin que ella se dé cuenta. Vamos a ver quien es la famosa Nicole, de la que Marcelo habla tanto...&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6752864615742077422-1049293657284561312?l=manonamarguerite.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/1049293657284561312'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/1049293657284561312'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://manonamarguerite.blogspot.com/2009/07/nicole.html' title='Nicole'/><author><name>M</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='26' src='http://photos1.blogger.com/blogger/309/2316/1600/blog.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6752864615742077422.post-7264826347960679868</id><published>2009-07-13T09:11:00.000-04:00</published><updated>2009-07-13T10:07:57.327-04:00</updated><title type='text'>Más de mi parte...</title><content type='html'>Marcelo se quedó conmigo el fin de semana, desde el viernes hasta ayer por la mañana, cuando se fue a ver a su hijo. El viernes por la noche, mientras estábamos en la cama, me llamó Gustavo. Necesitaba verme, y como le dije que no podía, se puso a conversar. Hablamos cerca de cuarenta minutos. Marcelo escuchó cada palabra. Me sentí un poco incómoda hablando con Gustavo mientras él estaba ahí, oyendo todo. Gustavo tiene tantos problemas de autoestima, pero es buena persona, y de cierto modo, le tengo cariño. Cuando corté, Marcelo me preguntó que para qué le había contestado. Para eso me paga Gustavo, le dije, para que le sirva de terapeuta. Marcelo no dijo más, pero esa noche nos dormimos dándonos la espalda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;el sábado caminamos por el parque, mirando el río. Me llamó por teléfono Albert, y le contesté mientras Marcelo seguía caminando a mi lado. Quedé de pasar a verlo para almorzar el martes, a su oficina. Cuando corté, Marcelo me quitó el teléfono de las manos y me amenazó con tirarlo al río. Estas loco? le pregunté. No me pareció graciosa la broma, pero él estaba muerto de la risa. Déjame tirarlo al agua, bota todos tus teléfonos, te compraré otro, un número nuevo, una vida nueva, me dijo. Lo pensé por un instante. No puedo hacer eso, le dije, hay algo más que dinero en las relaciones que mantengo con todos estos hombres. Con algunos llevo más de cinco años, a ti no te conozco desde hace más de un par de meses. Marcelo me devolvió el teléfono enojado y seguimos el paseo sin hablar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la tarde me llamó Carolina para preguntarme si quería salir a comer con ella. Le expliqué que estaba con Marcelo y me propuso que saliéramos los tres, después de todo, él es su profesor y podría matar dos pájaros de un tiro, tenía algunas preguntas relacionadas con su tesis. Le pregunté a Marcelo si quería salir a comer y me dijo que no tenía plata, entonces le dije que yo lo invitaba, que yo pagaría todo, y accedió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos juntamos con Carolina en Miraflores, en un restaurant japonés. Es nuestro preferido con Carolina, desde que ella me lo recomendó hace tiempo. He llevado ahí a varias de mis conquistas en la primera cita. El restaurant no es muy grande, pero es acogedor, y la comida es exquisita. Pedimos un barco de sushi. Carolina sabe de mis andanzas con los hombres, aunque no sabe exactamente con detalles ni como funciona mi relación con ellos, por eso le parece tan romántico que me haya enredado con su profesor de arte y que haya sido precisamente gracias a que ella nos presentó. Me decia el otro día que esta historia, de Marcelo y yo, era tan romántica!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando nos trajeron el barco, Marcelo dijo que no le gustaba el sushi, que tendría que comerse una hamburguesa después para matar el hambre y que el sushi sabía a mierda. Obviamente, nos arruinó el apetito a mi y a Carolina, pero no dijimos nada. Carolina terminó su ronda de preguntas y se despidió rápido, cuando me vió con la cara de tres metros de larga. Le dije que me llamara al día siguiente, para que hiciéramos algo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos fuimos a mi departamento con Marcelo. En el camino le compré un combo en McDonalds. Me dió asco verlo comer, no sé porqué. Generalmente yo también estoy comiendo cuando otra persona come, pero esta vez, con toda mi atención puesta en él y en su comida, me dió una sensación sumamente desagradable. Tomé nota mental para la próxima vez, de comer juntos, o de hacer otra cosa, para no fijarme. No es que coma excesivamente mal, o que haga ruido con la boca, nada por el estilo, es solo que quizás estaba molesta por los dos días pasados con él y todo me molestaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa noche no estaba de ánimos para sexo. Marcelo me preguntó qué les decía a los otros cuando no estaba de ánimos. No quise contestarle. Los otros me pagan, Marcelo no. Me puse a leer en la cama y Marcelo se levantó, se fue al living, se metió a mi computador y empezó a chatear por msn. Yo no me podía concentrar en la lectura con su tecleo persistente. Me sentí mal. Qué es lo que estoy haciendo! pensé. Estoy echando a perder una relación que puede ser bonita... me levanté y me fui al lado de él, le saqué el notebook de las piernas y me senté con él, apoyando mi cabeza en su regazo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Perdona - le dije - no ando en mis mejores días&lt;br /&gt;- No, si se nota&lt;br /&gt;- Bueno... quieres hacer algo? salir?&lt;br /&gt;- No... solo quiero quedarme contigo, quiero que conversemos&lt;br /&gt;- sobre qué?&lt;br /&gt;- sobre nosotros... quiero contarle mañana a Nicole que estoy contigo&lt;br /&gt;- Qué? y porqué va a hacer eso?&lt;br /&gt;- porque estoy enamorado de ti&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No tuve fuerzas para decirle que yo no estoy enamorada de él, en cambio le dije:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- creo que deberías esperar un poco... llevamos tan poquito tiempo!&lt;br /&gt;- el tiempo no es lo importante, te amo, y te quiero solo para mi, y quiero ser solo tuyo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;me pareció tan cursi su frase...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Dijiste que no me presionarías&lt;br /&gt;- Lo sé, lo sé, pero no sé que hacer! no soporto la idea de que otros hombres te llamen, de que otros hombres te toquen, de...&lt;br /&gt;- Ya, ya sé, no necesitas seguir&lt;br /&gt;- Te amo, Marguerite&lt;br /&gt;- Entiendo...&lt;br /&gt;- Quiero hablar con Nicole mañana, cuando vaya a buscar a mi hijo, le diré la verdad...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pensé en decirle que no lo hiciera, pero entonces pensé de nuevo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Puedes hacer lo que quieras, pero lo que hagas, hazlo por ti, no lo hagas, por mi, vale?&lt;br /&gt;- Y por quien si no?&lt;br /&gt;- a lo que voy es... si vas a terminar con Nicole, que sea porque tú sientes que ya no quieres estar con ella, no porque estás conmigo&lt;br /&gt;- No te entiendo...&lt;br /&gt;- No importa, haz como quieras&lt;br /&gt;- te amo... tú me amas? aunque sea un poquito?&lt;br /&gt;- hasta ahora no te he mentido... quieres que empiece ahora?&lt;br /&gt;- no... no me digas nada, perdona, te dije que no te presionaría...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al final nos fuimos a la cama. Terminamos teniendo sexo, terminé haciendo lo que hago con los otros: fingir que lo estoy pasando bien cuando no es así. Marcelo se durmió rápido y yo me quedé despierta, mirando en la oscuridad la puerta entreabierta del baño, la luz de la calle que se reflejaba en el espejo, mientras un sabor a bilis amarga me bajaba y me subía por la garganta. Marcelo se despidió temprano hoy, y yo llamé a Carolina, todavía en pijamas, para que me viniera a ver. Estuvo todo el día conmigo. Hicimos apuestas. Ella dice que lo mio con Marcelo será una gran historia de amor, que somos el uno para el otro, que terminará con Nicole y que me casaré con él. Yo apuesto por lo contrario, no le veo futuro a esto, las dosis de realidad me golpean duro y ya le voy viendo todas las imperfecciones a Marcelo. Carolina dice que es mi culpa que las relaciones no funcionen, que les exijo demasiado y que siempre los comparo, a todos, con Armando. Dice que si esto no resulta, será porque yo no quise que resultara, que Marcelo está enamorado de mí y que eso se nota a kilómetros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Supongo que tendré que poner más de mi parte...&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6752864615742077422-7264826347960679868?l=manonamarguerite.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/7264826347960679868'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/7264826347960679868'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://manonamarguerite.blogspot.com/2009/07/mas-de-mi-parte.html' title='Más de mi parte...'/><author><name>M</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='26' src='http://photos1.blogger.com/blogger/309/2316/1600/blog.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6752864615742077422.post-5223483787304896872</id><published>2009-07-09T08:03:00.000-04:00</published><updated>2009-07-09T08:03:42.535-04:00</updated><title type='text'>Semi viviendo con Marcelo</title><content type='html'>Desde que le conté a Marcelo la verdad sobre mí, estamos semi viviendo juntos. Le conté de los hombres que habían pasado por mi vida, marcándome en mayor o menor manera. Le conté de mis embarazos y de mis respectivos abortos. Le conté de mi pseudo-familia. Le conté de Armando, de lo mucho que lo amé y de que sospecho que lo sigo amando y le conté de qué vivo. Lo había citado en un bravissimo, a tomar helado. Estaba lleno. Necesitaba un lugar público para poder abrirme con él. Creo que es la primera vez que le cuento tanto de mi a una persona. No lo miré una sola vez a los ojos mientras le detallaba cada paso de mi existencia, y él no dijo nada. Cuando terminé de hablar sentía la cara ardiendo, los helados se habían derretido y goteaban pegajosos en la mesa sucia. La gente sentada en las otras mesas seguía su vida, indiferentes a mi y a mi confesión, con sus conversaciones bulliciosas y cuchareando los helados con fruición. Me atreví a mirar a Marcelo, que me miraba con ternura. Me tomó de la mano y me apretó fuerte y me pidió que lo mirara a los ojos. Me dijo que sospechaba algo así. Me dijo que me daba las gracias por haber confiado en él y haberle contado la verdad sobre mí. Y no dijo más...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y yo no dije más tampoco. Qué podía decir? Me había desnudado ante él y ya no tenía más palabras. Por primera vez en mucho tiempo, sentí vergüenza de ser lo que soy. Me sentí una mierda de persona. Marcelo pagó los helados y nos fuimos a un bar. Nos sentamos fuera, en pleno Pio Nono, a pesar del frío. Pedimos cerveza y yo mezclé la mía con fanta. Marcelo me dijo que jamás entendería la manía de las mujeres de echar a perder el trago con bebidas artificiales. Bebimos muchas cervezas y terminamos un poco mareados. Nos fuimos caminando hacia providencia, hacia mi departamento. Las gotas de lluvia se presentían en la atmósfera y la cerveza rugía en mi vejiga. Yo pensé que Marcelo se iba a ir a su casa, o a ver a su hijo, que tendría cosas que hacer, pero pasó a mi departamento y se quedó ahí. Seguimos bebiendo moderadamente. Marcelo me dijo que hacía mucho que no bebía. Yo le encontré cara de volado, más que de borracho, y le pregunté si se metía algo. Me dijo que un pito de marihuana de vez en cuando con algunos estudiantes, alguna raya de coca ocasionalmente, pero nada más que eso. Y tú?, me preguntó, te metes algo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le dije que ya no. No quise ahondar en el tema. Ya le había contado suficiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Qúe piensas hacer? - me preguntó de repente&lt;br /&gt;- Hacer de qué?&lt;br /&gt;- Con tu vida...&lt;br /&gt;- Nada... no sé... a que te refieres?&lt;br /&gt;- Piensas dejar lo de... los tipos... por dinero?&lt;br /&gt;- No sé. A veces si, a veces no. A veces tengo ganas de mandar todo a la mierda, irme de aquí, empezar desde cero, desde el anonimato... Otras veces me siento tan cómoda en esta situación, de mujer mantenida... No sé. No lo he pensado seriamente, la verdad.&lt;br /&gt;- No has pensado en enamorarte?&lt;br /&gt;- Crees que uno decide enamorarse?&lt;br /&gt;- No... pero a lo que voy es si te enamoraras, cambiarías de... estilo de vida?&lt;br /&gt;- No sé... supongo que sí? por enamorarme terminé en esto, sabes...&lt;br /&gt;- Armando...&lt;br /&gt;- Sí...&lt;br /&gt;- Yo creo que estoy enamorado de ti...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo miré eternamente a los ojos. Cuando me dijo eso, sentí que el mundo, literalmente, se había detenido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Pero Marcelo, yo...&lt;br /&gt;- Shhh, déjame hablar a mí ahora. La primera vez que te vi con Carolina sentí... algo que no sentía hace muchos años. Eres tan hermosa, no te imaginas la reacción que provocas en los hombres y no me parece raro que hayas terminado teniendo... tú sabes, por dinero...&lt;br /&gt;- No sé si estoy lista para escucharte...&lt;br /&gt;- Déjame terminar... Ese día... no quiero sonar cursi, pero nunca creí en el amor a primera vista hasta que, qué redundancia y qué cliché, te vi. Y en ese momento no pensé en nada más que en ti. Y luego te di ese beso... ese medio beso, por un impulso y pensé en ti cada minuto. Pensé que me iba a dar un paro cardiaco cuando te vi aparecer en mi sala de clases... y no me importó cancelar todo por poder estar contigo ese día, aunque nada hubiera pasado... Y desde entonces no he parado. Llámalo obsesión, o como quieras, pero para mi es algo que nunca he sentido, y no tiene más remedio que ser amor...&lt;br /&gt;- Esa es mi maldición Marcelo. Siempre le gusto a los hombres así al principio, con ese tipo de obsesión, pero ninguno es capaz de jugársela por mí, de querer arriesgar todo, de quererme como soy y ayudarme a cambiar...&lt;br /&gt;- Yo no soy cualquiera&lt;br /&gt;- No es a eso a lo que me refiero. Lo que te estoy diciendo es que, no te lo tomes a mal, pero esto yo ya lo he vivido antes, y entiendo que estés en una especie de deslumbramiento porque, precisamente, es la primera vez que te pasa a ti!&lt;br /&gt;- Ninguno de los otros habría seguido contigo y te habría confesado que te ama después de haberle contado que te acuestas con varios hombres por dinero...&lt;br /&gt;- Quizás... quién sabe&lt;br /&gt;- Yo no te puedo ofrecer lo que te ofrecen los otros. No tengo dinero. Mi mísero sueldo de profesor va íntegro a la manutención de mi hijo, pero, puedo ofrecerte amor sincero, quiero ayudarte a salir del hoyo, a sacarte la mierda de los hombros, a reencontrarte contigo misma y ser quien de verdad eres...&lt;br /&gt;- Y quién soy, de verdad? acaso no soy lo que soy ahora?&lt;br /&gt;- No, no lo eres. Tienes que botar esa máscara que no te deja ver dentro tuyo. Yo veo quien eres, lo que puedes ser, lo que puedes ofrecer, el amor que puedes llegar a sentir, y yo quiero ayudarte! Déjame ayudarte, por favor!&lt;br /&gt;- Marcelo... todo esto que me dices es muy lindo y blah blah blah, pero... te has olvidado de Nicole?&lt;br /&gt;- A Nicole no la amo&lt;br /&gt;- Pero estás con ella&lt;br /&gt;- Y tú estás con... otros también&lt;br /&gt;- Entonces... Qué es exactamente lo que me estás proponiendo?&lt;br /&gt;- Que probemos&lt;br /&gt;- probar qué?&lt;br /&gt;- Qué pasa entre nosotros&lt;br /&gt;- y tú... no quieres que deje mi "estilo de vida"?...&lt;br /&gt;- Por supuesto que quiero, pero no voy a presionarte. Eso lo tienes que decidir tú, por ti, no quiero que lo hagas por mi&lt;br /&gt;- y mientras yo decido, tú sigues con Nicole?&lt;br /&gt;- No sé. Eso es algo que tengo que solucionar yo, por mi, sin presiones. El solo hecho de que esté aquí contigo demuestra que lo que siento por ella no es más que cariño, y costumbre...&lt;br /&gt;- No sé... no presionemos esto... veamos que pasa y de momento... no te voy a cobrar, vale?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marcelo se rió de mi broma. Teníamos hambre y fuimos a comprar una pizza y de paso arrendar unas películas. Hice algo que nunca había hecho: desconecté mi teléfono, el citófono y apagué mis tres celulares. Marcelo me preguntó porqué tenía tantos teléfonos. Negocios, le dije sin explicarle más. Arrendamos una película de terror, Amelié y una comedia. Vimos Amelié mientras nos comíamos la pizza. A mitad de la película, sonó el timbre de mi puerta. Le tapé la boca a Marcelo y le dije que no hiciera ningún ruido y nos quedamos escuchando en silencio. Mi corazón latía  a mil por hora. Quién podría haber sido? alguno de mis amantes que el conserje estúpido habría dejado pasar sin preguntar? Yo había dejado el citófono desconectado, así que no había posibilidad de que me llamaran, pero no se me había ocurrido la posibilidad de que alguien subiera sin mi autorización. El timbre sonó dos veces más. Con Marcelo estábamos en mi cama, viendo la película. Quise ponerme de pie, pero él me detuvo. Me empezó a besar. Tenía algo de excitante el saber que había alguien fuera del departamento mientras nosotros estábamos ahí. Una cosa llevó a la otra. Los besos en la boca pasaron al cuello y antes de darme cuenta estaba semidesnuda, besándole el abdomen. Marcelo tiene un cuerpo cálido y suave, con los pelos justos, ni muchos ni pocos. Supongo que mi visitante, que al final resultó ser Gustavo, de eso me enteré después, ya se había ido cuando miré finalmente a Marcelo a los ojos y le pregunté muy seria si quería seguir. Le dije que si hacía el amor conmigo, ya no habría vuelta atrás. Le dije que yo era venenosa, y que junto con penetrarme se enfermaría de amor, tendría fiebre y lo único que haría sería pensar en mí. Me volvió a besar y yo me monté sobre él. Hicimos el amor tan suave que por unos minutos de verdad fui capaz de dejarme llevar y no pensar en nada más que en ese momento, en el ahora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marcelo se quedó esa noche conmigo. Nunca terminamos de ver la película. Hacía mucho tiempo que no dormía con un hombre, y se sintió tan bien estar entre los brazos de alguien!, pero por la mañana ya sentía que necesitaba estar sola, necesitaba mi espacio, hacer mis cosas. Por suerte era domingo y Marcelo tenía que ir a ver a su hijo, así que me dejó sola. Estas dos semanas nos hemos visto cuatro veces, las cuatro veces se ha quedado a dormir y yo me he desconectado del mundo. Todavía no sé en que va a terminar todo esto. Debería soñar con un cambio de vida? Es Marcelo quien me va a devolver al "camino recto"? y si es así, porque no siento ese algo raro en mi interior y porqué mierda sigo pensando en Armando, como siempre?&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6752864615742077422-5223483787304896872?l=manonamarguerite.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/5223483787304896872'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/5223483787304896872'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://manonamarguerite.blogspot.com/2009/07/semi-viviendo-con-marcelo.html' title='Semi viviendo con Marcelo'/><author><name>M</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='26' src='http://photos1.blogger.com/blogger/309/2316/1600/blog.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6752864615742077422.post-8768129011209104014</id><published>2009-07-07T09:20:00.003-04:00</published><updated>2010-01-09T12:15:20.161-03:00</updated><title type='text'>El hijo de José Ignacio</title><content type='html'>Todo con José Ignacio empezó cuando yo estaba en cuarto año de la universidad. Me ayudó a pagar mi departamento, tuvimos sexo varias veces y a él le gustaba lucirse conmigo. Al año siguiente José Ignacio no estuvo en la universidad. Le habían dado la oportunidad de un año de perfeccionamiento y en mi quinto año de estudios no nos vimos. Cuando volvió, me volvió a buscar. Yo ya me había titulado y estaba trabajando en la Posta Central, tratando de sobrevivir con el mísero salario y poniendo inyecciones, tomando la presión y midiendo la glucosa de diabéticos a domicilio. Armando nunca se mudó a vivir conmigo, yo vivía sola en el departamento, tal cual ahora, con la esperanza y la promesa de él de que viviríamos juntos cuando nuestra situación económica se arreglara, cuando encontráramos un mejor trabajo, cuando su padre se repusiera del infarto al corazón que había sufrido o cuando su madre lograra sacar a flote la empresa que se les iba hundiendo irremediablemente. Y yo, estúpida y enamorada, le creí y lo esperé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando volví a ver a José Ignacio me dijo que había engordado. Tienes las tetas más grandes, me dijo, y estás más caderona. No recuerdo bien cómo fue que pasó todo. Un día la hermana de una compañera y amiga me pidió que le cuidara a su hijo. El niño tenía en ese entonces pocos meses y yo tenía una cita con José Ignacio, así que lo tuve que llevar. José Ignacio me preguntó quien era el niño y de broma le dije que era mi hijo. Eso explica tu cambio de cuerpo, me dijo el muy idiota. Yo le seguí la corriente. Le conté como había sido el embarazo, el parto y que finalmente había dado al niño en adopción a una pareja de amigos que no podían concebir. José Ignacio se creyó todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasados unos días fui a la universidad a verlo nuevamente. Fuimos a almorzar juntos y me contó que algunas personas habían estado murmurando sobre mi hijo y que habían comentado lo mucho que se parecía a él. José Ignacio se rió. El niño era rubio, igual que José Ignacio, que todavía conservaba su color a pesar de algunas canas. No es sólo eso, me dijo, dicen que se parece en las facciones. Bueno, le dije yo, por algo será no?. Jajaja, me dijo José Ignacio, no me vas a decir que ese hijo es mío! Y de quien más, le dije muy seria, solo tienes que sacar cuentas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé porqué le dije todo eso. Quizás aún me molestaba que me hubiera dicho gorda. O estaba enojada. No lo sé. Pero desde ese día me enteré por alumnas de cuarto y quinto año que se rumoreaba que el ilustre profesor José Ignacio tenía un hijo ilegítimo con una alumna egresada, o sea, yo. Y al parecer José Ignacio alimentaba los rumores, no sé por qué razón. Para más remate, cuando volvimos a acostarnos con José Ignacio, me dijo que podía sentir la diferencia en la vagina después del parto. Yo pensé que tiene que haber sido un idiota rematado, para creerse la mentira y autocenvencerse a si mismo hasta tal punto de sentir que estaba penetrando a una mujer que había parido, cuando la verdad es que no había ninguna diferencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;José Ignacio me hacía visitarlo en su oficina casi a diario, almorzábamos juntos y cuando le dije que tendría que espaciar las visitas porque chocaban con los turnos en la posta, me dijo que dejara ese trabajo de mierda, que no tenía para qué trabajar, él me daría mensual exactamente el mismo sueldo que me pagaban en la posta. Y yo accedí con gusto. Mis días se volvieron rutina. Por las mañanas hacía muy poco. Me iba de compras, leía, me quedaba en mi departamento. Tenía que tener cuidado. Armando nunca supo que yo había dejado el trabajo y yo vivía con miedo de que me fuera a encontrar con alguien conocido mientras supuestamente estaba de turno en la posta. Me iba a almorzar con José Ignacio. Todos los profesores me veían y murmuraban. Los estudiantes sabían que algo pasaba entre nosotros, algunos de ellos nos habían visto besándonos y me lo habían dicho. A mí no me importaba. Armando no tenía relación alguna con mi universidad y mientras él no se enterara...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A veces salía con José Ignacio en horario extraprogramático. Entonces le decía a Armando que tenía un turno extra, o que me habían llamado para atender a algún paciente de forma particular. Armando no sospechaba nada, menos aún cuando me veía llegar con más dinero. El tiempo pasó. A veces José Ignacio me preguntaba por mi supuesto hijo, pero nunca indagó más allá y nunca volvió a mencionar el tema de su supuesta paternidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando ya había terminado con Armando, un día me agregó un tipo a msn. Me dijo que me conocía de la universidad y me preguntó si me acordaba de él. Le dije que no, pero seguimos hablando. Empezó a preguntarme cosas de José Ignacio, si era verdad que yo andaba con uno de los profesores, etc. Me pareció sospechoso y llamé a José Ignacio. Me contó que el tipo era su hijo. Había quedado la cagada en su casa, José Ignacio iba a dejar a la esposa, le había contado de mí y le había dado mi correo electrónico al hijo para que confirmara conmigo que la historia que contaba era cierta. No lo podía creer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volví al msn que parpadeaba con varios mensajes. Seguí hablando con el hijo de José Ignacio. Le dije que sabía quien era y le pregunté qué era exactamente lo que quería saber. El hijo de josé Ignacio tiene mi edad, es médico como su padre y fue directo al grano: quería saber si yo era la amante de su padre y si era verdad que teníamos un hijo juntos. Le conté la historia. Le confirmé que con José Ignacio teníamos una "relación", ya que así me lo había pedido él por teléfono. El hijo no lo quería creer. &lt;em&gt;Qué hijo de puta!&lt;/em&gt; escribía a cada rato. Hablamos toda la noche con el hijo. En algún momento hasta pensé que me habría gustado conocer al hijo en vez del padre. Me fui a acostar de madrugada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente me despertó el sonido del teléfono. Eran las 11 de la mañana y yo solo había dormido unas cuatro horas. Era la esposa de José Ignacio. Me dijo que su hijo le había contado que había hablado conmigo y que lo sabía todo. Quería saber como se llamaba el hijo extramatrimonial de José Ignacio. Me pilló por sorpresa y medio dormida. Le dije el nombre del niño. Me preguntó si tenía contacto con él y le dije que sí. Me preguntó porqué no se lo había entregado a ella, ella lo habría criado como a un hijo propio. Le dije que no sabía, ya habían pasado casi 3 años, el niño era feliz con sus padres "adoptivos" y ni José Ignacio ni yo habíamos querido hacernos problemas. Fue tan extraña toda la situación, tan estúpido en increíble todo lo que conversamos, que ese día terminé casi creyéndome mi propia mentira, la de la amante sufrida y en segundo plano, la de la jovencita engañada, seducida y deslumbrada por el profesor eminente, la de destrozada madre que tuvo que entregar a su pequeño en adopción bajo las presiones del hijo de puta que lo había engendrado... y mentir no me costó nada. La esposa de José Ignacio simpatizó conmigo, no me odiaba, por supuesto, según ella nada había sido mi culpa y todo había sido culpa de él. Por supuesto esto no significaba que ella iba dejarlo, ni yo tenía necesidad de dejarlo tampoco. Lo único que me pedía era conocerme en persona y conocer al niño y que cada vez que viera a José Ignacio la llamara a ella primero para contarle. Me pedía que fuéramos amigas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando cortó, llamé emputecida a José ignacio. Cómo se le ocurría haber hecho todo eso? ese mismo día cambié mi número de teléfono y le dije a José Ignacio que ni se le ocurriera dárselo a la esposa. Al hijo sigo teniéndolo de contacto en msn, pero hablamos muy poco, de vez en cuando nos saludamos educadamente. José Ignacio me comentó una sola vez después de eso que pasó que el niño, mi supuesto hijo, sí que se parecía a él. Yo no le dije nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ahora José Ignacio me insiste que quiere tener un hijo conmigo. Otro hijo, querrá decir.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6752864615742077422-8768129011209104014?l=manonamarguerite.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/8768129011209104014'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/8768129011209104014'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://manonamarguerite.blogspot.com/2009/07/el-hijo-de-jose-ignacio.html' title='El hijo de José Ignacio'/><author><name>M</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='26' src='http://photos1.blogger.com/blogger/309/2316/1600/blog.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6752864615742077422.post-5469530566958678322</id><published>2009-06-24T16:21:00.001-04:00</published><updated>2009-06-24T18:11:04.433-04:00</updated><title type='text'>Mi padre, moribundo</title><content type='html'>Ayer llegué a la clínica a eso de las nueve. Pregunté por el hombre que en mi certificado de nacimiento figura como mi padre. Me dieron el número de la habitación y subí a verlo. Cuando abrí la puerta vi que su pareja, amante o lo que sea, lo tenía tomado de la mano. Se miraban a los ojos con algo que definiría como cariño, pero que me dió asco ver. Casi no reconocí al hombre en la camilla. Si lo hubiera visto en la calle, jamás me habría dado cuenta de que era el mismo que yo recordaba de mi niñez. Parecía un cadáver. Estaba pálido, ojeroso, con las mejillas chupadas y la cara manchada. Me estiró la mano cuando entré y yo me quedé parada. Me dijo hija, acércate, y me acerqué unos pasos. Su pareja se levantó de la silla en que estaba sentado, al lado de la cabecera de la cama, se presentó y estiró la mano, pensando en que le iba a devolver el saludo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Qué quieres -le dije al hombre de la camilla - para qué querías verme...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La pareja de mi padre me ofreció su silla. Yo me quedé de pie donde estaba. Ni siquiera quise mirarlo. Tenía la mirada fija en el desecho humano en que se había convertido el hombre que me había engendrado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No le hables así a tu padre - me dijo el hombre&lt;br /&gt;- Tú no te metas - le respondí - quiero hablar con él a solas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tipo miró a mi papá, y mi padre asintió, supongo que para indicar que estaba bien que nos dejara solos. Salió diciendo que estaría afuera, por si se le necesitaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Siéntate - me dijo mi padre&lt;br /&gt;- No gracias, estoy bien de pie - le respondí - qué quieres?&lt;br /&gt;- Quería... verte&lt;br /&gt;- ajá... y?&lt;br /&gt;- No sé... saber que estabas bien, saber qué has hecho de tu vida... terminaste de estudiar?&lt;br /&gt;- sí&lt;br /&gt;- Qué estudiaste?&lt;br /&gt;- Enfermería&lt;br /&gt;- Ah, y donde trabajas?&lt;br /&gt;- No ejerzo mi profesión&lt;br /&gt;- Ah no? y de qué vives?&lt;br /&gt;- Soy puta&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos miramos largo rato en silencio. Finalmente me senté a su lado, pero porque era la única silla disponible, no porque quisiera estar a su lado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Bueno, hay algo más de lo que quieras hablar? porque tengo cosas que hacer.&lt;br /&gt;- No... no te vayas todavía... yo... quiero pedirte perdón&lt;br /&gt;- perdón? y eso por qué?&lt;br /&gt;- Por todo lo que te he hecho...&lt;br /&gt;- Yo a ti no te conozco, lo único que hiciste fue engendrarme&lt;br /&gt;- Debí haberme quedado a tu lado&lt;br /&gt;- Pero no lo hiciste, en cambio, me dejaste en manos de una mujer enferma e inestable, alcohólica y adicta al sexo y a los somníferos&lt;br /&gt;- Yo te ayudé económicamente&lt;br /&gt;- Pero era tu obligación, hombre!&lt;br /&gt;- Pero lo seguí haciendo cuando cumpliste la mayoría de edad&lt;br /&gt;- Jaja! déjame que me ría. Te refieres a cuando te tuve que demandar para que me dieras dinero mensual con el que mantenerme mientras estudiaba?&lt;br /&gt;- Quería que aprendieras que la vida no es fácil&lt;br /&gt;- jaja... eso lo aprendí apenas nací&lt;br /&gt;- Yo tuve que esforzarme para salir adelante, quería que vieras lo difícil que es&lt;br /&gt;- Entonces lograste tu propósito, vi lo difícil que era y decidí a dedicarme a la vida fácil&lt;br /&gt;- Hija... siento tanto todo esto&lt;br /&gt;- No me llames hija, no tienes ningún derecho&lt;br /&gt;- Me odias?&lt;br /&gt;- No... te desprecio&lt;br /&gt;- Me duele lo que me dices...&lt;br /&gt;- Esta conversación es tan estúpida... no me conoces ni te conozco, no tengo nada que hacer aquí. Dile al imbécil ese que no me vuelva a llamar. No quiero verte. Muérete tranquilo, que a mi no me interesa&lt;br /&gt;- Perdóname&lt;br /&gt;- No te perdono nada. Muérete con tu conciencia de mierda, si es que tienes&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salí de la habitación dando un portazo y sin mirar atrás. En el estacionamiento me alcanzó el amante de mi padre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Qué le has dicho a tu padre? está llorando&lt;br /&gt;- Y a mi qué?&lt;br /&gt;- Vuelve a pedirle perdón&lt;br /&gt;- Jajaja, si claro&lt;br /&gt;- Si no lo haces, no te dejará nada en herencia&lt;br /&gt;- No me importa. Que te lo deje a ti, en pago por todas las veces que le has dejado que te lo meta por el culo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El muy desgraciado me pegó una cachetada que me dejó ardiendo la mejilla y la oreja palpitante. Me subí a mi auto y me fuí. Que se muera luego el imbécil ese, y que se pudra en su infierno.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6752864615742077422-5469530566958678322?l=manonamarguerite.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/5469530566958678322'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/5469530566958678322'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://manonamarguerite.blogspot.com/2009/06/ayer-llegue-la-clinica-eso-de-las-nueve.html' title='Mi padre, moribundo'/><author><name>M</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='26' src='http://photos1.blogger.com/blogger/309/2316/1600/blog.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6752864615742077422.post-8116241864335297939</id><published>2009-06-23T07:46:00.004-04:00</published><updated>2009-06-24T04:42:48.150-04:00</updated><title type='text'>Mi nombre es Marguerite y soy una orgasmoadicta</title><content type='html'>Creo que soy adicta a los orgasmos. Y ese es mi principal problema. La mayoría de los hombres con quienes mantengo una relación tienen problemas en la cama. Yo aún espero encontrar al hombre perfecto, sin trancas, sin mamitis, sin traumas, sin complejos, que quiera disfrutar de la vida. Pero a fin de cuentas, yo no soy nadie para exigirle a un hombre esto, si yo misma estoy llena de trancas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi día entero es un juego preliminar. Me visto con ropa que me haga ver bien. Me excito de pensar en la reacción que provoco en los hombres. Me paso el día oliendo a sexo, o a ganas de sexo, de eso vivo, de eso me alimento. Lamentablemente mis amantes son paupérrimos. Tienen claro que yo no estaría con ellos si no fuera por dinero, y me pagan muy bien por unas pocas horas de falso amor a la semana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He aprendido a satisfacerme yo misma, ya que no hay hombres que lo hagan en mi panorama. No hay ningún hombre en estos momentos que sea capaz de provocarme ese dulce dolor del orgasmo. Ese temblor que se siente, que se acerca, pero que no acaba de llegar. El calor que empieza a recorrer cada célula de mi piel, los vellos que se erizan, el sopor sordo que se instala en mi nunca...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tengo que irme a ver a mi padre a la clínica. Me ha llamado su pareja, como él insiste en denominarse a sí mismo, diciendo que ha empeorado y que necesita verme. A ver si se muere de una vez y me deja tranquila, que no tengo nada que ver con él.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6752864615742077422-8116241864335297939?l=manonamarguerite.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/8116241864335297939'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/8116241864335297939'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://manonamarguerite.blogspot.com/2009/06/mi-nombre-es-marguerite-y-soy-una.html' title='Mi nombre es Marguerite y soy una orgasmoadicta'/><author><name>M</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='26' src='http://photos1.blogger.com/blogger/309/2316/1600/blog.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6752864615742077422.post-8009910712997463283</id><published>2009-06-19T08:23:00.009-04:00</published><updated>2009-06-19T19:51:48.993-04:00</updated><title type='text'>Las fotos</title><content type='html'>La primera vez que Marcelo estuvo en mi departamento, fue después de haber hablado por horas. Habíamos pasado el día juntos y lo invité a mi casa, no sé para qué. Cuando llegamos ahí todo se fue a las pailas. De repente me dí cuenta de que me sentía mal, de que Marcelo tenía pareja y un hijo y de que demasiados hombres me habían besado en mi departamento y habían pasado desnudos por mi cama. Le ofrecí un café a Marcelo y nos sentamos a conversar. Él estaba evidentemente interesado en mí, pero yo había perdido todo interés por él. Después de un par de horas, cuando supongo que Marcelo se dió cuenta de que no llegaríamos a ninguna parte, se despidió y se fué. Y yo me quedé sola, como siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente Marcelo me envió un mensaje de texto. Me daba las gracias por el día anterior y me decía que le gustaría verme. Después nos comunicamos por e-mail y nos vimos un par de veces durante esa semana. Nos juntábamos a tomar algo, luego él se iba a su casa y yo a la mía. A ratos me gustaba Marcelo y a ratos me cargaba. Me sentía bien con él. Nos reíamos de las mismas cosas y me encantaba su humor ácido y negro, pero después me quedaba mirando y de alguna forma podía oler su desesperación por besarme, por tocarme, por atreverse a hacer algo que lo acercara a mí, y eso me asqueaba. Y me hacía alejarme de él. Supongo que Marcelo habrá pensado que me hacía la interesante, pero la verdad es que no estaba de ánimos para empezar nada con nadie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marcelo me contó de Nicole, de cómo la conoció en la universidad, de como ella se quedó embarazada después de una borrachera en una fiesta y de cómo Marcelo se había atado a ella, por el hijo. Marcelo adora a su hijo, para él es el niño perfecto, y le da todo lo que el niño quiere. Nicole vive en Providencia, con sus padres, hace años que no trabaja en lo que estudió y se dedica a manejar el restaurant que sus papás tienen en el sector. Le pregunté a Marcelo si la quería y me dijo que no sabía. Que fisicamente ya no le atrae, que después del embarazo engordó más de 30 kilos que aún no baja, que no se cuida, que no se quiere a si misma y que él está con ella por el niño. Que se acuestan juntos una vez cada seis meses y que su relación se basa en eso y en que él le entregue su sueldo casi íntegro. Nicole tiene al hijo en un colegio del sector bastante caro, y es Marcelo quien lo paga. Con esto, apenas le alcanza para el día a día, confirmando mi teoría de que un profesor de arte, por muy bueno que sea, se muere de hambre en este país. Yo lo he escuchado, he guardado en mi memoria cada una de sus palabras, y no le he revelado nada sobre mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ayer por la mañana me llamó Marcelo. Me dijo que necesitaba sacar unas fotos para un proyecto y que le gustaría que yo fuera su modelo. Me reí de la propuesta. Hasta ese momento había estado saliendo con Marcelo, pero no había pasado nada, aunque yo me daba cuenta de que le gustaba en serio. Como tampoco sabía si en realidad quería que pasara algo, le dije que iría a verlo, para conversar sobre su propuesta. Llamé a Carolina y le dije que me acompañara a ver a Marcelo, que no quería ir sola. Marcelo me había citado en el departamento de Nicole. Estaba solo, el hijo estaba en el colegio y yo estaba más tranquila, con Carolina a mi lado. Primero se sorprendió de mi cambio radical. Me corté un poco el pelo y me lo teñí castaño claro, con visos rubio oscuro, pero me dijo que le gustaba, que me veía más tierna. Marcelo me explicó que ha pensado en montar un estudio fotográfico y que quiere que mujeres se animen a tomarse fotos para regalárselas al marido, al novio, al amante, a quien sea. Carolina se entusiasmó de inmediato, pero yo no le ví la utilidad, ni futuro. Al final, accedí a hacer unas tomas de prueba, para ver que salía, tomas que Marcelo supuestamente quería utilizar como ejemplo para que las futuras clientes se animaran a fotografiarse. Carolina se puso de inmediato de parte de Marcelo. Nos fuimos los tres a mi departamento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tomamos muchísimas fotografías. Me maquillé, me desmaquillé, me vestí, me desvestí. A Carolina se le ocurrían demasiadas ideas, y las iba proponiendo mientras Marcelo solo sacaba fotos. Cada vez que me tenía que cambiar de ropa, Marcelo salía de la habitación y aprovechábamos de hablar con Carolina sobre nuestras sospechas de si yo le gustaba o no. Las fotos pasaron de fotos con vestidos y poses normales, a fotos semi desnuda y más eróticas. A eso de las ocho Carolina nos avisó que se tenía que ir y paramos la sesión de fotos. Ordenamos una pizza y una coca cola y comimos. Yo estaba agotada de mi primer "trabajo como modelo" y Marcelo me contaba de sus planes de cómo montar el estudio fotográfico, donde ponerlo, la publicidad y el éxito que sería. Yo lo escuchaba sin decir nada. Cuando hizo una pausa, le dije que me gustaba. Marcelo se puso colorado y me dijo que yo también le gustaba, desde el primer día que me había visto. No nos demoramos mucho en besarnos. Nos besamos por horas, hasta que se me durmió la boca, pero no pasamos de eso. Marcelo se fué más tarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy por la mañana me he encontrado en mi correo electrónico varias fotografías que Marcelo me envió. La verdad es que están preciosas. He estado pensando toda la noche si decirle la verdad a Marcelo sobre mí. Hasta he pensado en enviarle el link de este blog, para que sepa quien soy, qué hago, y por qué no debe enamorarse de mí...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He decidido llamar a Marcelo y contarle la verdad hoy, antes de arrepentirme.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6752864615742077422-8009910712997463283?l=manonamarguerite.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/8009910712997463283'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/8009910712997463283'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://manonamarguerite.blogspot.com/2009/06/las-fotos.html' title='Las fotos'/><author><name>M</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='26' src='http://photos1.blogger.com/blogger/309/2316/1600/blog.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6752864615742077422.post-2119085571938345482</id><published>2009-06-17T01:28:00.003-04:00</published><updated>2009-06-17T04:35:35.380-04:00</updated><title type='text'>Mi orgasmo perdido</title><content type='html'>Hoy tuve sexo con Gustavo, si es que a eso se le puede llamar sexo. Me desespera Gustavo. Me desespera que tenga el pene tan fláccido y tan chico. Me desespera que después de tanto tiempo aún no sea capaz de mantener una relación satisfactoria para él ni para su pareja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le he dicho a Gustavo que lo nuestro tiene que acabarse, que él tiene que buscar ayuda profesional y tratar de salvar su matrimonio. Su esposa no está interesada en el sexo. Le dió dos hijos y con eso terminó su labor en la cama. Sabe de mí y no le molesta que Gustavo tenga una amante, como lo llama ella, mientras a ella no le pida acostarse con él y le dé dinero suficiente para comprarse todo lo que quiera comprar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lamentablemente ya no quiero seguir con Gustavo. No soy su terapeuta y me frustra acostarme con él. Gustavo es hermoso físicamente, tiene un cuerpazo que mantiene con ejercicio, una cara atractiva y es un gusto conversar con él de cualquier cosa menos de sexo. Por eso es una decepción llevárselo a la cama. Hemos tratado la penetración de diferentes formas, Gustavo es atlético y aguanta, pero el problema es el tamaño de su pene, es demasiado pequeño!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando lo hemos hecho a cuatro patas, me termina doliendo, porque siempre se sale y en la desesperación de volverlo a meter, Gustavo me hace daño. Así que siempre volvemos a la clásica posición, yo me monto en él y lo hago eyacular tratando de que el pene se mantenga dentro de mío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo soy estúpida, en todo caso. Ya debería saber y estar acostumbrada a que la relación con Gustavo es, simplemente, de esa forma. Pero hoy, ejemplo, conversamos mucho rato, para terminar besándonos. Besa rico, después de haberle enseñado como besarme, y me calenté. Gustavo se desvistió en tres segundos y yo me decepcioné de verlo desnudo, con tan buen cuero y un miembro tan deprimente. Se acostó en el sofá de espaldas. Es algo que vengo tratando hace tiempo. En la cama me costaba mucho mantenerlo dentro mío, en cambio en el sofá es más fácil. Gustavo se pone tres cojines debajo del culo, lo que hace que la zona se le eleve. En una persona normal, esto provocaría que la penetración fuera más profunda. Con Gustavo solo provoca que la penetración sea posible. Además, en el sillón, apoyo los pies en el brazo del sofá y puedo mantener un mejor control, que en la cama no consigo y termino agotada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta vez me había calentado lo suficiente como para que la penetración fuera más fácil. Me monté en él y empecé a moverme, mientras le hablaba de un programa de televisión para desviar su concentración y que no se fuera a correr antes que yo. Su cara estaba roja y cerraba los ojos. Le dije que abriera los ojos y me mirara. Le pregunté si servía lo que le estaba diciendo, para distraerlo. Es algo que también hemos estado probando hace un tiempo, que él piense en otra cosa, para alargar el tiempo antes de que eyacule. Me dijo que no estaba resultando. Me apuré. Yo ya estaba a punto, pero un movimiento en falso, algo que fuera demasiado rápido o que él notara que yo estaba llegando al orgasmo y todo se iría a la mierda. El pene seguía salíendose, al final hice lo que hago siempre, apretarlo con las piernas, mientras yo me seguía frotando con su pelvis. Me movía más rápido y por un momento pensé que el condón se le podría salir, pero estaba tan caliente que no me importó. Yo tomo anticonceptivos, pero eso él no lo sabe, cree que no me cuido, y si se le hubiera salido el condón seguramente habría parado antes de correr un riesgo. Me voy, me voy, me empezó a decir y cometí el grave error de decirle que yo estaba casi, también. Eso hizo que eyaculara de inmediato. Yo seguí tratando de conseguir mi orgasmo, pero Gustavo empezó a gemir, lo que me desconcentró, y a retorcerse, por lo que perdí contacto con su pelvis. Me pegué más a él, pero entonces Gustavo empezó a retorcerse más, parece que fue un de los orgamos más potentes de su vida, mientras yo iba alejándome del mío más y más. Al final Gustavo me dijo que parara, que le dolía. Me paré furiosa y me fui al baño. Me di una ducha tibia. Gustavo entró al baño y me preguntó si estaba enojada con él. Le dije que no, que estaba frustrada, que se imaginara como estaría él de haberse quedado con su orgasmo. Me miró con cara de pena y ya no quise decirle más. Terminé de ducharme y le dije que fuéramos a comer. Mientras comíamos siguió preguntándome si estaba enojada con él. Además de arruinarme el orgasmo, me arruinó la comida. Conseguí sonreírle y decirle que no, que ya estaba olvidado, que daba igual.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gustavo se fue a su trabajo y yo me vine a mi departamento. Ordené todo, limpié, lavé la ropa, sintiéndome furiosa toda el tiempo. Estoy enojada conmigo misma, por ser una idiota. Enojada por el orgasmo que perdí y que me tiene con la entrepierna hinchada y adolorida. Enojada por estar desvelada. Enojada con Gustavo, pero al final no es su culpa. Pobre. Ojalá hubieran operaciones para su problema. De todas maneras, no creo que pueda seguir aguantándolo. No es solo el sexo, sino todo lo que tengo que servirle de terapeuta, psicóloga y consejera. No vale la pena.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6752864615742077422-2119085571938345482?l=manonamarguerite.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/2119085571938345482'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/2119085571938345482'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://manonamarguerite.blogspot.com/2009/06/mi-orgasmo-perdido.html' title='Mi orgasmo perdido'/><author><name>M</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='26' src='http://photos1.blogger.com/blogger/309/2316/1600/blog.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6752864615742077422.post-8681295944709083291</id><published>2009-06-15T16:27:00.002-04:00</published><updated>2009-06-15T17:12:32.217-04:00</updated><title type='text'>El almuerzo con José Ignacio</title><content type='html'>Acabo de volver de comer con José Ignacio. Me llevó a comprarme ropa. Quería comprarme un sostén blanco que había visto y unas pantaletas de encaje del mismo color. En la tienda se quedó mirando unos sostenes maternales. Me preguntó si no quería que me comprara algo así. Lo miré una eternidad para saber si me hablaba en serio, al final no le contesté nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después fuimos a comer. José Ignacio me había pedido que me pusiera una mini falda, botas con taco alto y un sweater ajustado. A veces me siento con él como una de estas chicas de servicio de acompañantes. Él me pide que me vista de acuerdo a su gusto y yo lo hago. Luego nos vamos a cualquier lugar donde haya mucha gente. Le gusta que lo vean conmigo, que la gente se pregunte qué tiene un tipo como él, ya mayor, para que una chiquilla como yo ande con él. No pasamos por padre e hija y supongo que la mayoría de la gente adivina el sentido de nuestra relación, pero a José Ignacio parece no preocuparle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras almorzábamos, José Ignacio me ha dicho que ha estado pensando en que deberíamos formalizar nuestra relación. Casi me ahogué con la comida. Le pregunté a qué se refería con formalizar y me pregunté a mi misma si quizás sabe algo de Marcelo, porque me parece muy sospechoso que justo ahora me lo proponga. José Ignacio me ha dicho que quiere que tenga un hijo de él. Yo ya no volví a tocar la comida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;José Ignacio cree que yo tuve un hijo de él, hace tiempo. Fue un malentendido del que me aproveché, hace años, y que jamás aclaré, pero es una historia demasiado larga como para contarla ahora. José Ignacio jura que yo dí a ese niño en adopción. Nunca lo hemos mencionado. Me pregunto que clase de padre será José Ignacio, si ni siquiera pregunta sobre el supuesto niño. Le he dicho que no estaba para bromas. José Ignacio me ha dicho que no estaba bromeando. Tiene 56 años y quiere tener un hijo conmigo, que tengo la mitad de su edad. José Ignacio también me ha dicho que me va a ayudar a buscar trabajo en la universidad o como enfermera. Me pregunto si estará pensando en dejar a su mujer e irse a vivir conmigo. Todo apunta a eso. Creo que tendré que darle el corte a José Ignacio, pero esta vez definitivamente.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6752864615742077422-8681295944709083291?l=manonamarguerite.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/8681295944709083291'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/8681295944709083291'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://manonamarguerite.blogspot.com/2009/06/el-almuerzo-con-jose-ignacio.html' title='El almuerzo con José Ignacio'/><author><name>M</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='26' src='http://photos1.blogger.com/blogger/309/2316/1600/blog.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6752864615742077422.post-631565929787915076</id><published>2009-06-15T08:42:00.003-04:00</published><updated>2009-06-15T10:06:20.032-04:00</updated><title type='text'>Marcelo</title><content type='html'>He estado saliendo con Marcelo, un profesor de arte de la Chile. Nos conocimos por casualidad, a través de una amiga en común, Carolina, que estudia arte con él. Marcelo es ocho años mayor que yo, y tiene un hijo con su pareja, aunque no viven juntos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé cómo pasó todo esto con Marcelo. Carolina me lo presentó cuando la acompañé a preguntarle algunas cosas relacionadas con su tesis. Marcelo me miró todo el rato y yo lo notaba medio nervioso. Curiosamente no le hice ninguna coquetería. No tengo ánimos para relaciones nuevas, de hecho, he perdido la ilusión de llegar a tener una relación normal con alguien, ahora solo me preocupo por el dinero, por lo tanto, sabía que Marcelo no tenía ninguna oportunidad conmigo. Cuánto gana un profesor de arte, por muy bueno que sea. No creo que mucho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estuvimos ahí cerca de dos horas, mientras Carolina y Marcelo revisaban, cortaban, pegaban y corregían. Yo me puse a curiosear por la oficina de Marcelo. Habían algunas obras interesantes. Una pintura en tonos lila con mostacillas me encantó. Luego habían un par de esculturas, interesantes también, y muchos dibujos. Cuando por fin Carolina terminó con su tarea, nos despedimos. Marcelo se despidió de ella primero y después de mí. Me dió la mano y me dió un beso a mitad de la boca. Me quedé sorprendida, pero no dije nada, y salí. Fuimos a comer con Carolina. Ahí le comenté del beso cuneteado de Marcelo. Carolina me dijo que se había dado cuenta de que yo le había gustado, que me miraba todo el rato y que apenas se había preocupado de la tesis de ella. Me dijo que no me llevaba más con ella, en tono de broma. Después ya no pensé más en Marcelo. Pasaron unos días y de la nada se me ocurrió ir a verlo a la universidad. Fui a su oficina y ví en el horario pegado en su puerta que estaba en clases, así que me fui a la sala donde estaba haciendo cátedra, entré y me senté, como si fuera una estudiante más. Fue gracioso. Debo admitir que me dediqué a coquetearle todo el rato, mientras Marcelo no hacía más que mirarme. Me sentía sola ese día. Tenía más tarde una cita con Albert a la que no quería ir. Marcelo terminó su clase antes, para alivio de los estudiantes, y se sentó al lado mio, y me preguntó como estaba. Le dije que bien, que tenía ganas de ver como era una clase de arte, que quizás me gustaría estudiar arte. Marcelo no hacía más que mirarme. Yo me debatía entre dos sentimientos: ese nerviosismo inicial de cuando estás recién conociendo a alguien y no estás segura de si le gustas o no, y ese hastío que vengo sintiendo hace tiempo, de sentirme una basura que solo juega con las personas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marcelo canceló las dos clases que tenía y nos fuimos a un café a almorzar. Conversamos por horas. Me contó de su novia, artista como él, de su hijo en edad escolar, de su vida en general. Yo no le conté nada de mí, pero me preguntaba que habría pensado él de haberle dicho que me acuesto con varios hombres por dinero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volvimos a la universidad. Marcelo tenía dos cátedras más por la tarde, que también canceló. Llamé a Albert para decirle que no podría pasar ese día por su oficina. Marcelo no me preguntó nada sobre mi llamada. Nos fuimos al parque forestal. Caminamos bien juntos. Hacía frío y se lo dije y Marcelo me abrazó. Por primera vez en mucho tiempo me sentí bien, acompañada. Mientras me abrazaba y me acariciaba la espalda, para hacerme entrar en calor, según él, reposé mi nariz en su cuello, y me llené de su olor. Noté que Marcelo temblaba, y no supe si era de nervios o por el frío. Entramos a un café-restaurant a comer algo. Bajamos al subterráneo, que estaba vacío, y nos acomodamos en un sillón de cuero rojo. Una mesera de pinta alternativa nos trajo dos tazas de café y algunas galletas para picotear. Marcelo me preguntó si yo estaba con alguien. Le dije que ya no. Le conté de Armando a pinceladas, para terminar diciéndole la verdad: que llevo mucho tiempo sola. Nos miramos a los ojos por mucho tiempo, sin hablar. Me latía el corazón rápido. Marcelo no es lo realmente atractivo, me refiero a que no es mino, ni de esos tipos que te hacen voltear en la calle para mirarlos, pero tiene pinta, como de intelectual. Usa barba, y se viste como el típico artista. No sé cómo explicarlo, pero al verlo, uno sabe que se dedica al arte. Y tiene los ojos grandes y la boca carnosa. Tiene su encanto sin ser el típico mino rico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marcelo me hizo una flor con una servilleta y me la regaló. Lo encontré medio perno y tierno a la vez. La guardé en mi cartera. Marcelo se pidió una cerveza. Ya se nos había pasado el frío, y yo me pedí un jugo de frambuesa. No hablamos más de su pareja, pero era algo que yo tenía todo el tiempo en mente. Hablamos, hablamos y hablamos. Le conté de mi mamá, que lleva muerta ya casi 10 años, y de mi papá, a medio morirse. Marcelo se acercó a mí y me abrazó. Supongo que me vió frágil. O que yo me hice la frágil. Me gustó tanto volver a sentir el abrazo de un hombre, pero un abrazo desinteresado, un abrazo que no iba a llevar a sexo, y a un cheque o a un fajo de billetes. Sentí su barba en mi cara, su nariz acariciándome la oreja, su respiración agitada y los latidos rápidos de su cuello. Me alejé de él antes de que me besara y me reí, para romper la tensión de habernos visto en una situación tan íntima.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se hacía tarde. Le pregunté si quería que lo fuera a dejar, si es que su pareja no se enojaba. Ahí fue cuando me dijo que no vivía con ella. Nos subimos a mi auto. Le dije que si quería podíamos ir a mi departamento y seguir conversando. Lo dije con el corazón latiéndome a mil. Si me decía que no, no lo volvería a llamar nunca más. Y si me decía que sí?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marcelo hizo una llamada por teléfono a su hermano, con quien vivía, para decirle que si Nicole llamaba, le dijera que no había llegado y que se había encontrado con unos viejos compañeros de la universidad y se había ido a tomar algo. Así me enteré de que su pareja se llama Nicole. Marcelo dejó su celular en silencio. Nos fuimos a mi departamento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sigo luego, me llama José Ignacio por teléfono, quiere que lo vaya a ver a su oficina.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6752864615742077422-631565929787915076?l=manonamarguerite.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/631565929787915076'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/631565929787915076'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://manonamarguerite.blogspot.com/2009/06/marcelo.html' title='Marcelo'/><author><name>M</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='26' src='http://photos1.blogger.com/blogger/309/2316/1600/blog.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6752864615742077422.post-8353665339994296740</id><published>2009-06-08T15:59:00.002-04:00</published><updated>2009-06-08T16:18:31.388-04:00</updated><title type='text'>Padre</title><content type='html'>Me ha llamado el amante de mi padre para decirme que el hombre que me engendró se está muriendo y que quiere verme. Si hay o ha habido alguien en mi vida que no significa nada para mí, esa persona es mi padre. Mi padre jamás se ocupó de mi y cuando me sorprendió semi desnuda en las piernas de mi primo, a los 7 años de edad, decidió irse de mi lado y del de mi madre, en vez de hacerse cargo de una vez por todas de mí. No recuerdo su voz, ni su cara, ni recuerdo que me haya dado una sola caricia. No sé porqué me engendró si siempre se supo homosexual.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A veces me pregunto si este vacío que siento se debe a la ausencia de un progenitor. Cuando mi madre murió me sentí casi aliviada. Ella también fue una desconocida para mí. Mi padre siguió ayudándome económicamente hasta los 24 años, pero fue porque se lo exigió un juzgado. Luego desapareció de mi vida. Ahora me entero de que tiene SIDA y que se muere de una afección pulmonar, entre otras cosas. No le prometí nada al amante de mi padre. Debería llamarlo "padrastro" quizás... Tal vez sí vaya a ver a mi padre. Quiero pedirle algunas explicaciones y decirle con el desprecio más profundo de mi alma que gracias a ellos, a él y a mi madre, soy una puta, y que lo odio y que ojalá se muera dolorosamente. Supongo que con esto acabo de admitir que si significan algo para mí. Mi vida es una gran contradicción.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6752864615742077422-8353665339994296740?l=manonamarguerite.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/8353665339994296740'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/8353665339994296740'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://manonamarguerite.blogspot.com/2009/06/padre.html' title='Padre'/><author><name>M</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='26' src='http://photos1.blogger.com/blogger/309/2316/1600/blog.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6752864615742077422.post-2720687587752959074</id><published>2009-05-26T09:14:00.006-04:00</published><updated>2009-06-08T16:20:07.648-04:00</updated><title type='text'>Fuiste un sueño</title><content type='html'>Hoy me desperté con tu sabor en los labios. Y te extrañé más que nunca. Ha pasado tanto tiempo, que me parece que fueran siglos desde la última vez que descansé entre tus brazos. Aún puedo cerrar mis ojos y recordarme a mí misma con la cabeza apoyada en tu pecho, escuchando los latidos de tu corazón. Aún puedo sentir la suavidad de tu piel firme y el sabor del sudor de tu cuerpo. Aún guardo en mi retina la visión del vello incipiente rodeándote las areolas, la fea cicatriz al lado de tu ombligo peludo y la línea de pelusilla que conducía desde el mismo a tu sexo. Sé que anoche soñaste conmigo, lo siento, lo percibí en mi sueño. Fuimos por una horas uno, la misma piel, la misma sangre, el mismo sudor, pero esta mañana me he despertado sola y tú seguramente te has despertado al lado de ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si hubiera algo que pudiera hacer para volver a tenerte, lo que fuera, créeme que lo haría, sin dudarlo. A pesar de todo este tiempo, te sigo amando con todo mi ser Armando, con todo mi ser... Y es precisamente ese amor lo que me ha envenenado el alma.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6752864615742077422-2720687587752959074?l=manonamarguerite.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/2720687587752959074'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/2720687587752959074'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://manonamarguerite.blogspot.com/2009/05/fuiste-un-sueno.html' title='Fuiste un sueño'/><author><name>M</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='26' src='http://photos1.blogger.com/blogger/309/2316/1600/blog.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6752864615742077422.post-2116320744354639020</id><published>2009-05-20T03:05:00.004-04:00</published><updated>2010-01-09T12:29:10.559-03:00</updated><title type='text'>Holanda</title><content type='html'>No puedo dormir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estuve 3 semanas en Holanda con Albert. Albert le dijo a su jefa que necesitaba más tiempo allá para resolver algo y ella le pagó todo, como siempre hace. Creo que Albert se acuesta con su jefa, una mujer cerca de los cincuenta que se conserva muy bien, pero que usa maquillaje en exceso y una mala elección de tintura para el pelo. Le pregunté a Albert mientras me penetraba suavemente y yo lo abrazaba con mis piernas si alguna vez había pasado algo entre ella y él. Se detuvo, me miró sorprendido y con el ceño fruncido y me dijo que no, pero el cambio en el ritmo, la eyaculación rápida, que me haya dado la espalda para dormir en vez de abrazarme y que no me haya despertado antes de irse por la mañana me indicaron otra cosa. Al almuerzo volví a tocar el tema. Volvió a decirme que no. Le dije que se notaba que a su jefa le gustaba él y que me miraba con ojos asesinos cada vez que me veía por su oficina. Albert de nuevo no dijo nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fueron semanas tranquilas en Holanda. Albert alargó el trabajo que debía hacer en una semana de tiempo completo a tres lentas semanas. Por las mañanas hacía su trabajo, se reunía con los gerentes en los diferentes bancos, visitaba a quienes debía visitar y volvía para almorzar conmigo. Después de almorzar salíamos a pasear. Estuvimos en varios museos y nos deleitamos con Rembrandt y Van Gogh hasta que nos dolieron los ojos. Visitamos dos museos más de los que no recuerdo el nombre y otro, que era una iglesia católica clandestina escondida en una casa. Estuvimos mirando todo, la cocina de siglos anteriores, los dormitorios, el salón. Me gustó mucho, la verdad. Visitamos también el jardín botánico y el museo de la fábrica de cerveza Heineken. Albert es un amante del arte y de la historia y siempre es interesante oírlo hablar de historia, o de arte. Visitamos el museo de la casa de Ana Frank y Albert me contó su historia personal, mientras recorríamos la antigua casa. Albert estuvo en Israel cuando tenía 17 años y en la pierna tiene una cicatriz de unos dos dedos de grosor y de unos 20 centímetros de longitud, en el muslo. Se la hicieron con un cuchillo. También tiene algunas cicatrices en la cara, que la cirugía plástica no logró reparar, pero que no se ven mal ni grotescas. Me provocaron curiosidad cuando las vi por primera vez, pero esperé a que él me contara lo que le había pasado. Una bomba había estallado a varios metros de donde estaba él y algunos trozos de material ardiendo le cayeron en la cara. Su padre lo mandó a buscar, dijo que ya era suficiente de jugar al judío guerrillero, se lo trajo de vuelta a Chile, le operó la cara y lo puso a estudiar economía, Albert se tituló, se casó con la mujer judía que habían escogido sus padres, tuvo tres hijos y estaba satisfecho con su vida hasta que me crucé por su camino. En Holanda, paseando de la mano conmigo y besándome a cada rato, me decía que nos fuéramos, que el dejaría a su esposa y a sus hijos, desaparecería, podríamos vivir aquí mismo en Holanda, me decía, tener un pequeño departamento en Amsterdam. Yo lo escuchaba y sonreía. Albert, que tiene edad suficiente para ser mi padre, proponiéndome todo aquello que siempre quise hacer con Armando. Armando... Albert sabe que yo sigo amando a Armando, sabe que se va a casar y sabe que estoy con él por el dinero que me da cuando se lo pido. Tuve que contarle lo de José Ignacio, que me había acostado con él por dinero, pero le dije que había sido una sola vez y hace tiempo. Me dijo que no lo volviera a hacer, que él me mantendría y me daría lo que necesitara. Albert no tiene idea de lo que yo necesito. Necesito seguridad, quiero casarme, tener hijos, un hogar, ser la madre que nunca tuve, cuidar de alguien y que alguien me cuide, pertenecer a alguien y que ese alguien me pertenezca. Albert ya vivió todo eso con su mujer, la quiera o no. Y yo quiero vivirlo con Armando, o conocer a alguien que me haga olvidarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi relación con Albert está viciada. Siempre llegamos a lo mismo. O será que en realidad no vamos a ninguna parte. Pero, qué futuro puede tener "lo nuestro"... Él esta casado, es muchos años mayor que yo y jamás se atrevería a desafiar a su familia, su religión, sus costumbres. Albert es un amante excelente, considerado, experto y además, tiene dinero y eso para mí es suficiente, pero no sé qué es lo que quiere él, y se pone pesado conmigo, cuando me dice que no quiere que vea a otros hombres y que me dará más dinero si es eso lo que necesito. El papel de concubina no va conmigo. Acepto su dinero, pero creo que necesito constantemente la presencia de alguien a mi lado, alguien que me haga sentirme querida y él no puede hacer eso y lo sabe. A veces me dice que me voy a terminar olvidando de Armando y me enamoraré de otro, y entonces lo dejaré para siempre y yo espero de verdad que sea así. Los años pasan y a pesar de que todavía soy joven, no lo seré por siempre. Todos estos hombres que me buscan, que dicen quererme y preocuparse por mí, que me dan dinero y se acuestan conmigo, lo hacen única y exclusivamente por que les gusto. Si fuera fea, gorda o vieja no lo harían. A veces me siento como una especie de trofeo. Cuando José Ignacio me compra ropa a gusto de él y me lleva a restaurantes caros y me toma de la mano y me llama "mi amor" delante de todo el mundo, sé que lo hace por exhibirme. Y sé lo que deben pensar los demás. Que debo ser una puta, porque su hija, no parezco, y que esa es la razón por la que estoy con él, y tienen razón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volviendo a Albert... Cuando salimos del museo de la casa de Ana Frank creo que me deprimí un poco. Siempre me deprime pensar en la gente muerta, en esa chica muerta y yo haciendo nada con mi vida. Me propuse buscarme un trabajo relacionado a mi profesión, cambiar de vida, dar todo mi dinero a los pobres, meterme a monja... promesas que están todas olvidadas ahora. No sé cuanto estaré así. La belleza y la juventud no son eternas y siento que el tiempo se me está pasando. Conocí a un chico hace poco. Creo que le gusto, pero él tiene pareja y una hijo, aunque no está casado ni vive con ella. Y no quiero destruir una pareja. Quiero un amor limpio, puro, quiero cambiar de vida, amar y que me amen y olvidarme de todo lo que he pasado, desde mi niñez hasta todas las estupideces que he hecho, quiero olvidar a todos los hombres que me han penetrado y empezar de nuevo y sentirme feliz y enamorada como me sentía en los primeros meses con Armando... Y ahí está mi tope. Siempre Armando. Siempre quiero tener lo que tuve con él, o lo que creí tener. A veces pienso que hubiera sido mejor que se hubiera muerto cuando tuvo el accidente y que yo me hubiera muerto también cuando traté de suicidarme. Tengo apenas 28 años y siento que la vida se me ha escurrido de las manos y no le veo salida al túnel en el que estoy metida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el pequeño momento de sinceridad que tuve con Albert, cuando le confesé lo de José Ignacio, vi sus ojos dolidos y aunque mi objetivo era contarle todo, no pude. Vi en su mirada que si seguía él no me perdonaría jamás y me callé todo lo que quería sacarme del alma. Albert me abrazó, me besó y me desnudó suavemente, como siempre lo hace. Albert es el único hombre que siempre logra excitarme y con el que siempre consigo un orgasmo. Albert no es un cerdo, como los otros, y a veces me gustaría pensar que de verdad me quiere y que yo lo quiero, pero entonces se acaban los días juntos y mientras yo estoy aquí, desvelada y sin poder dormir, él duerme con su esposa, abrazado a ella mientras ella le toca el pene.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recuerdo que la segunda vez que estuvimos juntos fue también en su oficina, pero fue temprano, cuando los demás estaban ahí. Esa vez fui más osada y casi traviesa. No nos habíamos visto desde la primera vez que lo habíamos hecho y llegué de sorpresa. Lo saludé con un beso en la cara y hablamos como si nada hubiera pasado. A la hora de almuerzo, cuando todos salieron, le dije que quería hacerlo con él, ahí, en ese momento. Se rió y me dijo que estaba loca. Me levanté y le dije que quería practicarle sexo oral. Cuando vió que hablaba en serio se levantó, fue al baño a lavarse y volvió. Eso es lo que me gusta de Albert más que nada, siempre es considerado. Se sentó en su silla y se dejó hacer. En general no me gusta el sexo oral. No me gustan los olores de esa parte del cuerpo, pero con Albert aprendí que hacerlo en un sexo limpio y con buen olor, es exquisito. La mayoría de los hombres quieren que uno "se la chupe" sin haberse lavado antes. Y eso, en suma al vocabulario horrible, significa simplemente un no de mi parte. Esa vez llevaba las uñas largas. Echado hacia atrás, Albert me confesó que su mujer había sospechado algo la vez anterior, porque llegó con olor a otra mujer, a perfume de otra mujer. Me reí, con su pene en mi boca. Luego lo masturbé. Albert me fue enseñando cómo hacerlo, cómo le gustaba a él. Terminamos antes de que volviera su secretaria de almorzar. Al día siguiente volví a pasar a su oficina. Albert me contó que le había rasguñado el pene, justo debajo del glande y que él no se había dado cuenta hasta que por la noche se había acostado y como de costumbre, su mujer le había agarrado el pene para quedarse dormida. Me reí a carcajadas. No le creí que su esposa durmiera así, pero medio molesto y medio divertido me dijo que era verdad, que no me riera. Cuando la esposa lo tomó con su mano, a Albert le dolió y se le salió un quejido del fondo de las entrañas. Su esposa, extrañada, prendió la luz, y se fijó en el rasguñón que tenía. Albert tuvo la capacidad de mentir rápidamente diciéndole que se había enganchado en el cierre del pantalón, pero su esposa no le creyó y se durmió dándole la espalda. Por la mañana no le había hablado. Así que ese día no pasó nada con Albert, por su pene herido. Le dije que me prestara $100.000, que se los devolvería después, cosa que nunca hice. Así fue como empezó todo con Albert. Ahora me mantiene, me da mensual poco más de medio millón y se acuesta conmigo cada vez que tiene tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creo que trataré de dormir. El sueño me vence y creo que las ideas no me salen muy claras. Dormí tres semanas con Albert y me siento sola, en esta cama tan grande.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6752864615742077422-2116320744354639020?l=manonamarguerite.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/2116320744354639020'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/2116320744354639020'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://manonamarguerite.blogspot.com/2009/05/holanda.html' title='Holanda'/><author><name>M</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='26' src='http://photos1.blogger.com/blogger/309/2316/1600/blog.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6752864615742077422.post-6695364246698719384</id><published>2009-04-30T13:57:00.004-04:00</published><updated>2010-01-30T17:05:08.488-03:00</updated><title type='text'>Felipe</title><content type='html'>Entre Mauricio y John tuve dos novios. Uno de ellos fue Felipe. Yo tenía 11 años, fue justo antes de cumplir los 12 y él tenía 16. Era nieto de unos vecinos y estaba ahí de visita. Felipe era el chico más lindo que había visto hasta entonces, y creo que todavía. Tenía el pelo color castaño claro y los ojos color miel y las piernas mejor formadas de todos los chicos del barrio. Todas suspirábamos por él, todas las vecinas de la misma edad que nos sentábamos fuera para conversar, aunque nunca fuimos amigas. Felipe era exhibicionista y jugaba a la pelota con pantalones cortos, para que lo admiráramos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una tarde, cuando ya estaba oscuro, nos encontramos a solas. Fue una casualidad. Felipe me dijo que lo acompañara a la farmacia y yo dudé varios minutos antes de acceder. Su razonamiento era lógico. Su abuelo se sentía mal y tenía que ir a comprar algo. Yo no me decidía. Era tarde, yo no tenía la edad suficiente para salir sola y ya estaba oscuro, pero sabía que nadie en casa se daría cuenta de que yo no estaba, porque yo no le interesaba a nadie. La idea me atraia. Felipe era lindo y me había elegido a mí para ir con él, pero intuía el peligro. Al final me dijo que si no quería ir, que no fuera. Fui con él. Caminamos un par de cuadras sin hablar. Felipe se detuvo en un callejón corto y oscuro. Me puso contra la pared, me besó y me manoseó. Yo me dejé hacer hasta que él se sintió satisfecho. Me dijo que no le contara a nadie, una frase que yo ya había oido demasiadas veces. Nos vimos cada noche hasta que volvió a su casa. Y cada noche lo dejé que me tocara hasta que su pantalón se humedecía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mantuvimos un coqueteo constante durante varios años. Cuando yo tenía 16, por fin nos acostamos juntos. Felipe tampoco quería ser el primero en llegar hasta el final conmigo. En ese entonces Felipe tenía 21 y pololeaba con una vecina del barrio, de su edad. Nos juntamos con Felipe esa tarde en San Antonio con la Alameda, fuera de Almacenes Paris, como se llamaba en ese tiempo, años atrás. Hacía frío, estaba nublado y la lluvia se sentía en el aire. Tomamos la micro hacia su casa, él vivía en Recoleta. Después de un viaje eterno, nos bajamos en un barrio feo. Las veredas estaban sucias y las calles se veían secas y áridas, grises. Habían muchos perros, que me miraban con ojos tristes y lagañosos y tenían la cola mordida y carcomida por la tiña. Aunque el barrio se veia pobre, la casa de Felipe era bonita. Me hizo pasar. Me ofreció una coca-cola que no tenía gas. Pasamos a su dormitorio, un cuarto en el fondo de la casa, al que se accedía desde el patio. La cama de Felipe era vieja, dura e incómoda. Las frazadas tenían agujeros y olían a polvo, a guardado, a humedad. Mientras Felipe se desvestía y se ponía un condón, miré a mi alrededor. Todo estaba desordenado y sucio. Las paredes estaban rayadas por su novia, con mensajes amenazadores a cualquier maraca, según sus palabras, que se atreviera a acostarse con su mino. Felipe tenía el pene enorme, muy grueso, aunque no tan largo, y la penetración me dolió, más que nada porque yo no estaba excitada. Esperaba más de Felipe. Me besó de mala manera, sin ganas, a la rápida. Estaba más ocupado tratando de penetrarme que de complacerme. Su novia lo había mal enseñado. O quizás era que yo ya no tenía 11 años y había probado otras caricias mejores. Felipe me preguntaba a cada rato si me gustaba, si pensaba que lo tenía grande, si lo estaba pasando rico. Yo decía que sí a todo, con la esperanza de que terminara pronto. Eso no sucedió. Felipe se tomó su tiempo y yo dejé de disimular que me gustaba. Cuando por fin acabó, me vestí rápido y Felipe me fue a dejar al paradero. Sentía que caminaba con las piernas más abiertas, me dolía la vagina y los huesos de la pelvis, sentía el frío que me penetraba por debajo de la falda del uniforme del colegio, como un miembro helado, igual de placentero que el de Felipe. Estuve muchos días adolorida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de ese día lo hicimos un par de veces en la casa de su abuelo. Su tío, que vivía con los abuelos ocasionalmente, tenía un cuartucho en la parte de atrás de la casa, supuestamente bodega, donde tenía un colchón de esponja maloliente en el suelo. Probé un par de veces, pero Felipe definitivamente era un mal amante. Seguimos coqueteando por más años, pero no volvió a pasar nada, a pesar de las muchas veces que el me lo insinuó.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6752864615742077422-6695364246698719384?l=manonamarguerite.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/6695364246698719384'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/6695364246698719384'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://manonamarguerite.blogspot.com/2009/04/felipe.html' title='Felipe'/><author><name>M</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='26' src='http://photos1.blogger.com/blogger/309/2316/1600/blog.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6752864615742077422.post-4073687920069583385</id><published>2009-04-24T07:28:00.007-04:00</published><updated>2010-01-09T12:01:51.293-03:00</updated><title type='text'>John</title><content type='html'>Mi segundo novio, con el que duré un tiempo, lo tuve a los 12 años. Él tenía 16 y se llamaba John. Era el hermano mayor de un compañero de curso. Supongo que entre Mauricio, el primer chico que me besó, y John, hubieron otros, pero no consigo recordarlo. John no era atractivo, por lo menos según lo que decían mis compañeras de curso, pero a mi me gustó la primera vez que lo ví. Él había ido a buscar a su hermano al colegio y como salíamos todos juntos, me tocó verlo ahí apoyado en la reja, esperando. Recuerdo que llevaba una camisa en colores tierra y jeans y tenía el pelo rizado y con mucho volumen, como se usaba en esos años. Al día siguiente hablé con John, porque había ido a buscar a su hermano al colegio nuevamente. Me preguntó que haría el sábado y me citó a verlo el sábado siguiente, a las 10 de la mañana, en la puerta del colegio. Le dije que si.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El padre de John era diplomático y habian llegado a Chile hacía poco. Cuando llegué al colegio ese día sábado, John ya estaba esperándome. Me dijo que quería visitar el cerro Santa Lucía y me preguntó si quería acompañarlo. Le dije que sí. Se echó a caminar y yo lo seguí como un perrito. No nos demoramos mucho en llegar al cerro. A esa hora temprana eran pocos los caminantes. Un par de personas que corrían en ropa sudada, una mujer paseando un perro. Recuerdo que era primavera y la ciudad despertaba. Se veían flores por todas partes, verde, mariposas, sol, calor. Recuerdo que John, en un español forzado, me preguntó por mis padres. No sé porqué razón sentí vergüenza. No quise contarle la verdad. Me inventé una historia creíble. Le dije que éramos una familia feliz, que mis padres se querían mucho, pero que mi papá se lo pasaba viajando y mi mamá tenía mucho trabajo, eso explicaba la razón de que tuviera la libertad de salir sola. John me preguntó cómo me iba en el colegio. Le dije que bien. Él ya lo sabía. Le había preguntado por mí a su hermano y ya había decidido que yo le gustaba. Llegamos a la cima del cerro sin mucho esfuerzo. Yo llevaba un vestido corto, con flores amarillas. John vestía pantalones cortos y una camiseta sin mangas. John se sentó en un muro de piedra, no muy alto y me pidió que me acercara. Me abrazó. Yo estaba de pie mientras él estaba sentado. Puse mi boca en su cuello y me quedé acurrucada, esperando. Él me tocó el hombro desnudo. Su cuello sabía salado y estaba caliente. Pon tu mano aquí, me pidió, mientras me guiaba a la erección oculta bajo sus pantalones cortos. Tenía un pene suave y tibio y seco. Me bajó el vestido y tocó mis senos incipientes. Estábamos solos y John no tenía miedo de que nos descubrieran. Según él, desde su posición, podía ver si alguien se acercaba. Yo quise tocarlo como mi primo me hacía tocarlo pero John me decía que así no, y me guiaba. Me enseñaba como le gustaba a él que lo tocara. Le pregunté si había tenido muchas novias y me dijo que solo dos, ambas en Inglaterra. Y tú? me preguntó. Sólo uno, le dije. John me miró extraño pero no me dijo nada. A los 12 años aprendí a identificar lo que a cada hombre le gusta rápidamente y a nunca hablarles de los hombres anteriores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando bajamos del cerro John quiso ir a dejarme a mi casa, pero yo se lo impedí. Era sábado por la mañana y podía esperarme cualquier cosa, desde una madre ausente, a una madre borracha desnuda en el sofá con el amante de turno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde entonces nos vimos muy seguido con John. Él aprendió español rápido, o más bien, mejoró lo que ya sabía, y me enseñó a hablar inglés. Me invitaba a su casa, porque yo me negaba a que fuera a la mía. Una sola vez llegó de improviso a mi casa. Recuerdo que casi se me paralizó el corazón cuando mi mamá me dijo que me buscaban. Salí y ahí estaba John. Me dijo que tenía ganas de verme y que, preguntándole a su hermano, quien había preguntado a otra compañera, había averiguado mi dirección. No lo hice pasar y lo despedí lo más rápido posible. No volvió a ir a mi casa sin preguntarme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de unas semanas, en que subimos el cerro cada sábado, John empezó a invitarme a ir a su casa. Su familia era maravillosa y aprendí inglés muy rápido con ellos. Yo iba a almorzar o a desayunar, según la hora, y poco a poco me fui acostumbrando a la comida inglesa. Lo pasaba muy bien y me sentía querida, aunque supongo que les parecía raro que John llevara a casa a una niña varios años menor. Ellos eran tres hermanos, John era el mayor, luego le seguía Maurice, que era mi compañero y el hermano menor Nicholas, un año menor que yo. Los padres de John no decían nada. Siempre me trataron con mucho cariño. Después de comer la familia, es decir los padres y los dos chicos menores, solían salir de paseo y John y yo nos quedábamos solos. John ponía música o hacía algo de beber, y nos besábamos hasta que se nos dormía la lengua. John bebía a veces alcohol o fumaba marihuana, pero nunca me ofreció. Solíamos desnudarnos y acariciarnos en el suelo, o sobre cojines. Nunca lo ví eyacular, a pesar de que, según yo, traté de estimularlo. Yo hacía lo que había visto hacer a mi primo pero según John lo hacía mal. Él trataba de corregirme, pero se daba por vencido. Me parecía tan difícil masturbarlo. Me dolía la mano y me cansaba muy rápido. Entonces John prefería fumarse un porro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así pasaron los meses. Con John nos veíamos a veces en las noches, cuando llegó el verano. Entonces salíamos a pasear, mirábamos en los puestos de ferias artesanales y caminábamos de la mano. Yo me sentía la persona más feliz del mundo. Cuando nos quedábamos solos yo trataba de llegar hasta el final, pero John siempre se negó. Supongo que le daba miedo dejarme embarazada. Sus padres eran muy abiertos con el tema y, según me contaba él, lo habrían matado de haber dejado embarazada a alguien. Cuando yo insistía, John se levantaba, se vestía y me decía que ya estaba bien, que saliéramos a dar una vuelta. Yo me vestía enojada y salíamos. Después de un rato se me pasaba el enojo. John me decía que no quería hacerme daño. Que mi primera vez tenía que ser especial y que si tenía que ser él el primero, aún no era el momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En enero, a fines de enero, trasladaron al padre de John a Brasil y lo siguió toda la familia. Lloré mucho, pero no había nada que hacer. John me llamó un par de veces desde Brasil. Me contaba sobre las &lt;em&gt;garotinhas&lt;/em&gt; que tomaban el sol semi desnudas en la playa y sobre la &lt;em&gt;caipiroska&lt;/em&gt;, lo nuevo que solía beber. Años después la familia de John volvió a Chile, pero John se quedó en Brasil. Se había casado con una brasileña y de acuerdo a lo que me contó su padre, era feliz. Su padre me recordaba con mucho cariño y me pidió que mantuviera el contacto, pero nunca lo hice. No pude. Siempre he recordado a John con cariño.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6752864615742077422-4073687920069583385?l=manonamarguerite.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/4073687920069583385'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/4073687920069583385'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://manonamarguerite.blogspot.com/2009/04/john.html' title='John'/><author><name>M</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='26' src='http://photos1.blogger.com/blogger/309/2316/1600/blog.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6752864615742077422.post-4079482892504264553</id><published>2009-04-22T09:01:00.003-04:00</published><updated>2009-04-22T09:50:04.070-04:00</updated><title type='text'>El sexo de las putas</title><content type='html'>Supongo que una pregunta recurrente de todo el mundo es si una puta disfruta teniendo sexo. No puedo hablar por el resto de mujeres que venden su cuerpo, aquellas pobres desgraciadas que haga el tiempo que haga se paran en sus tacones de veinte centímetros en las aceras, y esperan a que el destino les traiga lo que sea. Me siento afortunada. Hay mujeres que no tienen para comer y venden lo último que les queda: ellas mismas y su dignidad. Yo, en cambio, lo hago por que no tengo nada mejor que hacer, por diversión, por comodidad, porque quiero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando empecé con José Ignacio a tener una relación estable, si al acostarse juntos y que me pagara por eso, aunque él nunca lo llamó así, se le puede llamar relación, jamás pensé que viviría de eso. Luego vino lo de Albert y de ahí, todo fue más fácil. Mis "clientes" siempre han sido personas que conozco, la gran mayoría de ellos hombres infelizmente casados, con un trabajo excelente y una cuenta bancaria abultada. Sé que cada uno me quiere a su modo, me lo han demostrado con creces, y supongo que les quiero yo tambien, a mi manera. Mis amantes fluctúan entre los 9 y los 15 por mes, siempre son los mismos, solo de vez en cuando conozco a alguien nuevo con quien mantengo una relación. No sé que tendré, según dicen ellos mismos, que los vuelvo locos. Me han dicho que mis ojos son muy inocentes y que me veo indefensa. Saben retazos de mi historia familiar y me da la impresión de que les despierto el instinto de protección. Cada uno de ellos sabe de Armando, lo conocen personalmente y saben que estoy enamorada de él. Siempre lo supieron. Y cada uno de ellos cree que es el único que se acuesta conmigo y que me da dinero. A veces me aburren, me enojo con ellos, peleamos, discutimos, los echo de mi departamento y de mi vida, pero siempre vuelven. Creen que tienen el control sobre mí y creen que yo los necesito, porque cada uno de ellos se cree mi único proveedor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mayoría de las veces consigo llegar al orgasmo durante el sexo, cuando quiero. He aprendido a controlar todo en mi cuerpo. Sé como moverme para exitarme más, sé que músculos apretar y cuales aflojar. Cierro los ojos y pienso en Armando y muy callada y quietecita, con movimientos imperceptibles, voy llegando al orgasmo, con los ojos apretados para que el amante de turno no se dé cuenta. En realidad los hombres son unos idiotas, imbéciles desconsiderados, cerdos egoístas y egocéntricos. Si me pusieran un poco de atención se darían cuenta de como la piel se me va manchando de rojo cuando llego al orgasmo, como se me eriza cada vello, pero ellos solo se concentran en lo que ellos sienten y a mí casi no me importa, para eso les cobro. Cuando ya he conseguido mi orgasmo sin que se den cuenta, finjo uno, para hacerlos acabar rápido. A veces uso los típicos gemidos y grititos. Otras veces basta con moverme más rápido, respirar entrecortado y darles un golpe por aquí o por allá, como si el placer fuera tan grande que me es imposible controlarme. O un apretón, también sirve. Esto basta para que el amante de turno eyacule en cuestión de segundos. Se sienten responsables y héroes de mi orgasmo, cuando he sido yo quien ha hecho todo, desde callarme el verdadero y disfrutarlo en silencio hasta fingir uno monumental.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otras veces, en las que no tengo ganas de sexo pero la necesidad me obliga, lo hago rápido. Un par de besos apresurados en la entrada de mi departamento. Les quito la ropa con rabia, como si la calentura me dominara, y me monto sobre ellos en la alfombra, furiosamente. Nunca duran más de 3 minutos. Esas ocasiones son insatisfactorias y yo me quedo con gusto a nada, pero con un cheque grande o un fajo de billetes olorosos. Es en esas ocasiones, apenas me quedo sola, cuando me pongo mi ropa interior más linda. Me paseo por el departamento descalza y semidesnuda, las cortinas abiertas, la luz entrando por todas partes. Me arrastro por los rincones y me pego a las paredes y voy tocando todo con los ojos cerrados. Siento cada textura, cada dureza, cada suavidad, y voy pensando en Armando. Me toco a ratos. Los pezones turgentes, la entrepierna húmeda y depilada, como si fuera una niña. No puedo evitar evocar a mi primo, aquel primer hombre que me tocó. Mi amor infantil se funde en uno solo con el amor por Armando. Me acuesto en el suelo y me acaricio hasta explotar y me quedo acostada ahí mucho rato, hasta que se me pasa el recuerdo y despierto en la fría realidad de mi soledad y me doy cuenta de lo mucho que extraño a Armando, y daría lo que fuera por estar con él de nuevo, y me recuerdo que no es posible, porque yo misma cavé mi propia tumba y ya no me es posible salir de ahí. Trato de llorar y no puedo. Entonces llamo al siguiente amante de mi lista. No quiero estar sola. Sola significa pensar en Armando.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6752864615742077422-4079482892504264553?l=manonamarguerite.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/4079482892504264553'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/4079482892504264553'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://manonamarguerite.blogspot.com/2009/04/el-sexo-de-las-putas.html' title='El sexo de las putas'/><author><name>M</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='26' src='http://photos1.blogger.com/blogger/309/2316/1600/blog.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6752864615742077422.post-5328178944563411750</id><published>2009-04-21T17:58:00.005-04:00</published><updated>2010-11-25T01:56:37.866-03:00</updated><title type='text'>José Ignacio</title><content type='html'>José Ignacio fue el primer hombre con el que me acosté por dinero. Llevaba poco más de un año saliendo con Armando y estaba en cuarto año de la carrera. Cuando los estudios me lo permitían, trabajaba con uno de mis profesores, José Ignacio, haciendo ayudantía. Esto es, trabajaba con él, en su oficina, corrigiendo trabajos de alumnos de primer año de enfermería. La cercanía nos hizo íntimos. Solíamos comer juntos, conversábamos muchísimo y me daba consejos. Siempre me invitaba él cuando comíamos, en ese tiempo, yo pasaba por serias dificultades económicas. Yo tenía planes de que Armando y yo nos fuéramos a vivir juntos y había firmado el compromiso de compra de mi departamento. Yo tenía prisa, pero Armando no, y firmé sola, por lo tanto el departamento y el compromiso eran míos y no de él. Armando no tenía para pagar el pie del departamento y yo tampoco. Cuando José Ignacio me preguntó que me pasaba, se lo conté. Me sentía asfixiada. Me costaba estudiar, solo pensaba en Armando, en vivir con él, en despertarme cada mañana a su lado y en mi apresuramiento, me había comprometido a comprar algo para lo que no tenía dinero y me veía ahora sin saber que hacer. Yo podría prestarte el dinero, me dijo José Ignacio esa vez, pero yo lo rechacé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente José Ignacio tocó el tema nuevamente. Me preguntó cuales eran mis opciones y se las dije: O pagaba o perdía el departamento. Tú sabes que te puedo prestar el dinero, me volvió a decir. Se había acercado a mí y me miraba a los ojos. Tomó un mechón de pelo de mi moño suelto y lo acarició. Yo me puse colorada, sentía que la cara me ardía. José Ignacio tenía en ese entonces 50 años, me doblaba con mucho la edad, pero se conservaba bien gracias al ejercicio y una vida sin estrés. Tengo que irme, le dije nerviosa. José Ignacio me tenía atrapada y no me dejó ir. Despídete al menos, me dijo con la voz ronca, y me dió un beso en los labios, muy suave.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando volví a verlo actuó como si nada hubiera pasado. Yo me senté a corregir trabajos mientras él leía, como de costumbre. José Ignacio es médico, pero se había retirado del ejercicio de la profesión para dedicarse a hacer clases. Podía permitirse el lujo pues tenía dinero suficiente. De repente, de la nada, me preguntó cuanto necesitaba para pagar la cuota del departamento. Levanté la vista de las correcciones y volví a enrojecerme. Son cerca de $500.000 le dije tartamudeando. De dónde los vas a sacar? No lo sé, le dije. Yo te los puedo prestar, me dijo él. No tengo cómo devolvértelos, le dije. Yo te los puedo dar entonces, me dijo él, a mí no me falta el dinero, a ti sí. No supe que decirle. No podía aceptar tanta generosidad. Le dije que no, que gracias, que ya vería que hacer. José Ignacio sacó su chequera, me hizo un cheque por medio millón al portador y me dijo que no fuera tonta, que me tenía cariño y que ya vería como pagárselo, que no perdiera el cheque y que pagara el departamento al día siguiente. Tomó su chaqueta y se fue, dejándome sola con el dinero. Me quedé sentada ahí, pensando en qué hacer, hasta que oscureció. Casi no dormí, pero por la mañana, ya había decidido usar el dinero. Ya vería más adelante que hacer para poder pagarle a José Ignacio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese día, después de haber estado en el banco, me dirigí a la oficina de José Ignacio en el campus de la universidad. Le dije que había usado su dinero y se puso contento. Ves? no tenías para qué estar triste, me dijo él, todo es solucionable en esta vida, incluso la muerte si encuentro la fuente de la vida eterna, finalizó con su broma habitual. Almorzamos juntos. Teníamos mucho trabajo que hacer. Se acercaba el fin de semestre y los estudiantes de primer año entregaban informes del tamaño de una tesis, con la esperanza de sacar buenas notas. José Ignacio me comentó que el sábado siguiente tendría que ir a una conferencia a otra ciudad. Me preguntó si quería acompañarlo. Lo miré fijamente. Pensé que bajo su pregunta habían mil significados ocultos pero le dije que sí, que iría con él, porque ya empezaba a pesarme el dinero que me había prestado. Entonces tenemos que cerrar aquí e ir a comprar ropa, necesitas un vestido, me dijo él. Protesté, pero no sirvió de nada. Según él, la conferencia era muy importante y debía ir vestida adecuadamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dejando los informes a medio corregir nos fuimos en su auto a una tienda. José Ignacio me llevó directamente donde estaban los vestidos. Este, me dijo tomando un vestido de seda blanca, este fue el que vi ayer. Pruébatelo, te quedará perfecto. Lo tomé y me dirigí al probador. El vestido costaba $240.000, casi la mitad de lo que me había dado para el departamento. Me devolví. Le dije a José Ignacio que no podía aceptar ese vestido, que era demasiado caro. Lo pagas tú? me preguntó él. Si vas a ir a una conferencia conmigo, debes ir vestida correctamente. Volví al probador. Me quedé en ropa interior y descalza, y me puse el vestido. José Ignacio tenía razón, me quedaba perfecto. Salí para que me viera. Te queda precioso! me dijo él, pero te falta ropa interior y zapatos. Casualmente, también habia encontrado la ropa interior adecuada y los zapatos perfectos. Me los dió, volví al probador y me puse la ropa interior sobre la mía, el vestido y los zapatos, unas sandalias blancas de tacón alto. Salí cabizbaja. Me sentía avergonzada. José Ignacio me dijo que me quedaba perfecto. Me quité todo, me vestí con mi ropa y José Ignacio pagó. Le quedará todo muy bonito a su hija, dijo el vendedor cuando puso todo en la bolsa. Nos fuimos en silencio. Esto debe haber sido un martes o un miércoles. Yo me fui a casa con mis valiosas prendas apretujadas en mi regazo. José Ignacio me pasaría a buscar el sábado a las 8:30 de la mañana para conducir hasta la ciudad donde iríamos. El día sábado llegó puntual.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La verdad es que me sentía ridícula vestida casi de fiesta mientras José Ignacio conducía. Cuando llegamos a nuestro destino nos dirigimos a un hotel. José Ignacio estacionó el auto y nos dirigimos a la recepción. Pidió una habitación y me tomó de la mano cuando le entregaron la llave. Yo no dije nada mientras me guiaba. Cuando entramos a la habitación me preguntó si quería comer algo. Le dije que no. Tenía el estómago revuelto y si comía cualquier cosa, de seguro lo habría vomitado. Qué mierda hago aquí, pensé. En eso sonó el teléfono de José Ignacio. Contestó. Eran casi las 11 de la mañana. Era su esposa. Quería saber si volvería a cenar. José Ignacio le dijo que si, que a eso de las 9 de la tarde estaría de vuelta, que la conferencia empezaría en cualquier momento y que no podría recibir más llamadas. Apagó su teléfono y me tomó de las manos. Me hizo sentarme a su lado. Me acarició la mejilla. Eres linda, me dijo. No, no eres linda, se corrigió, pero tienes algo... un algo especial, que me ha vuelto loco desde que te conocí. Yo no decía nada. No tiembles, me dijo él, no voy a hacer nada que no quieras que haga. Me acarició por sobre el vestido y no pude evitar excitarme. José Ignacio era atractivo, a pesar de su edad. Se dió cuenta de que se me endurecieron los pezones al contacto de su mano. Me empujó hacia atrás con cuidado y me desvistió lentamente. Cuando estuve desnuda quise sacarme los zapatos, pero me dijo que me los dejara. Me hizo levantarme. Se acostó en la cama y me pidió que caminara desnuda, con los zapatos puestos. Lo hice. Él se desvistió. Un vientre prominente que no se le notaba con la ropa quedó al descubierto y un pene lastimoso, que seguramente había conocido tiempos mejores, hizo su mejor intento de erección. Ven, me llamó, ya estoy listo. Yo tenía frío y la excitación ya se me había pasado. Le pregunté si tenía preservativo. Para qué? me preguntó. Yo confío en ti, después de todo, el único con el que te has metido es tu noviecito, no? me dijo. Yo no quise decirle que no era así, ni tampoco le dije que yo no confiaba en él. Estábamos ahí y había que correr el riesgo, pero el riesgo era para él, yo me había salvado tantas veces de contagiarme algo que estaba segura de que esta vez iba a salir bien librada. Con cuantas alumnas te has metido? le pregunté. Tú eres la primera, me dijo. Yo no le creí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me monté en él, incómoda con los tacones. Me molestaba su vientre y su pene nunca estuvo del todo erecto. Los minutos se hicieron eternos y se convirtieron en horas. Yo estaba congelada de frío y ya no sentía mi clítoris, de tanto frotarme contra él. Cuando le dije que tenía las piernas acalambradas me dijo que no siguiéramos. Que fuéramos a almorzar. Me vestí con el vestido blanco, porque no había llevado otra ropa, y caminamos un par de calles hasta un restaurant. Él me llevaba de la mano y caminaba erguido y orgulloso y yo me sentía como un trofeo. Pedimos langosta, un manjar para mí desconocido hasta entonces y vino blanco, que José Ignacio bebió con generosidad. Durante el postre me confesó que se había tomado 3 pastillas de viagra por la mañana y al parecer, se sentía orgulloso del resultado. La eyaculación precoz, problema tan recurrente con su esposa, había desaparecido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después del almuerzo paseamos por la ciudad. Era un día soleado pero corría un viento helado. Armando me llamó por teléfono. Le dije que estaba en una conferencia de la universidad y que lo vería al día siguiente. José Ignacio se rió. Sabes mentir, me dijo. Volvimos al hotel. Eran las cuatro de la tarde y José Ignacio quería apresurarse antes de volver. Me quité el vestido rápido y rogué para que esta vez se acabara pronto. José Ignacio me cogió por la espalda y me penetró con fuerza mientras sus garras me manoseaban y estrujaban los senos. Yo cerré los ojos y pensé en Armando. Me dije que esto lo hacía por él, por nosotros, que era la primera y la última vez. Un estertor y un gemido después y José Ignacio se metió a la ducha. Yo me quedé acurrucada en la cama, con el cuerpo adolorido. Me duché después de José Ignacio y me vestí. Nos fuimos. José Ignacio me dejó en mi casa. Me dió un casto beso en la boca y me dijo nos vemos el lunes! Yo no sabía en ese entonces que había cavado mi propio túnel al infierno.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6752864615742077422-5328178944563411750?l=manonamarguerite.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/5328178944563411750'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/5328178944563411750'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://manonamarguerite.blogspot.com/2009/04/jose-ignacio.html' title='José Ignacio'/><author><name>M</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='26' src='http://photos1.blogger.com/blogger/309/2316/1600/blog.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6752864615742077422.post-5305907986339115918</id><published>2009-04-21T14:44:00.003-04:00</published><updated>2009-04-21T15:49:42.523-04:00</updated><title type='text'>Prostituta</title><content type='html'>Supongo que el que me acueste con hombres por dinero me hace una prostituta. O quizás no. Todo depende del punto de vista con que se le mire.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Soy bonita, muy bonita, según los cánones de belleza actuales. Soy delgada, pero tengo un cuerpo muy formado, gracias a la herencia de mi madre. Si tengo algo que agradecerle es que me haya heredado su belleza, si es que eso es algo para agradecer, que sería lo único. Tengo el pelo largo, ondulado y negro como el azabache, el rostro ovalado y los ojos grandes y claros. Una boca bonita y la piel clara. Eso, a grandes rasgos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hecho de ser bonita y bien formada me acercó a los hombres y me alejó de las mujeres. Nunca tuve amigas, quienes me veían como una rival. Supongo que el instinto les advertía como era yo en el fondo, en que me convertiría, y por eso se alejaban de mí. Yo tampoco trataba de cultivar amistades, debo admitirlo. Los hombres en cambio me veían, desde temprano, como un objeto que deseaban poseer. Muchos me vieron como inalcanzable, me confesaban en la cama, sin poder creer el estar ahí, conmigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Supongo que debería definirme como una persona sexual. Uso el sexo para todo. Fanática? Adicta? no sé cuál es el adjetivo que queda mejor. Me gusta el sexo y lo disfruto, de una manera un tanto enferma, quizás sí, pero lo disfruto. Me excitan las primeras veces, sea quien sea. El coqueteo, el descubrimiento, los primeros besos y las primeras caricias. La mayoría de los hombres son decepcionantes. No saben como acariciar. No saben besar. No saben hacer el amor. Educados por películas pornográficas creen que a una le exita lo que allí han aprendido y no es así. O quizás es que yo soy demasiado sensible. A mi me gustan las caricias lentas y suaves, los besos que se dan rozando con los labios y no los langüetazos ni los manotazos que los hombres creen que a las mujeres les calientan porque los han visto en películas baratas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los hombres que me decepcionan en la cama me dejan de interesar de inmediato. Los que son buenos suelen interesarme un tiempo, pero me terminan aburriendo. Por ejemplo Albert, quien es excelente en la cama, uno de los amantes más considerados y expertos que he tenido, pero quien ya me aburre. Lo conozco, conozco su cuerpo, sé sus movimientos, preveo sus deseos y eso me desespera, me fastidia. Hubo un solo hombre que no me cansó. Armando, como siempre Armando. Cada beso de Armando era el más dulce. Cada caricia que me daba me hacía llorar de amor. Al final, cuando vinieron los problemas, me daba su amor como el amo que le tira un hueso a su perro preferido y yo lo recibía gustosa, cada migaja de su cariño. Casi me muero por Armando y aún moriría gustosa si pudiera volver a estar entre sus brazos. Armando no era un buen amante. Yo lo enseñé. Lo amoldé a mi gusto. Desde la primera vez, en que él, inexperto, pensó que yo era virgen como él. Lo eduqué sin que se diera cuenta, porque sabía que Armando estaba predestinado a ser el amor de mi vida, aunque nunca pude preveer que todo terminaría como terminó. Armando me intoxicaba, y tanto fue que me volví loca cuando terminamos. Aún estoy loca, creo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se aprende a ser prostituta. Se aprende a fingir orgasmos. Se aprende a conocer a cada hombre con el que una se acuesta, a saber que movimientos les gustan más y cómo hacerlos llegar al orgasmo más rápido. Me aburre el sexo últimamente, pero me he vuelto adicta. Adicta al dinero y adicta a sentirme deseada. Cuando me acuesto con alguien lo hago automáticamente, ojalá para terminar lo antes posible. Cuando vuelvo a estar sola sueño con Armando, rememorando las veces que estuve en sus brazos y deseando volver a estarlo, aunque sea por unos minutos, y me masturbo en sueños, pensando en él y en la frustración de no poder tener un orgasmo real con aquellos que me pagan.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6752864615742077422-5305907986339115918?l=manonamarguerite.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/5305907986339115918'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/5305907986339115918'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://manonamarguerite.blogspot.com/2009/04/prostituta.html' title='Prostituta'/><author><name>M</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='26' src='http://photos1.blogger.com/blogger/309/2316/1600/blog.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6752864615742077422.post-250825535639160918</id><published>2009-04-21T06:38:00.002-04:00</published><updated>2009-04-21T07:22:38.821-04:00</updated><title type='text'>Albert</title><content type='html'>Albert es judío. Nos conocimos hace bastantes años y a mí me gustó desde el primer día y supongo que él me encontró atractiva o por lo menos interesante. Solíamos charlar por horas, sobretodo de religión. Albert practica su religión y me fascinaba que me contara de sus rituales, de la historia de su pueblo, del yiddish...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Albert es varios años mayor que yo y yo lo veía como un padre, el padre que me habría gustado tener. Yo sabía que Albert estaba casado y que tenía 3 hijos, pero jamás conocí a su familia. Una vez le dije que si él no hubiera sido tantos años mayor que yo, me habría casado con él. Se rió y me dijo que sí, que él también se habría casado conmigo, si yo no tuviera edad para ser su hija y si me hubiera convertido al judaísmo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando conocí a Armando dejé de lado las conversaciones con Albert. Yo quería estar con Armando todo el tiempo, me absorbía, me consumía, y Albert me lo dijo. Me dijo que yo ya no tenía tiempo para él. Cuando las cosas andaban mal con Armando yo acudía a Albert y le contaba lo que me pasaba. Me hacía bien hablar con él. Albert fue la segunda persona con la que me acosté por dinero. Pasó de la siguiente forma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una noche pasé a buscar a Albert a su trabajo. Quería hablar con él y él estaba trabajando hasta tarde. A eso de las siete me pasé por su oficina. Estaba solo. Empezamos a hablar y de alguna forma u otra llegamos a una conversación más íntima. Me dijo que era preciosa, que siempre le había gustado pero que todo impedía que estuviéramos juntos: la edad, su estado civil, mi amor por Armando, la sociedad, su religión. Yo me reí de lo que decía porque yo ya lo había pensado muchas veces. Albert estaba sentado en su silla de escritorio. Se reclinó hacia atrás y me miró sugestivamente. Yo, al otro lado del escritorio, me hice la inocente. Le pregunté si estaba circuncidado. Se sorprendió de la pregunta y sonrió. Por supuesto que lo estoy, me dijo. Me gustaría verlo, le dije yo. Albert me miró, sopesando si yo hablaba en serio o no. A mi me gustaría verte desnuda, me dijo él. Eso se puede arreglar por un módico precio, le dije yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Albert se quedó mucho rato callado. Al final cruzó las manos y apoyándose sobre ellas se acercó a mí y me preguntó muy serio de qué estaba hablando. De nada en especial, le dije yo. Tú me dices que quieres verme desnuda y yo te digo que eso tiene su precio. Se lo has ofrecido a alguien más? me preguntó. No... de momento, le dije yo. Cuánto quieres? me preguntó él. Cuánto le das mensual a tu esposa? $700.000 me dijo Albert. Y cuántas veces te acuestas con ella? Una vez al mes quizás, me dijo él, después de pensarlo muy poco. Bueno... le dije yo, quitando los gastos que ocasiona cuidar de tus hijos, dejémoslo en $300.000. Albert soltó una carcajada. Tú no estás hablando en serio! me dijo. Ah no? veamos, hazme un cheque y verás si estoy hablando en serio o no.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de muchas dudas Albert sacó la chequera y una lapicera. Me hizo un cheque por $300.000. Yo lo tomé y lo estudié detenidamente. El corazón me latía acelerado. Era la segunda vez que lo hacía, pero esta vez había sido con intención. La primera vez había sido de manera casi accidental. Lo guardé en mi cartera tratando de evitar que se me notara el temblor de las manos. Albert observó cada uno de mis movimientos. Yo sonreí y le pregunté que qué quería hacer. Aún no puedo creer que estés hablando en serio, me dijo él. Me levanté de mi asiento y me acerqué a él. Él seguía en su silla y yo me senté en su escritorio. Se me subió un poco la falda que llevaba. Albert me tocó las piernas. Tienes unas piernas perfectas, me dijo, siempre las he admirado. Se detuvo en las ligas de encaje. Siempre llevas ligas? me preguntó. Casi siempre, le dije. Siempre que uso falda, sí. Albert subió sus manos a mi escote y me desabotonó la blusa lentamente. Yo llevaba un sostén de encaje marfil que traslucía mis pezones. Albert me tocó con tanto cuidado que se me erizó la piel. Se levantó y me besó el cuello, la garganta, los pechos. Me metió la mano en el pelo y se pegó a mí. Su erección era evidente. Se bajó el cierre del pantalón mientras me abrazaba y sin quitarme la ropa interior, corriéndomela hacia un lado cuidadosamente, me penetró suavemente. No se me ocurrió preguntarle si tenía un condón. Habíamos hablado muchas veces de nosotros, pero nunca de nuestras vidas sexuales. Albert creía y sigue creyendo que han habido solo dos hombres en mi vida: él mismo y Armando. Y a mí no me parecía que Albert fuera un hombre promiscuo, al contrario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo hicimos en su oficina, suavemente, en su silla de escritorio y en su escritorio. Cuando terminamos, nos vestimos sin mirarnos. Supongo que ambos estábamos un poco avergonzados. Albert me preguntó si quería que me fuera a dejar a mi departamento y le dije que si. Era tarde y en ese tiempo yo aún no tenía automóvil. No hablamos una palabra en el camino. Cuando llegamos nos despedimos con un beso apresurado a medio camino entre la boca y la mejilla. Al día siguiente cobré el cheque temprano, puse una parte en mi cuenta y el resto lo puse en mi cartera. Me fuí a una joyería y le compré a Albert un porta lápices de plata en el que mandé a grabar "para que te acuerdes de mí". Se lo dejé con su secretaria y no lo volví a ver en varios días. No me imaginaba que ese iba a ser el inicio de todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy he recibido un correo de Albert. Me dice que quiere verme, que piensa en mí, que tiene que ir a Holanda por una semana y quiere que lo acompañe. Ambos sabemos lo que eso significa. Y ambos sabemos lo que le costará.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6752864615742077422-250825535639160918?l=manonamarguerite.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/250825535639160918'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/250825535639160918'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://manonamarguerite.blogspot.com/2009/04/albert.html' title='Albert'/><author><name>M</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='26' src='http://photos1.blogger.com/blogger/309/2316/1600/blog.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6752864615742077422.post-5507320452197337406</id><published>2009-04-20T06:43:00.005-04:00</published><updated>2010-01-17T20:18:53.082-03:00</updated><title type='text'>Quiéreme como yo quiero que me quieras</title><content type='html'>Mis padres se separaron cuando yo tenía 10 años. Un día volvió papá más temprano de lo que acostumbraba. Mi madre no estaba y mi primo, como hacía 3 veces a la semana desde hacía tiempo, me cuidaba. No oímos cuando se abrió la cerradura de la puerta, ni oímos los pasos de mi padre hasta que estuvo al lado de nosotros. Mi primo estaba sentado en el sofá, desnudo de cintura para abajo y yo estaba sentada sobre él. Mi padre me sacó de encima de mi primo y a él lo golpeó hasta sacarle sangre de la nariz. Pegas fuerte, maricón! le dijo mi primo antes de irse, con los pantalones a medio abrochar. Yo me quedé parada ahí, desnuda, y mi papá se fue a su dormitorio. Como pasaban los minutos y mi padre no volvía, me fui a mi dormitorio. Pensé que me iba a retar, a castigar, a decirme algo, pero mi padre jamás vino. Cuando mamá llegó oí los gritos desde mi cama. Se separaron ese mismo día. Mi padre hizo una maleta con su ropa y se fue. A los pocos días mi madre me llevó donde un abogado. Mi padre había interpuesto una demanda en contra de mi madre. Quería el divorcio y decía que rechazaba la tuición sobre mí, pero que si mi madre quería conservarme, él pagaría mi manutención, de lo contrario, sugería que se me entregara a algún familiar. Mi madre me conservó a su lado para asegurarse la pensión que le pagaba mi padre, pero desde entonces tuve la libertad de hacer lo que quisiera. A mi madre no le interesaba lo que yo hiciera. No le interesaba si iba o no al colegio, si llegaba más tarde o más temprano, si comía o si dormía. Ella hacía su vida sola y yo hacía la mía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A los 11 años, camino al colegio, conocí a mi primer novio. Él tenía 23 años y me habló en la calle. Me dijo que le parecía bonita y me preguntó si me podía acompañar al colegio. Yo me reí y no le contesté, pero al día siguiente estaba en el mismo sitio. Se llamaba Mauricio y era estudiante de enfermería. Después de una semana de coqueteos, me acompañó a mi casa. Nos besamos mucho. Fueron, para mí, los primeros besos, y Mauricio me enseñó bien. Duramos un par de semanas juntos y se terminó. Tiempo después volví a encontrármelo y conversamos sobre lo que había pasado entre nosotros años antes. Yo tenía entonces 14 años y él 26. Le pregunté si sabía que edad tenía yo. Unos 20? me preguntó. Tengo 14, le dije. No me creyó hasta que le mostré el carné de identidad. Me miró horrorizado. Si tienes 14 ahora, eso quiere decir que esa vez tenías... 11 años? Sí, confirmé yo, tenía 11 años. Mauricio quería morirse. Se sentía un pedófilo casi. Yo le dije que no se preocupara. No quise aclararle que él no había sido mi primer hombre, pero si había sido el primero a quien había besado. Tuvimos un intento más esa vez, cuando yo tenía 14 años, pero no funcionó. Yo ya estaba curtida y a pesar de mi corta edad, tenía una larga lista de amantes a mi haber. Hombres a los que había ido desechando uno a uno. Yo quería que me quisieran, les había dado todo, les había dejado tocarme, besarme, hacer lo que quisieran, pero después de un tiempo siempre me terminaban aburriendo porque no me querían como yo quería que me quisieran. Yo quería a alguien que me amara con todo su ser y que me lo demostrara y fueron pasando muchos, por mi vida, por mi cama, entre mis piernas, hasta que conocí a Armando.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6752864615742077422-5507320452197337406?l=manonamarguerite.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/5507320452197337406'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/5507320452197337406'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://manonamarguerite.blogspot.com/2009/04/quiereme-como-yo-quiero-que-me-quieras.html' title='Quiéreme como yo quiero que me quieras'/><author><name>M</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='26' src='http://photos1.blogger.com/blogger/309/2316/1600/blog.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6752864615742077422.post-1396037590599283041</id><published>2009-04-19T04:58:00.002-04:00</published><updated>2009-04-19T16:33:05.383-04:00</updated><title type='text'>Daño</title><content type='html'>A veces siento la necesidad de hacerme daño. Mis padres no me quisieron nunca y eso no justifica que me haya convertido en lo que soy. Cuando crecí fui conociendo a personas que me quisieron, por distintos motivos, pero nunca quise verdaderamente a nadie hasta que conocí a Armando. Hasta ese entonces creí que no era capaz de amar. Soy mala, cínica, fría, interesada, calculadora y le haría mejor al mundo que yo no existiera, en realidad, no valgo para nada. Si fuera lo suficientemente valiente me quitaría la vida, pero siempre me acobardo en último segundo, en el segundo en que pienso en Armando, en que me imagino que me quiere y que es posible empezar de nuevo, desde cero. La realidad es tan distinta que me pongo furiosa. Lo único que puedo hacer es hacerme daño y con eso, dañar a quienes dicen quererme, pero por quienes yo no siento nada. Armando... cada inhalación lleva tu nombre.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6752864615742077422-1396037590599283041?l=manonamarguerite.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/1396037590599283041'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/1396037590599283041'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://manonamarguerite.blogspot.com/2009/04/dano.html' title='Daño'/><author><name>M</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='26' src='http://photos1.blogger.com/blogger/309/2316/1600/blog.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6752864615742077422.post-4126610360156293362</id><published>2009-04-17T08:28:00.005-04:00</published><updated>2010-01-15T02:46:16.471-03:00</updated><title type='text'>El sexo abre puertas</title><content type='html'>De pequeña aprendí que el sexo abría y cerraba muchas, muchísimas puertas. Fui una hija no deseada en un matrimonio arreglado. Mi madre se casó para no quedarse solterona y para que mi padre la mantuviera. Mi padre se casó para ocultar su homosexualidad latente. Yo nací a los 10 meses de la fecha en que firmaron el contrato en el registro civil y desde entonces, o probablemente desde antes, mis padres vivieron vidas separadas. Cada uno tenía su dormitorio, dormían separados, comían separados y jamás se veían. Mi padre jamás asistió a verme a algún acto del colegio. Tampoco mi madre. Mi vida fue muy solitaria de pequeña. Me pasaba las horas solas, mi padre en el trabajo o con el amante de turno, mi madre con el amante de turno siempre. Apenas mi padre salía por las mañanas mi mamá me iba a dejar al colegio. Cuando yo volvía tenía la comida hecha y ella salía, dejándome, según su humor, encerrada o no con llave. Supongo que le daba miedo que me escapara, pero yo no tenía adonde ir de todas maneras, así que me pasaba las horas muertas dibujando, haciendo las tareas, viendo televisión o jugando con mis muñecas a la familia perfecta con la que yo soñaba. Poco antes de cenar volvía mi madre, con la cara alegre y de buen humor si el amante se había portado bien o enojada, tirando todo y quebrando platos si había tenido un mal día. En esos días, los malos, mi papá se iba de inmediato, para evitar discusiones con mi madre. En los días buenos se quedaba a veces en casa, encerrado en su dormitorio, viendo televisión y leyendo el diario. Mi padre nunca me tocó. Jamás me hizo cariño ni recuerdo ningún abrazo de él durante mi niñez. Recuerdo que una vez me retó porque iba mal peinada. Peíname tú entonces, le dije. Me dió una cachetada, esa fue la única vez que recuerdo que me tocó, y me dijo que lo tratara de usted, que él era mi padre, me gustara o no, y que le debía respeto. Él me trataba de usted las pocas veces que se dirigía a mí, esto era, cuando habían visitas. Hija, cuénteles a los tíos lo bien que le va en el colegio. Hija, recíteles a las visitas el último poema que se aprendió de memoria. Hija, haga tal o tal cosa para mostrarles a los demás lo inteligente que es, cualidad heredada por supuesto de él, el señor padre omnipotente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un día en que yo estaba sola vino un hombre, amigo de mi padre. Lo hice pasar. Yo debía de tener unos 7 años y estaba acostumbrada a pasar el día sola. Mi padre llegó al rato, disculpándose por la demora. Se dió cuenta de que mi mamá no estaba y se molestó. Hizo pasar al hombre a su dormitorio y se encerraron. El hombre se fue cuando llegó mi mamá. Mi mamá y mi papá se pelearon esa noche. Mi padre la trató de puta, y de suelta, y de descuidarme. Mi madre le dijo que a él qué le importaba, que él tampoco se ocupaba de mí, que ella tenía derecho a hacer su vida si él no se ocupaba de ella y que se arrepentía de haberse casado con un maricón. Pasaron años antes de que alguien me explicara el significado de esa palabra. Ellos discutieron por horas. Mi mamá le rasguñó la cara mientras le gritaba que no volviera a traer a sus amantes a la casa. Yo hacía mis tareas, y de vez en cuando, una lágrima manchaba el cuaderno de caligrafía en el que escribía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de eso mi mamá le pidió a un primo que me cuidara cuando ella salía. Ya no salía todos los días, porque mi papá la amenazó con no darle más dinero, o con darle menos, si me volvía a dejar sola. Supongo que la conciencia, más que el instinto de padre, hizo su llamado. Mi madre salía día por medio y día por medio venía mi primo, de 3 a 7, a cuidarme. Mi primo era 10 años mayor que yo. Un chico alto, delgado, seguro de sí mismo. Me enamoré infantilmente de él. Los primeros días me interrogó sobre mis padres, que hacían, que decían. Se dió cuenta de que tenían dormitorios separados. Le dije que mi madre había dicho que mi padre era maricón y él se rió. Eso lo sabe todo el mundo, me dijo, sin darme más explicaciones. Mi primo se portaba bien conmigo. Me ayudaba a hacer las tareas, me enseñó a leer, cocinaba y veíamos televisión juntos. Poco a poco nos fuimos acercando. Al pasar los días me pedía que me sentara en sus piernas cuando veíamos televisión y yo lo hacía gustosa. Habría hecho cualquier cosa que me pidiera. Mi primo me tocaba el pelo, que yo tenía largo hasta la cintura y me daba besos en la cabeza. Me desconcertaban esos cariños. De pronto, me encontré llena de sensaciones nuevas. Me gustaba que me tocaran, me gustaba sentir el contacto con otro ser humano, la calidez de sus manos contra la calidez de mi piel, algo que mis padres nunca habían hecho. Un día, mientras veíamos televisión, mi primo me bajó el tirante del vestido y me dió un beso en el hombro. Lo recuerdo como si fuera la víspera. El corazón se me detuvo y todos los vellos del cuerpo se me erizaron. Mi primo me preguntó si me gustaba. Yo no dije nada. Mi mamá, a pesar de todos sus descuidos, me había advertido que no dejara que nadie me tocara, sobre todo &lt;em&gt;ahí&lt;/em&gt;, entremedio de las piernas. Incluía la advertencia otras partes del cuerpo? Era por ese motivo que mis padres nunca me tocaban?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te gusta? volvió a insistir mi primo. Asentí levemente con la cabeza. Él me corrió el pelo hacia un lado y me besó el cuello. Te gusta? Volví a asentir, con más fuerza, las mejillas enrojecidas y el corazón galopándome en el pecho. No puedes contarle a tus papás que te dí un beso o que te toqué, me dijo. Mis papás no me tocan, le dije yo. Mi primo se rió. No, tendrías que tener una pirula para que tu papá quisiera tocarte, me dijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi primo se fue ese día y volvió el lunes siguiente. Yo había pensado en él todo el fin de semana. Estaba nerviosa. Quería que me siguiera tocando. Cuando mi mamá por fin se fue, advirtiéndonos que llegaba a las 7, le dije a mi primo que viéramos televisión, con la esperanza de que me volviera a tocar. Cuando fui a sentarme en sus piernas me dijo que no, que no quería tenerme en sus piernas e hizo que me sentara a su lado. Siéntate así, me dijo, mientras me abría las piernas. Se sentó en el suelo. Sácate los calzones, me dijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una alarma se activó en mi cabeza. No podía hacerlo. Me paralicé del miedo. Mi primo me dijo que le mostrara lo que ocultaba bajo los calzones. No puedo, le dije con un hilo de voz, mi mamá me ha dicho que no le muestre a nadie. A nadie desconocido, me dijo él, pero a mi me conoces! Anda, sácatelos. Mira, me dijo, me bajo los calzoncillos yo primero, y después tú, vale? Yo no dije nada. Él se sacó primero los jeans y luego se bajó lentamente los calzoncillos. Una mata de pelo rizado le coronaba el pubis y algo parecido a un gusano grueso y flácido le colgaba de la mata de pelo. Yo no tengo pelo, le dije curiosa, mientras lo miraba. No, pero ya te va a salir, me dijo él, entonces ya no me gustarás. Te gusto ahora? le pregunté con los ojos como platos. No sé... me dijo él, tengo que ver que de verdad no tienes pelo. Yo no me atreví a sacarme los calzones. Mi primo me hizo ponerme de pie y me los sacó él. Yo bajé la mirada, avergonzada. Él se sentó en el sillón mientras yo permanecía de pie. Con una mano empezó a acariciarme la entrepierna, mientras él se masturbaba. Creo que en ese momento no entendí lo que pasaba. Estaba confundida, asustada, avergonzada y aún así, me gustaba que me tocara. Pocos minutos después mi primo se fue al baño a limpiarse el líquido blanquecino que le había brotado del pene. Yo me quedé congelada ahí. Mi primo volvió, me vistió y me dijo que no le dijera nada a mis padres, porque entonces ellos se enojarían, me darían en adopción y yo jamás lo volvería a ver a él. Yo no pensaba decirles nada a mis padres, de todas maneras, nunca me escuchaban.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la edad de 7 años aprendí que para que alguien me quisiera, tendría que dejarlo que me tocara &lt;em&gt;ahí&lt;/em&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6752864615742077422-4126610360156293362?l=manonamarguerite.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/4126610360156293362'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/4126610360156293362'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://manonamarguerite.blogspot.com/2009/04/el-sexo-abre-puertas.html' title='El sexo abre puertas'/><author><name>M</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='26' src='http://photos1.blogger.com/blogger/309/2316/1600/blog.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6752864615742077422.post-7662570573163784365</id><published>2009-04-15T09:35:00.003-04:00</published><updated>2009-04-15T09:59:06.114-04:00</updated><title type='text'>Mi vida hoy</title><content type='html'>Hace poco más de dos años escribí por última vez. Armando se moría irremediablemente y con él me moría yo. Traté de suicidarme varias veces sin resultados. No soy ni lo suficientemente valiente ni lo suficientemente cobarde para quitarme la vida. Dos largos años en los que casi nada ha cambiado. He perdido un par de kilos, tengo el pelo de otra forma y sigo amando a Armando, con toda mi alma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Armando sufrió un accidente automovilístico hace dos años, motivo por el que empecé este blog. Estuvo a punto de morir. Medio país siguió la noticia por televisión y cuando nadie se lo esperaba, Armando pareció resucitar de entre los muertos y se recuperó. Él volvió poco a poco a su vida y yo me hundí más y más en la muerte. Armando tuvo la suerte de recuperarse completamente y rehacer su vida. Hoy está comprometido para casarse y mis días pasan vacíos, en la espera de nada, pensando en él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Armando lo conocí cuando ambos éramos estudiantes, el de ingeniería y yo de enfermería. Fuimos, durante un tiempo, la pareja ideal, vista desde fuera. La verdad es que yo me enamoré de Armando a primera vista y lo enamoré rápidamente. Armando es de buena familia, antiguos millonarios que con el paso del tiempo se han gastado todo y lo único que les queda son una casa que se ve hermosa por fuera pero que se cae a pedazos por dentro, un apellido de alcurnia y sus preciosos genes, que cuidan no se mezclen con alguien de clase inferior a la de ellos, por ejemplo, con los míos. Tardé un tiempo en darme cuenta de esto. La familia de Armando nunca me quiso realmente, hasta que me volví prostituta y empecé a mantenerlos. Claro que ellos nunca supieron de donde sacaba yo el dinero, o quizás se lo imaginaban, pero nunca dijeron nada. Yo me inventaba trabajos por aquí y por allá, para tener tiempo para mis citas y para justificar mi abultada cuenta bancaria. Mi trabajo como enfermera me permitía tener turnos de noche sin levantar sospechas. Fue un tiempo estresante, cuando tenía varios teléfonos celulares que tenía que esconder de Armando. Ahora ya no me escondo de nadie, ya no me estreso, pero extraño a Armando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi vida es fácil, pero me siento sola. Nadie sabe abiertamente a qué me dedico, ni yo se los diría, por supuesto. Eso me sepultaría inmediatamente. Hace años que no ejerzo como enfermera ni trabajo en nada. No lo necesito. Quizás algún día pueda contar mi vida, daría para escribir un libro, el cómo crecí y el cómo llegué a ser lo que soy ahora. Algún día lo haré.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Armando, Armando... tiene una novia rancia de apellido imposible, ojos azules, nariz respingada y pelo rubio ceniza tan falso como el amor que ella le tiene a Armando. A veces he pensado en aparecerme en la casa de Armando y ver que pasa. Yo sé que me sigue queriendo. Tiene que seguir queriéndome. Esto es lo que pienso a diario, que Armando me sigue amando pero no se atreve a decírmelo, a buscarme. Esto es lo que me mantiene viva, lejos de las pastillas para dormir, los cuchillos, las sogas y las líneas del metro.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6752864615742077422-7662570573163784365?l=manonamarguerite.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/7662570573163784365'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/7662570573163784365'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://manonamarguerite.blogspot.com/2009/04/mi-vida-hoy.html' title='Mi vida hoy'/><author><name>M</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='26' src='http://photos1.blogger.com/blogger/309/2316/1600/blog.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6752864615742077422.post-7654622845630988104</id><published>2007-03-29T10:50:00.001-04:00</published><updated>2009-06-17T04:56:55.512-04:00</updated><title type='text'>20 días</title><content type='html'>Hace 20 días Armando, traté de morir. Apenas hoy me han dejado volver al computador. Tengo decenas de e-mail que no quiero revisar. La mayoría de ellos de Gustavo, que ocupa un importante cargo en cierta empresa automotora. Está casado y tiene dos hijos hermosos, pero su esposa rara vez lo toma en cuenta. Cuando estamos juntos me paga para montarme encima de él durante 30 segundos hasta que eyacula lamentablemente dentro de un preservativo color rojo. Luego se pasa media hora en el baño llorando mientras yo me doy vuelta de costado en la cama y pienso en ti, como siempre. La siguiente media hora él se la pasa tendido en la cama, de espaldas, mirando hacia el techo. Yo le doy la espalda mientras él me habla de sus traumas. Siente que tiene el pene chico. Realmente lo tiene pequeño, apenas como mi dedo índice, una lombriz pequeña y gorda que nunca logra ponerse rígida por completo, pero yo no le digo nada. Su esposa ya le dice suficiente. Gustavo es un hombre lindo, es atento, caballero y católico recalcitrante. La primera vez que tuvimos sexo me pidió que me depilara completamente. A mí no me extrañó. Será que ya me había acostumbrado a las costumbres de mis clientes, sus preferencias y exigencias. Ese día me pidió que lo esperara en la cama con las piernas abiertas mientras él terminaba de lavarse en el baño. Esa es otra de sus costumbres, constantemente se lava. Las manos las tiene blanquísimas y siempre impecables. Cuando entró al dormitorio levanté la vista. Vi que ya se había puesto el condón. Me miró largamente, con su pene fláccido y sus ojos tan faltos de cariño. Quiso acercarse a besarme pero se detuvo. Me pidió que le dejara espacio para acostarse y que me montara en él. Yo pensé que aún no estaba listo pero le obedecí, quizás tenía alguna clase de problema y no me lo había contado. Con dificultad conseguí introducir su pene dentro mío. Entonces empecé a moverme, apretando mucho las piernas para que no se me escapara. Después de 5 vaivenes hizo una mueca y me abrazó, me dijo que no siguiera, que ya había terminado. Afirmé el condón y me retiré. Me puse a su lado. Como primera vez, no supe que esperaba él de mí. Se levantó y salió de la habitación. Cuando pensé que se estaba demorando demasiado salí a ver si estaba bien. En el pequeño altar que tenía en el pasillo estaba de rodillas, llorando. Hice la nota mental de sacarlo apenas él se fuera. No soy realmente religiosa y me pareció una burla, cuando lo ví ahí. Ahora llora en el baño. Después de esa primera vez, las siguientes ocasiones no han diferido mucho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gustavo está preocupado por mí. Antes de tratar de morir, hablaba con él todos los días. Me gusta Gustavo, pero jamás tendría una relación seria con él. Me gusta mirar sus ojos verdes, cuando hablamos de cualquier cosa menos de su familia y sus traumas. Tiene una hermana mayor que es una eminencia, no recuerdo ahora en qué. Trabaja como profesora en una de las universidades más grandes de Chile. Siento que Gustavo se siente celoso de ella, pero no puede competir. Cuando Gustavo aún no sabía a que me dedicaba yo, solíamos juntarnos a conversar como buenos amigos. El día que fuimos a una heladería cerca de tu casa, una pequeña y escondida dentro de una avenida grande, me besó por primera vez. Me había pasado a buscar al trabajo en su auto gigantesco, último modelo de los Honda más caros, nunca he sido buena para identificarlos, nunca he sido muy buena para nada de eso que te interesa a ti. En ese tiempo yo aún tenía trabajo fijo y con contrato, con el que trataba de encubrir mis cada vez más abultados ingresos, y, por supuesto, te tenía a ti. Quería ir a verte aunque tuviera que cruzar medio Santiago en micro, mientras tú esperabas cómodamente en tu casa. Gustavo me llamó, quería verme y yo quería verte a ti. Le dije que no tenía tiempo y se ofreció gentilmente para ir a buscarme. Hasta ese momento jamás había visto a Gustavo como un potencial cliente, pero sí me entusiasmó la idea de cambiar el viaje en micro por un viaje en auto. En ese tiempo yo aún no tenía auto porque me decías que era un gasto innecesario, y como siempre, yo te hacía caso en todo. Le dí 40 minutos de plazo, si no llegaba, me iba. Aunque no era su horario de salida, llegó en menos de media hora. Supongo que tomó Américo Vespucio y condujo a más de 100 km/h para llegar al otro extremo de la ciudad. Adonde te llevo, me dijo. Le dí las señas mientras él me miraba nervioso. Me pidió que paráramos en algún lugar porque quería conversar conmigo, así que paramos en la pequeña heladería, donde su auto estacionado afuera llamaba la atención más que cualquier cosa. Elegí la mesa más alejada de la puerta, en un segundo piso endeble que amenazaba con caer al más mínimo remezón. Una amable señora miró a Gustavo mientras me tomaba el pedido. Gustavo es alto y rubio, llama la atención, además de tener una facciones que invitan a la contemplación. Yo miraba nerviosa hacia afuera, tenía miedo de que alguien que te conociera me viera, a pesar de que no estábamos tan cerca de tu casa. Gustavo me tomó de la mano y me obligó a mirarlo. Siempre me decía que le encantaban mis ojos, es algo a lo que estoy acostumbrada a que me digan. Lo miré fijamente, me perdí por 15 segundos en la profundidad verde de sus ojos mientras pensaba que ojalá no me llamaras por teléfono, que ojalá no te hubiera llamado para decirte que iba a tu casa. Me dijo que había estado pensando mucho en mí. Que se había dado cuenta de lo importante que me había vuelto en su vida. Que se había dado cuenta de que su familia era una parodia. Llegó la señora con los helados y al ver que sostenía mi mano entre las suyas me miró con ojos asesinos. Tiró, porque no dejó, sino que tiró los helados en la mesa y se fue, pisando fuerte y remeciendo el piso. Gustavo y yo nos miramos y sonreimos. Me dijo que le encantaba mi sonrisa. Me dijo que lo estaba volviendo loco. Me dijo que me tenía en su mente día y noche, que no dormía y que trabajaba mal. Que se contenía para limitarse a llamarme solo tres veces al día y que ya no podía más con eso. Lo miré, ahora con otras intenciones. Ya había practicado miles de veces esa mirada, invitándolo a que diera el primer paso. No esperó demasiado. Entrelazó una de sus manos con la mía mientras con la otra me acariciaba la cara. Recorrió cada centímetro de mi rostro con sus dedos, contrastando mi piel morena con su piel pálida. Tocó mi pelo, negro como la noche, y quizás pensó en el pelo de su esposa, lejos de su vida hacía tanto tiempo, rubio como la miel. Con la misma mano, temblorosa, afirmó suavemente mi cabeza y vi en sus ojos la súplica muda de que no lo rechazara, no yo, nunca. Se acercó lentamente, tal como uno sueña que debería ser el primer beso con ese gran amor, tuvo suerte de que la mesa de esa heladería insignificante fuera tan pequeña, y me besó. Sus labios delgados, tan distintos de los tuyos, temblaban. No me lo habría esperado de un hombre de 35 años. Los minutos pasaron mientras el me seguía besando, estábamos solos en el piso, en el mundo, y nada más importaba, ni siquiera los helados que se derretían. En eso llamaste a mi celular y dejé de besarlo. Te contesté y te dije que estaría ahí en 10 minutos, que iba en camino. Gustavo me miró confundio, algo se había quebrado, el momento mágico había desaparecido y volvíamos a ser el hombre casado y su amiga comprometida. Le dije que pidiera la cuenta y que me fuera a dejar. Cuando estuvimos a dos cuadras de tu casa le dije que parara, no quería que ningún vecino me viera y preferí caminar las dos cuadras cuesta arriba. Antes de bajarme me tomó del brazo, me acarició lento y me preguntó si esta era la última vez que nos veíamos. Le pregunté si eso quería él, y me dijo que no. Le respondí entonces que sería como él quisiera, pero no le dije cuanto le costaría. Eso lo guardé para un mejor momento. Los Negocios son los negocios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gustavo me pregunta gradualmente en sus e-mail si estoy enojada con él, si he decidido terminar con todo, si he decidido no verlo más, me pide que se lo diga. Finalmente me da un ultimatúm y me dice que es el último e-mail que me envía. Eso fue hace tres días. Volvió a enviarme un e-mail hoy por la mañana, supongo que desde su trabajo, para suplicarme que le dé una señal de vida. Lo llamé y le dije que estaba en la clínica. Que hace 20 días me corté los brazos con el cuchillo más grande de mi cocina y que me arrepentí cuando vi salir la sangre a borbotones. Le dije que la ambulancia se había demorado diez minutos y que desde entonces había estado internada sin querer ver a nadie. Sin teléfono y sin internet. Me dijo que venía para acá inmediatamente. Supongo que debe estar por llegar en cualquier momento, de todas formas, la enfermera ya me dijo que deje de escribir, por lo de las heridas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6752864615742077422-7654622845630988104?l=manonamarguerite.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/7654622845630988104'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/7654622845630988104'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://manonamarguerite.blogspot.com/2007/03/20-das.html' title='20 días'/><author><name>M</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='26' src='http://photos1.blogger.com/blogger/309/2316/1600/blog.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6752864615742077422.post-2832148844644446035</id><published>2007-03-09T19:04:00.000-03:00</published><updated>2007-03-09T20:16:11.326-03:00</updated><title type='text'>Una propuesta indecente.</title><content type='html'>Una vez te pregunté, Armando, que pensabas acerca de la película en la que Demi Moore acepta un millón de dólares. Me dijiste que era asqueroso e inaceptable. Yo lo hice por mucho menos. Nunca estuvo en mis planes convertirme en una amante pagada. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sabes, por una noche quisiera dejar de pensar en ti. Pagaría por tener a alguien que me abrazara y me diera un poco de consuelo, tal como me pagaron a mi tantas veces. Olvidarme durante unos minutos de todo esto. Olvidarme de ti, si pudiera, de que te entregué todo y me quedé con nada. Iba a escribir acerca de como me volví esto que soy, pero me di cuenta de que no tengo ganas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Buenas noches, Armando.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6752864615742077422-2832148844644446035?l=manonamarguerite.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/2832148844644446035'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/2832148844644446035'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://manonamarguerite.blogspot.com/2007/03/una-propuesta-indecente.html' title='Una propuesta indecente.'/><author><name>M</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='26' src='http://photos1.blogger.com/blogger/309/2316/1600/blog.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6752864615742077422.post-944192908147250248</id><published>2007-03-08T10:58:00.000-03:00</published><updated>2007-03-08T17:10:53.996-03:00</updated><title type='text'>La primera vez...</title><content type='html'>Quiero llorar, llorar, llorar... hasta que se me revienten todas las venas de los ojos, hasta que me estalle el corazón y termine de desangrarme de una vez por todas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pienso en ti, en ti y nada más que en ti todo el tiempo. La primera vez que te vi, la última vez que estuvimos juntos, las navidades que pasé en tu casa y los años nuevos que pasé sola porque tú no querías estar sin tu familia. Pienso en la primera vez que hicimos el amor...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo notaba tu inexperiencia mientras rezaba para que no notaras mi absoluto conocimiento de lo que venía a continuación. Querías tocarme pero no sabías como, ni donde. Estábamos solos en tu casa, veníamos de la universidad. Era un día frío, lluvioso, gélido. En el camino nos habíamos mojado hasta el alma y una vez en tu dormitorio me pediste que me cambiara la ropa. No querias que me resfriara, me dijiste esta vez con la voz enturbiada. Yo ya había visto esa mirada demasiadas veces, había pasado por lo mismo hasta el infinito, pero algo, un algo indefinible, lo hacía distinto esta vez. Quizás ya sospechaba en el fondo de mi corazón que me enamoraría de ti irremediablemente. Me ayudaste a quitarme la ropa lentamente, capas y más capas de ropa húmeda. Te pedí que te cambiaras tú también, yo tampoco quería que tú te enfermaras. Me dijiste que te quitara la ropa yo. Te miré a los ojos y algo cambió entre nosotros en ese segundo. No podíamos echarnos atrás pero tampoco nos atrevíamos a seguir adelante. Yo pensé que no te merecía. No sé que habrás pensado tú. Te quité todo, lentamente. Era nuestra primera vez y quería que fuera especial. Habían pasado tantas primeras veces por mi cuerpo pero no habían dejado huella en mi espíritu. Una vez desnudos tú y yo de todo menos de la ropa interior, me abrazaste. Dejé que tu cuerpo me acogiera. En ese momento, como muchas veces después, me pareciste perfecto, aunque estabas muy lejos de serlo. Me besaste el cuello con tanta ternura que sentí ganas de llorar. Con manos más hábiles de lo que yo suponía terminaste de desvestirme, aunque advertí el ligero temblor que te sacudía. Te dejé hacer todo. Era tu primera vez y quería que fuera única. Tú no sabías que no era mi primera vez y actué gustosa, aparentando no saber, aparentando ser una inocente víctima dispuesta a sacrificarse por ti. Apagaste las luces y prendiste incienso y velas aromáticas mientras yo te esperaba temblando. Nos tendimos en el suelo. La alfombra era áspera, afuera seguía lloviendo y mi cuerpo estaba entumecido, pero tus besos me sabían más dulces que la miel más exquisita. Pusiste la música a todo volumen y cerraste la puerta con llave...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quisiera seguir Armando, pero no puedo. Escribir acerca de ti es muchísimo más difícil de lo que imaginé. Tengo el corazón a 1000 km/h y no he relatado mas que el comienzo. No sé como describir lo que pasó a continuación. Quiero, pero no puedo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6752864615742077422-944192908147250248?l=manonamarguerite.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/944192908147250248'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/944192908147250248'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://manonamarguerite.blogspot.com/2007/03/la-primera-vez.html' title='La primera vez...'/><author><name>M</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='26' src='http://photos1.blogger.com/blogger/309/2316/1600/blog.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6752864615742077422.post-3459811177438186971</id><published>2007-03-07T18:29:00.000-03:00</published><updated>2007-03-07T19:32:57.411-03:00</updated><title type='text'>Las pesadillas</title><content type='html'>Las pesadillas son, invariablemente, parecidas. Estás tú y estoy yo, como si eso ya fuera suficiente para ser escenario de una pesadilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La de anoche, por ejemplo, fue así: Yo dormía dentro del sueño. De pronto me despertaba en una habitación que no era la mía. Estaba oscuro y la ventana era distinta, era más grande y cubierta con cortinas semitransparentes. Trataba de moverme y no podía. Mi cuerpo inerte se resistía a obedecerme, solo mis ojos podían girar en sus órbitas y observar todo lo que pasaba alrededor. Trataba de gritar y tampoco podía. De alguna forma lograba mover la cabeza y te veía acostado a mi lado, Armando, conectado a esas horribles máquinas a las que les debes la vida ahora, sobreviviendo como un vegetal. Trataba de acariciarte y no podía. Trataba de hablarte y mi garganta estaba muda. Una lágrima caía por mi mejilla, ardiente. El tiempo pasaba lento mientras seguía observándote. Una alarma empezaba a sonar en un monitor, una luz parpadeante y tú te sacudías, una sola vez, y volvías a la inercia. La alarma sonaba más y más fuerte y nadie acudía a ayudarte. Yo tampoco podía ayudarte...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Armando... Piensas en mí en la bruma de tus sueños agónicos?. Que será de ti cuando despiertes, cuando veas lo que ha cambiado el mundo desde tu accidente?. Recordarás quién eres o tendrán que contarte pacientemente los años que has vivido?. Armando... me gustaría contarte la parte bonita de nuestra historia juntos, pero me temo que no la hay. He pensado seriamente en seguir con esto y desenterrar recuerdos dolorosísimos o dejarlo así, tal cual. Armando... siempre defensor de la verdad, de la honestidad, de la justicia... Cómo fuiste a enredarte con alguien como yo?. Que viste en mí, para darme la oportunidad de amarte durante unos años, hasta que hice lo imperdonable?.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estoy tan cansada, de esto, de todo. Quisiera dormir por días, semanas, y despertar junto a ti, como si nada de esto hubiera pasado pero sé que no es posible y solo me esperan largas noches pobladas de pesadillas...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Buenas noches Armando.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6752864615742077422-3459811177438186971?l=manonamarguerite.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/3459811177438186971'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6752864615742077422/posts/default/3459811177438186971'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://manonamarguerite.blogspot.com/2007/03/las-pesadillas.html' title='Las pesadillas'/><author><name>M</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='26' src='http://photos1.blogger.com/blogger/309/2316/1600/blog.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6752864615742077422.post-8988472445827880027</id><published>2007-03-06T13:11:00.000-03:00</published><updated>2007-04-03T09:02:01.755-04:00</updated><title type='text'>La última vez</title><content type='html'>Un nuevo día y una nueva noche de pesadillas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te imagino, agonizante y en coma. Los ojos cerrados y la boca entreabierta. No me han dejado verte desde el accidente, en realidad, hace más de dos años que no nos vemos. Cuando todo terminó...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy no sé cómo empezar. Quiero, por una vez en mi vida, decirte la verdad. Toda la verdad, aunque quizás nunca la leas. Aunque quizás te mueras esta noche sin saberla nunca. Que haré entonces?, cómo me sacaré este peso del alma, estos pensamientos que me atormentan y no me dejan vivir tranquila?.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Armando... Armando... Cómo volver el tiempo atrás, al principio de los tiempos, cuando aún era tiempo de hacer las cosas bien, cuando aún creía en el amor, en que las personas malas tienen algo bueno dentro que puede salir a flote. Cuando aún era tiempo de salvar mi vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La última vez que nos vimos... Es como si hubiese sido ayer. Vestías jeans azul oscuro, si no me equivoco, los que te había regalado yo para tu cumpleaños, un par de años antes. Un sweater marrón. Zapatillas azules. Entraste a mi departamento como lo habías hecho tantas veces, pero esta vez era distinto, porque tú y yo sabíamos que sería la última. Una bolsa de basura llena con tus cosas, tu ropa, tus libros, tus perfumes, esperaba junto a la mesa de la cocina. Me parecía una ironía que hubieras ido a buscar lo que yo te había comprado, sistemáticamente mes a mes. Tus cosas, las llamabas. Iré a buscar MIS COSAS esta tarde, me dijiste por teléfono. Cada prenda de vestir, tu cepillo de dientes, la pasta dental, el desodorante, el jabón y el shampoo, cada libro lo había comprado yo con el dinero de mi perdición. Tus cosas... fue eso lo que nos quebró definitivamente? Tu alta y perfecta moral y mi pecaminosa y oculta doble vida?. Cada cosa dentro de esa bolsa me pesó en el corazón. No por lo que había costado, sino por la forma en que había conseguido el dinero para comprarlas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miraste a tu alrededor, te diste el tiempo de ir al baño y de paso, mirar el dormitorio. No querías que se te quedara alguna cosa. Yo veía todo como en una película, me parecía ver a través de ti y a través de mi, de mis manos sudorosas. Una palabra mía habría cambiado to
